La vida después de la muerte

Ocho meses después de la muerte de su esposo, Love habló con ROLLING STONE en un relato desgarrador sobre su vida con Kurt


POR DAVID FRICKE | 23 Feb de 2018

“Antes sentía que hablaba con Kurt. Pero ahora se ha ido definitivamente. No queda nada”


Solo hay una regla en esta entrevista. “Si comienzo a llorar”, dice Courtney Love por teléfono unas semanas antes de que nos encontremos, “probablemente me pare y me vaya de la habitación. No te ofendas”. Resulta que sí se pone a llorar —entre la tercera y la cuarta hora de la primera sesión en la suite del hotel en Buffalo, Nueva York—.

Hubiera sido más alarmante si no lo hubiera hecho. Esta es la primera vez que da una entrevista oficial, con detalles nefastos sobre la muerte de su esposo, Kurt Cobain, sobre la vertiginosa angustia emocional que culminó en el suicidio y sobre la sombra que esto arrojó en su vida y su música.

Pero Love no abandona la habitación. Simplemente sigue hablando entre lágrimas. “Se quitó la vida con este abrigo puesto”, dice casi ahogándose en sollozos mientras señala una chaqueta pesada de color café a su lado en el sofá —un abrigo que ha llevado puesto desde hace algunos días para combatir el frío otoñal—. “Lo lavé para quitarle la sangre. Ni siquiera es por algo sentimental. Acabo de lavar otro abrigo mío también”.

Y sin embargo, cuando sugiero sutilmente que tomemos un descanso Love reacciona con ímpetu y se quita las lágrimas vigorosamente con un Kleenex. “Sabías que esto iba a pasar. Es mejor hacerlo así. No estoy a la defensiva. Tengo que hacerlo”. La idea era que Love, en medio de la gira con su banda, Hole (por primera vez en más de dos años), hablara sobre la muerte de su esposo de una vez por todas —haciendo énfasis en una vez—.

Pero esta entrevista, hecha en tres sesiones en Buffalo y Montreal, hace realmente parte de un proceso curativo mucho más largo. Incluso siendo viuda, Love es una de las figuras más controvertidas del rock & roll. Desde que conoció a Cobain en 1990 (se casaron dos años después), Love ha sido aclamada como un ángel vengador punk-rock con su lírica punzante, pero también ha sido tachada continuamente de oportunista y drogadicta, que se casó por celebridad y que tiene la mala costumbre de falsear con adornos su vida y su arte.

De hecho, es mucho más compleja: devota del punk-rock y con una sorprendente habilidad para el pop; manipuladora con los medios, grita “víctima” y luego pregunta cuándo salen los recortes de prensa; una mujer bien informada y con opiniones fuertes (sobre casi cualquier tema); una feminista furibunda que puede hacer un cover de He Hit Me (and It Felt Like a Kiss) de Crystals, con aflicción e ironía al mismo tiempo; una madre sinceramente preocupada por el futuro de su hija de dos años, Frances Bean Cobain.

“Mi objetivo me mantiene viva”, dice Love firmemente. “Y ningún asunto personal va a interferir con eso. Si la gente trata de ponerme la etiqueta de loca, que lo hagan. Pero si creen que van a pararme con eso, no lo van a hacer. Yo trabajo muy duro y cumplo con mis deberes. Lo seguiré haciendo”.

Ahora, cada nota y cada palabra que canta Love en el escenario, con su aullido afilado como un diamante, resuena y recuerda los acontecimientos recientes, incluyendo la sobredosis fatal del bajista de Hole, Kristen Ptaff, solo dos meses después del suicidio de Kurt. Cuando Love emite el verso central de Asking for It (“If you live through this with me / I swear that I will die for you” [Si pasas por esto a mi lado, te juro que moriré por ti]) frente a un público en pogo enardecido en un club de Rochester, Nueva York, lleva la mirada hacia arriba, suplicante, sin rodeos ni remordimientos. Este es un pop punk macizo, engendrado por una banda poderosa —el guitarrista Eric Erlandson, la baterista Patty Schemel y la nueva bajista Melissa Auf der Maur—, que ha renacido de las cenizas provocadas por experiencias muy complicadas.

A pesar del paso del tiempo, la amistad con Michael Stipe de R.E.M., el regreso de Hole y la presencia adorable de Frances en el bus de la gira, Love todavía está sumida en la oscuridad. Admite que las relaciones con Krist Novoselic y Dave Grohl de Nirvana son complicadas: “Hay problemas entre Krist, Dave y yo, que tenemos que resolver”, dice Love. “Pero quiero que los canales de comunicación permanezcan abiertos, tanto por el bien de Frances como por el mío”.

Y hay una sensación de soledad que ha ido creciendo durante los últimos días. “Antes podía hablar más con Kurt, donde sea que esté”, explica sobriamente. “Pero ya no está, de verdad. Yo sentía que lamentar su ausencia era algo muy egoísta porque lo haría sentir culpable. Y lo mejor que podía hacer era rezar por él y mostrarle alegría, para que pudiera sentir las vibraciones de alegría. Pero ahora sé que se ha desvanecido. Ya no queda nada. Ni siquiera para hablarle”.

Con todo lo que has vivido este año, ¿sientes que es extraño —o que esté bien— salir de gira y tocar rock & roll?

Es más fácil hacer esto que quedarse en casa. Prefiero esto. Quiero convencerme de que no me están dando un voto de lástima, y la única manera de hacerlo es probar que lo que hago es real. Ese era todo el punto de Live Through This.

Para mí es normal. Solo tienes que poner un pie frente al otro. No me pongo a pensar todo el tiempo en lo que pasó. Ni siquiera sé si debería pensarlo o no, no sé qué debería estar haciendo. No hay unas reglas ni un libro que diga lo que debería hacer.

¿Pero cuántas personas en estos shows van a ver a la viuda de un famoso?

Si Kurt estuviera vivo, pasaría lo mismo. Si crees que no sabía en lo que me estaba metiendo cuando me casé con Kurt… Es decir, la falta de reconocimiento. Kim Gordon (de Sonic Youth) y Julia Cafritz (que toca con Gordon en Free Kitten) me dijeron cuando les conté que lo de Kurt y yo iba en serio: “Sabes qué va a pasar, ¿no?”. Y me lo dijeron bien clarito. Sin tener en mente la muerte de Kurt, obviamente. De hecho, en la versión de Julia Cafritz, Kurt iba a tener una sobredosis: “Van a volverse drogadictos. Van a casarse. Vas a tener una sobredosis. Cuando tengas 35 vas a intentar hacer un retorno”. Era lo más grave que se le ocurrió que podía suceder.

Y yo pensaba: “Si, ya sé lo que va a pasar. Y me importa un bledo. Amo a este tipo. Es mi príncipe sobre un maldito caballo blanco. Y voy a hacerlo. Voy a hacer ambas cosas: estar con él y hacer lo mío”.

¿Qué tipo de cosas te pasan por la cabeza cuando estás sobre el escenario?

Cuando las luces son azules y hay dos justo frente a mí, me parecen un símbolo de los ojos de Kurt. Eso me pasa a menudo. Me pasaba cuando hacía streaptease. Tenía un amigo que había muerto y tenía los ojos azules, casi lavanda. Había estas luces y veía eso cuando las enormes luces violeta se encendían.

Eso por un lado. La energía me está llegando. Sé que donde sea que esté —lo que sea que quede, aunque sea parte de una divinidad sin ego o algo así— su energía está concentrada en mí y en Frances. Y también está concentrada en el efecto que él ha tenido en el mundo.

“Algunas noches”, dijo Love, “Frances grita llamándolo. Eso me aterra. Creí que ella no sabía”
“Algunas noches”, dijo Love, “Frances grita llamándolo. Eso me aterra. Creí que ella no sabía”

¿Te sientes vulnerable frente al público, especialmente ahora?

Tengo una teoría sobre el personaje que la gente proyecta cuando está en el escenario, que es exactamente el opuesto de lo que son. En el caso de Kurt era: “¡Jódanse!”. Y el problema más profundo y definitivo que tenía era no poder decir: “Jódanse. Jódete, Courtney. Jódete, Gold Mountain (la firma que representaba a Nirvana). Jódete, Geffen. Voy a hacer lo que realmente quiero hacer”.

En mi caso es “no se metan conmigo”. Pero en la vida real, en la de verdad, soy súper sensible. Pero la gente tiende a pensar que no soy vulnerable porque no me comporto como si lo fuera.

¿Las canciones de Live Through This han cobrado un significado nuevo para ti en razón de todo lo que te ha pasado después de haberlas escrito?

Conoces las letras, por supuesto. Y al escucharlas… Mira: he vivido con alguien que todos los días decía que iba a matarse, y no es que me hubiera cansado de esa situación. Yo hacía lo que podía para evitar que sucediera. Y eso derivó en mucha histeria de mi parte. Hubo muchos gritos y regaños. Muchas patadas en las paredes, muchas máquinas de fax y teléfonos rotos. Comencé a sentir que el propósito de mi vida era noble —cuidar de dos seres humanos, mi esposo y mi hija, y asegurarme de su supervivencia—. Y era un propósito bueno. No tenía ningún problema con eso.

Ha pasado casi un año desde que entrevisté a Kurt. En ese momento, me dijo que nunca había estado tan feliz, y francamente le creí.

Probablemente era cierto en el momento. Pero todo esto era: “Yo solo estoy aquí por Frances y por ti”. Solamente mira las entrevistas en esta revista y todo lo que pasó en ese tiempo. En todas y cada una él menciona volarse los sesos.

Llevó una pistola al hospital el día que nació nuestra hija. Iba para Reading (Reading Festival en Inglaterra) a la mañana siguiente. Yo dije: “Yo lo hago primero. No puedo permitir que tú lo hagas primero. Yo primero”. Y cogí esa cosa con mi mano y sentí lo que aparece en La lista de Schindler: no voy a saber nunca lo que pueda pasar conmigo. ¿Y Frances? Un poco rudo: “Oh, tus padres murieron un día después de que naciste”.

Y entonces comencé a convencerlo de no hacerlo. Y me dijo: “Jódete, no puedes acobardarte. Yo voy a hacerlo”. Pero lo obligué a darme la pistola y luego hice que Eric (Erlandson) se la llevara. No sé qué hizo con la pistola. Luego Kurt fue a la habitación del hospital y estaba con un dealer. En el hospital casi se muere. Incluso el dealer dijo que nunca había visto a alguien tan mal. Y le dije: “¿Por qué no llamaste a una enfermera? Este lugar está lleno de enfermeras”.

Eso fue el 19 de agosto (de 1992). Él no podía soportar el asunto de Lynn (un perfil de Love escrito por Lynn Hirschberg y publicado en el número de septiembre de 1992 de Vanity Fair). No quiero entrar en un numerito tipo Lenny Bruce, pero sí hubo una correlación directa. Pasó de una cosa a la otra.

Y aun así, Kurt nunca perdió la fe en su habilidad para hacer música, incluso una semana antes de morir.

Nunca le oí rendirse respecto a eso. Era la única cosa intocable. Tuve la oportunidad de sentarme y recibir una serenata de ese hombre. Me dijo que el segundo disco de Meat Puppets era estupendo. Yo no podía soportarlo. Entonces se puso a cantármelo —con su voz, su cadencia, su tiempo— y me di cuenta de que tenía razón.

La única vez que le pedí un riff para una canción mía se fue al clóset. Teníamos un clóset gigante y yo escuché que estaba adentro sacando el riff de Heart-Shaped Box. Lo hizo en cinco minutos. Toc, toc, toc. “¿Qué?” “¿Necesitas ese riff?” “¡Jódete!”. Portazo (risas). Estaba tratando de esconderse. Yo lo escuchaba desde abajo.

¿Cómo se encontraba Kurt durante el tour que hicieron por Europa justo antes de la sobredosis en Roma? ¿Eso fue un intento genuino de suicidio?

Odiaba todo y a todos. Odio, odio, odio. Me llamó desde España y estaba llorando. Se había ido por 40 días. Yo estaba dedicada a mi banda por primera vez en la vida. Kurt había preparado mi llegada con creces. Me había comprado rosas. Había reservado una parte del Coliseo, porque sabía que me encanta la historia romana. Tomamos champaña, Valium, nos besamos y yo me quedé dormida. El rechazo que debió sentir después de tanta expectativa —quiero decir… Para que Kurt se pusiera “Mister Romance” — era bastante intenso.

Me di la vuelta como a las 3 o 4 de la mañana para hacer el amor y estaba ido. Estaba en un rincón de la cama, con mil dólares en el bolsillo y una nota que decía: “Ya no me amas. Prefiero morirme que pasar por un divorcio”. Estaba todo en su cabeza. Yo había estado distante de nuestra relación por 60 días más o menos. Por primera vez. Necesitaba irme de gira. Tenía que dedicarme a mis cosas.

Me imagino cómo pasó. Se tomó como 50 putas pastillas. Probablemente perdió la cuenta. Pero definitivamente había una intención de suicido, pasarse y pasarse pastillas. ¡Maldita sea! Aunque no estuviera de humor debía haberme acostado con él. Todo lo que él necesitaba era eso. Todo habría salido bien, pero con Kurt tenías que entregarte por completo. Era como psíquico. Él se daba cuenta si no estabas completamente presente. El sexo para él era increíblemente sagrado. Consideraba el compromiso como un afrodisiaco.

Sí, definitivamente dejó una nota de suicido en la habitación. Me dijeron que no dijera nada sobre eso. ¿Y qué podían haber hecho los medios para ayudarlo?

¿Qué pasó después de que salió del coma y regresó nuevamente a Seattle?

El motivo por el que perdí la razón el 18 de marzo (Love llamó a la policía a su casa porque Cobain se encerró en una habitación con una pistola) fue porque habían pasado seis días después de que volvimos de Roma, y yo ya no aguantaba más. Cuando volvió de Roma drogado me enloquecí. Si pudiera borrar tan solo una cosa de toda mi vida, sería eso. Ponerme furiosa con él por volver a casa drogado. Ojalá no lo hubiera hecho. Ojalá hubiera hecho lo que siempre hacía: ser tolerante. Lo hacía sentir despreciable cuando me enfadaba con él.

La única manera de nombrar lo que pasó a partir de ese momento es “descenso vertiginoso”. Me puse furiosa y era la primera vez que sucedía. Y lo siento mucho, donde quiera que esté. Y cuando la gente reclama: ¿y ella dónde estaba? Yo estaba en Los Ángeles porque un experto en intervenciones me había dicho que me fuera. El orientador entró a la casa e inmediatamente dijo: “Mujer dominante, desháganse de ella”. Ni siquiera pude darle un beso o despedirme. Ojalá... (pausa larga) Kurt pensó que estaba del lado de ellos porque les había hecho caso. Y no era cierto. Yo tenía miedo. “Salió en el L.A. Times que ibas a participar en Lollapalooza. Todo el mundo cree que te vas a morir. ¿No puedes ir a rehabilitación por una semana?”. “Sólo quiero ver a Michael (Stipe). ¿Crees que voy a drogarme en frente de Michael? Pues no, no lo voy a hacer”. Debí haber regresado, debí haber volado para estar con él. Peter Buck vive en la casa de al lado. Stephanie (Dorgan, la novia de Buck) tenía los pasajes (a Atlanta). Ojalá lo hubiera llevado al aeropuerto. Dejarlo ir. Él adoraba a Michael.

THE HOLE WORLD La banda de Love en 1994, con la nueva bajista Melissa Auf der Maur (izquierda)
THE HOLE WORLD La banda de Love en 1994, con la nueva bajista Melissa Auf der Maur (izquierda)


Las armas eran un asunto delicado en las discusiones que tenías con Kurt, y la policía se las decomisaba constantemente. Pero cuando yo le pregunté expresamente sobre eso en nuestra entrevista, comenzó a hablar de practicar tiro al blanco.

Te dijo puras mentiras. Nunca hizo tiro al blanco en su vida. Una vez dijo: “Voy a salir a disparar”. Sí, claro, ¿dispararle a qué? Nunca fue al campo de práctica.

Sí, era un enorme problema en la casa. Estaba de acuerdo con tener un revólver por protección. Pero cuando compró la uzi, pensé... “Eh, ¿eso es un juguete, Kurt?”. Sí, es muy peligroso cuando se juntan dos personas tan inestables —una clínicamente depresiva y la otra suicida y definitivamente codependiente.

También están las tristemente famosas fotografías de Nirvana, aparecidas después de su muerte, en las que se apunta con una pistola en la boca.

Esa es una historia interesante. Kurt no tenía amigos de verdad. Yo tengo un grupo de amigos más grande, gente que conozco de tiempo atrás. Dos de ellos son muy afeminados. Y Kurt nos oía hablar por teléfono, reírnos, ponernos como histéricos hablando de diseñadores.

Entonces él hacia un ritual sobre sus amigos, y se hizo amigo de una persona en París, Yuri. Llegó a decirme que ese Yuri era un cretino, cosa que me parecía obvia, incluso estando a un millón de millas a distancia. Hace esta sesión de fotos con un arma en la boca. Se drogan. Y luego sucede lo de Roma. Veo los tabloides ingleses y aparece la foto de Yuri en primera página. Nunca le mostré esos periódicos. No quería que se sintiera inferior ni perjudicado.

¿Crees que la nota de suicido de Kurt tiene algún sentido? ¿Crees que encontró alguna paz haciendo lo que hizo?

Me escribió una carta aparte de la nota de suicidio. Es bastante larga. La guardo en una caja fuerte. Quizás algún día se la muestre a Frances —quizás… es muy fuerte lo que escribió—. “Sabes que te amo, amo a Frances, lo siento. Por favor no me sigas”. Es larga porque se repite mucho. “Lo siento, lo siento, lo siento. Voy a estar ahí, voy a protegerte. No sé a dónde voy, pero no puedo estar más aquí”.

Definitivamente hay narcisismo en lo que hizo. Fue muy arrogante de su parte. Cuando decidimos que estábamos enamorados en el Beverly Garland Hotel, nos encontramos un pájaro muerto. Le quitamos tres plumas y él dijo: “Esta es por ti, esta por mí y esta por el bebé que vamos a tener”. Y se llevó una de las plumas.

¿Y Frances? Hoy en el bus de la gira parecía una bebé feliz, vivaz, normal. ¿Pero qué tanto sabe sobre su padre?

No sé. Algunas noches grita llamándolo. Eso me aterra. Pensaba que no sabía nada (pausa). Cada cierto tiempo digo su nombre. Pero cuando tenga seis o siete años… La gente se va a burlar de ella, de su padre, ella va a sentir que no era suficientemente importante para él y tal vez empiece a sentirse mal.

Él pensaba que estaba haciendo lo correcto. ¿Cómo demonios podía pensar eso? En su estado, estaba muy jodido para pensarlo. Si hubiera podido decirle solamente dos palabras, entonces hubiera tenido una sobredosis a los 34 o 35 años. Pero al menos hubiera tenido siete años más para decidir ser un adicto a la heroína para siempre. O lo que sea que hubiera querido.

Has cantado una de las canciones inéditas de Kurt durante este tour. ¿Cuántas canciones como esa existen?

Hay tres canciones terminadas. Y hay otras 10 y muchos riffs. Hay una canción que se llama Opinions, compuesta hace un par de años. Era de la época entre Bleach y Nevermind. La otra dice: “Talk to me / In your language, please” [Háblame / En tu idioma, por favor] (Courtney canta la letra y el riff). La tercera no la puedo cantar. Es demasiado buena. Cada parte es muy pegajosa. El título iba a ser Dough, Ray and Me. Me parecía un poco cursi. Fue lo último que compuso en nuestra cama. El coro era

Dough, Ray and me / Dough, Ray and me”, y luego decía “Me and my IV”. Le había pedido que congelara su esperma después de volver de Roma. Así que hay todo un asunto sobre congelar el útero.

Hay otra canción que se llama Clean Up Before She Comes, que sigue la fórmula clásica de Nirvana. Está la que vamos a tocar esta noche. Melissa canta mi parte, y la parte que yo canto es la de Kurt. La llamo: Drunk in Rio. Yo grabé un montón de cosas en Rio que eran de Kurt y mías. Fue cuando Nirvana se presentó en el Hollywood Rock Festival en Rio (en enero de 1993). Hay unas armonizaciones preciosas que hicimos Kurt y yo. Por supuesto no puedo hacerlas públicas. No importa cuán estéticamente correcto sería hacerlo. “Que se jodan, no me importa lo que diga la gente”. Pero no, no puedo. Tengo que hacer esto por mi cuenta. Y no importa que parezca normal, la contribución de tu esposo o esposa en tu propio arte, en nuestro caso es diferente. Y ahora sería aún más espantoso.

También has estado haciendo fragmentos de tus canciones nuevas en estos últimos conciertos. ¿Cómo describirías lo que estás componiendo?

No está terminado. Siempre comienzo con un riff agradable. Y continúo a partir de eso. Veamos: quiero escribir una canción sobre Los Ángeles. Quiero escribir una canción sobre mi historia sexual (risas)... Este hizo eso, ese hizo aquello. Y quiero escribir una canción en piano. Pero quiero que sea muy buena. Uno puede hacer melodías muy buenas en el piano.

Pero estoy muy confundida respecto al contenido. Una de las razones por las que me pongo tan sensible contigo es porque no quiero hablarlo. No quiero recurrir a un terapeuta. No hablo sobre eso, así que cuando sale a flote, medio me chiflo.

Entonces, ¿qué tipo de disco quieres hacer?

No quiero hacer uno de esos discos de “apaguen las luces”. Como si hubiera pasado por un campo de concentración en Auschwitz, y entonces aquí está mi disco de Auschwitz. Siempre me ha gustado el misterio de estar jodido por nada en específico.

¿Pero realmente puedes evitar escribir sobre “eso”? ¿Directamente o no?

No sé... Para hacer esta entrevista tengo que ser sincera. Cuidadosa, pero sincera. Para hacer este disco tengo que tener mucho, mucho cuidado. Cuando has tenido la sangre de tu marido sobre la cara, ¿cómo puedes escribir sobre eso? Cuando vas por ahí vestida con el abrigo que él llevaba cuando se disparó en la cabeza, ¿cómo puedes componer?

Y sin embargo, una de las imágenes más provocativas del video de Doll Parts es un muchacho joven, rubio, muy parecido a Kurt.

Porque es mi derecho hacer referencia a eso. Y quería hacerlo. Mi esposo ya no está. Fue de buen gusto. Tenía a este precioso niño conmigo y nos divertíamos mucho juntos.

Tengo una obsesión real con la gracia. Es la primera cosa que busco en una persona en lo físico. Pero parte de tener gracia es quedarse callado —como una bailarina silenciosa—. Me he preguntado, después de todo lo que ha pasado, “¿puedes cambiar el personaje. Puedes hacer de viuda silenciosa?”. Pero no puedo matar la cosa que tengo dentro. Eso me tiene que mantener viva. Si no, moriré.


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