Foster the People celebra la vida entre el hip-hop y la psicodelia

La banda experimentó por más de dos años para encontrar el sonido de Sacred Hearts Club, su álbum más reciente. Hablamos con Isom Innis, tecladista y percusionista, sobre el disco


POR SANTIAGO ANDRADE | 17 Aug de 2017


Foster the People se encuentra de gira por Estados Unidos promocionando su álbum más reciente, Sacred Hearts Club, un disco que para Isom Innis –pianista, tecladista y percusionista de la banda – tiene un sonido “dirigido por el beat y el groove, con influencia de la psicodelia de los 60, hip hop y música dance”, le cuenta en entrevista a ROLLING STONE. Al momento de hablar con él, la agrupación se encuentra en Memphis, Tennessee y en un par de horas tocarán frente a miles de personas. Está emocionado. “Los nervios son buenos, son nervios de emoción”, cuenta Innis, quien se convirtió en miembro oficial este año, aunque ha estado tocando con ellos desde 2011.

Se prepara para encontrarse con el resto del grupo y hacer el ritual previo a cada concierto. Se reúnen y escuchan una playlist que armaron entre todos con canciones de Oasis, Talking Heads y Joy Division, entre otras. “Absorbemos esta música y nos preparamos para subir al escenario”, dice Innis. “Son los abuelos de nuestra música. Talking Heads fundó la tierra en la que nosotros caminamos”. Se escucha de buen humor y su voz se nota ansiosa cada vez que habla de Sacred Hearts Club, el tercer álbum de Foster the People.

En el disco se escuchan diferentes sonidos, parece que hay muchas influencias y que son muy diferentes, ¿cómo unir todo eso y que suene bien?

Es muy interesante mirar hacia atrás a todas nuestras influencias e intentar conectar los puntos. Estuvimos tres años haciendo este álbum y experimentamos mucho en el estudio. Todos los días improvisábamos y no nos poníamos ningún límite para las ideas de las canciones. Podían ir en cualquier dirección. Escribíamos cada parte inspirándonos en la anterior, en lugar de contextualizar el sonido que buscábamos. Lo que intentábamos era ver qué podía salir.

Algunas veces uno escucha un álbum y siente que hay un sentimiento detrás, ya sea rabia, tristeza o alegría. ¿Qué sentían ustedes?

Nosotros hicimos este álbum para celebrar la vida. Lo hicimos por el amor que nos produce y hacemos música porque lo disfrutamos. Para nosotros el estudio es un lugar lleno de pureza, es sagrado. Cuando estamos creando música, vivimos de nuestra pasión y estamos en nuestro “lugar feliz”.

¿Cómo ha sido la reacción de la gente? ¿Cómo se han sentido tocando las canciones nuevas?

Ha sido increíble y sorprendente. Incluso antes de que saliera el disco habíamos tocado algunas canciones en vivo. Los fans estaban viéndolas en YouTube y cantando la letra. Ahora que el álbum salió, la gente está empezando a digerir todo y es muy emocionante.

Tuvieron que mezclar el disco varias veces, ¿qué sonido buscaban? ¿Por qué no estaban satisfechos?

Sí, al final lo analizamos bastante. Cuando acabamos el álbum, la primera versión duraba más de 50 minutos [la versión final dura un poco más de 40] y pensábamos que ya habíamos atravesado la línea de llegada. Nosotros tenemos un ritual cuando acabamos un disco: nos reunimos, nos servimos unos tragos y nos sentamos a escucharlo de principio a fin. Hicimos eso y había algo que no se sentía bien. Mark [Foster] fue el que dijo, “No creo que esté acabado todavía”.

En ese momento ya habíamos estado trabajando más de dos años y me tomó un minuto aceptarlo porque ya estaba listo para decir que habíamos terminado. Así que entramos y escuchamos de nuevo todas las canciones para ver cómo se acomodaban entre ellas. Terminamos cortando arreglos, reacomodando otros y metimos dos piezas musicales que sirvieron como transición para que el álbum pudiera escucharse sin una pausa. Queríamos que flotara de principio a fin.

¿Qué crees que diferencia a Sacred Hearts Club de Supermodel o Torches?

Yo creo que este es el disco en el que el beat está más presente. El beat es lo que marca la dirección. Puedes escuchar, definitivamente, la influencia del hip-hop. También se siente en Torches, pero en Sacred Hearts Club, como productores y escritores, nos hemos vuelto más refinados y tuvimos la oportunidad de explorar y perseguir todas las ideas. Creo que este es el disco más progresivo, experimental y dirigido por el beat que hemos hecho hasta el momento.

Decías que este álbum se hizo para celebrar la vida y en otras entrevistas han dicho que también se hizo para unir a la gente. ¿Por qué es importante que las personas se unan en este momento?

Para nosotros fue muy importante hacer un álbum que celebrara la vida y uniera a la gente en una época en la que el mundo se despierta todos los días con una tragedia nueva. Te despiertas y hay un quiebre político. Hay una sensación, que va creciendo, de nacionalismo, homofobia, racismo. Entonces quisimos que el disco celebrara las diferencias, celebrara la felicidad, celebrara la vida. Que dijera: “El amor es más grande que la política”.

¿Y qué papel puede tener la música en un mundo así?

Con la música podemos entregar muchas cosas. Puede ser una declaración en contra de la injusticia. Nosotros estamos viendo demasiada división en el mundo. En Sacred Hearts Club queremos ofrecer un alivio con el que las personas puedan olvidarse de eso y, en cambio, relacionarse con un disco o con una canción. Simplemente darles alegría.

Retomando el tema del disco, en Torches hay un sonido electrónico y funk, en Supermodel hay un poco más de guitarra rockeras y en Sacred Hearts Club, como decías, hay hip-hop, dance y psicodelia. ¿Cómo es ese proceso de reinventarse en cada álbum?

Lo que hacemos es seguir nuestro instinto y miramos qué nos parece innovador o emocionante. En este momento el hip-hop es la música más valiente y sólida. Es un género que se niega a limitarse. Nosotros perseguimos música que se enfrente al status quo y que no caiga en ese loop eterno que se escucha en muchas cosas de la radio comercial y en algunas bandas que están saliendo ahora. Tenemos que perseguir lo que nos reta y nos inspira.

Sacred Hearts Club es un álbum al que no le pusimos restricciones. La música guiaba y dictaba lo que sucedía. Creo que si intentamos definir nuestro sonido antes de empezar, no hay ningún punto en sentarse a escribir. Para nosotros era emocionante simplemente ir a un ambiente libre en el que no intentábamos forzar las letras de las canciones, debía crecer con libertad. Y si salía una línea de bajo psicodélica de los 60, estaba bien y lo seguíamos. Si salía un loop de ambient con un sintetizador analógico, lo seguíamos. Después de experimentar por un año y medio, finalmente logramos encontrar los elementos y empezamos a conectar los puntos. “Bueno, probemos esa línea de bajo y metamos esta batería acá. Pero esta armonía y la voz intentémosla antes del coro y no en el puente”. Después de año y medio pudimos construir y empezar a definir las cosas.

Como decías, el hip hop se niega a rendirse y a caer en lo común. ¿Por qué crees que es un género tan especial?

Para mí, que soy baterista, porque creo que cada miembro de la banda te va a dar una respuesta diferente y eso es muy bonito, mi amor por el hip hop nace en el groove y el beat. En la producción tradicional de hip-hop, y eso es algo que siempre he amado y admirado de J Dilla y Questlove, es que pasas horas escuchando discos, que pueden ser de soul o psicodelia de los 60 o rock o cualquier género, solo para encontrar una batería y un ritmo que te inspire para que repitas ese patrón una y otra vez. Y en el proceso de repetir eso, el beat se vuelvo hipnótico. La calidad sonora de un corte en un sample te rompe la cabeza, te hace entrar en un círculo y se convierte en una experiencia espiritual. Te abre para escuchar el mensaje y te impacta. Public Enemy, The Roots, Run the Jewels o Jay-Z son como un golpe. Son artistas que tienen un mensaje fuerte y tienes que estar muy abierto para recibirlo. Ese es un factor muy, muy importante en esa música y que no tienen otros géneros. Y, al final del día, eso lo es todo.


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