Última Palabra: Steve Earle

El rebelde del country-rock habla sobre sus secretos para escribir canciones, de sus siete matrimonios y de la magia de los fríjoles refritos


POR PATRICK DOYLE | 25 Jun de 2018

Ilustración por Mark Summers


¿Por qué norma se rige tu vida?

Que la opinión de cualquier persona sobre mí no es asunto mío. Esa es una regla importante, especialmente en este negocio. No leo reseñas, y tampoco voy a leer esto. Si a alguien no le gusta lo que haces, no puedes evitar tomártelo de forma personal; tú haces arte, y el arte que haces eres tú. Incluso si les gusta tu trabajo a los críticos, también se convierte en algo malo para ti. Aunque aprecio cuando la gente escribe sobre mí, ser un cantautor en estos días es como ser un músico de jazz o bluegrass: simplemente ya no hace parte del mainstream.

¿Eso no te entristece un poco?

De hecho, creo que es mejor. Tuve suerte de entrar justo al final de otra era, y de tener una carrera más grande, de lo contrario, dependería de trabajar con sellos independientes, tal como le sucede a mi hijo [Justin Townes Earle]. Es bueno que no me pida consejos sobre eso porque sinceramente no sabría qué decirle.

¿De qué manera defines lo que haces?

Yo siempre digo que lo que hago se lo inventó Bob Dylan, y que después de eso no hay cupo para nada más. Sostengo firmemente que el rock & roll solo se convierte en arte por la letra. Si no hubiera sido por Bob Dylan, que quería ser como John Lennon, y si John Lennon no hubiera querido ser como Bob Dylan, no habríamos llegado al nivel de literatura que hace falta para que el rock & roll sea tomado en serio.

¿Cuál es tu ciudad favorita en todo el mundo?

Nueva York. Ya quiero llegar otra vez a casa, incluso en este mismo momento lo siento. Y es extraño, porque nunca me sentí así cuando vivía en Tennessee. Para muchas personas que vienen del campo Nueva York es demasiado caótica… Sí, a esas personas se les llama rednecks.

Tú creciste en San Antonio. ¿Qué cosas se te quedaron de ahí?

Si entro a un restaurante mexicano y llego a ver un solo fríjol negro, doy la vuelta y salgo. No pertenecen a los restaurantes mexicanos, excepto en el Caribe, pero ahora están por todas partes. Lo que quiero son fríjoles pintos, y mejor si están refritos con tocino.

¿Qué has aprendido sobre el matrimonio a estas alturas de la vida?

Dios mío, nada ¡no sé nada! [Earle se ha casado —y divorciado— siete veces] No lo hagas, o firma un acuerdo prenupcial, aunque creo que las capitulaciones son para cobardes. De todos modos, me hubiera gustado haber firmado algunas.

¿Por qué crees que te has casado tantas veces?

Pues… mi terapeuta dice que escojo intencionalmente mujeres con las que no puedo tener ningún éxito porque no quiero estar solo. Y espero que no sea verdad. De ser así tengo mucho trabajo por hacer. Mucho de esto tiene que ver con que me enamoré muchas veces, y el matrimonio era la única conclusión lógica para mí. Para este punto espero haberme convencido de que casarse no es necesario.

¿Qué has aprendido sobre la paternidad?

Cuando estaba criando a Justin y a Ian, no creo haber sido un mal padre, pero había veces en que estaba en el maldito baño en vez de estar con mis hijos. Ahora ellos me hacen caer en cuenta de lo mucho que he cambiado [Earle y su exesposa, Allison Moorer, tienen un hijo de ocho años llamado John Henry]. Ahora ven que soy un mejor padre de lo que fui para ellos, y eso les debe doler un poco.

¿Qué significa ser padre para ti ahora?

John Henry tiene autismo, así que las cosas son un poco diferentes con él. Aunque es bastante divertido. Tengo amigos que vienen a ver a John Henry porque los hace sentir mejor; el niño es todo un amor. En este momento de mi vida, es mi persona favorita.

Un amigo me dijo que estaba a tu lado en un concierto de Springsteen y te vio escribiendo la letra de alguna canción en tu celular.

Es verdad, escribo la mayoría de mis letras en el celular. Luego van directamente al computador. Mucha gente le tiene miedo a la nube, y sé que me están mirando, pero me importa un carajo. Ni siquiera estoy en Facebook. Tampoco he escrito un tuit, aunque eso es pura vanidad: no quiero que nadie diga nunca la frase “Steve Earle tuiteó esto o aquello”. Simplemente no quiero escuchar eso.

Vas a estar en Camp Copperhead, cerca de Nueva York, en un retiro para compositores. ¿Qué vas a enseñarles a tus estudiantes?

Que a la gente realmente no le importa tu experiencia, o la experiencia en sí misma, solo les interesa la parte con la que pueden sentirse identificados. Escribí una canción que se llamaba Little Rock & Roller en mi primer disco. Johnny Cash se me acercó en un concierto que habíamos hecho para recaudar fondos y dijo: “En serio me gusta mucho la canción”. Luego, unas seis semanas más tarde, estaba en un lugar para conductores de tractomulas y un tipo me comentó que le gustaba la canción. Entonces hizo clic: Johnny Cash y el camionero se sentían identificados con esa canción porque tienen una experiencia en común, la de viajar y estar lejos de sus hijos. Cuando hablamos de esa parte de las canciones, no importa si manejas un camión o si ya eres un cantante famoso.


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