El reflexivo viaje de Vetusta Morla

Guillermo Galván, letrista y guitarrista de la banda madrileña, habló con ROLLING STONE sobre su nuevo álbum, Mismo sitio, distinto lugar, y cómo han logrado enamorar al público colombiano.


POR RICARDO DURÁN | 10 Nov de 2017

Mismo sitio, distinto lugar es el cuarto álbum de estudio de la agrupación española de rock alternativo.


Vetusta Morla publicó Mismo sitio, distinto lugar, su cuarto álbum de estudio, un proyecto que reafirma su esencia, después de una larga y reflexiva gira en promoción a La deriva. El público colombiano, con el paso de los años, ha recibido a la banda madrileña con los brazos abiertos en festivales masivos como Rock al Parque y Estéreo Picnic. Han traspasado fronteras y se preparan para una gira internacional que empezará el 1 de marzo de 2018 en Perú y continuará en Colombia, Chile, Argentina, México, Portugal y España.

Para profundizar sobre el proceso de creación y la intención del disco, hablamos con Guillermo Galván, guitarrista y compositor del grupo.

¿Cómo describiría la evolución de la banda desde La deriva hasta este nuevo álbum?

La deriva terminó con una gira muy larga, que nos llevó a muchos países distintos. Se puede decir que terminó una etapa que duró casi 10 años, hasta el final de la gira. Creo que cerramos una etapa con esos tres discos y teníamos cierta sensación de que a la hora de encarar el siguiente trabajo, necesitábamos hacer una reconstrucción de lo que era el grupo en términos iniciáticos. Igual a cuando decidimos empezar a tocar y pusimos sobre la mesa qué tipo de banda y música queríamos hacer; iniciamos un proceso de conocimiento. Yo creo que durante este tiempo tuvimos una sensación similar. Nos preguntamos: ¿Dónde está Vetusta Morla en 2017? Qué quiere contar y de qué manera vamos a encontrar esos puntos comunes que nos hagan sentir otra vez riesgo, emoción y las ganas de hacer algo por primera vez.

¿Cuál es el origen y la intención de ese juego de palabras en el título del álbum?

Los sitios al final tienen que ver con lo concreto, con la geo localización. Y un mismo sitio puede representar distintas cosas, dependiendo de la situación. El patio de tu colegio es igual, pero 15 años después se convierte en otra cosa, porque tú eres distinto o tu experiencia es distinta. Y nos gustaba esa idea de que las canciones son algo similar. Las canciones son los sitios y los lugares son espacios emocionales que generamos como oyentes a la hora de meternos dentro de las canciones, pues el mismo sitio genera distintos lugares. Y también para nosotros es un disco iniciático, de reconstrucción, de vuelta a casa, después de haber hecho un largo viaje. Te das cuenta que has pasado por tantos lugares que la vuelta a casa se convierte, por un lado, en un refugio y al mismo tiempo en un lugar diferente al que era hace tiempo. Es una especie de necesidad para reconfirmar y buscar una identidad basada en lo que eres en ese momento.

La deriva por momentos se sentía muy político, muy influenciado por la crisis… ¿Qué tanto hay de eso en Mismo sitio, distinto lugar?

Siempre que hacemos canciones, o siempre que hacemos un álbum, intentamos que sea contemporáneo, en el sentido que tenga una implicación directa de lo que sentimos como personas. La deriva llegó en un momento donde teníamos las antenas muy puestas en el exterior y en este disco sucede lo mismo, pero La deriva es de afuera hacia adentro y este es todo lo contrario. Es una lucha interna y personal, un conflicto de redefinirnos hacia afuera. Yo creo que sigue existiendo esa parte sobre lo que nos rodea, pero desde muy dentro.

En términos musicales, hay un acercamiento a la electrónica…

Es un disco con muchos colores distintos, de mucha experimentación desde todos los puntos de vista. Y hemos introducido en las canciones muchas texturas y maneras de acompañarlas que tal vez no habíamos usado en otros discos. Sí hay electrónica, pero todo está tocado. También hay cosas que son muy de raíz como instrumentos de los 30 y 40 muy antiguos. Había material en el estudio en Berlín q de Depeche Mode, de David Bowie, de pedales de guitarra. Había una sensación permanente de descubrimiento, de ponerte en contacto con cosas que para nosotros habían sido importantes desde el punto de vista emocional y musical.

Ustedes viajaron muchísimo presentando La deriva. Esos shows y esos viajes, ¿qué aportaron en la construcción de este nuevo álbum?

Yo creo que para crear colectivamente hay que enriquecerse individualmente. Creo que todos los viajes nos han hecho florecer como personas y también como músicos. Una percepción amplia de lo que hacemos y de la gente para la que tocamos. De compartir y hablar con colegas nuestros de muchos países y de cerrar una etapa que se centró en entender las canciones que estaban basadas en reproducir lo que hacemos en lo local y llevarlo al directo. En este disco hemos planteado una premisa completamente distinta: trabajar en las canciones sin pensar cómo van a ser tocadas en vivo. Ni siquiera si se van a poder tocar de la misma manera. Cuando no piensas en esos términos, eres más creativo, porque buscas maneras de componer y arreglar esos temas que son inverosímiles desde un punto de vista más clásico.

Colombia parece haberse convertido en un público muy importante para ustedes. ¿Cómo describiría esa relación que han construido a lo largo de los años?

Colombia ha sido uno de los descubrimientos más hermosos de nuestra carrera, como país, cultura y lugar de acogida, y también creo que hemos sido un poco privilegiados porque quizá, desde la poca experiencia que podemos tener allí, hemos podido ir en un momento histórico, de mucho florecimiento como sociedad y como cultura. Eso lo hemos vivido, el aspecto cultural en Colombia, y hemos sido testigos porque hemos podido viajar a Medellín y a Bogotá, ciudades que han cambiado mucho en los últimos años y hay propuestas interesantes que hace una década o más no iban tan bien. Para nosotros es muy emocionante que nos inviten al país y vivir eso de primera mano.

Hace un tiempo escribíamos que estamos viendo un renacimiento del rock español, porque nos había dejado de llegar, a excepción de Bunbury. Estábamos perdiendo el rastro del rock en España. ¿Qué perspectiva tiene de lo que está pasando en la escena musical de España hoy en día?

Quizá estamos viviendo, independiente de los estilos y diferencias, una generación que tiene una inquietud por conocer y compartir su música en Latinoamérica. Tal vez en los 80 sí hubo un intercambio de ida y vuelta por la industria, y en los años 90 y a principios de 2000 hay grandes bandas o artistas como Bunbury, que siempre han tenido una facilidad muy especial en Latinoamérica. Los grupos sí que han entendido que no solo es un mercado, sino también una fuente de intercambio, inspiración y un crecimiento colectivo. Durante años el mundo del rock en español se quedaba en sus fronteras. Vamos intentando hacer de todos los lugares un sitio más. Cuando voy a Bogotá, a Buenos Aires o a México ya son lugares integrados en el imaginario musical y personal, tanto como las ciudades españolas.

Lo que han logrado en Colombia ha sido a base de diferentes shows en vivo, que en estos tiempos se vuelve imperativo para las bandas, a pesar de que estén las plataformas digitales. Los conciertos han sido determinantes…

Durante todos estos años, Vetusta Morla se formó en vivo, en todos los escenarios. Igual que en España, el crecimiento fue poquito a poco, desde zonas pequeñas a grandes estadios. En Colombia es a menor escala, pero también hemos tenido la suerte de pasar por diferentes espacios y de estar en festivales donde hemos podido compartir carteles internacionales y locales. Estuvimos en Estéreo Picnic, en Armando Records, donde pudimos regalar nuestros discos a la gente que venía como símbolo de presentación y de generosidad, fuimos a Altavoz en Medellín y a Rock al Parque, que yo creo que ha sido el concierto más multitudinario que hemos hecho en la vida. Por eso digo que los conciertos en Colombia siempre están asociados a un bonito recuerdo y a una constatación de que estamos en un lugar privilegiado, tanto musical como cultural. Somos testigos y al mismo tiempo somos invitados de honor.


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