La maestría de El Chojín

Con un discurso absolutamente aterrizado e inspirador, el MC español pasó por Colombia dejando rastros que vale la pena recoger


POR RICARDO DURÁN | 16 Jun de 2017

Domingo Antonio Edjang Moreno, mejor conocido como El Chojín, en las oficinas de ROLLING STONE (fotografía de Rodrigo Torrijos)


El Chojín es el rapero más rápido del oeste, y del este también. Acepta la ‘chulería’ del rap, pero es muchísimo más que un tipo que habla rápido; como muy pocos entiende la profunda trascendencia de esta música, y por eso es un gusto enorme sentarse a hablar con él.

A Bogotá trajo su formato de ‘Un Buen Club’, en el que se sentó frente a 60 personas para hablar mucho y rapear un poco mientras sus fans escuchaban extasiados las historias y reflexiones en las que cuestionaba todo. Racismo, conformismo, consumismo, y casi todo lo malo que termine en ismo pasó por el temario de El Chojín.

Entre otras cosas, dijo que su rap no es optimista (“el mundo es una mierda”), pero por alguna razón la gente prefiere siempre quedarse con la parte más blanca de sus letras. Al día siguiente se presentó en la Media Torta en el marco del festival HipHoppers X La Paz.

Antes de esas presentaciones visitó nuestras oficinas, y estos son los resultados de aquella conversación:

¿Cuál es el concepto que buscaste plasmar en Recalculando ruta, tu último álbum?

El disco se llama Recalculando ruta porque mi mandato es hacer discos que tengan que ver con la época que estoy pasando. Y ahora tengo la sensación de que estoy en una constante búsqueda de metas. Me he dado cuenta de que todos tenemos una meta, pero nunca llegamos, entonces lo importante es ser capaces de recalcular la ruta para seguir avanzando. La vida es ese avance, en el que nos amoldamos a esas carreteras que se cortan o que están en obra. En el disco hablo de esa búsqueda en que estamos todos para tratar de ser un poco mejores o un poco más felices, de la capacidad de amoldarte a las circunstancias y adaptarnos a las eventualidades. La vida es eso, es ir recalculando ruta permanentemente.

Háblanos del récord que tienes por haber rapeado más de 900 sílabas en un minuto…

Cuando me lo propusieron no me pareció una buena idea, pero cuando me pusieron al tipo del récord anterior me picaron porque el tipo rapeaba muy, muy rápido. Y ahí es cuando llega la cosa de ‘yo creo que puedo hacerlo más rápido’. Tiene que ver con eso, y con que he rapeado toda la vida, me puse a intentarlo, y ha dado mucho juego en los medios, ha llamado mucho la atención. Es una herramienta más para comunicar, no porque te permita comunicar mejor, sino porque hace que la otra persona se sorprenda, y al sorprenderte prestas más atención. Si te miran con más cuidado, puedes colar ahí tus mensajes.

El hecho de tener un Récord Guinness por ser la persona que habla más rápido del mundo, es contradictorio porque yo soy un comunicador, y a los comunicadores se nos tiene que entender. El truco viene de ahí, de ser capaz de jugar con las dos cosas.

Hace poco has publicado una novela, titulada En 2084, ¿cómo es la historia de ese libro?

Es una distopía de un futuro no muy lejano, ni muy agradable. Lo que hice fue contar lo que veo ahora y proyectarlo en el futuro; lo que intento es hacer una crítica social a los problemas que tenemos actualmente, si llega eso es porque previamente estamos en esta situación.

Hay el secuestro de un líder político, entonces el aparato [estatal] culpa a un grupo que denominan terrorista, y ellos están ahí, pero no se sienten terroristas, tienen otro discurso y niegan haber cometido el secuestro. Hay tejemanejes en las altas esferas… Contar más sería contar la novela.

Hay dos personajes, un abuelo y un nieto, que aparecen cada x tiempo, y el viejo va contando cosas del pasado para contextualizar al lector sobre cómo se ha llegado hasta allí. Hablo del poder que tienen las grandes compañías, del poco poder que tiene la ciudadanía, el poder que tienen los que están allá arriba para crear un discurso que todos repetimos e interiorizamos como nuestro.

¿Qué sientes o piensas acerca de todo lo que está pasando actualmente en Europa con los refugiados, los atentados, y todas esas situaciones recientes?

Yo me pregunto si es mucho más importante lo que pueda ocurrir en Londres, en Madrid, en Berlín o en París ante lo que está pasando en el resto del mundo, no en Siria, en el resto del mundo. Te vas a México y ves el problema del narcotráfico, te vas a Brasil y tenemos las favelas, te vienes a Venezuela y es un desastre. Sin embargo, nadie pregunta por eso, porque se supone que estás como te mereces. Da la sensación de que el europeo sabe hacer bien las cosas, y si los demás no saben hacer las cosas bien, pues se merecen lo que tienen, y ya está. Nos han convencido a todos de creer superiores a los europeos, y a los europeos de creerse superiores, y eso potencia unas diferencias que no existen.


¿Qué explicación le encuentras al crecimiento tan grande que ha tenido el rap iberoamericano en los últimos años?

Yo lo veo de forma tan sencilla, que probablemente me equivoque. Creo que ese crecimiento tiene que ver con el hecho de que el rap funciona; el rap crece porque la gente consume rap y lo toma como suyo, no por el apoyo de ninguna institución.

Lo más importante es que el rap le da voz a la gente que normalmente no tiene voz; te hace sentir importante, te convierte en protagonista de tu historia, no en espectador.

Además, el rap ahora no es solo para raperos, ha empezado a llegar a todo tipo de públicos…

Porque el rapero no viene de otro planeta, el rapero puede ser tu vecino. Y si le gusta a él, probablemente sea porque tiene elementos que te gustan a ti también. El hecho de que yo me vista de una determinada manera, o escuche más rap que una persona ‘normal’, no me convierte en una persona excepcional; yo tengo las mismas inquietudes y el mismo presidente que tú, todo es igual. Si hablo de mi sociedad y de lo que tengo alrededor, realmente estoy hablando de tu sociedad y de lo que tú tienes alrededor.

El rap español es muy bien recibido en Colombia, y hay grandes estrellas como Kase.O, Nach, o tú mismo, ¿qué tanta referencia tienen allá del rap que se hace en Colombia?

Ninguna. Europa vive de espaldas al resto del mundo; eso no es algo que aplique para estos nombres que citaste, porque a nosotros sí nos interesa conocer la cultura de los lugares a los que viajamos, pero al gran público no parece importarle ni interesarle lo que pase por aquí, y consume solamente rap español o estadounidense.

Por ejemplo, toda la gente está acostumbrada a ver películas y series traducidas en español de España, y si de repente aparece alguna traducida en español latino, la gente se vuelve loca. No digo que haya desprecio hacia Latinoamérica, porque no sería verdad, desde España se mira bonito, pero no hay una consideración de igualdad, y es una cosa que yo entiendo como un error estúpido, un sinsentido.


¿En particular tú qué referencias tienes del rap y de la cultura hip hop que se vive acá?

Lo más importante que he visto en Colombia es el activismo por parte de la gente del hip hop. De repente tienes un colectivo en Cali que está trabajando con los desplazados del conflicto, y ves todo el compromiso de estos hip hoppers con toda esta gente que de verdad necesita algo que la saque de esa situación extrema.

En Cali hay unos niños de una zona donde hay desplazados, creo que es Aguablanca, y el rap que hacen esos niños a nivel profesional no es nada del otro mundo, pero a nivel del corazón me llama mucho más la atención que cualquiera que pueda salir en la portada de una revista porque es más funcional.

Para mí el rap, desde que tengo uso de razón, no es solo música. La música es lo menos importante, lo más importante es su función, y en Colombia lo veo constantemente. Ya te digo, en Cali, en Medellín, en Bogotá, en Funza, en Tunja hay también un activismo muy fuerte. Yo no me quedo tanto con los nombres de los grupos, sino con lo que hacen cuando bajan del escenario. Eso es lo que realmente me parece interesante y diferente. En Brasil también pasa mucho, y el rap funciona más aquí porque aquí se necesita más.

En general, en Europa la gente vive bien. Es cierto que hay problemas, hay que denunciarlos, hay que trabajarlos, pero los problemas no son tan urgentes como en otros lados. Si te vas a una favela en Brasil y ves los niños en la calle, ves que necesitan una ayuda, y la necesitan ahora. En España en cambio puede ser un chico que tiene a sus padres en casa, y tiene su habitación con su baño, con internet y televisión, tal vez su problema es que el profesor le tiene manía o la chica que le gusta no le hace caso. La urgencia del hip hop no es tanta allí como aquí, el hecho de que aquí funcione más tiene que ver con que se necesita más.


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