El Cuarteto de Nos y su apocalipsis moderno

ROLLING STONE habló con la banda uruguaya sobre su álbum más reciente y los cambios tecnológicos en el mundo de la música


POR ROLLING STONE | 26 Sep de 2017

“Siempre que pensamos en un álbum, imaginamos cómo va a dotar al show en vivo, cómo le va a dar una nueva dimensión”, le contó Santiago Marreros (último de izquierda a derecha), tecladista del Cuarteto, a ROLLING STONE.


El Cuarteto de Nos es uno de los protagonistas de la “explosión uruguaya”, por llamar de alguna forma al conjunto de bandas que salieron de Uruguay en los años 2000 y se tomaron América Latina. No te va gustar, La vela puerca, Jorge Drexler y Once tiros hacen parte de esa camada de artistas que pusieron al país en el mapa musical latinoamericano. “A fines de los 90 y principios de los 2000 surgió una generación que cobijó a los músicos de una estructura que en Uruguay era impensable”, le contó Roberto Musso, cantante del Cuarteto, a ROLLING STONE hace un par de años.

La banda rompió las fronteras con Raro, de donde salieron éxitos como Yendo a la casa de Damián y Ya no sé qué hacer conmigo. Desde ahí han lanzado Bipolar, Porfiado, Habla tu espejo y, este año, Apocalipsis Zombi. ROLLING STONE habló con Musso y Santiago Marrero, tecladista, sobre su producción más reciente y el camino sonoro que tomaron.

El título Apocalipsis Zombi no suena muy optimista. ¿En qué medida refleja la percepción que tienen de la situación actual del mundo?

Roberto: Yo creo que es un disco que intenta reflejar, desde la visión de determinados personajes, no solamente del zombi sino el invisible, la bestia, el innombrable, describir metáforas de lo que nos está pasando como sociedad y seres humanos. Pero de una visión mitad fantástica y mitad real. Por eso hablamos un poco del realismo fantástico y que cada canción representa un concepto muy fuerte de lo que se quiere hablar. Poner temas sobre la mesa de lo que nos está pasando como sociedad, hacia donde vamos con esta especie de “zombificación”. Y la parte lírica intenta abordar esa temática, que lo hace bastante diferente al disco anterior, que eran canciones más introspectivas.

¿Hasta qué puntos son personajes son vistos afuera o personajes que te habitan o los habitan?

R: En el Cuarteto siempre hay una cantidad de canciones escritas en primera persona, pero también tiene la contraparte que muchas de nuestras canciones emblemáticas son nombres de personas. La canción de Damián, El hijo de Hernández, Miguel Gritar, Benito, Roberto, es un juego que a mí me interesa mucho como compositor. Jugar con la ubicación del yo y con la voz del yo, que a veces no coincide con la mía. Que quede planteado ese misterio, “¿Y Roberto es así?”.

Lo interesante, cuando me pongo a componer letras, es que quiero que quede implícita una contradicción. Que genere tensión y fricción a la vez. Y no hay personajes estrictamente del bien y del mal, sino plantear temas en la mesa y que queden flotando. Yo creo que Apocalipsis Zombi, en ese aspecto, no cambia. Hay un Roberto y hay un todo, que es estar mordidos por la invasión zombi, hay partes de nosotros que somos la bestia cuando menos lo esperamos, hay partes de nosotros deseando ser el hombre invisible para que no nos encuentren. Está diseminado un poco en todos los personajes.

¿Qué los llevó a que este álbum tenga un espectro sonoro más abierto?

Santiago: Desde la composición, la idea era hacer un disco diferente. Veníamos de uno más de laboratorio, que había sido Habla tu espejo. Nosotros siempre que pensamos en un álbum, imaginamos cómo va a dotar al show en vivo, cómo le va a dar una nueva dimensión. Habla tu espejo dio un carácter emocional que el Cuarteto no tenía en concierto y pensando en cómo seguir complementando los shows, que es de lo que nosotros vivimos. Queríamos hacer algo más rítmico y melódico, resolver algunas cuestiones musicales de una manera más atípica. Viene el estribillo y en lugar que venga un solo de guitarra, que venga un coro de voces. Un arreglo diferente.

Entonces creo que es la búsqueda de plantearnos un disco diferente, lo que terminó haciendo que el espectro de cómo resolver las situaciones, a nivel de producción y composición, dieran otras dimensiones. Porque si vos lo escuchás, hay muchas cosas que se pueden haber resuelto con un solo de guitarra o volviendo a la parte que debería volver. Creo que tiene un abordaje que lo hace diferente. Y se siente diferente.

Producto de esa misma búsqueda, ¿tiene que ver también con el cambio de productor?

R: El cambio de productor fue una cosa más de agenda que de intención. Veníamos trabajando con Juan Campodónico en la producción de los últimos cuatro discos, como 10 años trabajando con él, y es uno de los grandes responsables en los cambios del Cuarteto en la visión de banda internacional. Y él estaba a punto de sacar su trabajo solista y con Bajofondo. Entonces hablamos y pensamos, “Che, ¿no estaría bueno volver a tener una visión externa de la banda?”.

Y nos pareció interesantísimo ese camino. Tiramos el nombre de “Cachorro” López, que no lo conocíamos, pero cuando escuchó se puso a las órdenes y dijo que iba a ser su proyecto del año. Le mostramos los demos, nos fue a ver en vivo a Montevideo y quedó más copado con la banda, se declaró fan de siempre y con una gran humildad dijo que no iba a poder superar las producciones de Campodónico, pero que iba a poder aportar desde un punto de vista distinto.

¿Cuál era la referencia más fuerte que tenían de él? ¿Cómo músico con Los abuelos de la nada o como productor?

S: Lo que pasa es que “Cachorro” es una eminencia dentro de la música latinoamericana. Si uno se pone a pensar la cantidad de canciones que están en el imaginario colectivo, que él tuvo que ver de una manera u otra, es impresionante. La búsqueda fue de “Cachorro” productor, pero es un productor compositor. Entonces puede hacer un abordaje no solo a nivel de producción, sino que tiene muchos guiños a nivel de composición. Fue encontrarse con ese personaje multifacético y lo pudimos aprovechar de todos los lugares. Y también el lado del personaje porque terminábamos de grabar y te contaba unas historias increíbles de Los abuelos de la nada o de Charly. Te querías quedar hasta las cinco de la mañana escuchándolo.

En sus conciertos se ve gente muy joven y muy conectada. ¿Cómo logran conectarse tan bien con la gente joven después de tantos años de carrera?

R: En la carrera del Cuarteto, que siempre ha sido muy paulatina, no ha sido una banda conocida de la noche a la mañana. Yo siempre digo que me gusta componer las canciones desde mi edad ideológica y no cantando las mismas canciones de cuando tenía 16. Siempre me gustó dar mi visión de la sociedad desde mi estado de ánimo actual y si tengo que hablar de algo del pasado me da un trance de tener que conectarme con ese momento. Y yo creo que eso genera una empatía muy grande con la juventud. Para nosotros, el público mayoritario es adolescente, hay hasta niños. En Uruguay y en Argentina ya van generaciones enteras a vernos: va el padre con el hijo mayor y con el chico.

Y son canciones que tiene una decodificación personal. Yo estoy cantando Buen día Benito y el chico de 11 años lo está viendo con una visión distinta al papá. Lo viven con mucha intensidad. Y creo que estar con las ventanas abiertas, que no es una banda fundamentalista del género rock, estamos siempre muy atentos que si hay algo de otro palo que aporta artísticamente, lo incorporamos, sin problema, a la canción. Es más, yo creo que nos enriquece. Por ahí, creo, hay un secreto del enganche de las generaciones jóvenes con nosotros.

Decías que las canciones tienen mucha información, a veces tienen unos tintes de rap y la forma en las que están escritas las letras. Por un lado, ¿de dónde viene eso? Y por otro lado, ¿cómo se maneja en vivo tanta información?

R: Hay distintos tipos de canciones, sobre todo en el Cuarteto. En algún momento de Raro me interesó muchísimo investigar la parte del rap porque me estaba brindando, como músico inquieto, cuestiones mucho más interesantes que el rock. A nivel de producción, de transmisión de información y pensamiento. Y quería escribir letras largas explorando mucho lo que es el idioma español, que soy un apasionado de eso. No es porque esté en Colombia, pero Gabriel García Márquez es uno de mis escritores de cabecera. Eso florido que tiene el español, la cantidad de sinónimos que tiene, la cantidad de dobles sentidos que puedes sacarles, que no lo tiene por ejemplo el inglés.

Me parecía un arma que estaba totalmente olvidada en la música y en el rock. Como que la letra estaba más en función de la música y como un elemento más complementario. Y yo creo que ese fue el sello distintivo del Cuarteto en ese rock un poco más filosófico, por llamarlo de alguna manera, en ese juego de rimas y palabras. Y hasta hoy, un público de no habla hispana se perdería el 90% de la propuesta del grupo. Obviamente también nos enfocamos mucho en la música, que a su vez potencia las letras, pero creo que ahí hemos construido un lugar muy original y muy propio.

Santiago canta en Mírenme de Bipolar, ¿no está en los planes volver a hacerlo por acá?

S: Vamos a ver. Hay un par de planes. Mírenme fue el primer reto para dotar al show de un cambio de estructura, de salir del formato del cantante líder. Le da al show cierta dinámica. Pero fue una experiencia que nos tiramos al agua y lo probamos, yo nunca había cantado.

¿Y cómo es la preparación para las canciones largas? Porque debe haber un entrenamiento de la memoria y la respiración.

R: Sí, pero igual yo estoy tanto tiempo componiéndola que me la voy aprendiendo mientras la escribo. Capaz que me resulta mucho más difícil memorizar una canción ajena. Pero es un reto extra. Y obviamente me olvido muchísimas veces de las canciones [risas]. Con la gente sabiéndolas, no te miento, a veces les leo los labios [risas]. La gente las canta a viva voz.

S: Y ahora que hablabas de los niños, yo creo que también se lo ponen como un reto aprenderse las canciones. Les gusta como ejercicio lúdico y en seguida ves que viene un padre y te dice, “Mi hijo tiene ocho años y se sabe toda la letra”. Como que es un orgullo que aprendió algo complicado. Y también está rebueno eso que va más allá de la simple escucha de la canción y se convierte un reto para un chiquilín.

El otro día estábamos ensayando en Montevideo y en una sala al lado estaban preparando unos niños de una escuela, como 50 niños, El aprendiz. Y la profesora nos dice, “Che, vengan a verlos porque justo están acá”. Y de 6 años todos cantándola.

R: Y sin leerla. Como un coro.

En cuanto al tema generacional, las letras incluyen muchas referencias culturales que no solo son de tu generación, sino de un espectro de tiempo más amplio.

R: Eso a veces también corre un riesgo. Yo tengo mucho cuidado, y más con la velocidad con la que está cambiando la sociedad, que una canción no pierda vigencia cuando pasa el tema que trata. Si bien está buenísimo hacer referencias a términos o palabras, que enriquecen la canción y que no se pueden encontrar en composiciones de hace 10 años porque esas palabras no existían, es genial. Pero en cinco años puede quedar obsoleta. Es como estar hablando de un fax.

S: También funciona para guardar una época. Lo que va quedando obsoleto, en las canciones puede ser referencia a una época que se va dejando de lado.

En esta época que todo se mueve por plataformas digitales y que incluso hablan de la muerte el mp3.

S: Ojalá se muera el mp3.

¿Y por qué ojalá se muera el mp3?

R: Por la calidad de sonido.

S: Claro, porque es una compresión de información terrible. Ya está comprobado científicamente que hay una diferencia con las frecuencias de muestreo. La música digital son ceros y unos, son frecuencias de muestreo, y está comprobado que hay vacíos que los rellena el cerebro y que hay una pérdida tremenda de información. O sea, que uno se acostumbra a que se escucha mala, pero cuando escuchás algo bien decís, “Claro, esto era escuchar música”. Como consumidores nos hemos acostumbrado a escuchar de baja calidad, malísima. Y eso tiene un efecto directo en la psiquis, en cómo recibir la información.

Yo siempre le digo a un amigo, “Poné un mp3 y ponelo bien fuerte”. No lo bancás. Lo ponés bien fuerte de volumen, estás cinco minutos y decís que hay algo malo. Ponés un vinilo, lo subís y decís, “Subilo más, subilo más”. Los DJs en la discoteca que pinchan con vinilo, los de verdad, suenan así porque es analógico. Y nos hemos acostumbrado porque tiene muchas virtudes. Metés mucha información en un espacio muy chico. Pero deteriora muchísimo la percepción. Por lo menos yo, soy un fundamentalista en eso.

¿Cuál es la diferencia entre concebir un disco en esa época, porque ustedes grabaron en vinilo y casete, a concebir un disco que se va a mover en plataformas digitales?

R: Eso como que no lo pensás mucho. El objetivo es tener un trabajo que quedes artísticamente conforme, que suene lo mejor posible. El estándar que tenemos es que esto se va a escuchar en el mejor equipo y con la mejor calidad. La diferencia, de lo que dijo Santiago, es que ahora, con todo lo que es la parte de software y tecnología metida en el estudio, porque nosotros alcanzamos a grabar con cintas analógicas, es que cuando te equivocabas tenías que repetir la toma o cortar la cinta. Yo creo que todo eso, bien aplicado, con cabezas bien pensantes, es un arma a favor. Mal utilizada puede ser un arma que te juegue en contra. Para mí, desde la parte compositiva hasta la parte de la grabación, me quedo con ahora.

Ustedes explotaron con Raro, ¿cómo se comparan, como artistas, los de hoy con los de Raro?

R: Fue una “explosión” rara, valga la redundancia que era Raro. Vos sabés que muchas veces coincide el álbum que los catapulta a la fama, con su periodo de mayor convocatoria de gente. Por lo general. En el caso nuestro, cuando salió Raro, si bien nos hizo conocidos en Latinoamérica, lo que vino después potenció más el disco. Para nosotros, hoy es el momento de mayor convocatoria.

Gente de la generación de Raro quizá conoce más ese disco que los que vinieron después. Pero yo creo que ese recambio de gente que nos va conociendo, de un pibe menor de 18 años que conoce al Cuarteto por El hijo de Hernández, o por No llora, o por Apocalipsis Zombi, capaz que no conoció Raro. Y va para atrás en la discografía. Pero es gente que se suma a los shows.

Y yo creo que nos hicimos unos artistas más profesionales, en el buen sentido de la palabra. Creo que, hasta ese momento, todos teníamos cosas paralelas. No era nuestro medio de vida. A partir de ahí dijimos que la cosa viene en serio. Las giras y todo eso elevó el estándar del Cuarteto a todo nivel. Técnico, creativo. Ha sido siempre en ascenso hasta el día de hoy.


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