Father John Misty

El cantautor habla de religión, matrimonio, la utilidad del LSD y el placer de no hacer nada.


POR PATRICK DOYLE | 17 Aug de 2016

Emma Tillman


Usted fue criado en un hogar Cristiano evangélico. ¿Cómo le afectó eso?

Recuerdo preguntarle a mi profesora de la escuela bíblica quién hizo a Dios. Fue la primera vez que vi a alguien poner los ojos vidriosos y recitar robóticamente algo. Dijo: “Dios siempre ha estado”. Para el mundo occidental, la ilustración es tener una respuesta infalible para una pregunta. Para mí esa es la manera más rápida de ser absurdo. Creo que la certeza es completamente grotesca

¿Hubo algo valioso en su crianza evangélica?

Me prometieron la redención, el perdón y la salvación una y otra vez, pero nunca se manifestaron de manera significativa. Era como Charlie Brown y Lucy con la pelota. Hay algo en lo que escribo que sigue lidiando con ese problema.

¿Cuál fue la primera canción con la que se conectó?

Tenía un tocadiscos de Fisher- Price y mis padres me dieron un vinilo de siete pulgadas personalizado que decía: “Querido Joshua, es tu cumpleaños. Feliz cumpleaños, Joshua”, una y otra vez. Tener este objeto cantándome fue probablemente mi primer contacto con el narcicismo. También tenía un siete pulgadas de My Generation de The Who, pero nunca me gustó el rock de marca. También oí un tema de Ketih Moon llamado Dogs Part Two, que es un solo de batería con perros ladrando. Prefería eso.

¿Qué hace para relajarse?

Ir a Costa Rica, montar jet ski y cualquier cosa que me den ganas de suicidarme. Me gusta no hacer nada. Cuando trabajaba tomaba los empleos más parecidos a no hacer nada. Lavar platos, vender zapatos, donar sangre. Me gustaban los trabajos sin oportunidades de ascenso. El hogar para mí es un espacio donde puedo hacer nada de manera hermosa.

¿Quién es su mayor héroe que haya podido conocer?

La mitad del tiempo que oigo música la paso con bandas sonoras de Jon Brion. Tuvimos una fiesta en el Chateau Marmont para los 30 de mi esposa la semana pasada y él llegó. Les di a todos mis amigos una dosis de 20 a 1 de LSD diluido. Todo el mundo estaba en clímax, Jon subió al piano y todo el mundo cantó Over the Rainbow. Fue como conocer a alguien en un sueño.

Ha dicho antes que el LSD puede ser una herramienta.

Algunas ideas que podrían desecharse fácilmente logran mostrarse con toda la importancia que merecen. La última vez que tomé una buena dosis de LSD fue en un concierto de Taylor Swift en Australia. Ella estaba tocando en Melbourne, y conocí gente de su equipo en un bar y me invitaron al show. Le dije a mi mánager que me consiguiera ácido: “Está escrito en las estrellas. Tengo que tomar ácido en este concierto de Taylor Swift”.

¿Cómo es ver a Taylor Swift tomando ácido?

Experimenté el show como una niña de ocho años, dentro de las posibilidades de un hombre de 35. Fue sagrado. Fue psicodélico. Ella inseminó por completo mi alma con su ideología. Recuerdo reírme incontrolablemente. Recuerdo salir para fumar y pensar: “Necesito volver allá”. Pero había un aspecto perturbador, algo que insistía en decirle a las chicas: “Soy normal, no dejes que nadie te diga lo que deberías ser”. Mientras tanto hay imágenes de ella en pantallas de 60 pulgadas. Si quieres organizar una velada con la Gran Líder, esto es lo que hay que hacer. Es una normalidad muy, muy falsa. Y eso es peligroso.

Pero usted también hizo varios covers de Taylor Swift en Internet, justo después de Ryan Adams, donde cantó sus canciones con el estilo de Lou Reed.

Estaba señalando a un tipo por una maniobra grotesca haciendo otra maniobra grotesca. Irónicamente fue la mayor publicidad que he recibido, y eso me asqueó. Tuve que retirarlos. Y por supuesto, para entonces, solo aumentó las cosas. Fue toda una comedia de errores.

¿Cómo lo ha cambiado el matrimonio?

Me considero una persona progresista, pero mis ideas progresistas no fueron puestas a prueba cuando me casé. Mi esposa y yo nos enamoramos hablando de que el amor era una mierda y las relaciones eran una mierda. Pero ahora estamos volviendo a tener esas conversaciones. Por eso el amor es tan radical.

Usted creció en Maryland pero ha vivido intermitentemente en Los Ángeles. ¿Qué ha aprendido de la ciudad?

Me encanta estar acá, pero me he dado cuenta de que Los Ángeles es el centro flamante del positivismo hipnótico. Uno ve la palabra “gratitud” por todas partes. Es esta clase de narcótico mental; esta manera de aplanar o adormecer todas las experiencias y suspender el pensamiento crítico, abriendo las puertas a la demencia. La gente que habla de la espiritualidad y los cristales de energía, es en realidad la gente menos espiritual que he conocido.


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