P&R: Diego El Cigala

El cantautor flamenco pasó por Colombia para presentar Indestructible, el álbum en el que hace un recorrido por el mundo de la salsa. También dio buenas pistas sobre sus planes futuros.


POR RICARDO DURÁN | 09 Mar de 2017

Foto: cortesía de Sony Music


Más allá de las críticas que puede despertar el trabajo de El Cigala, es innegable que se trata de un personaje virtuoso en lo suyo, riguroso y trabajador. Desde que conquistó el mundo junto a Bebo Valdés en 2003 con sus Lágrimas Negras, su voz se ha convertido en una especie de bandera dispuesta a tender puentes en un mundo lleno de murallas. Esta vez la salsa fue la excusa perfecta.

¿Recuerda usted la primera vez que oyó algo sabiendo que era salsa?

Claro, al Gran Combo de Puerto Rico, me gustaría recordar qué canción. Yo era chiquito, tenía doce o trece años y en mi casa éramos todos flamencos pero sí escuchábamos a Moncho, a Lucho Gatica, ya se escuchaba a Benny… Así al principio, luego la Sonora Ponceña, el Gran Combo, pero tuvieron que pasar años y años y años hasta entender realmente lo que es la salsa y cómo yo sentía la salsa. Yo no soy salsero, eso para empezar, yo soy un cantaor de flamenco. Pero me gusta mucho el arte, me gusta mucho la salsa, entonces la llevo a la manera del Cigala de cómo veo la salsa, mi viaje sobre la salsa, respetando a todos los grandes cantantes salseros.

¿Qué encontró en la salsa como motivación para ese viaje?

Lo que encontré en la salsa fueron muchas similitudes con el flamenco. Son músicas de barrio, de calle, de pueblo. Música urbana, música nocturna. Sus letras que hablan siempre de amor, desamor, de soledad, de pena, de alegría, de tristeza. La rítmica cuando hacemos bulerías es lo mismo. Es el mismo sentir. A la hora de las inspiraciones, a la hora de cantar el flamenco. Las dos permiten un diálogo entre dos cantantes, como ha pasado con Óscar D’León con El paso de encarnación.

¿Cómo escogió las canciones que incluyó en el disco?

Fue lo más difícil. Con mi esposa –que en paz descanse- nos tirábamos noches y noches escuchando y escuchando… Tenía que ser como cuando un sastre va a hacer un traje a la medida, no podía vacilar en nada. Tenían que ser los temas que me iban bien. Y justo con Amparo lo logramos. A ella le encantaba la salsa, le encantaba Cheo, Rolando Laserie, Héctor Lavoe… Empezamos a mirar y me decía “Periódico de ayer te va perfecto, Juanito Alimaña te va perfecto, Hacha y machete…”. Luego vino mi productor y pianista Jaime Calabuch, ‘Jumitus’ y fueron los temas que a mí también me sorprendieron: Moreno soy, Indestructible de Ray Barreto y ese tema inédito que escribió, Fiesta para Bebo. Los demás han sido noches y noches, descartando unos y otros…

¿Cómo enfrentó el reto de reinterpretar canciones como El Ratón, que ha sido cantada tantas y tantas veces?

Pues imagínate. Era súper difícil. Pero lo hemos hecho con mucho amor y respeto, rescatando ese sonido de los setenta y ochenta, porque hoy la salsa está como perdida, en decadencia. Aunque la salsa nunca muere, porque la salsa es indestructible. Pero sí ha habido unos bajones, se han hecho intentos de salsa con reggaetón y yo no quería nada de eso. Yo vengo a buscar la pura raíz. Y mi viaje empezó aquí en Cali, luego nos fuimos a la Habana, a Miami, San Juan, Nueva York… Tuve el privilegio de cantar y tocar con Gonzalo Rubalcaba y su padre Guillermo, con Óscar D’León, los Muñequitos de Matanza; yo venía planeando un poco el estar con todos esos genios porque algo tenía que quedarse, un ápice…

Para muchos cubanos la salsa es una versión “prostituida” de su música…

Sí, ellos son soneros, trovadores, de son montuno, cantan en clave: guaguancó, rumbón. Pero ellos no son salseros. Es más: cuando a un cubano le dices salsero te puede mirar mal “Nosotros venimos de la raíz, desde África”. También es comprensible. El último tema que hay por antonomasia es Fiesta para Bebo y es de la raíz africana, es un guaguancó.

Usted ya ha trabajado con música flamenca, con tango y salsa, uno podría esperar que pronto venga una mirada a México o al Brasil…

Mira que has dado en la clave, parece que me hubieras leído el pensamiento. Yo estoy en esa búsqueda por México y por Brasil. Ya estoy por los boleros rancheros. No por las rancheras, boleros rancheros, de José Alfredo, Chavela, de Armando Manzanero. Son boleros que te matan, que te hacen daño. Y en Brasil hay tanta armonía musical, desde Jobim, Vinicius de Moraes, Caetano, Djavan… me gusta tanto esa armonía, es tan musical, lo que tiene la bossa, por ejemplo, que sé que voy a encontrar cosas divinas ahí.


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