Badlands: Una épica distópica de Kung-Fu

POR ROB SHEFFIELD | 09 Mar de 2017

<p><b>Foto: James Minchin III/AMC</b></p>

Foto: James Minchin III/AMC


Kung-fu y el western: siempre una combinación invencible. Into the Badlands, el thriller posapocalíptico de artes marciales, tiene un arranque explosivo: el misterioso Daniel Wu anda en su moto con un abrigo de cuero rojo, lentes oscuros y una espada. Antes de pelear, se quita la espada porque prefiere resolver sus peleas con los puños. Muchos cadáveres después, alguien finalmente logra preguntarle quién carajos es: “¿Tienes nombre? ¿Solo apareces, matas gente y te vas?”.

El nombre de este tipo es Sunny, y es un clipper —un asesino professional con más de 400 tatuajes para marcar su conteo de cadáveres—. Vagamente inspirado en una historia del siglo XVI, Journey to the West, sobre las aventuras de un errante monje budista, Badlands conjura el fantasma de Kung Fu, el clásico setentero con David Carradine deambulando por el salvaje oeste buscando iluminación y pateando traseros. Métanle un poco de intriga tipo Game of Thrones y la onda sombría de Walking Dead y obtienen Badlands.

Los últimos remanentes de la civilización conocida son controlados por barones malvados como el maestro de Sunny Quinn, el maravilloso Marton Scokas. El barón gobierna su imperio de opio mientras toca discos viejos de blues en la vitrola de su mansión. “La gente pensaba que había un libro sagrado”, dice el barón en su discurso. “Creían que tenía las respuestas de un dios que los salvaría. Muchachos, no hay dios en Badlands”. Sunny es su justiciero más sanguinario. Cuando una mujer en su lecho ronronea: “Sé que enterrado bajo toda esta tinta hay un buen hombre”, Sunny solo murmura: “Te equivocas”. Pero está comenzando a preguntarse si hay una mejor forma de ser alguien más. Y en Into the Badlands, la única pregunta es a quién tendrá que matar para llegar allá.

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