Chris Cornell 1964-2017

Él fue un dios del grunge y uno de los cantantes más poderosos del rock. A través de las canciones canalizó su lado oscuro, hasta que finalmente se llevó lo mejor de él

POR DAVID FRICKE | 30 May de 2017


La última vez que Serj Tankian vio a Chris Cornell todo parecía estar bien. El 25 de marzo los dos amigos —Tankian, cantante de System of a Down, y Cornell, vocalista y guitarrista fundador de la banda pionera del grunge de Seattle, Soundgarden— estaban invitados a la gala de estrellas del cumpleaños 70 de Elton John en Los Ángeles. “Tuvimos una larga charla sentados juntos”, recuerda Tankian. Él y Cornell hablaron sobre componer para películas, y sobre la idea de Cornell para hacer conciertos con una orquesta. Tankian estaba a punto de salir en un tour con System of a Down, y le preguntó a Cornell si estaba cansado de las giras. “Para mí eso es divertido, pero no encuentro nada nuevo”, admite Tankian. Para Cornell “era lo contrario: ‘Estoy emocionado. Voy a hacer esta gira con Soundgarden. Tengo estas otras ideas’. Hombre, él tenía planes”.

Luego, el 12 de abril, Tankian y Cornell fueron a la alfombra roja de una premier en L.A. para The Promise, un drama histórico sobre el genocidio armenio. Ambos habían grabado música para la película. “Le estaba yendo bien, atendía a la prensa, daba una buena pelea por el proyecto”, dice Tankian. Cornell era “uno de esos tipos que trataba que todo el mundo se sintiera bien consigo mismo. Era generoso con su tiempo y sus emociones”.

Apenas un mes después, el 17 de mayo, Soundgarden —Cornell, el guitarrista Kim Thayil, el bajista Ben Shepherd y el baterista Matt Cameron— tocó ante 5 mil personas en el Fox Theatre de Detroit. Después del show, pasada la media noche, la policía atendió una llamada relacionada con un aparente suicidio en el MGM Grand Hotel. Encontraron a Cornell en el piso del baño de su habitación, con una banda de ejercicio alrededor de su cuello.

El cantante, de 52 años, fue declarado muerto allí mismo. En la noche del 18 de mayo, el médico examinador del condado de Wayne confirmó la muerte como un suicidio por ahorcamiento. La respuesta de Tankian ante las noticias fue de “incredulidad”, dijo 24 horas más tarde. “Pensé: ‘No es posible’”.

Ciertamente, no había señales de alerta el 19 de abril, cuando —en el Tonight Show— Cornell tocó The Promise junto a Cameron, una sección de cuerdas y el productor Brendan O’Brien en la guitarra. Era su canción para la película. Cornell y O’Brien habían trabajado en grabaciones desde mediados de los 90, cuando el productor mezcló Superunknown, el álbum multiplatino de Soundgarden de 1994. O’Brien produjo Higher Truth, el último disco en solitario de Cornell, en 2015, y había colaborado con él en las sesiones de un incipiente álbum de covers.

“No me pareció que hubiera algo diferente”, dice O’Brien, refiriéndose al estado de ánimo de Cornell durante el Tonight Show. “Sentí que la estaba pasando bien, tenía buena actitud”. O’Brien recuerda que su guitarra sonó demasiado fuerte aquella noche. “Al día siguiente le envié un e-mail: ‘Cantaste muy bien. Perdóname por haber sonado tan fuerte’. Y él respondió: ‘No hay problema. Te quiero. No te preocupes’”.

El guitarrista Tom Morello tocó junto a Cornell entre 2001 y 2007, cuando formaron Audioslave con el baterista Brad Wilk y el bajista Tim Commerford, la base instrumental de Rage Against the Machine. Morello vio a Cornell por última vez el 20 de enero, cuando Audioslave se reunió en L.A. en el concierto de protesta contra la posesión del presidente Trump.

Cornell estuvo “brillante” en el concierto, insiste Morello. “Estuvimos juntos después del show, nos reímos, nos tomamos fotos. Lo último que me dijo fue: ‘La pasé muy bien. Me encantaría hacerlo de nuevo, solo avísame’. Y yo dije ‘¡Claro!, ¡Vamos a organizarlo!’”.

“Es increíble”, dice Morello sobre la muerte de Cornell. “No entiendo la situación de su dolor, y todavía espero que esto haya sido un error”, como esperando que Cornell le mande un mensaje o lo llame para decir: “Estoy bien, lo siento. Fue un susto. Todo va a estar bien”.

A las 7:06 p. m. del 17 de mayo, llegando al show de Soundgarden en Detroit, Cornell envió un mensaje de júbilo en Twitter: “¡Finalmente volvemos a la Rock City! [recordando el clásico de KISS]”, con una foto de la marquesina del teatro y el nombre de Soundgarden en ella. Cuatro horas más tarde Cornell cerraba el show, como habitualmente lo hacía, finalizando Slaves & Bulldozers (del álbum Badmotorfinger, 1991) con una interpretación vocal impresionante de In My Time of Dying, de Led Zeppelin.

El resto del repertorio de 20 canciones recorrió el legado metalero y progresivo de Cornell junto a Soundgarden, desde la furia fundamental de su debut con Hunted Down, hasta King Animal, el regreso triunfal de la banda en 2012 tras un receso que duró más de una década. La banda también tocó casi la mitad de Superunknown, su disco más vendedor, con la aventura sicodélica, dolorosa e introspectiva de los éxitos Fell on Black Days y Black Hole Sun, el gran salto de Cornell como compositor.

El material grabado por los fans en ese concierto es inquietante, pero no resulta concluyente. En Detroit le habló al público moviéndose entre la gratitud y el simbolismo, incluyendo alguna extraña referencia a unas cruces que se quemaban en los jardines. Por momento, su voz —brillando con tensión dramática en sus aullidos de rock vintage, la melodía del blues, y una especie de dulzura amenazante— parecía quedarse en el ritmo, como arrastrándose tras la banda. Y en el final, Cornell golpeaba el aire triunfalmente, antes de dar la espalda al público y acercarse a los amplificadores de guitarra con Thayil, para desatar una tormenta de feedback incendiario.

Luego de firmar algunos autógrafos afuera del Fox Theatre, Cornell fue a la habitación del hotel, donde habló por teléfono con Vicky, su esposa. “Noté que arrastraba las palabras; estaba distinto”, dijo ella en una declaración del 19 de mayo. “Cuando me dijo que tal vez había tomado una o dos píldoras de Ativan de más, contacté a la gente de seguridad y les pedí que fueran a verlo”. El guardaespaldas de Soundgarden, Martin Kirsten, pateó la puerta de la habitación y del baño —ambas estaban aseguradas— y encontró a Cornell “con sangre saliendo de su boca y una banda de ejercicio roja alrededor de su cuello”, según el reporte policial.

Cornell tenía una receta para Ativan, un medicamento contra la ansiedad utilizado por adictos en recuperación. Sus efectos negativos, especialmente en dosis altas, incluyen mareos, cambios de ánimo, confusión e ideas suicidas. En una entrevista para ROLLING STONE en 1994, Cornell confesó haber sido “un consumidor diario de drogas a los 13 años”, y que había parado a los 14. Pero quedaron batallas posteriores con el alcohol y el uso excesivo de otras sustancias, que lo llevaron a internarse en rehabilitación por iniciativa propia en 2002. Tankian da testimonio de la sobriedad de Cornell en las semanas recientes: en la fiesta de Elton John, Cornell se unió al brindis con champaña, levantando la copa, pero no tomó.

Los demás integrantes de Soundgarden se negaron a hablar para esta historia. Al momento de imprimir esta edición no se conocía una autopsia completa ni un reporte toxicológico. Sin embargo, el 19 de mayo, Vicky Cornell y el abogado de la familia, Kirk Pasich, cuestionaron el veredicto del suicidio. “Chris pudo haber tomado más Ativan del que recomienda la dosis”, dijo Pasich. Pero Vicky dijo: “Yo sé que él amaba a nuestros hijos” —la pareja tenía una hija y un hijo, Toni y Christopher— y “él no les haría daño quitándose la vida intencionalmente”. Chris tenía otra hija, Lily, de un matrimonio previo con Susan Silver, exmánager de Soundgarden. Se divorciaron en 2004.

Hasta aquel miércoles en Detroit, Cornell era “el último tipo al que yo creía que podía pasarle eso”, dice el guitarrista Jerry Cantrell, de Alice In Chains, la banda de Seattle que perdió a su cantante Layne Staley por una sobredosis en 2002. “Esa no es la forma como el libro debía terminar. Y el libro tampoco iba de esa forma”.

En Seattle y mucho más allá, Cornell era un hombre ampliamente respetado: una especie de patriarca y sobreviviente del underground pregrunge de la ciudad en los 80 —él y Thayil empezaron Soundgarden como trío en 1984— y del turbulento éxito comercial tras el éxito de Nirvana con Nevermind. Dave Grohl recuerda haberse sorprendido por el contraste entre el aguerrido vanguardismo de Soundgarden y los modales calmados y suaves de Cornell fuera del escenario, cuando se conocieron en una fiesta en la casa de Krist Novoselic, bajista de Nirvana. “Ahí estaba un montón de gente de la escena de Seattle”, dice Grohl, “y Chris parecía muy tranquilo y gentil en medio del resto de maniáticos”.

Soundgarden, estos héroes de Seattle plantaron la bandera antes que Nirvana, Alice In Chains o Pearl Jam. Nada volvió a ser igual. Crédito: PRENSA SOUNDGARDEN
Soundgarden, estos héroes de Seattle plantaron la bandera antes que Nirvana, Alice In Chains o Pearl Jam. Nada volvió a ser igual. Crédito: PRENSA SOUNDGARDEN


Cornell era sincero y valiente al componer, enfocándose en las dolorosas lecciones aprendidas tras las pérdidas que lo golpearon a él y a su ciudad. En marzo de 1990 Andrew Wood, cantante de Mother Love bone y antiguo roommate de Cornell, murió por una sobredosis de heroína. Por mucho tiempo su muerte persiguió a Cornell, quien no tardó en componer un par de grandiosas canciones en homenaje a Wood, Say Hello 2 Heaven y Reach Down, que se convirtieron en la piedra angular de Temple of the Dog, de 1991, una exitosa colaboración con los entonces desconocidos miembros de Pearl Jam.

Wood también apareció en Like Suicide, una canción de Superunknown que creció en relevancia sanadora tras el suicidio de Kurt Cobain en 1994, un mes después del lanzamiento de ese álbum. “Las posibilidades emocionales [del disco] eran entonces realidades emocionales”, dijo Cornell en 2013, dando una mirada a su propia lucha interior en los sentimientos de canciones como Let Me Down y Limo Wreck. Dijo que Like Suicide hablaba “sobre todas esas hermosas vidas que —con el doble del brillo y la mitad de la duración— se estrellan contra las paredes”. Y continuó: “Después de los funerales nos sentimos bien por haber sido capaces de levantarnos al día siguiente”. Cornell era muy abierto en las entrevistas, como en sus letras, para hablar del brillo que hay en los abismos.

Alguna vez dijo que parte de eso se debía a “haber crecido en el noroeste; siempre te mueves entre lo perturbador de la vida diaria y la belleza natural que te rodea todo el tiempo”. En una sorprendente charla de 1999 con ROLLING STONE, Cornell admitió que desde niño tenía la costumbre de abrir las ventanas e imaginar cómo sería saltar desde allí. “Pero nunca lo tomé en serio”, añadió inmediatamente.

“Siempre sentí que Chris tenía un espacio solitario en el que se refugiaba creativamente”, dice Cameron Crowe, el director de cine y veterano escritor de ROLLING STONE que dio a Cornell un cameo interpretándose a sí mismo en Singles, la comedia romántica escenificada en la naciente escena de Seattle. “A veces se reía de todo eso del dios del rock, como en [la canción de Soundgarden] Big Dumb Sex. Tenía eso de ‘yo sé burlarme de esto’”.

“Nunca pensé que Chris —teniendo en cuenta su familia, su calidez, su humor y la emotividad con que hablaba de su vida en privado— pudiera caer del todo en su lado más oscuro”, dice Crowe. “Pensé que él accedía a ese aspecto, escribía sobre eso y se burlaba muy bien”.

Con su esposa y sus hijos, en abril.crédito: Nicholas Hunt/Getty
Con su esposa y sus hijos, en abril. Crédito: Nicholas Hunt/Getty

Tankian señala que The Promise, la última canción lanzada antes de su muerte, “habla sobre sobrevivir y luchar… he visto gente en muy malas condiciones. Deseas que puedan encontrar un camino hacia la luz y estar en paz consigo mismos”. Tankian asegura que Cornell “no era un tipo así; era gracioso, permanecía en la luz”. Hasta la noche de Detroit.

Cornell nació como Christopher John Boyle, el 20 de julio de 1964, en Seattle. Era el cuarto de seis hermanos. Su padre, Ed, fue un farmaceuta, y su madre, Karen, era contadora. Chris se retiró de la escuela a los 14 años, tras el divorcio de sus padres (Cornell es el apellido de soltera de su madre), y trabajó como cocinero en una bodega de pescados y mariscos. Buscó la música como liberación, empezando con la batería a los 16. Su banda favorita eran los Beatles; más tarde describiría la diversidad de texturas y dinámicas de Superunknown como “el periodo ‘white album’ de Soundgarden”.

A comienzos de los 80 tocaba en una banda de covers, The Shemps, que en ocasiones incluía a Thayil y a Hiro Yamamoto, bajista fundador de Soundgarden.

“Cuando conocí a Chris”, dijo Thayil en 1992, “mi primera impresión era que era como un tipo de la Marina o algo así. Tenía el pelo muy corto y se vestía muy correctamente”. También tenía una “gran voz”. En 1984 los tres empezaron la banda, acuñando una mezcla única de heavy metal con el hardcore hipersurrealista de bandas como Minutemen y Meat Puppets, más el existencialista post-punk británico de Wire y Joy Division. Sheperd, que entró como bajista en 1990, ya era un fan; vio el segundo concierto del trío original, abriendo para Hüsker Dü. “No tocaban el punk rock habitual”, dijo en 2013. “Y tampoco eran heavy metal, así trataban de etiquetarlos porque tenían el pelo largo. Para mí, era música con tonos negros y azules, matizada con relámpagos”. Cameron se unió en 1986, luego de que Cornell —que también tocaba guitarra y se consolidaba como compositor principal— se convirtiera en el frontman de tiempo completo.

“Soundgarden tomó el rock guitarrero y lo hizo inteligente”, dice Morello, recordando el profundo impacto que la banda tuvo en la dirección inicial de Rage Against the Machine. “La inteligencia oscura y poética de Cornell no era habitual en el heavy metal”.

Grohl recuerda claramente la primera vez que vio a Soundgarden en vivo, antes de irse a Seattle, en un club de Baltimore en 1990. “Era como si todos nuestros sueños del punk y el rock clásico se hicieran realidad juntos”, dice. “Todo el mundo en Washington seguía a Soundgarden como a una fuerza de la naturaleza”.

Soundgarden fue la primera banda que lanzó un sencillo con el icónico sello Sub Pop, y la primera de Seattle en conseguir un contrato con una disquera grande. Cantrell dice que era “un faro guía” para las bandas locales que empezaban. “Nuestra ciudad no es tan grande. Todo el mundo miraba lo que ellos hacían, y era inspirador”. En una época Soundgarden y Alice in Chains compartieron su empresa de management. “Nos prestábamos dinero para poder salir de gira”, explica Cantrell. “El mismo tipo nos hacía las camisetas. Era una cosa íntima”.

Cornell en particular representaba “un lazo fuerte que unía a todo el mundo; siempre fue muy honesto, desde que lo conocí”, dice Cantrell. “Yo compartía un montón de los problemas que Chris comunicaba” en sus composiciones. “Y hay mucho poder al compartir tus debilidades con quienes necesitan oír eso, ellos sienten: ‘Mierda, ese tipo está enfrentando esto’. Así no te sientes tan solo”.

“El arte grande surge de la generosidad”, dijo el año pasado Stone Gossard, guitarrista de Pearl Jam, recordando el origen de Temple of the Dog. Gossard y el bajista Jeff Ament, que tocaban en Mother Love Bone, estaban devastados por la muerte de Wood. Cornell compuso las canciones de Temple of the Dog “con el sentimiento más puro que puedas encontrar”, continuó Gossard. “Y entonces nos buscó para hacernos entrar”.

Gossard, Ament y el guitarrista de PJ, Mike McCready, se convirtieron en la banda de Cornell para Temple of the Dog, junto a Matt Cameron, baterista de Soundgarden. Cornell también se interesó de forma fraternal en el nuevo cantante de PJ, Eddie Vedder, recién llegado a Seattle. “Ed era muy tímido entonces, apenas lo estábamos conociendo”, dijo McCready en 2016. En una sesión Cornell trajo una nueva canción llamada Hunger Strike.

Mientras revisaban el arreglo, Vedder entró y empezó a hacer la parte baja de las voces, contrastando con los gritos altos de Cornell.

“De repente fue una canción de verdad”, señaló Cornell más tarde. Hunger Strike se convitrió en el sencillo de lanzamiento para Temple of the Dog, y la primera vez que Vedder grabó en un disco. “El corazón de Chris fue muy grande al permitirle hacerlo”, dijo McCready.

Soundgarden se separó en 1997 por tensiones internas y problemas privados; Cameron se unió a Pearl Jam. Cornell reconoció luego que estaba bebiendo mucho “para afrontar las cosas personales” (su primer matrimonio se disolvía amargamente), y era un “pionero” —según dijo arrepentido— en el uso excesivo de OxyContin.

“Esa fue la parte más difícil de mi vida, tuve suerte al superarla”, dijo en 2009. “No estoy seguro de que fuera lo mejor para mí”, añadió al referirse a la rehabilitación. “Pero funcionó”.

“Me pasé la última semana y media en una habitación sin ventanas, solo haciendo demos para Soundgarden”, me contó durante una entrevista para Rolling Stone en agosto de 2015. “Nos íbamos a reunir para pasar una semana juntos. Al final todos teníamos un montón de material para trabajar”.

En ese mes, Cornell también estaba preparando el lanzamiento de su quinto disco como solista, Higher Truth, y algunos conciertos para la última parte de su tour Songbook en solitario con material nuevo, éxitos, covers sorpresivos y algunas historias tranquilas.

“Ahora como que entiendo a Neil Young”, admite. “Sale de gira con Crazy Horse, luego con Booker T. and the MG’s. Después sale solo con siete guitarras. Ahora tiene sentido para mí. No trata de entender quién es”. Young es todas esas cosas. “Y todas esas cosas son lo que soy”, dijo Cornell.

Thayil confirmó a ROLLING STONE que estaban abriéndose paso hacia un nuevo álbum de estudio, estando de gira, sacando productos de archivo y ediciones expandidas de Badmotorfinger (1991) y Ultramega OK (1988), que salieron recientemente. Cornell, por su cuenta, había empezado a grabar su disco de covers con O’Brien.

Paul Buckmaster, que creó el arreglo de cuerdas para The Promise, dice que Cornell había estado “grandioso en el estudio”, “totalmente fascinado” con la idea de grabar con una orquesta. “Nunca había hecho algo así antes”. Buckmaster revela que las sesiones para la canción de la película salieron tan bien, que “incluso se habló de hacer orquestaciones” sobre material de Soundgarden para shows en vivo, posiblemente con la banda.

En los últimos años Cornell “parecía comprometido con la misión de trabajar todo el tiempo”, dice O’Brien. “Y me refiero a todo el tiempo. Siempre estaba haciendo algo, muchas cosas diferentes. Chris era un tipo al que le gustaba estar en lo suyo. Le gustaba que la gente lo viera así”.


También hubo desaciertos. Scream, el disco de 2009, hecho con el productor de hip hop Timbaland, fue su primer álbum en el Top 10 como solista, pero fue masacrado por la prensa, y algunos colegas. “Ver a Chris hacer ese disco fue un golpe para mí”, dice Trent Reznor de Nine Inch Nails. “Pensé: ‘Él está por encima de eso. Es uno de los mejores cantantes de nuestra era’”.

Reznor criticó a Cornell en Twitter: “Inmediatamente me arrepetí”, dice. Cinco años después, NIN y Soundgarden hicieron un tour conjunto, Reznor escribió un mail a Cornell disculpándose por la salida en falso. “Fue muy generoso con eso. ‘Es el pasado, a la mierda. Vamos adelante’. El Chris que conocí en la gira era un caballero. Tenía sus cosas bajo control”.

Cornell vivió en varios momentos en Los Ángeles, París y Miami. Pero siempre tuvo tiempo para Seattle. En enero de 2015 se unió a un pequeño ejército de héroes locales —incluyendo al bajista de GN’R, Duff McKagan, y miembros de PJ— en el Benaroya Hall para un show tributo a Mad Season (la banda de los 90 liderada por Layne Staley y Mike McCready). Cornell personalmente le pidió al baterista de Alice In Chains, Sean Kinney, que participara.

“No pensaba que yo pudiera manejarlo”, dice Kinney al referirse a la tristeza por la muerte de Staley. “Pero Chris me animó a hacerlo. Incluso le di duro al bongó”, dice sonriendo. “Fue algo hermoso. Me dijo cómo lo estaba enfrentando él, lo difícil que era. Y le dije: ‘A Layne le habría encantado todo eso’”.

“Tengo mucha experiencia con lo que está ocurriendo”, dice Kinney sobre la muerte de Cornell. “Cada rato escriben sobre tu banda y dicen siempre ‘X murió’. Yo solo voy a la música y a lo que ha quedado. Tenemos suerte de contar con eso”.

“Habrá gente que quiera crear mitos con esto de la ‘maldición del grunge””, dice Tankian. “Yo no lo haría”. Cornell “tenía 52 años. Atravesó la parte más difícil de lo que le hacía sufrir en su vida, en su juventud y después”.

Cornell conserva su estatus de símbolo sexual. Acá lo vemos luciendo algún rastro del glam ochentero. Crédito: PRENSA SOUNDGARDEN
Cornell conserva su estatus de símbolo sexual. Acá lo vemos luciendo algún rastro del glam ochentero. Crédito: PRENSA SOUNDGARDEN


“Era abierto con su vulnerabilidad”, señala Crowe. “Y sentía orgullo al haber atravesado tiempos difíciles. Nunca tuve una conversación con él en la que se declarara perdido. Siempre decía: ‘Tuve un periodo difícil, pero ahora me estoy divirtiendo’”.

“Siempre tuvo esa misma cosa que vi en Layne desde la primera vez; el compromiso para empezar la aventura”, dice Cantrell. “Había algo que yo identificaba y quería tener; tener una voz y un sonido. Nadie sonaba como ese tipo. Nadie lo logrará”.

“Hay un espacio que siempre estará vacío por eso”, asegura Cantrell tras la muerte de Cornell. “Nunca tendrá sentido. Nunca se sentirá bien. Y siempre nos va a doler”.

RELACIONADOS

Mira la última presentación de Chris Cornell con Soundgarden horas antes de su muerte
Vér
Chris Cornell, cantante de Soundgarden, muere a los 52 años
Vér
Así reaccionan algunos músicos ante la muerte de Chris Cornell
Vér
Chris Cornell: 15 canciones esenciales
Vér

Deja tu opinión sobre el articulo: