El hombre en el backstage

Alfredo Villaveces pasó de ser un abogado a convertirse en el organizador de los shows más grandes que ha visto Colombia


POR SANTIAGO ANDRADE | 22 Feb de 2018

ALFREDO VILLAVECES “El gran problema es que todos se creen dueños de cada concierto”. Fotografía por Cristhian Lozano


Hace unos años, ver a los Rolling Stones o Radiohead en Colombia era solo un sueño. Los fanáticos del rock y el pop estaban acostumbrados a ver aviones llenos de equipos y guitarras pasar por encima rumbo a Argentina o Brasil. Pero de un tiempo para acá los grandes empresarios del espectáculo empezaron a jugársela por traer bandas en grande, y todo cambió.

Entre las personas que apostaron por esto está Alfredo Villaveces, director ejecutivo de Move Concerts Colombia, que entró a este negocio hace unos 20 años. Felipe Santos, quien organizaba conciertos, lo invitó a manejar el centro de eventos en el Castillo de Marroquín, que arrancó como una discoteca. Luego empezó a hacer shows cada vez más grandes y ahora puede decir con orgullo que ha traído a los Rolling Stones (junto con Ocesa), Metallica y Iron Maiden, entre otros, y se prepara para recibir a Depeche Mode y Radiohead.

En estos 20 años ¿cómo ha visto la relación entre la cultura y el Estado?

Logramos que nos miraran cuando hicimos la Ley de Espectáculos. Antes era el 33% de retención en la fuente por contratación de artista extranjero, más 10% de impuesto a la pobreza, más 10% de Sayco, pero no hay venues y los parques que administra el IDRD son vergonzosos. El Simón Bolívar no tiene siquiera baños decentes. Hoy en día nosotros recaudamos el 10% de la boletería y supuestamente ese dinero tiene que ir para montaje e infraestructura de venues.

Además, hay unos organismos que están dedicados a decirnos que no. Discuten con Disney que los cables no van por la izquierda sino por la derecha, le llevan la contraria a tipos que están girando desde hace 30 años.

Llega uno a Medellín y el alcalde se sienta: “Bueno, vamos a traer a Beyoncé, ¿qué hay que hacer para que funcione?”. Nos ponen el metro hasta más tarde; a los taxistas a colaborar; a movilidad, policía, secretaría de gobierno, a todo el mundo a ayudar para que el evento salga adelante.

En Bogotá es todo lo contrario. Yo llevo 20 años haciendo eventos y puedo decir que nunca he tenido un permiso tres días antes, arriesgando 5 millones de dólares en un concierto como el de Metallica. Acá caminamos en arena movediza, no sabemos en qué momento nos hundimos.

En la mayoría de venues de Sudamérica está prohibido el ingreso de la policía. Aquí se meten a tomar fotos. Tenemos conciertos donde hay 1600 policías y hacen esta formación en la prueba de sonido. Los artistas siempre se preguntan por qué pasa eso. Porque la ley dice que los necesitamos para cuidar dos horas de concierto.

¿Pero la Ley de Espectáculos no ha ayudado?

Yo siento que borran con el codo lo que escriben con la mano. Cuando se creó la ley nos pusieron unas condiciones y entraron otros organismos, como el Ministerio de Cultura, a decir que ya no se pueden dar cortesías y a ponernos trabas que son absurdas. Dependemos de muchos factores para hacer plata. El sponsor es uno de esos. A veces uno no ha vendido boletas, pero hay un patrocinador que da plata para que le entregue mil y resulta que no puedo porque las cortesías me las están tasando.

Yo tengo un evento de 3 mil personas. Como no sé qué me va a pasar porque no tenemos venues, dependemos de las condiciones climáticas. Si 15 días antes del concierto no para de llover, nadie compra boletas. Entonces todo lo que dijeron en 2011 hoy se está echando para atrás. Están viendo de dónde agarran para sacar más plata y eso lo único que hace es encarecer la boleta. En Sudamérica son carísimas porque en Estados Unidos transportan todo en buses. Aquí tienen que venir en avión, traer 50 toneladas de carga.

Y yo insisto en otro tema: en Colombia es difícil por la cantidad de géneros que hay. Vallenato, reguetón, salsa, eso es lo que mueve a la gente. U2 no hubiera vendido un segundo concierto. ¡Paul McCartney canceló porque no vendió boletas en Medellín!

¿Usted no siente que además hay sobreoferta de conciertos de pop y de rock?

Sí, y se afecta el bolsillo porque todo es costoso. En noviembre estuvo Green Day, al otro día el Sónar, después Bruno Mars y Arcade Fire. Hay sobreoferta para nuestra capacidad adquisitiva.

Yo siento que en Colombia la gente está yendo a más conciertos. Si hablamos que un artista metía 10 mil personas, hoy lleva 30 mil. Acá dicen que cuando viene por segunda vez la gente no va, yo no estoy de acuerdo; a Metallica los he traído cuatro veces y han llenado todas.

La experiencia de ir a conciertos es inolvidable, sobre todo acá. Un show en Estados Unidos, uno que vive babeando con lo de los gringos, es aburridísimo. Vaya a los Rolling Stones y todo el mundo está sentado. Acá cantan, gritan, toman trago así sea chimbo, están en tribu, con lluvia, con lo que haya. Yo paso mucho mejor en un concierto en Bogotá que en cualquier lugar de Estados Unidos.

Pero si en estos 20 años sí ha habido un cambio, ¿por qué siguen fracasando tantos conciertos?

La gente no va porque no conoce. Si usted no les enseña es muy complicado. ¿Cuáles son las emisoras para oír la música de las grandes giras? ¿Quién es el artista que más vende en Colombia? Silvestre Dangond, de lejos, porque se saben las canciones, conocen la música. Usted no va a ir a Björk si no la ha escuchado.

Con todos los cambios que ha tenido la música por el tema digital, ¿cómo ha sido el impacto en el negocio de los conciertos?

Los productos se vuelven chicles. Hay artistas que hace tres años agotaban un estadio y hoy en día la pregunta es si van 2 mil personas. Yo siempre le juego a la discografía que tenga determinada banda. Depeche Mode, ahora Radiohead, le gusta al de 15 años y al de 60. Y aun así, parimos.

Le doy un ejemplo clarísimo. Nosotros trajimos a Ed Sheeran hace como tres años. Le hice una oferta al mánager para 2500 boletas. Arrancamos la venta y en cinco minutos se fue todo. Le dije que me la dejara aumentar a 5 mil y a la hora estaban vendidas. Que me dejara subir a 10 mil y en dos horas agotadas. Tenía una canción y luego veía que todo el mundo cantaba las 20 del concierto. ¿Va a funcionar en 10 años en este mundo digital? No sé.

Usted hablaba de Radiohead, que viene al Soundhearts Festival. El último festival que hizo fue Nem-Catacoa, ¿por qué pasó tanto tiempo para hacer otro festival?

Ese fue un ejercicio que hicimos con una marca que yo licité, firmé contratos con Jamiroquai y Green Day. Un mes antes sale el presidente de la marca y me dice que ya no hacemos el evento. Me quedaron mal con el contrato y me tocó ver, en un mes, cómo vendía las boletas. Ese ha sido el golpe más bravo. Tocó salir a pagar, hipotecar la casa, el carro, todo.

Con Soundhearts Festival se anuncia, por primera vez, un evento a nivel regional. Estamos desde Argentina hasta Colombia. Para nosotros el festival es menos engorroso. Cuando usted trae un artista le cobra un billete, pero sabe que tiene su público y exige sus condiciones técnicas. Por ejemplo, Arcade Fire tiene 500 personas adelante y en otra tarima Kendrick Lamar tiene 17 mil a la misma hora.

Hay muchísimos artistas y no sé qué va a pasar en la tarima. Tiene sus pros y sus contras. A nivel técnico, es interesante que uno pueda armar su escenario.

Pero todos los festivales han estado quebrados. Para que usted arranque y salga necesita invertirle cinco o 10 años. Es complicado. Yo meto lo mismo con los Peppers solos que con 10 bandas más. Y esa es una de las grandes preguntas, si pongo a Radiohead solo o con cinco bandas más, ¿asiste más gente?

¿Cree que las costumbres regionales de las personas afectan los conciertos?

Totalmente. Mire la costa. Allá todas las licoreras llevan a los artistas gratis. Shakira no vendió 3 mil boletas en Barranquilla cuando era la megaestrella. Y la cultura del gratis es horrible. Incluso en algún momento, acá en Bogotá, se volvió cool no pagar la boleta. Las emisoras también piden “200 para regalar”. Va uno a ver afuera del estadio y es pura reventa. En términos artísticos y de negocio,

¿Qué conciertos repetiría?

El metal siempre funciona, tiene un público tremendo. Con Maiden me fue mal la última vez, pero porque los traje muy rápido, y Metallica siempre sirve. Ojalá pudiera volver a traer a los Stones.

¿Y qué no repetiría?

El Nem-Catacoa fue muy difícil. Eran ocho canchas de polo y quítele la lluvia, y eso que no hay nada que drene más rápido que una cancha de polo. Me acuerdo que los artistas iban en tractores al backstage.

La primera vez de Maiden destruyeron Bogotá. Estuvimos a menos de un minuto de cancelar el concierto. Teníamos cientos de personas intentando colarse por el backstage. La banda se montó en los carros y dijo: “Nosotros salimos acá por los potreros”. El error fue de la policía, que requisa a los metaleros como si fueran delincuentes y eso hizo que 5 mil personas no entraran cuando empezó Maiden porque teníamos que terminar a las 11 de la noche o me multaban con 1000 millones de pesos.

Tumbaron todas las rejas y las tuve que pagar. Lo que me gané, lo gasté ahí. Cuando trajimos a Manson, las boletas se podían vender a mayores de 14 y el día del concierto dijeron que no entraban menores. El gran problema es que todos se creen dueños de cada concierto.

¿Cuáles cree que han sido los conciertos que cambiaron la historia acá en Colombia?

Metallica y Guns N’ Roses. Traer a los Rolling Stones fue increíble. Para mí, especialmente, Alanis Morissette. Ahí se nos abrió una puerta. En últimas los que trabajaban en luces, sonido y producción, le dicen al artista que vaya a Colombia, que el público es tremendo. A veces son los que terminan convenciéndolo.

Antes las grandes giras hacían el ABC, Argentina, Brasil y Chile. De repente se abrió la ventana y yo puedo decir que, hoy en día, no hay ningún artista que no venga a Colombia.


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