Más allá de la fiesta con Jillionaire de Major Lazer

“La música caribeña se trata de celebrar y pasar un buen tiempo”, dijo Jillionaire.


POR SANTIAGO ANDRADE | 06 Dec de 2017

El músico de Trinidad y Tobago habló con ROLLING STONE de los cambios tecnológicos en la música y la tradición oral caribeña. Foto por Cristian J. Lozano


Major Lazer es un grupo conocido por realizar himnos fiesteros cada año. Sus colaboraciones, como Lean On o Cold Water, han sonado en todas las discotecas del mundo. Pero Jillionaire, Walshy Fire y Diplo tienen un cuento detrás de toda su música: tocar en lugares donde nadie más lo ha hecho, rescatar la tradición de la música caribeña y sacar adelante artistas talentosos que no han tenido grandes oportunidades.

ROLLING STONE habló con Jillionaire en su visita a Bogotá un par de días antes tomar un avión a Helsinki, Finlandia para participar en Slush, uno de los eventos de tecnología más grandes del mundo (este año se realizó el 30 de noviembre y el 1 de diciembre).

En estos días vas a participar en un panel musical en la feria tecnológica Slush, ¿de qué vas a hablar?

Sobre la música electrónica, la música independiente y en especial cómo la tecnología ha cambiado no solo la industria musical, sino cómo nos comunicamos. La tecnología ha cambiado todo lo que rodea la música. Si eres fanático de alguien lo puedes contactar por Twitter y puedes comunicarte por ahí. Luego intercambian correos, le mandas un borrador y te lo devuelven por Dropbox. Y así puede que, dos o tres personas que ni se conocen, hagan una canción y la publiquen en una plataforma streaming o en YouTube.

Es una época muy diferente. Antes era, “Bueno, yo te llamo, cuadramos un horario, entramos al estudio y trabajamos en una canción. Después sacamos un CD”. Ahora todo es instantáneo. Yo hago música con chicos que están al otro lado del universo y a veces ni los conozco. Te mandan algo por correo, les digo qué me gusta y empezamos. Ha cambiado la forma en que hacemos las cosas.

Y ahí también ayudas a personas que apenas están empezando y que sueñan con hacer música.

Ese es el plan. Lo que pasa con la tecnología es que ahora te permite tener una relación bidireccional. Si lo piensas, antes de que apareciera internet, si eras un fanático era imposible comunicarte con Michael Jackson. Podías ir a uno de sus conciertos, comprar un afiche o unirte a su grupo de fans. Ahora podrías escribirle un trino y él te podría responder; puedes subir un video en Instagram y Justin Bieber, si quiere, lo va a mirar y de pronto te conviertes en alguien importante. No es por quitarle mérito al trabajo duro y a la perseverancia, pero, al mismo tiempo, es una plataforma en movimiento.

Supongo que así es como descubres artistas y haces colaboraciones con personas de todo el mundo.

Todo el tiempo. Es chévere estar en el estudio e intento hacer todo el trabajo ahí. Pero también hay muchas cosas por correo. A veces grabo una voz, la guardo, viajo a Nueva York y mezclo en otro lugar. Todo pasa al mismo tiempo, así que el tema varía.

En el documental Give Me Future mencionan que tuvieron que hablar con políticos cubanos para poder hacer el concierto en La Habana.

¡Sí! Yo no conozco la historia al detalle porque nuestro mánager se encargaba de eso, pero nos demoramos más de un año para cuadrar todo. Los planes, las reuniones, ir a Cuba a conocer a las personas indicadas, porque allá todavía hay un ambiente muy tenso. Tuvimos que trabajar mucho antes de presentarnos. Tengo que agradecerle al gobierno y a la gente cubana por permitirnos hacer eso, y al Departamento de Estado de Estados Unidos por ayudarnos. Tenemos una foto en la historia de la humanidad. Porque con el tema político actual, quién sabe cuándo puede pasar algo entre Estados Unidos y Cuba. Tuvimos mucha suerte.

¿De quién fue la idea de hacer un concierto en La Habana?

Nos gusta hacer locuras y hemos tocado en todo el Caribe, en muchas islas. Vamos a Jamaica y a Trinidad y Tobago todos los años. Hemos ido a Puerto Rico, a Tórtola, a San Martín, a las Islas Vírgenes de Estados Unidos, a muchos lugares pequeños, como grupo y como solistas. Y habían dos lugares que no habíamos podido visitar: Cuba y Haití. Y teníamos que ir a Cuba. Nuestro mánager se animó y lo hizo posible. Así que hicimos el documental.

¿Hay planes para ir a Haití?

Sí, claro. Creo que lo haremos en 2018. Supuestamente íbamos a ir este año pero no pudimos meterlo en nuestra agenda.

¿Por qué crees que es importante que artistas grandes visiten estos lugares que, por llamarlos de alguna forma, son “olvidados”?

Porque sí son lugares olvidados. Y no debería ser así. Los niños en Haití, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Dominica, Antigua o en cualquier lugar que ha sido afectado por desastres naturales o tensiones políticas, todos los chicos de esos lugares quieren lo mismo: oportunidades. La oportunidad de crear, de tener acceso al mundo exterior.

Por eso es importante para nosotros, como músicos, darles eso. Si podemos ir a Dubái o China o Cuba o Colombia, a cualquier lugar, es nuestra responsabilidad hacerlo.

Al visitar todos estos lugares, ¿qué mensaje quieres entregar?

Creo que queremos decirles que no nos hemos olvidado de ellos y que, en serio, los queremos. Es devolver ese aprecio. Vas a un lugar y hay gente que te dice, “Soy muy fanático. Nunca pensé que vendrían”. Y yo entiendo eso, nunca imaginé estar acá. Yo estoy tan emocionado como ellos y a veces no se dan cuenta. Para mí, ir a Israel o venir a Bogotá es emocionante. Es una oportunidad que no pensé tener y ahora estoy aquí. Y puedo compartirlo con personas que quieren celebrar eso.

Y en el documental se puede ver que ustedes no solo van del hotel al concierto, sino que se sientan con un grupo de músicos y artistas cubanos, hablan con ellos, les preguntan cosas. Es una interacción más personal.

A cualquier lugar al que voy, intento mezclarme con la gente de allá. Siempre quiero a los lugares donde comen, donde se distraen y donde compran. Acá en Bogotá, mañana me voy a levantar temprano y voy a encontrar un barrio o un mercado local. Voy a intentar hacer al menos una cosa típica porque no puedo hacerlo en otro lugar, esa experiencia solo la puedo tener acá. ¿Por qué no intentar tenerla mientras estoy aquí?

Puedes ir a buenos hoteles y comer comida italiana mal hecha. O puedes salir, explorar y encontrar algo local. Y tampoco es una crítica a cualquier persona que, tal vez, no tenga suficiente tiempo o el ánimo para hacerlo, pero si yo tengo la oportunidad de encontrar esa esencia, la voy a buscar.

Esas cosas que ves en las calles, ¿las tomas y las incorporas a tu música?

Todo el tiempo. Intento hablar con artistas locales y conocer la escena. Si estoy en un país y tengo una noche libre o acabamos un show temprano, voy a buscar algo. Así sea en Moscú, en Medellín o en Ciudad de México, siempre voy a buscar esa pequeña cosa local. Una banda, un DJ o cualquier tipo de presentación. Puede haber alguien que te diga a dónde ir o simplemente lo encuentras. Todas las ciudades tienen algo único y emocionante.

Algo que me gusta de Major Lazer es la diversidad que tienen. Tú eres de Trinidad y Tobago, Walsh es de Jamaica y Diplo de Estados Unidos, pero ustedes siempre mezclan los sonidos caribeños con la música electrónica. ¿Qué le aporta el caribe a este género?

Creo que le da luz, la música caribeña se trata de celebrar y pasar un buen tiempo. La tradición oral y musical del Caribe ha evolucionado desde la esclavitud. Los esclavos celebraban con esto y tenían relatos que eran contados desde sus ancestros. Si tenían una fiesta pequeña y querían bailar, siempre había alguien que cantaba o tocaba tambores. Y la música ha evolucionado desde ahí. Siempre ha tenido mensajes diferentes, pero ha sido algo que usamos para contar historias positivas y es algo que siempre queremos meter en nuestras composiciones: pasar un buen rato, sentirse bien, estar con tus amigos, unión, inclusión.

Acá en Colombia no recibimos mucha música de Trinidad y Tobago. ¿Cómo la definirías?

Yo diría que es música que te hace sentir bien. Tiene mucha percusión, está hecha para bailar y celebrar. A cualquiera que esté leyendo esto, le diría que vaya a Spotify o YouTube y busque a Machel Montano o a Bunji Garlin; o algunos más viejos como Mighty Sparrow o Lord Kitchener y encontrará música que suena bien, se siente bien y te mueve. Y además, muchas veces cuenta una historia. También tengo una disquera que se llama Feel Up Records, ahí hay mucho soca, calipso, reggae, dancehall. Como decíamos, la tecnología ha cambiado muchas cosas y ha hecho la exploración musical mucho más fácil.


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