Piero sin filtro ( El proceso de paz, Uribe, James Rodríguez y una errónea vocación religiosa)

Hace poco el cantautor argentino volvió a Colombia, esta vez para recibir un reconocimiento por las ventas de su clásico Sinfonía Inconclusa En La Mar. Piero, con 72 años y más de cinco décadas de carrera, habló sin tapujos y reveló cosas muy interesantes.


POR RICARDO DURÁN | 27 Oct de 2017

Piero en Paz al Parque (Fotografía: Perro Romero)


Nacido en Italia y criado en Argentina, Piero es tan colombiano como cualquier otro, pero la diferencia radica en que él ha hecho por esta tierra más que muchos de nosotros. Nos sentamos a hablar con él en una sala del hotel que lo recibió hace algunas semanas, y tuvimos la suerte de escucharlo contar muchas historias. Esta fue la conversación que sostuvimos:

Empecemos por hablar de esa relación tan estrecha que usted ha construido con Colombia…

Se fue tejiendo, fue apareciendo, como esas cosas causales, yo no la busqué. Me cayó bien de entrada. Hubo una cantidad de historias, oscuras… Porque siempre que veníamos pasaba algo, pero no era porque veníamos nosotros (risas). La muerte de Antequera [líder de la Unión Patriótica asesinado en 1989], lo de Armero, nos agarró un montón de esas cosas…

Me gusta la gente, yo conozco toda Latinoamérica, pero aquí hay una frecuencia… algo que tiene su poder. Es una cuestión que aparece o no, así como todo el tema de la paz y el poder hablar con cualquiera de los actores… Quizá porque me siento un poco útil, yo siento que me quiere tanto el de las FARC como el del ELN o como cualquier otro… O sea, estuvimos todos estos últimos meses hablando con casi todos los actores. Fuimos a Cuba y me preguntaron “¿Qué le diría a los de la mesa?” y dije “Diría que firmen, dejá de joder”. Y lo leyeron allá y me invitaron.

Yo estaba en el Tequendama [en el año 2000] y me dicen: “Aquel es el alcalde de San Vicente del Caguán”, y yo sin pensarlo fui, lo agarré del hombro y le dije: “Si te conseguís un avión, vamos y tocamos gratis en el Caguán”. Consiguió el avión al ratito, e hicimos un concierto inolvidable. Como 3,000 personas, no sé si hay en el Caguán toda esa gente, pero terminamos con una monja a un lado y una guerrillera acá. Al otro día nos fuimos, nos llevaron a la zona de negociación de esa época. Entonces nos llevaron a una mesa, y estaba un músico, una ametralladora, un guerrillero, un músico… y así. Y empezamos a charlar y le dije al que tenía al lado: “¿No querés casarte un día, dejar esto, tener una familia?”, y me dijo “No, la gente nos necesita” y yo le digo: “¿Estás seguro de que la gente necesita que la jodan más?, ¿cuántos años más? ¿10, 20, 30?”. Le tiraba y el tipo era impenetrable. Tenía ese cuento, y lo repetía y lo repetía. Entonces ya vi que por ahí no era. Para mí fue una decepción porque no escuché nada de rebote. Estaba por venir el Plan Colombia, el glifosato, y yo estaba con Ecogranjas Educativas. Nos fuimos por ese lado, estuvimos charlando un rato más y salimos. Luego llegaron RCN y Caracol a preguntarme: “¿Qué tal la charla con las FARC?”. “¿Qué sé yo? Mientras haya un diálogo hay una esperanza”. Ni yo me lo creía bien, pero era una respuesta…

Después le preguntan a él “¿Qué tal la charla con Piero?”. Y dijo “Este Piero que nos metió en este cuento en los 70, ahora está en la ecología, y no sé en qué anda”, y me le fui a los micrófonos y dije “La guerrilla en los 70 era bien vista, era como Robin Hood, una cosa romántica, linda. Pero después de tantos años ya no se usa más. A ponerse las pilas, y seamos concretos”. Y por lo menos me desahogué porque si no me dejaba con la ecología mal…

Pasó un tiempo y veo unos reportajes en YouTube de un loco que se va con una camarita y le pregunta al alcalde, al indígena, al guerrillero… y vos te vas formando una idea y cuando le preguntan al guerrillero me sonaban las mismas palabras que me estaban diciendo en El Caguán. Era como un versito armado. Ahora, cuando hicimos esto que te conté al principio, que yo le digo “firmen, dejen de joder”, me invitan y estuvimos en Cuba, le llevamos un trabajo que hicimos con varias fundaciones para el posconflicto. Pude hablar con Pablo Catatumbo bastante tranqui, bien. Y me conformó, me cambió el verso, me cambió el discurso. Primero me dice: “La guerra de 50 años no la gana nadie. Perdimos todos”. Me empezó a parecer honesto, coherente, y me dio el rebote que no había recibido antes.

Había una evolución en el discurso de ellos…

Claro, y se la creí, por la forma y por el cómo. Tienen que resolver acá, y lo que resuelven es de buena manera después de tantos años; está bastante decoroso, es fácil y no va a serlo. Puede haber millones que están en desacuerdo porque son delincuentes, pero vos tenés que frenar eso. Si no paramos… es como Uribe, este… no nos deja en paz (risas). “No quiere la paz porque sí”, algo así dije. Y entonces me manda un mail Uribe. Dice “Piero no te creas todo de lo que dicen. Es toda una cuestión de bla bla, mientras en Cuba están arreglando el tema, en Colombia regalamos territorio y cualquier cosa puede pasar”. Entonces me empezaron a llegar varios mails, pero en ninguno propone, siempre destruye o traba, ¿no? La última vez le dije “¿por qué no te subís a la paz y te anotas un gol de media cancha? Porque vos estás autorizado. Además, una paz sin Uribe sería una paz incompleta”. Y me dijo “Piero, ¿por qué no nos sentamos a hablar?”.

Pero me dijeron en reuniones “no te sientes con él porque es un peligro tironeando” y que sé yo (risas). Pero yo no busco nada. Yo como que me siento querido por un montón de sectores. Lo que sí hicimos fue estar con Santos acá y yo le dije que iba a ir a la cárcel de Bellavista allá en Medellín y que iba a hablar con los ‘Elenos’. Y me dice, “a vos te van a dar más bolas que a mí’, fue lo primero que me dijo.

Y me fui a cantarle a los presos allá con unos cuantos organismos y gente de ONG’s, para que parezca una cosa más formal… y después me quedé hablando con Cuéllar, y varios de ellos, venía bien, hasta un punto que yo le digo: “me están diciendo que te querés sentar en la mesa de negociaciones, ¿por qué no dicen eso aunque sea? Porque ya sería un alivio. Porque si hay guerrilleros desarmados, pero estos no, es lo mismo”. Y este dice “Piero, es que nosotros somos muy malos comunicadores”. Y le digo “Yo te comunico (risas), tienen que ser dos renglones. No como un chorizo así, que no terminás entendiendo nada… Dos renglones que digan: ‘El ELN quiere sentarse a la mesa de la paz y trabajar, porque cree en la paz’. Punto. Te ganas mil puntos ahí”.

Entonces quedó en que me mandaba una carta. Entonces yo podía recrearla para un medio, y la carta llegó el día del plebiscito en la mañana. El 2 de octubre. Ese día yo cumplí 22 años de colombiano, que me dio Samper la ciudadanía. El día en la mañana, eso no servía para nada. Tienen esa cosa paquiderma, tienen eso así, pero tienen la intención. Solo que ellos son horizontales, no son como las FARC que hay un jefe, bien o mal, pero estos no. Me nombraron garante, pero no sé de qué (risas), pero te sirve…

¿Qué se yo? Te puedo contar mil así, porque pasaron 50 años desde que yo vengo acá, y Colombia es dinámica y terrible y maravillosa.

Cuando usted arrancó, como le decían ellos mismos, inspiró muchas de esas cosas en las que ellos empezaron creyendo.

Muchos lo dijeron, de toda la vida. Con Carlos Pizarro… muy amigote así pero por teléfono. Nunca lo vi. Yo llegaba y lo buscaba y él no estaba, o él me buscaba y yo no estaba… y era “¿cuándo nos vamos a ver?, esta vez sí o sí”. Yo me iba a Barranquilla y lo mataron…

Sí, lo mataron cuando él iba para Barranquilla, Hoy -después de haber inspirado tanto el espíritu de gente como ellos- parece que usted no cree ni en lo de ellos ni en lo de los otros.

Yo nunca fui del palo de los guerrilleros. O sea, coinciden canciones como Que se vayan ellos, o Para el pueblo lo que es del pueblo… Pero yo no me anoto en eso, y yo me declaro independiente desde que empecé.

Desde el primer día que me decidí a cantar en mi vida, yo iba a estudiar medicina y fuimos a un lugar, me dicen “está lleno”, era un club de barrio. Y les digo “¿Quién más está?, ¿Frank Sinatra… o qué?” (risas). “Está lleno, vos solo”. Y había más de 1,000 personas. “¡Ah! ¡La mierda!”. Y eso me pegó en algún lado, me ponía lloroso. Subí y le dije a la gente que ellos me habían hecho cambiar la idea o afirmar una idea que estaba ahí, y que iba a ser un cantautor para contar cosas sin importar de qué palo son.

Mis canciones trasponen automáticamente en la izquierda, caen como en un casillero, pero no hay intenciones. Ni yo me siento de la izquierda…

Ni izquierda, ni derecha.

Nunca. A propósito, me decían “leninista, trotskista, maoísta, marxista”, y ahora dicen “pacifista, ecologista”… (risas).

Después de ese concierto de las 1,000 personas, hasta ahí llegó la medicina…

La idea de medicina paró ahí. Tenía que viajar a La Plata, como 60 km y estudiar y viajar era medio raro. Entonces yo estaba conteniendo y esto me decidió… cantar me gusta.

¿Y en Argentina dónde vivía en ese momento?

En Banfield. Y vi a James Rodríguez antes que ustedes (risas).

Por un lado está ese afecto que tiene usted hacia Colombia y que lo ha convertido en un personaje muy importante para la gente en muchos sentidos. El disco de Sinfonía inconclusa en la mar lo puso en el corazón de muchas personas, pero hoy algunos cuestionan esa obra porque habla del vaquero, y las pistolas y eso… Entonces me preguntaba, ¿si usted hubiera hecho este disco hoy sería diferente?

Te aclaro una cosa: la censura y los milicos me tenían apretando. Lo que es del pueblo, no… Los americanos, no… Me prohibían así. Entonces yo digo: ‘Aquí hay que cantar otra cosa’. Porque vienen por mí, la canción era lo de menos. Entonces me acordé de las canciones…

Por error de información, a los 11 años decidí ir al seminario. Estaba con un amigo de mi edad que se iba, a la capital de Rionegro. ‘¿Y qué hay que hacer?’ y me dicen ‘Son dos años en allí, y de tercero a quinto en Buenos Aires’. Y a mí me encantaba Buenos Aires. Yo había vivido en Banfield y quería la ciudad. Entonces pregunté que qué había que hacer y teníamos que hablar por el cura. Pasamos la plaza hasta la iglesia y le dije al cura ‘Padre quiero ir al seminario’. Y me respondió: ‘Si yo te di la comunión hace como 5 años y acá no pasas ni por la vereda. ¿Lo pensaste bien?’ ‘Muy bien’ (risas). ¿Hablaste con tu papá?’ ‘Ningún problema’.

Ahí se juntaba toda la Patagonia, todos los seminaristas. Eran 30 o 40. Cuando llegamos nos bañamos, y a jugar fútbol, nos esperan en la capilla y nos dan la bienvenida. Y mientras está hablando ese dice: ‘Bueno el día de mañana, cuando sean sacerdotes’ y yo digo ‘¡Mierda! ¿Dónde estoy?’. Y yo busqué a mi compañero para preguntarle. Le preguntaba al de al lado: ‘¿vos vas a ser cura?’. Y él me decía ‘claro’ (risas).

Entonces, te juro que terminó el cura y yo fui y le dije: ‘Padre tengo que hablar algo urgente, hay un error muy grande’. Voy le cuento, se cagaba de la risa el cura. Y dice: ‘Yo tuve vi muchas vocaciones de ingeniero o abogado, pero esto yo nunca lo había visto por error’. Pero nada es casual…

Cuando paso los dos años allá y el tercero viajo a Buenos Aires, conozco a Alejandro Mayol [el sacerdote que compuso la mayoría de canciones incluidas en Sinfonía inconclusa en la mar], que era un seminarista, era casi cura. Después fue padre de cuatro hijos (risas). Y estaba el padre Mojica, Morales, todos los curas heavy… los lógicos o históricos. Yo era amigo de ellos y para mí eran maestros. Vos aprendías de cómo hacían y cómo eran… Fue mi disco más vendido gracias a los milicos.

Es decir, el disco nace por las necesidades de seguir haciendo música, pero también de frenar la presión. ¿Usted se exilió en algún momento durante la dictadura?

A mí me fueron a buscar. En el golpe yo estaba en Italia, en marzo del 76. Vuelvo a Buenos Aires y era el golpe fresco desapareciendo gente. Una noche, mi hermana me dijo llorando que me tenía que ir, me vio en una lista. Como le pasó a su novio, era amigote mío. A pesar de que era hijo del comisario, estaba muerto del miedo, porque había una onda fuerte de limpiar. Yo les digo que yo no milito en ninguna de esas cosas, yo hago canciones…

Y ella lloraba. Entones nos bajamos, ella va para su casa y yo me cruzo la Avenida Libertador, y llamo a un actor amigo que se llama Arturo y le digo que iba para allá. Era un par de cuadras. Miro acá, estaba el Ford Falcon sin patente en la puerta de atrás. Se robaron todo, dejaron destrozado todo, y eso fue por 10 minutos. A los tres días el problema era salir de Argentina. A tal momento podías decir: ¡OLEE! (risas). Pero no había tiempo para elaborar el miedo. Esto va en serio, entonces vayámonos de acá.

Y estuvimos todo un día en el aeropuerto. Se posponían los vuelos, que a las 4 y no llegaba a las 4… Y así se fue la noche hasta que nos fuimos y nos despedimos de todos. El avión se está levantando y las ruedas suenan troc, troc, troc… Tengo esa imagen. Y dicen “Bueno, por cuestiones técnicas tenemos que volver a aterrizar”. Y ahí fue otro el que ¡OLE! Una cosa de ver que vas hacia la muerte, más claro imposible. Y era un repuesto que jodía. Cuando salimos llegó uno nuevo. Y bueno ahí sí me fui a España… Estoy sacando un libro que ahí me refrescó todo. Un libro de 500 páginas, pero tengo para otras 500 con lo que hubo. Gracias a una amiga que es periodista, que escribe bien y que insistió, y cada tanto charlamos, la organizamos y está bueno. Está bueno, porque no es una cosa que por ahí no la hubiera hecho después cuando ya te olvidaste el nombre.

Si hiciera Sinfonía inconclusa en la mar, ¿en qué sería distinto?

Este disco tiene un tema: que lo hace un cura. Las canciones. Eran muy Dios, católicas. Y si yo quiero ser independiente tengo que ser imparcial lo hubiera hecho más por ese lado. Más laico. Más para los chicos. Y otra cosa…. Y lo que vos dijiste. Que fue como que tiran tiros. Por ahí hay una explicación barata de los ruidos y los tiros. Eso era como algo que había que aclarar un poquito.

De todos modos, eran otros tiempos, donde jugar a los vaqueros y a la guerra no era…

Y después pasó una cosa muy loca, porque empezamos a componer la Opera Cachuza de Cachuso Rantifuso. Eran temas sobre la identidad, y para hacerla corta, es muy linda la idea donde la lechuza sale y dice: uno es uno y el otro es el otro. Cuando uno quiere hacerse el otro, no es ni lo uno ni lo otro. Todo así, muy obvio pero es sabia la lechuza. En la mitad de eso que estábamos arrancando y que teníamos temas lindos y nos gustaban, se pudrió toda Argentina. Exilios. Lo que me pasó a mí le pasó a mucha gente. A mí me dijeron que a Alejandro lo habían matado y Alejandro le dijeron que a mí me habían matado. Y los dos nos creímos muertos por cuatro años.

Eso también pasó durante la dictadura. Es decir, esa ópera se empezó a pensar durante la dictadura…

Sí. Y es muy lindo, una idea fantástica cuando vimos que estábamos jodidos, seguimos y la terminamos. Y les agradezco a todos. Pero el disco salió, se vendió y quedó ahí. Y en Latinoamérica ni lo sacamos porque es como muy argento, muy argentino. Muy así. Pero ahora queremos sacarlo de todas maneras el año que viene donde saldrá como un diccionario. Tendrá que darle una vuelta, pero la idea es buenísima por lo que ahora hay tanta identidad desdibujada.

Usted después de todo lo que ha vivido, visto y viajado, ¿conserva la esperanza?

Sí. Tenés dos: esperanza o mediocridad. ¿Cuál te gusta más? (risas) No está tan lejos, ni es tan difícil, en la medida que se nos caiga la ficha y podamos ordenarlo para intentarlo mejor… Tenemos el hándicap de que intentamos muchas veces y no se pudo. Para mí, me divierto como cuando tenía 15 años. Con esa esperanza, con eso que se puede soñar para que la paz no sea solo un sueño.

Y si yo le preguntara por una sola cosa que mantiene viva su esperanza ¿qué diría?

Los chicos, la gente, la vida, el planeta… todo está bueno. Pero está poblado de estúpidos, de tarados. Todo está bien. Jugar con tus hijos, el aquí y ahora del chico. Esa frescura del presente. A mí me decían en una conferencia de prensa en el Tequendama.: “¿A qué venís acá?” Y yo le dije: “Yo vengo a buscar vida en Colombia”. “¿Cómo? si acá se cagan a tiros, hay bombas…”. El Nogal lo habían bombardeado en esos días… Siempre la muerte y la locura. Para vivir en el aquí y ahora se debe tomar años. Ustedes conviven con todo eso. En el primero hay un bautismo, en el segundo matan a cuatro, en el tercero es un casamiento… cada vez es la última vez y con sabiduría lo hacen. Aguantan, soportan y se adapatan.

Para finalizar, una muestra muy importante del impacto que su trabajo ha tenido acá, está en dos canciones de rap hechas por artistas de acá [La Etnnia y Superanfor] que usan Yo vengo, su canción. ¿No las ha oído?

No. He oído algunas de rap de Fumemos un cigarrillo que tiene espacio para eso. Pero de Yo vengo no…

¿Qué piensa de eso? De que agarren su canción…

La canción una vez la sacaste, no te pertenece. Cada uno la entiende a su manera. Lo que yo quise decir a veces le pega más a otra cosa y le sirve para otra cosa o no. Tengo más de mil versiones de Mi viejo. Piero De Soy Pan, Soy Paz, Soy Más debe haber quinientas… Versiones de muchas canciones, unas son buenas, otras regular y otras una porquería (risas). Cada uno hace lo que puede con lo que tiene. Lo importante es que te gratifique que tenés mi canción.

Y le preocupa mucho el tema de los derechos, las regalías…

No, eso es una batalla perdida (risas). Eso le hicimos juicio a SADAIC y demostramos con planillas que de cada 100 dólares nos llegaba uno… Y mi socio, mi amigo que fue por todo el mundo buscando planillas, en las grabadoras, editoriales… consiguió un millón de dólares de planillas. La fiscal dijo “son dos millones porque uno de ejecución y otro es de fonomecánicas”. Ganamos. Pero me dieron 100 a mí, 100 al abogado, 100 al juez y 100 a José. Ganamos, pero no fue nada… Es una realidad y en eso nacimos. De estar establecidos en un montón de barbaridades que para darles vuelta y gambetearlas cuesta un huevo. Pero es lo que hay.

Bueno… quisiera que oyera esto… [Piero toma un celular que le acercamos y escucha Barrio Chico, la canción que Superanfor hizo con el simple de Yo Vengo. Se concentra un buen rato y da su opinión sin soltar el aparato]

Está bueno. Está muy fresco… me gusta cuando se meten en el terreno de otro, a partir de otra cosa…

[El tiempo se acaba, y no alcanzamos a hacer que escuche Vengo, de La Etnnia con Latinos Unidos, es una lástima, pero nos comprometemos a enviárselas por mail.]


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