Arctic Monkeys comienza de cero

por JONAH WEINER | 11 May de 2018


Posteado el 11 May de 2018 - 12:21 PM



El primer disco de Arctic Monkeys en cinco años es al mismo tiempo atractivo y claustrofóbico, trae a la cabeza a un tipo volviéndose un poco loco en una pequeña habitación en una casa sobre la montaña, mientras construye un mundo de fantasía y lleva sus visiones al piano. Escuchar a Alex Turner contarlo es, más o menos, como nació Tranquility Base Hotel & Casino. Estamos a mediados de abril, unas semanas antes del lanzamiento del álbum el 11 de mayo y el líder de los Monkeys acaba de bajar de su hogar en Hollywood Hills para desayunar. Apenas son las 10 de la mañana y está usando un traje antiguo de color claro.

Turner empezó a escribir el nuevo álbum en 2016, en el estudio de su casa en la montaña, sentado frente a un piano Steinway Vertegrand que su mánager le compró de cumpleaños. El cantante, que ha admirado la forma de reinventarse de John Lennon y David Bowie, quería hacer algo que sonara totalmente diferente a AM, el último disco de los Arctic Monkets, lleno de riffs de guitarra y grooves pesados. Como nunca había escrito en piano, pensaba que el Vertegrand iba a producir un sonido diferente. Y estaba en lo correcto: “Los lugares en los que caían mis dedos”, dice, se convertían en acordes, progresiones y “giros de jazz” que “tenían un sonido de salón sofisticado que nunca se me hubiera ocurrido con la guitarra. Me acordó a las cosas que mi papá tocaba en el piano”. Otras influencias, añade, incluyen Histoire de Melody Nelson de Serge Gainsbourg, Born to Be With Youde Dion y la composición que François de Roubaix hizo para el clásico Le Samourai de Jean-Pierre Melville de 1967.

Era imposible escribir canciones en 2016 para esconderse de las noticias. “La gente me dice que el último disco de los Monkeys se sentía muy estadounidense, pero esta vez esa sensación era más fuerte” comenta. Hay letras sobre “estados en batalla”, quienes “toman la verdad y la manipulan” y “los líderes del mundo libre” que “te acuerdan a un luchador”. Pero, mientras Turner descubría el Vertegrand, también exploró temas para escapar, creando frases sobre gente conectándose a dispositivos de realidad virtual o irse del planeta para mejorar las colonias espaciales. Hay varias reflexiones con referencias a ciencia ficción, incluyendo una canción nombrada para el género. “La ciencia ficción crea otros mundos para hablar sobre este”, explica Turner, “y esa idea me pareció interesante”. Un narrador sofisticado da la bienvenida a Tranquility Base, exagerando su situación mientras se queda en un hotel lujoso y postapocalíptico en la luna y probablemente hecho en computador. “Escribía las letras con el micrófono en una mano y con la otra ponía grabar en un cartucho de ocho pistas”, recuerda el cantante. Luego la pasaba por un aparato de finales de los 60 llamado Revox A77, creando “todo el eco y las vibraciones” para darle un toque retrofuturista. El resultado es un álbum cautivante y extraño sobre el rol del entretenimiento –el deseo de escapar hacia este y de crearlo – en los periodos de crisis sociales.

Todo esto puede significar un cambio, Turner lo acepta, en los fanáticos de Arctic Monkeys, sobre todo los que esperan que el rugido de una guitarra sea el centro de todo. El guitarrista Jamie Cook y el baterista Matt Helders llegan al restaurante. Cook me dice que se sorprendió cuando Turner le mostró los primeros demos en febrero de 2017. “No esperaba que Alex tomara este camino”, cuenta Cook. “Tuve que escucharlo varias veces para…”, su voz se detiene y sonríe. “Simplemente pensaba, ‘Mierda. ¿Qué hacemos con esto?’”.

Pero mientras lo digerían, el piano y la guitarra empezaron a cuajar. Helders –que se unió a las sesiones después con el bajista Nick O’Malley, primero en un estudio clásico de Hollywood llamado Electro-Vox y luego en una hermosa mansión fuera de París llamada La Frette – dice que el nuevo sonido fue un proceso de aprendizaje. “Cada vez que hacíamos un disco, quería hacer algo totalmente original, como un beat que nadie había pensado antes”, cuenta el baterista. “Esta vez me calmé un poco y me di cuenta que no es sobre mí, es sobre las canciones”. Cuando le pregunto a Turner si cree que el cambio, alejarse de los grandes riffs, es un gesto de “váyanse a la mierda” dirigido a las expectativas de los fanáticos, hace una mueca. “Tal vez hay un momento y un lugar para ese riff de guitarra y el váyanse a la mierda”.

No es que Turner estuviera pensando sobre la reacción del público. Tal vez lo que mejor captura lo profundo que cayó en su propio agujero, es el modelo que empezó a construir a mano de la portada del disco. Empezó con un borrador de un hexágono (para representar el sexto disco) y desde ahí creció gracias a la influencia de arquitectos como Eero Saarinen y John Lautner. Por dos meses, dice, “Estuve yendo a una tienda arte muy seguido”, comprando cartulinas para dibujar, cortándolas y haciendo diferentes figuras. “Eso me consumió. Lo llamaba el modelo del lobby, como una idea de esas cosas que están en los lobbies de los edificios que representan. Ese loopme llama la atención, como en El resplandor y el pequeño laberinto de la entrada. Él está mirando y después empieza a ver gente ahí”.

La referencia a El resplandor lleva a una pregunta obvia: ¿Quién creía que Turner estaba volviéndose loco mientras perseguía estas solitarias obsesiones? Su novia, la modelo Taylor Bagley, apoyó sus locuras de medianoche, dice él, al igual que su mascota Scoot. “El perro y yo estábamos ahí todo el día”, comenta Turner y ríe. “Y tampoco me decía que estaba loco”.


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