Última palabra: Annie Leibovitz

Habla de sus imágenes clásicas en ROLLING STONE, de lo que aprendió de sus héroes y de cómo transformó la fotografía del rock & roll


POR ROLLING STONE | 22 Jan de 2018

Ilustración por Mark Summers


¿Qué consejo le darías a la Annie Leibovitz joven?

No creo que pueda darle un consejo porque ella probablemente no me escucharía.

¿Cómo fue tu primer acercamiento con ROLLING STONE?

Entre mi segundo y tercer año en el San Francisco Art Institute fui a Israel para trabajar en un kibutz, sin tener la certeza de regresar. Mi novio de esa época me regaló una suscripción a ROLLING STONE y leí cada revista de principio a fin, porque eran las únicas noticias que tenía de Estados Unidos. Luego regresé a la escuela y fui a las oficinas de ROLLING STONE con algunas fotos de una manifestación contra la guerra de Vietnam y otras que tomé en Israel. San Francisco era la cuna del activismo en ese momento y la revista publicó una de mis fotos en la portada.

Después de eso, empezaste a trabajar en ROLLING STONE de inmediato. ¿Cómo te sentiste?

Suena emocionante, pero nadie en la escuela pensaba que era una buena idea. La fotografía era tratada como un arte y se suponía que no podías vender nada. Los otros estudiantes me miraban con desprecio y me sentía muy sola. A la larga, esa tensión era buena para el trabajo, y usé esa experiencia para evolucionar como artista. Me adentraba en esos mundos y solo fotografiaba las cosas que me interesaban. Honestamente, no sabía hacer otra cosa. No era particularmente ambiciosa, solo amaba la fotografía.

¿Qué pensó tu familia de tu primera portada? Tu papá era oficial de la Fuerza Aérea.

Nunca me dijo nada. Ojalá estuviera vivo para poder hablar de eso. La serie de Ken Burns sobre la guerra de Vietnam revivió esa época para mi familia. Mi papá tenía un puesto en la base aérea Clark en Filipinas, donde había un hospital al que llevaban víctimas de la guerra. Mi mamá era como una bohemia sofisticada y mi papá se ganaba la vida como militar.

Tenían seis hijos y era lo único que él sabía hacer. Luego, yo estaba estudiando en la escuela de arte con muchos veteranos locos que estuvieron en Vietnam cuando aprobaron la ley G.I. Uno de ellos me dijo que había dejado de usar su arma al poco tiempo. Se drogaba y empezaba a tomar fotos. Era una época surrealista y confusa.

¿Quiénes eran tus héroes?

Los primeros fotógrafos que admiré fueron Henri Cartier-Bresson y Robert Frank. Cuando veía sus obras me daba cuenta de lo que significaba ser un fotógrafo. La cámara te daba una licencia para salir al mundo con un propósito. También admiraba el trabajo de los fotoperiodistas de la revista Life.

Los resultados de fotoperiodismo en Vietnam eran fascinantes. Las fotos de Larry Burrows son impactantes y emocionantes. Están grabadas en mi memoria. Con el paso del tiempo, aprendí de Richard Avedon, Irving Penn, Helmut Newton y Diane Arbus. Además, trabajé con escritores extraordinarios en ROLLING STONE como Hunter S. Thompson, que estaba inventando el periodismo gonzo, y también acompañé a Tom Wolfe en el despegue del Apollo 17. Eso lo llevaría a escribir The Right Stuff.

¿Fue difícil despedirte de ROLLING STONE?

Estaba asustada cuando me fui a Condé Nast. Había escuchado historias terribles sobre cómo te explotaban, te despedían y seguían como si nada. Pero también habían hecho una gran historia de fotografía. Tiempo después entendí, tal vez porque miraba muchos libros de fotografía, que la gente tenía una carrera. Estudiaba las obras de Edward Weston, Dorothea Lange, Edward Steichen e incluso de Alfred Stieglitz, quienes trabajaron toda su vida. Cuando era joven sabía que iba a trabajar en esto por mucho tiempo. Las revistas me han dado la organización que necesito a nivel personal. Y me di cuenta de que casi todos los fotógrafos que admiré tenían un poco de experiencia comercial vinculada a lo que fuera su trabajo como “arte”.

¿Tu trabajo cambió?

Soy una observadora por naturaleza. Sigo viendo esas fotografías de reportajes en mi cabeza (lo que pude haber visto en mis inicios en ROLLING STONE) y las transformo en algo más formal.

¿Quién fue tu mejor modelo a seguir?

Tal vez [Richard] Avedon. Su trabajo en el estudio es brillante. Entiende muy bien la psicología del retrato, era un maestro en esa especialidad. Fue un verdadero antes y después para ROLLING STONE cuando publicaron The Family (el 21 de octubre de 1976), una edición dedicada a los retratos de Avedon de la élite del poder de Estados Unidos. La revista lo logró con el poder de las fotografías. Nunca lo olvidaré. Todos dicen que la imagen de John y Yoko fue importante, pero yo creo que la publicación de The Family fue una hazaña extraordinaria.


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