Steady Rollin Band y el sueño de un niño

Fernando Poma decidió retomar su pasión después de los 40 y armar una banda de rock para hacer lo que más le gusta: tocar música


POR ROLLING STONE | 10 Aug de 2017


Los niños y los adolescentes siempre tienen un gran sueño al que quieren dedicarse. A unos les gustaría ser futbolistas, unas sueñan con ser bailarinas, otros directores de cine o astronautas y algunos quieren rockear y vivir de la música. Pero al crecer, esos planes se van estrellando con otras necesidades y, poco a poco, desaparecen. Fernando Poma era un niño fanático del rock que creció para convertirse en un exitoso empresario. Hoy es vicepresidente de Real Hotels and Resorts, que opera en Colombia los hoteles JW Marriot, Marriot Bogotá y Marriot Cali.

“Es ahora o nunca”, dijo a los 40 años y decidió cumplir el sueño de ese niño que tocaba batería. Armó una banda de rock con la formación clásica de guitarra, bajo y batería y empezó a componer. Ahora se prepara para lanzar su álbum debut con Steady Rollin Band, la agrupación que formó junto a Gerardo Pardo en el bajo y Benjamín Andrade en la batería.

ROLLING STONE habló con él sobre sus influencias, el sector hotelero y cómo se puede, sin tener en cuenta la edad, materializar los sueños.

Supongo que la pasión por la música empezó cuando eras un niño, ¿cómo nació esto?

Cuando tenía como cuatro años empecé a escuchar mucha música. Un poco rock clásico y cosas en español. El rock clásico era la música que escuchaban mis papás, en especial los Beatles y Rolling Stones. Cuando empecé a crecer me empezó a gustar Rush y me puse a tocar batería. Neil Peart es uno de los mejores bateristas, tal vez el mejor. Y a los 12 años me fui a estudiar a Estados Unidos, pero allá no tenía batería, entonces cogí la guitarra y me fascinó. Ahí me volví fanático de Led Zeppelin. Y con Eric Clapton me volví fanático del blues. El blues es la música que más me toca el corazón.

Como a los 15 o 16 años empecé a tocar en bandas y en la universidad hacía presentaciones, pero siempre tocando covers. Después me fui a trabajar a Europa y tuve que dejar la música porque el trabajo exigía demasiado. Aunque siempre me encantó. Iba a muchos conciertos. Más tarde, como a los 40 o 41 años, dije, “Bueno, es ahora o nunca”.

¿Y todos esos años estuviste practicando?

Sí, yo seguí practicando pero solo en casa. Estaba dedicado al trabajo. Mientras vas creciendo en el trabajo, te vas volviendo más eficiente y te vas liberando. Vas formando un equipo. La vida se va pasando rápido y dices, “¿Sabes qué? Yo no quiero llegar a los 70 años, mirar para atrás y decir que nadie te dio un trofeo, trabajé toda la vida y no hice muchas cosas”. Al final del día dije que era ahora o nunca. Desempolvé la guitarra, practiqué y practiqué y conocí a otros músicos. Yo lo que quería era una banda de rock clásico pero con feeling blues.

Empecé tocar con varias personas, hasta que encontré a dos que me encantaron. Yo quería la formación más pura: bajo, guitarra y batería. Eso es lo más genuino, pero también lo más difícil. Los solos de guitarra los hago sobre un bajo. No tengo un piano, una guitarra rítmica, ni nada de eso. Tienes que rellenar con pocos instrumentos, lo que te da una práctica increíble. Si te equivocas en una nota se escucha. Eso es lo que hacía Cream, que eran los mejores. El mejor guitarrista, Eric Clapton, el mejor bajista, Jack Bruce, y el mejor baterista, Ginger Baker. Era un supergrupo.

Pero nuestra intención siempre fue tocar en vivo y grabar nuestra propia música. No me interesa estar haciendo covers. La diferencia entre un buen músico y un músico regular no es su virtuosismo. Hoy hay miles de guitarristas que pueden tocar miles de cosas. Pero lo que diferencia a un músico es que puede escribir las cosas. Cualquiera que toca en un bar o que toca en un estadio. Por ejemplo U2. Todo es lo mismo, tocan cosas básicas. Andy Summers de The Police no es un virtuoso. Pero ellos escriben la música y la gente lo que quiere es escuchar algo que les toque el alma. Yo lo que quería era escribir música y ya tengo 10 canciones. Hemos lanzado solo una que se llama When the Judgement Comes, que es una canción nostálgica, triste pero nostálgica. Yo diría que se parece a U2.

Ya casi tenemos el disco listo, pero la idea es sacar un sencillo más. Lo interesante es que todas las canciones son diferentes. La gente me pregunta cómo sonamos y yo les digo que depende de la canción que escuchen. Cada canción es diferente y no tienen una relación. Eso me gusta porque suena bien variado. Si escuchas a la mayoría de bandas, sus temas se parecen.

¿Cómo es tu proceso para componer?

Para componer escucho en mi mente una melodía que me gusta y después la canto en mi teléfono, para que no se me olvide. Después cojo la guitarra y empiezo a tocarla. De ahí le meto las palabras.

¿Cómo fue esa catarsis que tuviste que vivir en tu entorno empresarial?

Yo siento que mi espíritu siempre ha sido de artista, bohemio y rockero. Y creo que eso me ha dado una ventaja como empresario. La capacidad creativa es algo que me ha funcionado muy bien en el ámbito de negocios y soy afortunado de tener un puesto en el que pueda explotar toda mi capacidad creativa. La gente que cambia y revoluciona el mundo es gente creativa. Hace 20 años, todos los aparatos electrónicos tenían 40.000 botones. Después vino Steve Jobs y dijo “Yo no quiero botones. Quiero un diseño perfecto y sin nada”. Y se enfocó en el diseño cuando todos estaban viendo la capacidad. En Amazon puedes comprar lo que sea con un clic. Esa capacidad de innovar hace la diferencia en un negocio realmente exitoso. Y yo siento que mi fuerte en los negocios es eso, estar fuera los esquemas.

Y mi personalidad es así. Esas etiquetas del empresario son absurdas. Puedes ser una persona integral con varios intereses. Lo que pasa es que a veces nos dicen que tenemos que ser exactamente de una forma. ¿Quién dijo eso? No es así. Yo siento que uno tiene que ser auténtico y una de mis grandes prioridades es eso. Y no me causa ningún estrés. Lo interesante es que entre más auténtico soy, la gente se acerca y me felicitan por hacer lo que quiero. No me preocupa lo que piensan los demás. Quiero vivir de una manera auténtica, no estar bajo los esquemas de alguien más. Y tengo un montón de cosas que llenan mi vida aparte del trabajo: me encantan las motos, me encanta pilotear, estar con mi familia.

¿Y cómo fue ese proceso de entrar al estudio? ¿Fue tu primera vez?

Fue mi primera vez y me fue bastante bien. Cantar es lo que más me cuesta. Yo considero que soy mejor guitarrista que cantante. Pero al mismo tiempo creo que es una cosa de gustos. Si escuchas a Bob Dylan, casi ni se le entiende.

¿Cómo ves la responsabilidad del sector hotelero en volverse un proveedor de entretenimiento? Que es, además, una tendencia mundial. Uno va a Nueva York o Las Vegas y las mejores discotecas están en los hoteles.

Es que es normal porque a nadie le gusta estar aburrido. La gente prefiere estar alegre. Y yo asumo que si tienes que salir de tu casa, alejarte de tu familia y viajar constantemente, es lógico que prefieras ir a un lugar donde la pases bien. Es interesante que los que se inventan los hoteles, asumen que los demás son aburridos, cuando no es así. Estos lugares, restaurantes y bares no son exitosos solo porque llega la gente, sino porque mete a las personas en las habitaciones, esa es la diferencia. Hay música en vivo todos los días. Pero el punto importante no es que la gente lo ve como un centro de rentabilidad. Voy a invertir esto y me va a dar tanto. Para mí, lo importante es que esto va a diferenciar el hotel de la competencia. Va a ser un hotel en el que, si tienes que salir de tu casa, la vas a pasar bien. No te vas a tener que aventurar y vas a encontrar todo el entretenimiento bajo un mismo techo, con seguridad y buen ambiente.

¿Qué proyección tienes? ¿Hasta dónde quieres llegar con Steady Rollin Band?

Lo que quiero hacer es dar todo lo que tengo. Yo creo que en este disco tal vez no he dado el 100%, pero tal vez el 95% de mi capacidad. Yo quiero ver si a la gente le gusta. A mí me encanta, creo que es bien personal y tiene unas letras bonitas. Siento que cada canción es distinta. Y yo no estoy haciendo esto por razones económicas, lo hago por pasión y lo que quiero es usar este vehículo para poder expresarme. Para mí la música es como una terapia. Cuando estoy tocando en vivo no estoy pensando en el bajista, ni en el baterista, ni en el público. Es casi un trance. Y en esas dos horas que toco me recargo, suelto todo el estrés y es un feeling de emoción. Creo que muchos tenemos un niño adentro y esta es una forma para que mi niño se exprese de una manera sana.

¿Y cómo son esos conciertos?

A veces tocamos al frente de 300 personas y eso lo hacemos una o dos veces al mes. Es bien emocionante.

¿Qué estás escuchando actualmente?

La mayoría de los que tocaban en mi época, lastimosamente ya no están tocando. Vi a Eric Clapton en Londres, que tocó tres conciertos en el Royal Albert Hall. Vi a The Who hace como año y medio en Hyde Park. Pero hoy en día, así nuevos, hay una banda extraordinaria que se llama The Avett Brothers.

Has tenido una conexión con todo lo estadounidense, ¿te gusta también el country?

Me gusta el country blues. Había una banda que se llamaba The Band que hacían mucho eso. Y David Bowie me encantaba. Pero sí soy súper aficionado a la música. Hoy en día me gusta John Mayer, Gary Clark Jr. es muy bueno. Stevie Ray Vaughan era buenísimo.

En Colombia hay una discusión y es que no hay lugares, o muy pocos, para ver música en vivo o hacer conciertos. ¿Cómo empresario no has pensado meterte en el negocio de los venues para entretenimiento?

Fíjate que no. Nosotros en el ámbito empresarial hemos tenido una disciplina estratégica. Nuestro negocio empezó en El Salvador hace 100 años y seguimos en el mismo rubro del negocio. Sería meternos en algo que no conocemos para nada y eso es algo muy arriesgado. En venues tienes que encontrar al artista y hay un gran riesgo, que es que puedes tenerlo cerrado por un buen tiempo. Nunca he conocido a alguien que le haya salido bien. Y a mí lo que me encanta es tocar. Y aquí, en el venue del hotel, le damos la oportunidad a algunos artistas y en algunos hoteles hay audiciones.

Cómo artista, ¿qué territorios son importantes para ti?

Nos gustaría que la música fuera escuchada en Centroamérica y Colombia. En Estados Unidos me encantaría, pero es muy complicado. Hoy en día es tan fácil con las plataformas que, por un lado, es bueno porque cualquier músico puede meter sus canciones en iTunes, pero lo difícil es que te escuchen. Antes necesitabas una compañía que quisiera trabajar contigo. Ahora no tienes ninguna certeza. Lo que sí sé es que quienes la escucharon, le pusieron el máximo de estrellas. Pero el fin no es tanto vender la música. No hay un plan de mercadeo. Aquí en Colombia han sido muy buenos con nosotros.


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