TRIBUTO

La genial estrella del pop, fallecida en Navidad a los 53 años, basó su carrera en provocaciones sexuales y estilísticas

POR ROB SHEFFIELD | 08 Nov de 2016

<p><b>Foto: Frank Griffin/Photoshot</b><b></b></p>

Foto: Frank Griffin/Photoshot


George Michael era un verdadero visionario del pop, uno de los grandes excéntricos de los 80. Como le dijo a rolling stone en 1998, “Si uno oye un disco de las Supremes o de los Beatles, ¿cómo no puede darse cuenta de que la euforia de un buen disco de pop es una forma de arte? En algún lugar del camino el pop perdió el respeto. Y creo que yo tercamente me paro a defenderlo”.George Michael siempre se tomó muy en serio su devoción por el pop, por eso redefinió el arte de ser popstar en los 80. Incluso cuando se la pasaba rodeado de supermodelos con poca ropa, lo hizo parecer una declaración de principio. Nadie más hubiera podido anotarse un clásico como Faith, su mejor hit y, a la vez, el más extraño. Es uno de los Número Uno más cortos de las últimas décadas, con una duración de menos de tres minutos. Sin embargo, cada momento está codificado con provocaciones sexuales y estilísticas —la guitarra acústica, los aplausos, los gemidos, su barba sombreada, su chaqueta de cuero con una cuerda de perlas.

Su muerte en Navidad, en su casa de Londres, dejó en shock al mundo de la música. Elton John no pudo contener la tristeza mientras abría un show con Don’t Let the Sun Go Down on Me, el dueto que él y Michael llevaron al Número Uno. “Solo quisiera que George estuviera aquí para cantarla conmigo”, dijo Elton. “Fue una noticia terrible porque, supuestamente, estaba comenzando a gozar de buena salud de nuevo”. Brian May de Queen —quien tocó junto a Michael en el tributo a Freddie Mercury en 1992 cuando el cantante se robó el show con Somebody to Love— escribió un testimonio conmovedor: “¿Ese chico amable? ¿Todo ese hermoso talento? Todavía no lo asimilo”.

Nació en Londres en 1963. Hijo de un padre grecochipriota que se desempeñaba como restaurador y de una madre bailarina de nacionalidad inglesa, George todavía era un adolescente cuando logró el éxito con Wham!, al reclutar a su compañero de colegio, Andrew Ridgeley, para un dúo de voces juveniles. Influenciado por la forma de escribir melodías de Motown, Michael compuso, produjo y cantó sus hits. Nadie sabía con certeza lo que hacía Ridgeley exactamente. “Mi papel es todo lo que la gente no ve porque no está en una banda de pop”, le dijo a Rolling stone en 1985. Por otra parte, Michael comentó: “Él simplemente toca la guitarra y tiene buen tempo”.

Wham! Sorprendió a los Estados Unidos con éxitos como Wake Me Up Before You Go-Go y The Edge of Heaven. Pero el clásico de 1987 Faith, de Michael en solitario, fue su punto más alto. La mejor canción ni siquiera fue un hit; Hard Day era un groove de funk en donde hacía un dueto doblando su propia voz. El “dúo de Georges” hablaba de sexo, dinero y respeto, y llegaba al clímax en un coro (hecho a manera de pregunta- respuesta) que decía: “Do you trust me? / Yeah [¿Confías en mí? Sí]”.

Ese conflicto interno está presente en Faith, antes de aceptar su identidad homosexual. Criticó el juego en un momento en el que era prohibido que los artistas salieran [del closet] en la vida real. Faith era una estrella tratando de entenderlo, pero planteando más preguntas que respuestas (en I Want Your Sex, canta: “There’s things that you guess and things that you know [Hay cosas que adivinas y cosas que sabes]”. No salió del closet hasta después de 1998, cuando fue arrestado en un baño de un parque de Los Ángeles, pero con su típico ingenio, convirtió el episodio en el video de Outside, un clip lleno de policías musculosos.

Se cansó del ajetreo del pop más rápido de lo que cualquiera hubiera imaginado. En el video de Freedom! ‘90, le prendió fuego a su chaqueta de Faith. Pasó los primeros años de los 90 en una batalla legal contra su disquera. Luego mantuvo un perfil bajo, sufrió problemas graves de salud —tuvo que cancelar una gira mundial en 2011 tras una neumonía casi fatal— y legales, como un arresto por marihuana en 2006. Sin embargo, su música permaneció en el aire. Vi un show de Patti Smith en 2004 donde anunció que tenía una canción en su cabeza. Luego cantó Father Figure, una balada perfecta para su estupenda voz. Cuando gimió: “If you ever hunger / Hunger for me [Si alguna vez tienes hambre / Hambre de mí]”, uno podía darse cuenta de que esta era una canción que ella estaba destinada a cantar. Fue un homenaje glorioso de una creyente del pop a otro. Un momento como ese le hizo justicia al extraño, hermoso y eterno espíritu de George Michael.


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ANIVERSARIO

ANIVERSARIO

ROLLING STONE 50 años: Nine Inch Nails, por David Bowie

POR DAVID BOWIE | 08 Nov de 2016

<p><b>Ilustración de N. Vetri.</b></p>

Ilustración de N. Vetri.


Cuando los dioses de los sonidos deformes les tomaron una prueba a las bestias de la ciudad, alentando a los brutos del rock industrial a competir por los laureles, lo que tenían en mente no era un tipo pequeño con una tuba. Su nombre era Michael Trent Reznor, y él también tocaba saxo y piano. Además había aprendido a manejar una consola de grabación con mucha rapidez. Trent produjo un impresionante álbum debut llamado Pretty Hate Machine. Melódicamente orientado y apoyado (debido a problemas contractuales con la compañía discográfica) por lo que se convirtió en una gira de tres años, fue el germen del primer gran golpe del rock industrial en el mainstream, y vendió más de un millón de copias.

Siguiendo el ejemplo de Brian Eno, Reznor desempacó su sintetizador y tiró el manual de instrucciones. Cuando creó The Downward Spiral alentó a la computadora a devolver todo distorsionado, a escupir ramilletes de sonidos hinchados y deformes que atravesaban y laceraban a quienes los escuchaban. Como pieza de acompañamiento de Al lector de Baudelaire [prefacio de Las flores del mal], y después de Velvet Underground, no ha habido nada en el rock que dé tantos latigazos en el alma.

La semana pasada tuve un sueño extraño. Lou Reed, un amigo mío conocido como Warren Peace y yo estábamos cenando en uno de esos lugares de estilo antiguo de Greenwich Village, donde se supone que Pollock se agarraba a golpes con otros pintores. El camarero que nos atendía era uno de los miembros de Eintürzende Neubauten. Cuando me di cuenta de cuál era la música que sonaba allí, me pareció exasperantemente familiar. Nuestro camarero, Blixa Bargeld, se inclinó hacia mí y murmuró: “La música es un regalo sorpresa por el cumpleaños de Lou. Trent Reznor remezcló esta versión de Metal Machine Music para él”.

Mientras decía eso, las hebras y las manchas de una “pintura de goteo”, de Jackson Pollock de comienzos de los 50 se materializaron ante nosotros. Mientras la música sonaba cada vez más fuerte, la pintura giraba alrededor de nosotros con mayor rapidez, hasta que, perseguidos por aullantes víboras de lavanda, azules y negras, empezamos a sentir nauseas.

Y así es la cosa. La música de Trent, construida a partir de la historia de los experimentos sónicos, mecánicos e industriales contiene una belleza que atrae y repele en igual medida: el “Dios ha muerto” de Nietzche cantando al compás de un beat de discoteca. Y siempre elevada, en el momento más necesario, por una melodía atrapante.


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El ingenio de su generación

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RS MÉXICO

Claire Bucher, alias Grimes, se enorgullece de ser un espectáculo individual.

POR STAFF ROLLING STONE MÉXICO | 14 Apr de 2016


Grimes escribe, produce, elabora e interpreta un ingenioso indie pop. Su más reciente producción, Art Angels, llegó al número uno en las listas de música alternativa y la llevó del brumoso synth pop a un pulsante ritmo que combina guitarras y beats.

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