Phil Collins

El cantante habla de la sobriedad, de sus arrepentimientos y de por qué admira a David Crockett


POR ANDY GREENE | 30 Jan de 2017

Illustración por Mark Summers


Quiénes son tus héroes?

Estoy fascinado con el Álamo, por eso me gusta Davy Crockett. Había mucha valentía a ambos lados de los muros. Él era un ejemplo de alguien que hubiera podido dejar el fuerte, pero hizo lo correcto y se quedó, y fue asesinado por eso. También, y sé que esto suena un poco extraño, admiro a Jack Nicholson. Él es muy honesto como actor… Su pelo también lo es. Siempre está despeinado.

¿Qué libro te ha dejado la impresión más duradera?

Romeo y Julieta me marcó mucho. Es un poco como el Álamo en sus dos facciones. Cuando salió la película de Franco Zeffirelli la vi muchas veces. Era romance puro. Creo que los romances de la infancia se quedan con uno.

¿Cuál es la mejor parte y la peor parte del éxito?

La mejor parte es que otra gente te diga que le gusta lo que haces. La peor parte es que lo arrastra a uno a trabajar todo el tiempo para maximizar el éxito. Acabo de salir de CBS y había gente afuera que quería que cantara algo. En las viejas épocas eran fans. Pero ahora es gente que quiere vender algo en eBay. Ojala la gente tuviera chips en el cuello que dijeran “fan verdadero”, porque no es mi estilo menospreciar gente que ha estado esperando en el frío.

¿Qué música aún te conmueve?

West Side Story de Leonard Bernstein. La oigo en mi computador. Canciones como Maria, Somewhere y America estaban adelantadas a su época.

En tu nueva autobiografía escribes acerca de la culpa que sentiste por no haber estado muy presente cuando tus hijos mayores eran pequeños. ¿Cómo superaste eso?

No lo superé. Cuando llevo a mis hijos menores a los entrenamientos de fútbol o les doy algún consejo, recuerdo que no hice eso con mis hijos mayores.

Lograste la sobriedad hace poco. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

No sabía que estaba a punto de morir. Si hubiera seguido bebiendo, mis órganos hubieran comenzado a sufrir daños severos. Tampoco sabía el efecto que eso estaba teniendo en mis hijos. Estaba empezando a colapsar porque estaba mezclando alcohol con analgésicos. Un día estaba viendo televisión y me levanté a darles un abrazo a mis hijos. Me caí y mis dientes dejaron una marca en los baldosines. Había mucha sangre. Recuerdo que mi hijo Matthew le dijo a la niñera: “¡Papito se cayó!”. Poner a un niño de ocho años en esa situación me da escalofríos. Cuando paré, mi familia se había desintegrado. En cuestión de seis meses se habían ido.

¿Te volviste más fuerte?

Más sabio, sí. Entendí lo que es la mortalidad y dejé de beber por tres años. Luego celebramos nuestra primera Navidad en nuestro nuevo hogar y me tomé un par de copas de vino, pero no más. Un alcohólico es alguien que quiere ver el fondo de la botella. No me considero un alcohólico. Pero sí he cometido errores.

Después de lastimarte tu espalda no pudiste volver a tocar batería. ¿Cómo lograste lidiar con eso?

Comenzó a pasar gradualmente luego de la gira de Genesis en 2007. Luego toqué una canción con Clapton en el Albert Hall y sentí que no estaba funcionando. Eso me asustó. De lo único que estaba seguro en mi vida era que podía sentarme a tocar batería y sonaría bien, y de repente no lo podía hacer. Ahora tengo una batería en mi garaje y llevo una rutina de ensayo. Estoy tratando de hacer que mis manos cojan unas baquetas con naturalidad. Tengo algunos shows planeados para este año, así que veremos qué ocurre.

¿Hay alguna posibilidad de que hagas más shows con Genesis en el futuro?

Al escribir el libro me di cuenta de cuán cercanos éramos. Tony [Banks], Mike [Rutherford] y yo salimos por Londres en mi cumpleaños. Somos grandes amigos. Cualquier cosa puede pasar. No quiero soltar los frenos y empezar a acelerar las cosas. Quiero hacerlas con cuidado y pensar en las consecuencias.

Cuando te divorciaste de tu esposa Orianne hace ocho años, tuviste que darle 25 millones de libras esterlinas, uno de los divorcios más costosos de la historia. Sin embargo, volvieron el año pasado. ¿Te enseñó eso algo acerca del perdón?

Usualmente cuando hay un divorcio uno dice cosas como: “No quiero verte nunca más”. Orianne y yo mantuvimos contacto, éramos muy cercanos. Yo llamaba a los chicos casi todos los días. Puede ser muy difícil perdonar. Pero en nuestra situación sentimos que los dos habíamos cometido un error. Nuestros hijos están dichosos.

Te has divorciado tres veces. ¿No has pensado hacer un acuerdo prematrimonial?

Creo que no son éticos. Dicen: “Amor mío, te amaré por siempre, pero por si acaso…”. Me costó mucho dinero, pero así son los abogados. No me veo casado de nuevo.

¿Y si lo hicieras?

Puede que lo haga, pero no he pensado en eso todavía.


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