Colombia en 1967. ¿Qué tanto hemos cambiado?

Hace medio siglo, cuando nacía Rolling Stone, Colombia se sacudía parcialmente de una mentalidad conservadora, mojigata y rural para abrazar nuevas ideas. 1967 fue para el país un año de despertar

POR JUAN URIBE | 11 Apr de 2017

<p>Mario Moreno “Cantinflas” ya era toda una estrella del cine latinoamericano.</p>

Mario Moreno “Cantinflas” ya era toda una estrella del cine latinoamericano.


50 años atrás Colombia estaba sacudiéndose. Además de un temblor con epicentro en Campoalegre (Huila) que causó 83 muertos y 174 millones de pesos en pérdidas, se sentían movimientos de diversos orígenes que provocaban remezones en las estructuras sociales del país.

Una especie de Renacimiento se manifestaba en marchas de melenudos y minifaldas; en la rebeldía de la música de grupos como Los Yetis y en el inconformismo de los nadaístas que, encabezados por el escritor Gonzalo Arango, luchaban contra “los moralismos y los esteticismos tradicionales”.

Arango, justamente, había escrito la letra de Llegaron los peluqueros, uno de los éxitos más recordados de Los Yetis. La canción —que comenzaba: “La patria está en peligro, el decoro de la patria está en peligro; yo no tengo patria, yo no tengo nada”— era una forma de protestar por las medidas que se habían impuesto en Medellín, ciudad de tradición conservadora y religiosa, contra los jóvenes que anduvieran por las calles con el pelo largo: quien fuera sorprendido con su melena al viento era llevado a un calabozo para que lo motilaran.

En este escenario de jóvenes melenudos y muchachas ataviadas con minifalda que se contorsionaban a los ritmos del a go-go y el yé-yé, comenzaron a surgir en el país temas controvertidos para la época —algunos lo son todavía en ciertos sectores—, como la planificación familiar, la paternidad responsable, la reforma agraria, la igualdad de los derechos de la mujer y el divorcio. La confrontación era inevitable entre los esquemas tradicionales de poder y las nuevas fuerzas que pretendían cambiar el status quo.

En 1967 era asesinado en Bolivia el legendario líder guerrillero Ernesto “Che” Guevara. El conteo de víctimas fatales aumentaba vertiginosamente en la guerra de Vietnam y en Argentina se publicaba la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Entretanto, en Colombia, mientras el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo impulsaba la Reforma Agraria con el fin de ampliar las facultades del Insituto Colombiano de la Reforma Agraria (Incora) y avanzar en los programas sociales a favor de los campesinos, irrumpía en la vida política nacional el Ejército Popular de Liberación (EPL) como brazo armado del Partido Comunista marxista-leninista.

Los Yetis, de Medellín, fueron una de las bandas fundamentales de la época.
Los Yetis, de Medellín, fueron una de las bandas fundamentales de la época.

La guerra entre el Gobierno y las Farc, que apenas medio siglo después se detendría, comenzaba a acaparar titulares de prensa en los que se anunciaba la condena a Manuel Marulanda Vélez o Pedro Antonio Marín, alias “Tirofijo”, a 24 años de prisión por haber emboscado a una patrulla militar en 1962. Se le había juzgado como reo ausente.

A pesar de las noticias frecuentes relacionadas con golpes a la subversión y con la implantación del sistema de recompensas en los departamentos de Quindío, Valle y Tolima para quienes informaran sobre la ubicación de los principales bandoleros de las Farc, el ministro de Justicia, Darío Echandía, afirmaba que el país marchaba entonces “irremediablemente” hacia el socialismo. Pero que a diferencia de lo que había sucedido con los comunistas, aquí la revolución se haría pacíficamente.

Echandía advertía que el problema de la violencia no era de tipo político, sino social, y aclaraba que solamente se remediaría con un gran programa que estuviera fundado sobre bases enteramente sociales. Aseguraba que era esencial una mejor repartición de la tierra para cumplir dos objetivos: que se creara más trabajo y que el campesinado se vinculara más decididamente a los programas de transformación nacional promulgados por el presidente Lleras.

La rebeldía de los melenudos era patente en la programación del Festival Nadaísta, en el que se proclamaba que habría “menos literatura y más locura y pánico”; bailes a-go-go en vez de recitales y striptease en lugar de exposiciones. “Cambiaremos la lira por la guitarra eléctrica”, decían.

Antes de los 50 y 60 tenías dos opciones: eras niño o eras adulto. La juventud no existía, no tenía voz ni voto. En esas décadas el mundo de los adultos abrió un espacio para que los jóvenes tuvieran sus propias vías de expresión y se convirtieran en un nuevo mercado al que podían vender millones de dólares en todo tipo de productos.

En 1967 sonaban canciones de Los Yetis y de otras bandas pioneras del rock colombiano como Los Flippers y Los Speakers. También nacía la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Édgar Negret ganaba el primer premio a las Artes Plásticas en el XIX Salón Nacional de Artistas, y entre las máximas aspiraciones de los jóvenes de la época estaba asistir a una fiesta en la que tocara alguna de las dos orquestas más famosas de la historia de Colombia: la de Pacho Galán o la de Lucho Bermúdez.

La obra maestra fue publicada por primera vez el mismo año en el que nació ROLLING STONE.
La obra maestra fue publicada por primera vez el mismo año en el que nació ROLLING STONE.

Esa brisa de ideas nuevas refrescaba el ámbito de lo público. Una noticia del periódico El Tiempo reseñaba la polémica que había causado en Risaralda la decisión del gobernador del departamento, Cástor Jaramillo Arrubla —descrito en el artículo como un hombre “de 54 años, casado, padre de cuatro hijos, católico, apostólico y romano”—, de no vetar el uso de la minifalda en las dependencias de la Gobernación.

Tras la noticia, el diario daba cuenta del reclamo telefónico hecho por una lectora: “Como no hay bonito sin un pero, el magnífico gobernador que tenemos nos resultó a-go-go. Ahora solo falta que se deje crecer la melena y salga de mocasines y chaqueta roja. ¿Adónde hemos llegado? ¡Dios mío!”.

También en línea con esta señora que percibía en los cambios una amenaza a las tradiciones, la Iglesia colombiana reafirmaba su posición frente a cualquier posibilidad de matrimonio civil obligatorio y se pronunciaba en contra del divorcio, calificándolo de inadmisible.

“Los Estados que toleran en sus legislaciones el divorcio, lo hacen a sabiendas de que es un mal que desvaloriza toda la institución matrimonial, que es perjudicial a la buena marcha de la familia, a la educación de los hijos y al bien común”, afirmaba monseñor Aníbal Muñoz Duque, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Sin embargo, en el mundo ya se había inventado la píldora anticonceptiva y fenómenos como la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y los movimientos en contra de la guerra de Vietnam se habían propagado gracias a la televisión. Era inevitable que la ola de cambios llegara a Colombia.

Incluso la Iglesia buscaba adaptarse a los nuevos tiempos y el mismo monseñor Muñoz Duque les comunicaba en 1967 a los párrocos del país que la misa, parte de la cual venía diciéndose en latín, se diría a partir de entonces completamente en castellano.

En todo caso la religión seguía siendo protagonista de decisiones trascendentales que afectaban a la población. Por eso el director de la división de estudios de población de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina, el doctor Mario Jaramillo Gómez, había tenido que afirmar públicamente que la campaña de planificación que adelantaba el Gobierno no buscaba oponerse a las buenas costumbres: “No es concebible que una tarea de investigación auspiciada por el Gobierno y por siete facultades de medicina del país y dos de los Estados Unidos pueda abrigar propósitos inmorales”.

A pesar de las dificultades, el tránsito de una sociedad rural y conservadora hacia una que empezaba a enarbolar ideas de avanzada se manifestaba en 1967 en noticias como el inicio del trámite en el Congreso de un proyecto de paternidad responsable y la creación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

En los avisos de El Tiempo había espacio para anunciar las películas “recién estrenadas”, entre ellas La novicia rebelde, con Julie Andrews; Cleopatra, protagonizada por Elizabeth Taylor y Richard Burton; Sube y baja, de Cantinflas; y la programación de televisión incluía a El Club del Clan y Destino la ciudad.

Llamaba especialmente la atención la publicidad de Conception Days Indicator, un aparato de precisión importado de Suiza que calculaba los días fértiles de cada mes. Estaba “basado en el método más seguro, más científico, más natural” y había sido “aprobado por las autoridades religiosas”.

Hace cinco décadas eran aprobados en el Senado 13 artículos de la Reforma Constitucional (nueve sobre hacienda y cuatro acerca de intervención y planeación) que se materializaría un año más tarde. Simultáneamente Colombia se consagraba una vez más al Sagrado Corazón de Jesús, al cumplirse 65 años de haber sido declarado patrono de Colombia por el Congreso. A esta ceremonia, en el atrio del templo de El Voto Nacional, asistían el presidente Carlos Lleras Restrepo y el cardenal Luis Concha Córdoba, entre otros personajes.

La vieja población de Guatavita lentamente desaparecía para ser reemplazada por el embalse de Tominé; el estadio Nemesio Camacho El Campín se iluminaba por primera vez con luz artificial y se inauguraba el puerto salinero de Manaure, en La Guajira. De algún modo, el país que conocemos empezaba a construirse, a parecerse a lo que es ahora. También se creaban los departamentos de Risaralda, Quindío, Sucre y Cesar. Los deportes ya daban buenas noticias con el título suramericano de Víctor Mora en Argentina, en la prueba de 5 mil metros, y gracias al equipo colombiano de ciclismo que, con Álvaro Pachón en el primer puesto y Martín Emilio “Cochise” Rodríguez en el segundo, arrasaba en la Vuelta de la Juventud Mexicana.

El papel de la mujer empezaba a cambiar. El país se abría poco a poco al mundo, las guerrillas que hoy empiezan su regreso a la vida civil se instalaban en el monte, la Iglesia mantenía esa extraña relación con el poder… Mientras en los Estados Unidos de 1967 nacía Rolling Stone, Colombia comenzaba a sacudirse y hoy seguimos sintiendo las réplicas.

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