Eric Clapton habló con Rolling Stone

Antes de hacer público el problema neurológico que podría impedirle seguir tocando la guitarra, el cantante y guitarrista habló con ROLLING STONE sobre su nuevo álbum, sus viajes a los EEUU junto a Cream, cómo es el proceso creativo de sus solos y cuándo saldría de gira de nuevamente.


POR DAVID FRICKE | 15 Jun de 2016

“Dejo que mis manos hablen. Luego mi cerebro lo entiende”, dice Clapton sobre sus solos de guitarra. Simon Whitehead


El título del nuevo álbum de Eric Clapton, I Still Do, viene de algo que su tía abuela Audrey le dijo antes de morir hace unos años. “Fui a verla y le dije ‘Quiero agradecerte por ser tan amable conmigo cuando era niño’”, dice Clapton, quien nació por fuera del matrimonio y fue criado por otros parientes cerca de Londres. “Ella dijo ‘Me caías bien. Aún lo haces [I Still Do]’. Eso es una bendición. Lo dice todo”. I Still Do es una mezcla clásica de Clapton: sus raíces, sus reflexiones y sus solos de guitarra; tiene versiones de Robert Johnson, Skip James y Bob Dylan. Clapton también revive una vieja sociedad: el álbum fue producido por Glyn Johns, quien trabajó con el éxito del guitarrista Slowhand de 1977. “Aún es muy agresivo y rápido”, dice Clapton. “Lo pones con una banda y es mágico”.

¿Cómo recuerdas Slowhand? Es tu álbum solista mejor vendido, pero lo hiciste cuando bebías mucho.

Fue un refugio. La música sirvió como balance a las dificultades de mi vida personal. La fuerza de Slowhand estaba en la gente que tocó en conjunto – el bajista Carl Radle, el teclista Dickie Sims y el baterista Jamie Oldaker–. Y estaba Glyn en el cuarto de control aprovechando esa energía.

¿Cómo te reconectaste con Johns?

Sacó un libro [Sound Man de 2014]. Yo salgo allí. Y no es muy halagador. Tuvimos unos enfrentamientos al principio, cuando yo era realmente molesto. Luego trabajamos juntos para Ronnie Lane y Pete Townshend en un álbum llamado Rough Mix. Glyn cambió de opinión. Pensaba que yo era más riguroso cuando trabajaba para otras personas.

En el libro también decía que no nos veíamos hacía un tiempo y que no estaba seguro si aún éramos amigos. Lo llamé, fuimos a cenar y le dije “Hagamos algo juntos”.

¿Qué tanto de este disco se grabó en vivo en el estudio?

Mucho. Para mí el mejor corte en vivo es Cypress Glove de James. Dudo que podamos hacerlo mejor en el escenario. Pero Glyn trabaja con cintas. Eso te da un set distinto de disciplinas. Tratas de hacerlo todo ahí mismo. Haces overdubs solo si es necesario.

¿Planeas tus solos antes de una toma?

No. Dejo que mis manos hablen. Luego mi cerebro lo entiende. Lo oigo después de que sucede. Luego digo “Oh, eso no sonó muy bien. Intentemos haciendo esto”. Eso pasa, pero la mejor parte sigue siendo esa antes de que realmente pensara sobre qué iba a hacer. Mis manos están enfrente de mí mucho del tiempo.

¿Sucedió eso durante las largas improvisaciones con Cream?

Todo lo que suena bien es porque es intuitivo. Va en secciones. El solo empieza, luego lo atrapo. Empiezo a caminar una línea recta, luego me quedo sin aliento. Mis manos tienen que hacer algo para llevarme a la próxima fase, entonces esa parte suena bien. Es una progresión de ensayo y error.

Hiciste una versión de I Dreamed I Saw St. Agustine de Dylan en el álbum. Has hablado de cómo The Band transformó tu percepción del blues pero rara vez hablas del impacto de Dylan.

Intenté hacer una versión de One of Us Must Know (Sooner or Later) hace mucho, mucho, tiempo. Me veía grabando Series of Dreams. Pero esta me molestaba. Me intrigaba saber qué lo motive a escribirla. Es una canción triste, sobre el remordimiento. He hecho muchas de sus cosas en vivo. Solía tocar Not Dark Yet [en Time Out of Mind]. Esta es una de las canciones más hermosas jamás escritas. Lo dice todo sobre crecer y dejar ir las cosas.

También hiciste una versión de Alabama Woman Blues de Leroy Carr. Como joven inglés, ¿cómo te relacionabas con referencias como viejas líneas de tren sureñas?

Mi punto de referencia era nulo. Crecí en un pueblo inglés en el que ni siquiera teníamos una estación de tren. Luego llegué a Nueva York con Cream para tocar en el show Murray the K y vi por primera vez todas estas cosas de las que había oído toda mi vida. El caminar por Manhattan a los 20 años fue mágico. Veías a un tipo con una chaqueta de motociclista o botas de vaquero, bebiendo leche malteada. Estaba en el cielo.

Sigues volviendo a los Estados Unidos para tocar. ¿Qué ves ahora?

Con Cream viajamos por el país en carro. Es imposible creerlo. Quedé totalmente exhausto. Debo haber pesado 45 kilos. No creo que hayamos comido nada. Solo tocabamos cada noche. Todos los lugares eran distintos. Entre más volvía, todo parecía lo mismo: los lugares de comida rápida, las franquicias. Todo se volvió soso. Todo se fue. A dónde. No lo sé.

¿Saldrás de gira este año?

He tenido algunos problemas de salud en mi espalda y una cosa neurológica que afecta mis manos. Si no hay una recaída seria, empezaré a mirar hacia dónde ir. Si la hay, tendré que pensar en otra cosa que hacer. Tal vez cogerla suave por un rato.


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