Habla Al2, El Aldeano

El rapero habla de su historia, del régimen cubano, del trap y de su búsqueda espiritual.


POR RICARDO DURÁN | 23 Nov de 2017

Aldeano, el MC cubano, habló con ROLLING STONE sobre su nuevo álbum La Aldea y cómo la música puede trascender en las personas.


A su paso por Colombia el gran MC de la isla visitó las oficinas de ROLLING STONE. Él es todo un fenómeno en el contexto del rap iberoamericano, y su música viene inspirando a toda una generación que encuentra en sus letras respuestas para inquietudes personales, familiares y políticas. La Aldea, su álbum más reciente, se aleja de los ataques al régimen cubano para acercarse a la experiencia de la paternidad y al duro proceso de enfrentar sus demonios.

¿Desde su perspectiva, cómo llegó el rap de los Estados Unidos a Cuba?

La primera referencia norteamericana de rap en Cuba fue Bone Thugs-N-Harmony, ellos tienen un estilo distinto a todos los raperos porque en vez de rapear cantan con tono y lo hacen muy rápido. Mientras yo digo cuatro palabras, ellos dicen dieciséis; cuando los escuché por primera vez me traumó, y me quedé repitiendo sus palabras en mi idioma. Después escuché a otros raperos como Wu-Tang Clan, Busta Rhymes, Eminem, Snoop Dogg, Mobb Deep…

¿Y cómo llegaba todo eso a la isla?

En La Habana hay un barrio que se llama Alamar y le dicen “la capital del rap”, las pocas personas que viajaban se empezaron a interesar por la cultura cubana del hip hop. A Cuba fue Mos Def, Talib Kweli, Erykah Badu, también fue The Roots, fueron a hacer conciertos allá. De esta manera empezó a filtrarse un poco más la música, usted sabe que en Cuba no hay muchas condiciones… de disco en disco, cuando empezaron a aparecer los discos en blanco, en aquel entonces no existían las memorias…

El sector que seguía al hip hop cubano era muy pequeño y exclusivo, era solamente de unos muchachos que estaban en la cultura, y eso dependía mucho de los recursos que podían llegar de otros lados; nosotros no teníamos computadoras ni las cosas normales para hacer la música. Así se movía la cultura hip hop cuando yo la conocí. Antes que yo existían otros pioneros, estaban los que luego serían Orishas, se llamaban Amenaza… nosotros aparecimos ya después.

¿En esos comienzos cómo era la relación de esa cultura con el régimen?

Antes el hip hop cubano no estaba enfocado en lo problemas sociales ni políticos de la isla. Era más de la competencia, decir que “yo tengo el estilo que los mata”, algo así, o “Free Mumia” se decía mucho en ese tiempo también, él era un preso de los Estados Unidos que estaba en el corredor de la muerte y era inocente. También se mezcló mucho el hip hop con la afrocultura. También estaba la religión Yoruba y las Panteras Negras con la lucha negra. Había algunos raperos que denunciaban fuerte, y al gobierno lógicamente no le gustaba eso

¿Después cómo fue la reacción del gobierno ante el trabajo de ustedes con Los Aldeanos?

Se empezaron a acercar más personas porque estamos hablando de la realidad cubana, no solamente de la realidad de un sector. Mucha gente se empezó a identificar, y ya iban muchachas y muchachos jóvenes, viejos… de todas las edades empezaron a escuchar porque nosotros estábamos hablando de problemas sociales como el sistema de transporte… y el gobierno se lo tomó bastante mal, muchas veces nos cancelaron los eventos. Había lugares a los que yo no podía entrar ni como espectador, ni aunque yo pagara el doble… “yo no vine a cantar, solo vine a mirar”… Tampoco.

Eso fue después de que nos presentamos varias veces porque en las primeras veces cantamos cosas que eran muy fuertes contra el régimen, y eso impactó mucho porque nadie lo había hecho así. Nadie le había dicho al gobierno “esto está mal, esto no me gusta”, y menos con rimas. A la gente le pareció súper genial porque no existía. En el rock había grupos como Porno para Ricardo…

A la gente le impactó mucho el rap, y empezó a expandirse, y llegó un momento en el que no lo pudieron frenarlo… era demasiado. Yo he visto reuniones de políticos hablando a puerta cerrada diciendo “vamos a hablar del caso de fulano porque tenemos que ver qué vamos a hacer con eso…”, se les han filtrado.

¿Nunca pasó a mayores la represión?

Le pasó a B, el que cantaba conmigo, muchas veces le negaron los viajes a las Batallas de Gallos, las que hacía RedBull. Él iba a ir a la pelea internacional en Venezuela, ya tenía todo, y nunca le dieron chance, nunca lo dejaron salir.

De esa forma se evidencia la represión al decirle “No puedes cantar aquí, no puedes cantar allá”. A lo mejor yo iba a un restaurante a comer, y cuando terminaba me decían “No te pongas bravo, pero no vengas más aquí para que no me crees un problema”.

¿En su caso personal por qué el rap?

De niño siempre me gustó la música, mi madre es bailarina al igual que mi tía y mi abuelo era compositor, hacía boleros. Vengo de una familia musical. Cuando era niño me matriculé en una escuela de música, hice las pruebas de aptitud me aceptaron, y empecé a estudiar el saxofón, lo tuve que dejar porque no tenía el instrumento. Después me concentré en la natación y luego me empecé a interesar por el bongó, pero mi madre me molestaba mucho, me decía que yo la volvía loca con eso [risas].

Cuando falleció mi abuela, la madre de mi madre, casualmente un día escuché a los Bone Thugs-N-Harmony, y me impactaron tanto que le escribí una canción a mi difunta abuela… no recuedo lo que decía, pero así fue como empecé a escribir canciones, que la mayoría las escucho ahora y me dan como pena. Pero cuando yo descubrí el rap dije “esta es la manera mía”.

Para mucha gente ve al rap como “los rateros esos”, nosotros lo vemos más como poesía, como una técnica para que las palabras suenen bien y el mensaje pueda llegar. Existen cosas como los punchlines. Muy poca gente sabe de la cultura hip hop a fondo. De las técnicas de los raperos, como el grafiti y el break dance, esa cultura me enamoró. Desde que entré pensé: yo voy a lograr expresarme con esta música, que no es tan difícil de hacer porque yo no sé música, pero la hago, antes sampleaba. Con otros músicos, cogíamos un pedazo, le poníamos un compás y un bajito, y ese era el patrón de nosotros. No me imagino cantando pop, ni baladas.

En su opinión ¿Qué diferencia el rap que se hace en Cuba al que se hace en el mundo?

La diferencia es que con los pocos recursos que tenemos hemos logrado la música que hemos hecho. En Cuba para ser rapero tienes que trabajar en una cosa aparte, ejemplo ser panadero y rapero, a no ser que tú seas un grupo que tengas trabajos en varios lugares. En la casa de un amigo, la pantalla de la computadora la aguantaba con un palo para que no se cerrara y grababa con eso. Y así empezamos. Yo tenía una computadora con la que yo hacía los backgrounds, que parecía la computadora que descubrió Cristóbal Colón (se ríe). No se podían abrir dos carpetas porque se ponía tiesa y tocaba reiniciarla. No había micrófonos, teníamos que esperar a que los extranjeros nos trajeran las cosas porque no había manera de tener acceso a unas buenas bocinas, buenos micrófonos, una pianolita quizá, lo normal y necesario para poder grabar. Eso era 2003. Era una época muy dura, una época de censura, no podía rapear ni trabajar porque estaba censurado. Yo tengo hijos y ellos tienen que comer, entonces no había manera de hacer nada. Había un proyecto y nos ayudaron, pero el que se acercaba a nosotros quedaba marcado. Le decían que no se acercara a esa gente. Y así hasta que me tuve que ir de Cuba.

¿Cómo fue esa partida?

No es una partida total, porque yo he regresado a Cuba, voy cada mes a ver a mi hija y a mi familia. Tengo tres hijos y un sobrino que lo quiero como si fuera mi hijo, es mi amigo. Un bebé de un año, Sebastián, y otro bebé de trece que es más alto que yo y una niña de seis años que vive en Cuba. El mayor tuvo problemas en la escuela en Cuba, al igual que yo, así que tuve que cambiarlo de escuela a una en Miami.

Me tuve que ir y dejar a mi mamá, era eso o ir preso. Te das cuenta que estás fajando con personas que les importa muy poco, que cuando están golpeando a las mujeres lo que hacen es sacar una cámara y grabar, no son capaces de hacer nada. Esas cosas me desencantaron. Que te quiten la luz y yo al otro día voy a marchar a la plaza, y no pase nada. Yo tenía que mantener a mi chico. Yo tenía una mujer en Estados Unidos y la última vez que fui le dije “Yo me voy a quedar contigo”. Y así fue como arranqué. Tenía que irme y sacar adelante a mis hijos.

En el documental Revolution usted manifiesta su angustia porque esa falta de recursos genera una pérdida de valores en la gente…

Exactamente. Por ejemplo, aquí se sube el precio de la gasolina y se manifiestan muchas personas. Pero en Cuba no. En Cuba la gente prefiere robarse a sí mismos que reclamarle al sistema. Es preferible. Hay una canción que dice que en la necesidad comienza el fin de los principios. Y eso es lo que le ha pasado a los cubanos, no tienen intenciones algunas. Hay muchos cubanos que están en una lucha incansable contra el gobierno, pero a la mayoría no les interesa lo que está pasando.

Uno ve a veces, como en la Florida, que uno ve la cosa de estar allá o acá. Si se está en contra del régimen es de extrema derecha…

Eres gusano. El término para referirte a la persona que no es compatible con el gobierno es “gusano”. Esto lo tomaron de otro país en donde a los opositores los llamaban “Cucaracha”. En vez de cucaracha es gusano. Yo tengo una canción que se llama ‘Aldito el Gusanito’.

Pero usted no se ubica en ninguno de los dos extremos.

No, yo no estoy con nadie. Yo estoy con mi familia. A mí la política no me interesa, yo no sé nada de política, no he leído, ni estudiado. Yo soy de la calle, yo tengo como mínimo tres errores de ortografía por cada palabra. Lo que sé es lo que veo en la calle, lo que ve todo el mundo, la situación. Realmente creo que Cuba está en sus peores momentos, como sociedad.

El año pasado y antepasado, ¿había alguna esperanza con Obama?

Había esperanza, pero hacer negocios con Cuba, no significa que vayas a hacer negocios con el pueblo, haces negocios con los Castro, y ellos se quedan con el dinero y Cuba “jodida”. Fuera de la isla hay muchos cubanos que mantienen a los que están adentro, pero el gobierno les quita un 20% por un cálculo que ellos determinaron que era de ellos. Por ejemplo, si yo le mando 100 dólares a mi mamá, ellos se quedan con 20. Y eso genera como 40 millones mensual o semanal, no sé muy bien. Usted entra al aeropuerto y no hay aire acondicionado, no hay ni carritos ni agua en las maletas. Por eso yo digo que no es problema del gobierno. El gobierno puede ser un hijueputa, pero si la gente se pone seria no hay gobierno que pueda. Pero la gente Cuba todos están divididos, cada quien prospera en lo personal. Cuba como sociedad yo creo que está en baja. Tú en el país puedes ver policías borrachos en una esquina orinando en la calle, basura en las calles, no hay higiene ni mental ni espiritual, te puedes encontrar con cualquier cosa. Es mi país y me duele que esté así, pero es la realidad. No es que a mí me dé placer decir eso, pero es la realidad.

¿Qué perspectiva tiene de lo que está pasando con el rap en Iberoamérica?

Compadre, yo debo decirte que conozco a muchos raperos que son de excelente escuela. Ahora mismo hay una revolución de trap, le dicen así, y hay muchos que lo hacen muy bien, hay otros que incitando a hacer cosas a personas que ellos mismos no hacen. No sé cómo explicarte. Yo digo que yo mato aquí, yo mato allá, que soy asesino, pero la realidad es que nunca han matado a nadie. Pero los muchachos si se creen esa película y ellos son los que mueren en la calle, y sus madres son las que lloran.

En Latinoamérica hay mucho hip hop en habla hispana. Lo malo es la promoción, a lo que la radio y la televisión le prestan atención, y lo que promueven. Nadie ve a un rapero hablando de un problema social. Lo que venden son los dientes de oro, las cadenas y las mujeres, ese es el arte ahora. Lo que vende y muchos raperos decidieron hacer, así para poder sobrevivir. Veo a ese estilo como un alarde, tengo tantas cadenas, tantas mujeres y viajo en un avión privado. No lo critico, pero ese es el estilo de vida que le venden a los muchachos.

En su música hay una búsqueda espiritual…

Sí, porque a mis 34 años me ha tocado vivir bastante y lo que he descubierto hasta el sol de hoy es que nada de lo que tengo me lo dieron. Por ejemplo mi abuelita, que fue quien me crio, se murió. Ya no tengo cómo recuperar eso. No hay nada en el mundo que me devuelva lo que yo más quiero, por eso yo estoy en otro canal. Sin querer decir que soy mejor. Tampoco pretendo hacerme millonario, ni tengo ese tipo de sueños así de Grammys… si pasa bendecido, si no, estoy bien porque tengo con qué mantener a mis hijos sin robar a nadie, ni hacerle mal a nadie, solamente con mi música. Decido cuando grabo un disco y cuando hago tres y cuándo no hago. Soy mi propio jefe.

¿Cuándo salió La aldea?

El año pasado, en 2016. Como en septiembre. Eso yo creo que son una de las muestras de que la música que estoy haciendo no tiene que ver con la política. Ni con esto que hablaba antes, es algo más espiritual.

Es una utopía.

Aja, sí. Mi sueño poder tener a salvo a mis hijos, donde nadie les puede hacer daño. Me imagino en una montaña por allá, lejos, sembrando semillas y ordeñando vacas. Como un aldeano verdadero. Pero bueno, después vuelves al ritmo de la sociedad y a la calle, a la cotidianidad y a la realidad de la calle.


Deja tu opinión sobre el artículo: