Roger Waters y lo que inspiró su nuevo álbum

“¿Es esta la vida que realmente queremos?”, nos pregunta insistentemente


POR DAVID FRICKE | 13 Oct de 2017

SOBRE EL ESCENARIO Waters lleva su discurso político por todo el mundo en la nueva gira.


“Hay muchas canciones que no están allí”, dijo Roger Waters mientras señalaba un CD en una consola de mezcla en un estudio de grabación en Manhattan; una copia de su último álbum Is This the Life We Really Want? “Durante años he producido muchas cosas que no he sacado a la luz”, comentó el exbajista y cantante de Pink Floyd. “Realmente no pienso mucho en eso. Estoy concentrado en lo que estoy haciendo, así que no puedo recordar por qué no hice un álbum en todo ese tiempo. No tengo idea”.

“Todo ese tiempo” son los 25 años que han pasado desde el último álbum con material nuevo de Waters como solista, Amused to Death de 1992; un periodo en el que sus únicos lanzamientos de estudio fueron un sencillo digital en 2004 (To Kill the Child con la diatriba de 12 minutos contra la Guerra de Irak, Leaving Beirut) y una ópera original, Ça Ira, mientras que sus giras mundiales se basaron, en gran medida, en el repertorio de Floyd (The Dark Side of the Moon de 1973 y The Wall de 1979).

Waters, de 73 años, regresó a las giras este año con su último espectáculo Us + Them. El show, que comenzó en Kansas City el 26 de mayo y que irá hasta octubre en Norteamérica (con planes para hacer más conciertos en 2018), está lleno de clásicos de Floyd, incluyendo una provocativa secuencia de Animals de 1977 dedicada a Donald Trump. También es la primera producción en presentar nuevo material desde Radio K.A.O.S. de 1987. Waters explica que Us + Them, llamado así por la canción de Dark Side, es un show acerca de “cómo expresamos la idea del bien que nos hace amar a nuestros semejantes y de cuán malo es construir muros entre nosotros. Las canciones que interpreta de su último álbum —entre las que se encuentran Déjá Vu, Picture That y Smell The Roses— son “importantes y muy actuales” para esa narrativa, insiste.

Hablé por primera vez del nuevo álbum con Waters cuando todavía lo estaba haciendo; durante una entrevista en su tráiler tras bambalinas en el festival Desert Trip en octubre de 2016. Nos reunimos de nuevo este año, a finales de abril, poco antes de que él se metiera de lleno en los ensayos para la nueva gira. Fue un conversación cándida y muy amplia acerca del álbum, de sus complejos orígenes y de las firmes creencias personales de Waters. Vestido con una camiseta negra y jeans, estaba sentado en una silla giratoria tomando té y se veía listo y ansioso por emprender la gira. Hablaba con una voz suave y profunda, casi como un susurro, pero sintiéndose muy orgulloso de su nuevo trabajo.

“Aquí estamos de nuevo”, dijo Waters dándole un vistazo al disco que tenía en frente. Luego comenzamos.

Entrevista Exclusiva

Han pasado 25 años desde tu último álbum de estudio con material nuevo. ¿Cuándo comenzaste a escribir estas canciones? ¿Había un tema, una premisa?

Hace años —cerca del milenio, cuando comencé a salir de gira de nuevo en 1999-2000— pasé un mes en Nassau e invité alguna gente. Era una banda con el guitarrista Doyle Bramhall II y compusimos seis o siete canciones. Una de las que grabamos me gustaba realmente. Pero era completamente irreal. “El día del juicio amanece negro / Cargado de humo”, decía la primera frase. Y está en el álbum. Se lama The Most Beautiful Girl in the World. En la canción había algo acerca de un vaquero que se ahorcaba: “La soga golpeó el punto al final de la gota / Y lo último que oyeron fue su llamado”. Ahora es: “La bomba golpeó el punto en donde los números paran / Y lo último que ella oyó fue su llamado / A casa / Voy a casa”. Adapté la canción y comencé a hablar de una guerra, de un bombardero y un dron. Escribí esa letra hace seis meses: maldita sea, por fin puedo usar esa canción.

Hay cierta mentalidad de asedio en el álbum, en las imágenes y emociones que contiene.

Este es un tren desbocado desde mi punto de vista [señala el CD]. Todos estamos a bordo y es una mierda aterradora, se descarrila con cada vuelta. Podría haber una guerra nuclear fácilmente, y a todos les importa un carajo. “¿Y qué?”.

Repito lo mismo una y otra vez. Sé que la gente piensa que estoy loco. “¿Esta es la vida que queremos?”, dice la gente. “¿Qué significa?”. Significa lo que dice. Un estado perpetuo de guerra; tu gobierno reescribiendo leyes que te quitan la mayoría de tus libertades civiles… ¿Es así como quieres vivir? Y, de no ser así, ¿hay algo que puedas hacer? ¿Tienes alguna opción? ¿O el tren va tan rápido que no hay forma de saber dónde está el freno? ¿O será posible persuadir a alguien para que quizá reduzca la velocidad un poco?

Hay una frase en la canción que le da título al álbum que define la democracia como “se hace todo lo que digamos”. Para mí esa no es una definición de democracia. Es una regla de la mafia.

Eso también es cierto. Pero ese fue siempre el problema. [El rey de Inglaterra] Jorge V dijo: “La democracia es una locura griega. Le da poderes especiales a gente muy común. Dicho como monarca”.

¿Mientras crecías en la Inglaterra de la posguerra, veías a los EE. UU. como algo ideal, como sociedad, como cultura?

Estados Unidos representaba el consumismo. Representaba los blue jeans y las tobilleras. Representaba la ingenuidad y la presunción. Creo que esto viene de mi madre. Ella visitó los EE. UU. en 1936 o 1937. Solo fue a Texas y a Ohio.

Cuando joven, particularmente cuando comenzó Pink Floyd, ¿qué tanto te adentraste en el auge cultural de la psicodelia, en la idea de que una utopía hippie iba a cambiar a la sociedad?

Nada.

¿Naciste siendo un cínico?

Nunca tuve nada que ver con nada de eso. ¿Flower Power? ¿Me estás jodiendo la vida? Jamás. Recuerda que crecí con Huxley, Orwell y H.G. Wells. No escuchábamos a Timothy Leary u Owsley Stanley. Eso no tenía sentido. Uno no necesita ser educado para darse cuenta de eso. Estoy lo suficientemente viejo como para recordar el gobierno de Atlee [Clement Atlee, primer ministro británico 1945 to 1951]. Hubo una revolución social en Inglaterra luego de la Segunda Guerra Mundial. Había desprecio por los gobernantes supremos que representaban la Revolución Industrial y la sociedad victoriana. Había un verdadero intento por crear una sociedad solidaria. Todavía tenemos un servicio nacional de salud 10 veces mejor que el que ustedes probablemente tengan algún día.

¿Hubo algo acerca de aquella Londres de mediados y finales de los 60 que tuviera un valor perdurable, además de la música?

Lo importante de esa época no tuvo nada que ver con Carnaby Street. De un momento a otro los Beatles convirtieron a la música popular en un medio de expresión de sentimientos, de sentimientos y de ideas reales.

Asististe a la escuela de arquitectura. ¿Cuándo eras estudiante, alguna vez contemplaste la idea de dedicarte al derecho, al trabajo social o a la política?

No, no podría hacer política.

Tienes la agresividad para eso.

Podría ser agresivo. Puedo darme cuenta de lo que pienso. Puedo ser coherente. Comencé a hacer rock & roll porque quería tener sexo. Dicho esto, todavía me interesa la forma de funcionar de la política, cómo la gente se organiza y el qué y el porqué hacen lo que hacen las distintas sociedades.

¿Escribes canciones para confrontar o convencer?

¿Qué quieres decir?

¿Como compositor —contar historias, dibujar imágenes— estás tratando de confrontar a la gente con la verdad como tú la ves o de cohesionar todo?

No lo sé. Parte de la canción Déjá Vu no está en el nuevo álbum. La última estrofa se cortó. Pero lo cito mucho: “Si yo hubiera sido Dios / No habría elegido a nadie / Hubiera sido justo con todos mis hijos / Todo el mundo estaría contento / A renunciar al Ramadán o a la Cuaresma / El tiempo se pasa mejor en compañía de amigos / Partiendo pan y remendando redes”. Mucha gente hubiera dicho: “Ahí va ese viejo antisemita”. Pues bien, no es así. Si hablo acerca de escoger gente, no estoy hablando de la fe judía. Estoy hablando de todas las religiones, de los miembros de las distintas religiones.

UN ACTIVISTA CONSUMADO En sus shows, Waters descarga ira y frustración ante los abusos cometidos por los poderosos. Ahora Donald Trump es —por obvias razones— su blanco favorito.
UN ACTIVISTA CONSUMADO En sus shows, Waters descarga ira y frustración ante los abusos cometidos por los poderosos. Ahora Donald Trump es —por obvias razones— su blanco favorito.


¿Pero a quiénes te gustaría llegarles con este álbum y cómo quisieras que te respondieran, qué podrían extraer?

Bien, esa es una buena pregunta. Quisiera llegarle a gente que esté buscando un amigo que la anime a pararse y observar cosas, y si cree ver algo verdadero, que esté preparada para hablar de ello. Años atrás mi cerdo [en el show en vivo] tenía escrito “Habeus corpus matters”. La gente piensa: “¿De qué demonios está hablando?”. Cuando te saquen de la calle y te estés pudriendo en una celda lo entenderás. Ustedes los estadounidenses han permitido que la ley de su tierra sea subvertida, así que ahora eso puede ocurrir. Y no tienen recursos contra eso. Solo se necesita que un anónimo sospeche que estás apoyando a una organización terrorista y vendrán por ti. Podrán encerrarte en algún lugar, torturarte y tenerte en prisión para siempre, sin evidencia y sin juicio.

¿Tienes ciudadanía estadounidense?

No.

Tienes un estatus de residente.

Tengo una visa. Pago impuestos. Muchos impuestos.

Como ciudadano británico, ¿votaste en contra del Brexit?

De haber votado, obviamente lo hubiera hecho a favor de permanecer en la Unión Europea.

¿No votaste?

No estaba allí. Es una de esos casos en donde todos pensaban que era una conclusión anticipada. Y así fue. “Es ridículo. Sería una estupidez”.

¿Te arrepientes de no haber votado, dado que el resultado fue muy reñido?

Sí. Pensé que éramos mejores, pero estaba equivocado.

Cuando hablas acerca de grabar canciones en el milenio —de escribir poesía, de generar cosas a través del tiempo—, ¿cuándo llegaste al punto en el que pensaste que en realidad estabas haciendo un nuevo álbum?

Fue hace dos años, cuando empecé a trabajar con Nigel. No es que hubiéramos trabajado en él durante dos años. Trabajamos tres semanas, luego no nos vimos por seis meses y después trabajamos otras tres semanas. Antes de eso tenía una obra radial. Tenía una narrativa y un montón de canciones. A veces se la tocaba a la gente y me decían: “Tienes que hacer un disco, es muy buena”. Conocí a Nigel porque él estaba mezclando el sonido para la película Roger Waters: The Wall [2014]. Eventualmente se la mostré y expresó su interés por hacer un álbum. Me dijo: “Hagamos estos ocho compases y estos cuatro”. Y yo le dije: “Espera un minuto, esto dura como dos horas y tú escogiste siete minutos. ¿Qué hay del resto?”. “Empecemos con esto”, me dijo.

¿Qué tan fácil fue asumir eso, teniendo en cuenta que generalmente eres el líder?

Decidí hacer algo distinto. Mientras trabajaba con Nigel me di cuenta de que a pesar de tener mucho espacio para mis propias ideas, en lo referente a las minucias de hacer un álbum —o incluso a los grandes gestos— me iba a quedar… [sonríe y hace la señal de sentarse en sus manos], lo cual es algo nuevo.

¿Mantuviste la última palabra?

Algo por el estilo.

¿Hay algunos ejemplos de letras o música en particular?

Sí. Cosas pequeñas. Otras cosas que dejé ir eran realmente importantes para mí. Nigel siempre fue muy enfático en que no debíamos ser específicamente políticos con nada. Saqué las palabras: “Ríndete Jerusalén”, de Déja Vu. El coro solía decir: “Quizá una mujer en una estufa / Horneando pan, haciendo arroz o simplemente hirviendo algunos huesos / Ríndete Jerusalén / Deja tu carga”. Fue algo importante, Nigel me persuadió de que dejara por fuera cualquier referencia a Jerusalén. Le dije: ‘Es muy importante’”. Pero él me dijo: “La gente va a decir: ‘Está siendo antisemita de nuevo’”. Le dije: “Eso no es nada antisemita. Jerusalén es muy importante por las Cruzadas, el Imperio otomano, los británicos, quien quiera que haya estado luchando por ese territorio”.

Pero la frase no contiene esos detalles.

Desde luego que no. Obviamente Jerusalén, el lugar, no puede ser culpable de nada. Por otra parte, uno siente que si Jerusalén pudiera ser pacífica —sin la carga de ese descontento o las guerras santas— sería fabulosa. Eso es lo que estoy diciendo en esa canción.

¿Qué te convenció de sacar la frase?

Finalmente me sentí desgastado. Uno puede dar un argumento acerca de algo sin ser específico. La gente malinterpretaría mis intenciones.

¿Fuiste criado religiosamente? ¿Bajo la iglesia de Inglaterra?

No me criaron como nada. Mi madre nos permitía a mi hermano mayor y a mí ir a la escuela dominical. Ella era agnóstica. Fue criada bajo la iglesia de Inglaterra. Mi padre era un cristiano devoto, por eso era un firme opositor al comienzo de la guerra. Luego se politizó, se alistó en el ejército y lo mataron [en combate en 1944]. Asumo que mantuvo su fe en Jesucristo y en el poder redentor de eso. Nunca tuve la oportunidad de preguntarle.

¿A dónde acudes para recibir soporte espiritual?

Cuando era niño siempre teníamos un huésped. Mi madre era maestra, y mi hermano y yo regresábamos del colegio antes que ella. Tenía que haber alguien en la casa; no le gustaba la idea de que fuéramos niños solitarios. Y a veces los inquilinos no estaban allí, así que ella nos llevaba a reuniones. Ella era muy política. Solíamos ir a reuniones de la British-China Friendship Association en la Friends Meeting House en Cambridge, que era el lugar de culto de los cuáqueros. La recuerdo hablando de ellos: “Los cuáqueros son una orden religiosa cristiana. Aunque no puedo compartir su fe, debes entender que sus creencias están enraizadas en algunas de las mismas creencias que tengo, porque soy humanista. Creo en los derechos humanos. Al igual que los cuáqueros, creo que tenemos la responsabilidad de cuidarnos los unos a los otros. Ellos son, en general [hace una voz enfática y maternal], gente muy, muy buena [risas]. Nunca lo he olvidado”. La idea de que se necesita un centro de fe para ser humano nunca me ha atraído. Sin embargo, creo que parte del recorrido para desarrollar la capacidad de empatía puede residir en la naturaleza trascendental del amor, esa cosa extraordinaria y poderosa que nos sucede.

¿Te molesta que la gente te no te vea como a una persona compasiva?

Sí. Toda esa idea de “el tipo malo que acabó con Pink Floyd”, a la mierda. Es putamente fastidioso. Es una cruz que cargas… No hay mucho que pueda hacer al respecto. Obviamente soy un tipo con suerte. Tengo grandes amigos. Estoy en una excelente relación en este momento. Y tengo un trabajo que adoro. La recompensa de hacerlo es enorme.


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