ÚLTIMA PALABRA Bob Odenkirk

La estrella de Better Call Saul habla sobre su crianza católica, su amor por The Replacements y el ser famoso en la edad adulta.


POR CHRISTIAN HOARD | 16 May de 2017

Illustración por Mark Summers


Pasaste casi 30 años de tu vida como un actor y escritor de comedias de culto, hasta conseguir papeles dramáticos en Breaking Bad y Better Call Saul. ¿Qué tan sorpresivo fue para ti este cambio?

Estoy sorprendido por la oportunidad que tuve. En serio. Cuando leo un libreto de Better Call Saul, pienso: “¿En serio me están confiando esto?”. Breaking Bad fue una sorpresa. Pensaba que cuando llegara me iban a decir: “Vete a tu casa, no eres el Bob Odenkirk que pensábamos. Queríamos al otro, el de la Royal Shakespeare Company”.

Hace años tenía la sensación de que yo podía impactar mucho en un contexto dramático. Para mí es natural ser muy honesto, y tengo comediantes amigos a quienes no les resulta tan fácil. Yo sí puedo. De hecho, si hay algo que me gusta de la comedia es el hecho de ser sincero, esa honestidad brutal.

'Better Call Saul.'
‘Better Call Saul.’


¿Cuál era tu libro favorito cuando eras pequeño y qué dice eso sobre ti?

Probablemente On the Road. Eso dice que era un chico de Naperville, Illinois, con un deseo desesperado de ver el mundo y estar cerca de personas interesantes y paisajes extraños. Kerouac también era católico y creo que hay sentimientos católicos con los cuales me identifico.

¿Cómo te afectó el haber sido criado como católico?

Tengo bíceps normales, pero mi conciencia es como un martillo que me puede aplastar a mí o a cualquiera a mí alrededor, en cualquier momento. Puedo sentir culpa, vergüenza y tener una visión crítica, incluso de condena, acerca de mí mismo y todos a mi alrededor.

Hubo momentos a través de estos años como director y libretista en los que no podías conseguir poner en marcha tus proyectos. ¿Eso te afectó?

Existe cierta frustración que experimenta cualquiera que esté en el negocio del espectáculo, tal vez exceptuando a Tom Cruise. Hay un elemento de incertidumbre y suerte que atraviesa lo que hacemos. Hubo un piloto que escribí para NBC y un ejecutivo de la cadena me llamó a decirme que era, literalmente, el mejor que había leído. Esa misma llamada era para decirme que el proyecto no iba a seguir adelante. ¡Y cada palabra era en serio! Debes tratar de no amargarte. Pero sí me he amargado, y sé que estaré así otra vez.

En la película Nebraska, tu relación con el personaje interpretado por Bruce Dern parece reflejar el vínculo con tu padre, un alcohólico que te abandonó a los 12 años. ¿Es verdad?

Es un reflejo exacto. Las cosas que pude decir en Nebraska son cosas que sentía sobre mi padre. Eso es… que se pudra. Nunca estuvo ahí para nosotros y no merece que lo perdone. Cuando murió yo tenía 22 años, pero incluso si estuviera vivo hoy, me sentiría igual. No es que yo piense que las personas no merecen perdón, pero es algo que no se puede esperar de todo el mundo.

¿Cuál es tu música favorita?

No hay discusión: The Replacements. Todavía los escucho todo el tiempo y se los pongo a mis hijos. Su música está llena de rabia. Es una rabia adolescente, joven. Además, hay mucho dolor. Es interesante que Bob [Stintson, el guitarrista de la banda] era quien tenía el pasado más difícil, pero Paul [Westerberg] compuso esas canciones que son realmente desgarradoras. Go es una gran canción del álbum Stink, que está llena de un sentimiento de extrañeza y de dolor con el que aún me identifico y probablemente siempre lo haga.

¿Qué aprendiste de tu trabajo como libretista de Saturday Night Live en los 80 y 90?

Estaba rodeado de libretistas de comedia increíbles, particularmente, Robert Smigel, Jim Downey y Jack Handey. Solo verlos me hacía pensar en qué es y qué puede llegar a ser un sketch de comedia. Sin embargo, SNL fue una experiencia frustrante para mí; el show tiene sus propias necesidades, y yo siempre quise un show propio. Envidiaba al primer elenco y a los primeros libretistas: ¡Ustedes pudieron tener su propio show! Y después de ellos nadie pudo tener eso.

Sarah Silverman, David Cross y Bob Odenkirk en 'Mr. Show.'
Sarah Silverman, David Cross y Bob Odenkirk en ‘Mr. Show.’


¿Quiénes son tus héroes?

No tengo muchos héroes. Básicamente White Rose (Rosa Blanca), un grupo de estudiantes y profesores universitarios alemanes que escribían panfletos de resistencia contra el régimen nazi en 1942. La mayoría fueron asesinados. Perdón por ponerme tan serio pero creo que eso se necesita en estos tiempos.

¿Quién es la persona más graciosa que has visto actuar?

Chris Farley era increíblemente gracioso. Alguien me explicó lo que se siente consumir base de coca y así era verlo actuar. Era puro, indiscutible, incuestionable, era una cuestión de ingenio. En Chris había mucho dolor, pero era una expresión de alegría y humanidad, y era algo muy poderoso.

Tú contribuiste a su personaje de Matt Foley, el orador motivacional, ¿verdad?

Una noche estábamos improvisando [en el teatro Second City] y él interpretó a un entrenador. Era la voz [de Foley]: “Niños, ¡Organícense!”. Entonces me fui a casa y escribí el sketch como todos lo han visto. La frase y el personaje son invento mío. Fue el matrimonio perfecto entre comediante, concepto y escritura.

¿Cómo es salir a la calle ahora en comparación a antes de Breakin Bad?

Mr. Show [el personaje interpretado por Odenkirk en 1990] tenía una audiencia especial, pero también pequeña. Podía salir a la calle y saber quién me reconocía según la cantidad de piercings y tatuajes que tuviera. Lo mejor de este momento de fama es que todo el mundo me sonríe. Voy a un café y estoy concentrado en mis cosas y veo a alguien sonriendo: “¿Es para mí? ¡Lo es!”. Desearía que todos pudieran experimentar eso. Todo el mundo.


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