El minucioso anecdotario de Hernán Peláez

La mayor eminencia del periodismo deportivo desenterró sus recuerdos mundialistas y analizó las posibilidades de Colombia en Rusia 2018


POR DAVID VALDÉS | 14 Jun de 2018

​Cortesía Fox Sports


Cuando Hernán Peláez anunció su salida del programa El pulso del fútbol, de Caracol, sentenció el fin de una era para los amantes de la radio y el deporte. “Quédese un año más y nos vamos los dos”, le pedía Iván Mejía, su colega y amigo en los 15 años de emisión, pero para Peláez ya era suficiente. Aquella dupla de eruditos del fútbol ya no sería la compañía al almuerzo de medio millón de oyentes.

Su salida era inminente, pero nadie sabía cuándo apagaría el micrófono. Su reemplazo fue César Augusto Londoño, uno de los periodistas de mayor recorrido y experiencia de las últimas décadas. Y aunque se acopla bien con Mejía, no hay nadie que pueda llenar ese vacío.

El Doctor Peláez, ingeniero químico de la Universidad de América, ejerció su carrera universitaria por 10 años en grandes multinacionales como Shell y Esso. Mientras tanto, trabajaba los fines de semana como locutor y periodista deportivo. Cubría campeonatos juveniles, acompañaba a Yamid Amat y Carlos Arturo Rueda en las transmisiones y a veces trabajaba como comentarista junto al narrador Humberto Rodríguez. Pero en cierto punto de su carrera como ingeniero, viendo que algunos partidos de la Copa Libertadores se jugaban entre semana o lo enviaban a acompañar a la Selección Colombia, desistió y decidió entregarse por completo al periodismo.

Desde ese momento se dedicó a informar, opinar y analizar con la mayor objetividad posible, y una respetuosa caballerosidad, dignas de un verdadero profesional. A pesar de ser empírico, en sus más de cinco décadas de carrera ha dejado una huella muy profunda en los colombianos, con una voz distinguida y reconocible, fiel al cuidado de las palabras a la hora de criticar y contar historias. Pasó por los dos periódicos más importantes del país, El Tiempo y El Espectador, dirigió y participó en programas radiales tan prestigiosos como La luciérnaga, Todo fútbol (que se transformó en Carrusel deportivo) y Radio deportes. En la televisión fue presentador para RCN, Caracol, Intervisión, Fox Sports (en donde sigue trabajando en Última palabra) y Win Sports.

Peláez es un hombre sereno e imparcial, por eso la gente siempre le ha creído, y su buen humor ha cautivado a millones. Basta recordar el sonido de cientos de carros pitando por todo el país durante su despedida (entre lágrimas) de La luciérnaga, el célebre programa que llegó a ser objeto de presiones y una presunta censura durante el gobierno de Andrés Pastrana.

A sus 75 años vive más tranquilo, sin tanto trabajo. Sigue viendo fútbol, todavía entrevista deportistas y escribe columnas de opinión, pero con un ritmo de trabajo más moderado. Y si se lo preguntan: sí, todavía tiene una memoria prodigiosa. Puede recitar sin titubear la alineación del Independiente Santa Fe campeón de 1975 y dos minutos después recordar una conversación que tuvo en el Mundial de 1990 con Francisco Maturana. Recuerda cada anécdota con visible entusiasmo, y hace sus relatos con el más mínimo detalle.

Para cualquier aficionado representa una biblia de datos, curiosidades y buenas andanzas, después de vivir trece mundiales como periodista. Unas horas antes de que entrevistara a Mauro Camoranesi, desenterró con ROLLING STONE sus más añoradas historias sobre la Selección Colombia en los mundiales y sus conversaciones con algunos futbolistas, y realizó un diagnóstico del equipo de José Pékerman que jugará en Rusia 2018.

¿Cuál ha sido el Mundial que más ha disfrutado?

Hubo dos: Argentina 1978, porque el local terminó campeón, y España 1982, porque recorrimos todo el país detrás de las selecciones.

¿Qué es lo que más recuerda de todos los mundiales que ha vivido?

Una anécdota que recuerdo fue cuando eliminaron a Escocia en Alemania 1974. Billy Bremner, el capitán del equipo, entró a la zona mixta con una copa de champaña después del partido. Y un periodista le gritó: “¡Los acaban de eliminar!”. Y él respondió: “Sí, ¿y? ¡La vida sigue!”. Y se fue tomando. No es como aquí que pierden y se ponen a llorar. Los de allá pierden y siguen.

Los europeos tienen otra mentalidad.

Sí, tienen otro chip. Desde la misma alimentación. Faustino Asprilla me contó que en el Parma almorzaban con una botella de vino. En Colombia no se puede, porque piden y se toman dos o tres botellas más [risas]. Y una vez le pregunté al Pecoso Castro para qué hacía doble turno en el Quindío y me respondió que era porque los muchachos no tenían para el almuerzo. Entrenaban en la mañana, iban al hotel por cuenta del equipo, almorzaban y por la tarde volvían a entrenar. Me contaba que a veces llegaban sin desayunar… La pobreza de Suramérica.

¿Cuál ha sido su mayor alegría en un Mundial viendo a Colombia?

Una vez más, hubo dos: el gol de James Rodríguez a Uruguay y el empate 1-1 frente a Alemania en Italia 1990, porque ese fue el primer momento emocionante para nosotros. Y el 5-0 contra Argentina fue muy importante, aunque ese fue en eliminatorias. Pero al que le gusta el fútbol, disfruta de las grandes selecciones. Haber visto a Dinamarca golear a Uruguay [6-1] en un partido en México 1986 fue impresionante.

¿Cómo ve el periodismo deportivo en Colombia?

Hay mucha gente joven trabajando, pero el facilismo del Internet los puede joder… Yo creo que deben conocer la historia y tener un poco de malicia. Deben tener ganchos para entrevistar. Por ejemplo, voy a entrevistar a Mauro Camoranesi para Última palabra. De entrada, le voy a decir: “¿Usted por qué se peleó con Merlo en Racing?”. Al tipo no le gustaba el sistema de Merlo porque era defensivo y [el técnico] terminó saliendo del equipo. Si venía de Italia, que es un sistema defensivo, ¿por qué le mortificaba la estrategia de Merlo? Ese tipo de cosas las tiene que saber el periodista, porque los jugadores de fútbol son mamadores de gallo y saben a quién montársela.

Adorado por hinchas y jugadores Hernán Peláez se convirtió en el periodista deportivo por excelencia, gracias a su honestidad, imparcialidad y experiencia.
Adorado por hinchas y jugadores Hernán Peláez se convirtió en el periodista deportivo por excelencia, gracias a su honestidad, imparcialidad y experiencia. Cortesía Hernán Peláez.

Y no solo se la montan a los periodistas, también lo hacen con los técnicos y los árbitros.

En el Mundial de Brasil hablé con el Gordo Chilavert sobre Cesare Maldini, cuando era el técnico de Paraguay. Yo le pregunté si era verdad que los jugadores le cambiaban la estrategia al tipo en los partidos. Chilavert me contó que Maldini les hablaba en italiano y en español, pero no se le entendía nada. Y ellos, para cambiar el plan de juego, le hablaban en guaraní, entonces quedaba loco. O como en un partido entre Estudiantes de la Plata y Palmeiras en Montevideo [final de la Copa Libertadores de 1968]. Yo hablé con César Orozco, el árbitro, después del partido. Me dijo que le había ido muy mal, porque pitaba una falta y entre los jugadores se gritaban: “¡Acaba de pitar la regla 17, inciso D!”. Todas las faltas las explicaban y lo verraco era que eran ciertas [risas]. Se sabían el reglamento a la perfección y esa locución lo enloqueció.

El Bolillo Gómez decía que el 5-0 le trajo más cosas malas que buenas a Colombia. Cuando ganamos creemos que somos los mejores, pero cuando perdemos somos los peores.

Sí, es verdad. Llegamos pensando que éramos los mejores [al Mundial de 1994], pero uno tiene que disfrutarlo por cómo se ejecutó. Yo creo que el hincha colombiano ha abierto la mente viendo tanto fútbol, ha puesto los pies sobre la tierra y ha aprendido cómo es este cuento. El aficionado y el jugador han madurado mucho. Y la otra gran ventaja es que los suramericanos ahora juegan afuera. Llegan con otra mentalidad, son muy profesionales y han aprendido a valorar su trabajo. Los que se van tienen la oportunidad de tener una educación y unas obligaciones diferentes. Por ejemplo, una vez hablé con Juan Pablo Ángel y me decía que en su primer día en Aston Villa bajó a almorzar en sudadera y no lo dejaron entrar, porque había que bajar en corbata. Desde esos detalles comienzan a entender que el equipo es una empresa.

¿En qué ha cambiado la mentalidad de la Selección de 1990-1998 a la de ahora?

El jugador colombiano ha entendido que puede ganar. En otra época pensaban: “Voy a jugar y me voy a divertir, a ver cómo me va”. Ahora es distinto, porque se quieren mostrar. Es un poco lo que pasó con el ciclismo, que ahora son protagonistas y ganadores. Hace unos días hablé con Rafael Dudamel y me dijo que la mentalidad de [los jugadores de] Venezuela ha cambiado. Llegaron a una final de un Mundial con la Selección sub-23 y esa generación cree que le puede ganar a cualquiera.

¿Cómo ve a Colombia en Rusia 2018? ¿Hasta qué instancia llegaremos?

No sé hasta qué instancia, pero la gente va a querer mínimo lo que se hizo en Brasil 2014. Ganar el primer partido [Japón] es clave, el de Polonia es mano a mano y el de Senegal depende de cómo vayan ellos. Los tres partidos son complicados, pero yo creo que contra Polonia es más fácil, porque juegan y dejan jugar, en cambio Senegal y Japón tienen mucha velocidad.

¿Qué es lo que más debe trabajar José Pékerman?

La pareja de centrales es el problema más grande, porque Yerry Mina y Davinson Sánchez no han jugado mucho en la Selección, y el veterano es Cristian Zapata.

Radamel Falcao hace poco dijo que el “VAR podría matar al fútbol” y es la primera vez que en un Mundial utilizan esta tecnología. ¿Cree que ayuda al deporte esta incorporación?

La única ventaja de eso es que los jugadores ya no pueden alegar, pero eso no significa que sea de acierto, porque el árbitro puede interpretar mal la jugada. El problema es que si se abusa del VAR se pierden tres minutos en cada acción. Debería haber otro mecanismo. Que un asistente le diga al árbitro: “Es penalti y punto”. Yo creo que el juez debe actuar con su criterio, y se puede equivocar, pero debe usar el VAR en jugadas muy puntuales.

¿Qué equipo puede dar la sorpresa?

Yo creo que las sorpresas pueden estar por el lado de Bélgica y Francia. Bélgica es un equipo fuerte, pero es como Dinamarca, que no gana mundiales. Pero los que tienen experiencia van para arriba. Por más que pongan 48 selecciones, siempre ganan los mismos.


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