Cómo la scooter se volvió el deporte extremo de los millennial

Aunque las scooters han sido despreciadas por la comunidad del skate, ¿podrá una nueva generación darle legitimidad al deporte?

POR DAN GENTILE | 12 Jan de 2018

<p>Las scooters nacieron como un juguete para niños, pero la imagen cambió cuando Razor lanzó el popular modelo “Pro” en el año 2000. Drew Anthony Smith</p>

Las scooters nacieron como un juguete para niños, pero la imagen cambió cuando Razor lanzó el popular modelo “Pro” en el año 2000. Drew Anthony Smith


La gente está en los andenes del centro de Chicago grabando videos, los conductores pitan desesperados y la policía no sabe qué hacer. No todos los días 300 jóvenes que montan scooter se toman las calles, ignorando los semáforos en rojo y convirtiendo un muelle en un estadio, lo que indigna al dueño de un local.

Es un street jam. Cuando patinadores de todo el mundo se reúnen en una ciudad, hacen trucos y causan el mismo caos que suele estar asociado a los skaters. Para los que vivieron el boom de las scooter a principios de los 2000, es difícil verlas como algo más que una moda pasajera, y mucho menos como un símbolo de rebelión, pero ese estereotipo no existe para las generaciones más jóvenes. 18 años después del lanzamiento de la primera Razor, las scooters han crecido y han generado una subcultura millennial con el mismo espíritu disruptivo que el skate. Y según muchos, ya ha pasado la popularidad de la tabla.

“Cada vez veo menos skaters”, dice Devin Szydlowski de 17 años, quien monta scooter semi-profesional y que viajó en agosto desde San Luis Obispo, California para el Chicago Jam, uno de los más grandes de Estados Unidos. “Depende del parque, pero somos la mayoría. Hay más gente montando scooter que skate. Estamos enfocándonos en niños pequeños, mientras que el skateboarding se enfoca en niños más grandes”. Según un estudio en Statista.com organizado por la fundación Outdoor, el número de skaters en Estados Unido pasó de 10,1 millones a 6,4 entre 2006 y 2016, con una disminución significativa en personas entre seis y 17 años.

“Es inmenso en otros países”, cuenta Logan Fuller, de 25 años, que con sus jeans holgados y rotos parece salido de una edición noventera de la revista Thrasher. Es uno de los más conocidos en el jam y puede raspar una baranda de 22 escalones. Fuller vive en Maryland pero básicamente se la pasa viajando de un evento a otro, apoyado económicamente por sus patrocinadores y ganando concursos. “Acabo de ir a Rusia y Francia para un jam callejero. Allá es una locura, había unas mil personas”, cuenta.

Empezando en el Grant Park Skate Park, los participantes del Chicago Jam (la mayoría parecen menores de 18 años) patinan hasta el centro, parando para raspar por barandas y dando vueltas a sus scooters por encima de sus cabezas como si fueran helicópteros. Al igual que con el skate, las probabilidades de caer bien después de un truco son más bien bajas y las de golpearse con una baranda son altas.

El evento es totalmente improvisado, no hay permisos y en Internet solo se encuentra en redes sociales. Históricamente, fue organizado por un fabricante de scooters, pero este año creció tanto que era imposible que una compañía se hiciera responsable si llegaba la policía. Ni siquiera hay una ruta para seguir, los organizadores dirigen la multitud con un megáfono.

Se gana plata con los mejores trucos, algo muy importante teniendo en cuenta que los mejores recorren el país por meses. Pero lo más importante es la oportunidad de aparecer en Instagram. Después del jam, se reúnen en una bodega para ver el estreno de una película sobre scooters, comprar afiches o stickers y poguear en un concierto de KZ, el rapero de Atlanta, cuya cuenta en Instagram tiene la misma cantidad de fotos en el estudio que montando scooter. Hay un espíritu rebelde en la reunión y la mitad de los jóvenes parecen ser el tipo de estudiante que fuma a escondidas entre clases, pero suerte si pides un encendedor. Después de todo, esta es la generación de los vaporizadores.

Las raíces del skate están en la subcultura del surf en los 60, pero las scooters nacieron como un juguete para niños. La imagen cambió cuando Razor lanzó el popular modelo “Pro” en el año 2000. El fundador era el dueño de una compañía de juguetes y vio que las scooters se habían puesto de moda como un medio de transporte entre los hombres de negocios en Japón. Vendieron un millón de unidades mensuales en los primeros seis meses.

En Razor no tardaron en darse cuenta que las scooters podrían volverse un nuevo deporte extremo y empezaron a invertir para crear una comunidad. En 2001 ofrecieron un premio de mil dólares a la primera persona que hiciera un backflip y crearon el primer equipo de patinadores.

“Empezamos a hacer competiciones locales y luego la gira nacional”, cuenta Ali Kermani, un skater que ayudó a Razor en su programa de deportes extremos. “Íbamos a todos los parques de skate donde había una escena fuerte de scooters, como el Incline Club en Nueva Jersey o el Skate Barn West en Washington. Luego empezaron a hacerse los primeros street jams en Nueva York”.

Aunque el deporte no es reconocido por los X-Games y no hay una figura como Tony Hawk, los deportistas están innovando a un ritmo sin precedentes. El truco que rompió todos los esquemas en la historia del skate fue el 900 de Hawk en los X-Games de 1999, el resultado de casi 50 años de progreso. KC Corning lo hizo en una scooter en 2004, mostrando lo rápido que avanza el deporte.

“El scootering es el primer deporte que se ha desarrollado a través de Internet, así que pudimos construir toda una industria en pocos años”, dice Andrew Broussard, considerado el padrino del scootering. Hizo su primer tailwhip el 4 de julio de 2001 y quedó enganchado. Mientras estaba en bachillerato, lanzó Scooter Resource, un foro que se convertiría, en la próxima década, en el lugar donde la comunidad guardaba todo. Broussard también empezó a hacer sus propias scooters, enfocándose en que tuvieran más resistencia. En 2006 tenía el mismo nombre que el foro y en 2008 se convirtió en Proto Scooters. La compañía duplicó sus ganancias por seis años seguidos, desacelerando su crecimiento cuando otras empresas entraron al mercado.

Existe una grieta entre las marcas de “parque” y las de “calle”. Los patinadores de calle prefieren compañías dirigidas por otros deportistas, como Proto y TSI, u operaciones corporativas como Fuzion. Como las scooters son armadas por partes, se ha creado un mercado de componentes gracias a compañías como River Wheel Co. y Tilt, que produce ruedas prácticamente indestructibles, decks, forks y hasta los clamps que unen la tabla con el manillar. Un profesional puede invertir hasta 700 dólares, una gran diferencia al compararla con los primeros modelos.

Un patinador raspa una baranda en Grant Park, Chicago.
Un patinador raspa una baranda en Grant Park, Chicago.


El léxico de trucos creció y todo ha sido guardado en Scooter Resource, donde cada pionero de cada truco tiene su crédito. Como una scooter tiene un manubrio como una bicicleta y una tabla como un skate, es un híbrido que puede incorporar trucos de ambas disciplinas con una curva de aprendizaje mucho más rápida, lo que ha facilitado su crecimiento entre los jóvenes.

“Cuando empiezas a montar skate, no puedes hacer un ollie de una, tienes que practicar por seis meses”, dice Szydlowski. “En una scooter, aprendes un bunny hop en un día. O una hora”.

Los patinadores de hoy encuentran nuevos trucos y se inspiran gracias a YouTube. Es el resultado de celebridades underground en el mundo de la scooter como los Funk Bros (Corey y Capron Funk), que están lejos de tener un nombre comercial, pero que cuentan con 3,5 millones de suscriptores. Todavía montan scooter en sus videos, pero son conocidos principalmente por sus bromas al estilo Jackass (aunque aterricen frontflips triples). Ryan Williams, que monta scooter y BMX, tiene 950 mil seguidores en Instagram. Pero, a pesar de toda la gente que los conoce, su popularidad no se nota por fuera de las redes sociales.

Lo mismo sucede con el resto de la comunidad: casi todo pasa en Instagram o Facebook. Según Tommy Daddono, uno de los organizadores del Chicago Jam y fundador de Outset Select, su evento es uno de los street jams más populares del mundo, pero solo se podía encontrar en Google una semana después de haberse realizado.

Como montar scooter profesional es muy caro, la mayoría vienen de familias adineradas, pero en la escena se siente el espíritu de hazlo tú mismo (DIY). Se visten como skaters grunge y con un toque de sarcasmo de Internet. Un joven en Chicago tenía una gorra que decía “Link in Bio”. Al igual que los skaters, usan jeans rotos y Vans sucios, pero se necesita más que ropa para convencer a los que crecieron durante el boom de Razor que las scooters son más que una moda. Aterrizar un backflip en un parque llama la atención, pero una mezcla de autorizaciones e inexperiencia, ha hecho que las scooter se vuelvan una especie de plaga para el skate, el BMX y el patinaje en línea.

“Hay un estigma”, confiesa Daddono. “Todos los skaters te van a decir que los que montan scooter no miran hacia donde van, andan al frente tuyo. Todavía no saben cómo portarse en un parque”. Algunos simplemente nunca aprenden, pero Broussard cree que es porque los chicos más grandes nunca les enseñan. “Los skaters se quejan, pero nunca van y les explican que lo que hacen es peligroso o que así no es como funcionan los parques”, comenta. “Pero si es un skater joven, van y le ayudan. Es una actitud hipócrita”.

Pioneros como Daddono, de 24 años, y Broussard, de 31, se pasaron a la scooter porque sentían que la credibilidad del skate murió con su éxito comercial. Ya no era algo rebelde comprar una tabla. Por su parte, los primeros que se animaron a montar scooter tenían que buscarlas a precios bajos en ventas de garaje, las llevaban a un parque y literalmente las destruían.

“El skate solía ir en contra del establecimiento, pero ahora si usas ropa de skater, estás a la moda”, dice Broussard. “Con las scooters empezó el punk rock. Las generaciones más viejas no podían comprar tablas o bicicletas de BMX, pero podíamos buscar scooters en la basura”. Y Szydlowski añade que los skaters buscan “sentirse mejor porque saben que, de alguna forma, su deporte está muriendo”.

Aunque eventos como el Chicago Jam están dirigidos a un público joven, los protagonistas son los chicos mayores. Mike Hohmann, de 22 años, es un buen candidato para ganar dinero en cualquier jam. Vive en Florida, pero ha pasado los últimos seis meses viajando por eventos en Estados Unidos. En mayo ganó cientos de dólares por raspar una baranda de nueve metros llamada The Green Monster en Austin y en Chicago hizo un backside 360 bar twist en Grant Park. Cuando se le acabe el dinero, regresará a Florida y ahorrará hasta poder pagar su próximo viaje.

“Lo que me encanta es la comunidad. No importa quién eres o qué eres, acá todos son hermanos”, dice Hohmann.

Hay muy pocas cosas por fuera de las redes sociales, pero en la escena existen historiadores. Dylan Kasson es uno de ellos, un profesional de Proto que ha fotografiado scooters por una década y que maneja un podcast llamado Tandem. Ha hecho varios libros de fotografías y está haciendo un estudio que espera publicar bajo el nombre The Scene.

“El scootering es tan nuevo que todavía está en esa etapa en la que hay mucho potencial sin grabar”, cuenta Kasson. “Los videos son lo más importante. Así es como se dan cuenta que se pueden hacer trucos nuevos”.

A medida que aumentan las investigaciones e historias del deporte, también crece la industria que lo rodea. Como pasó con el skate, compañías textiles como Sky High han ayudado a crear una subcultura. A la decimoprimera Scooter Con en San Diego asistieron 1.500 personas y en octubre Vault Scooters organizó el primer evento con invitación, llamado Sovereign of Street, que repartió 11 mil dólares en premios. Las scooters también son una gran parte de Nitro Circus, una gira internacional que se enfoca en rampas gigantescas (ahí fue donde Capron Funk hizo el primer frontflip triple).

Aunque es una industria en crecimiento, tal vez se está volviendo muy comercial para Broussard, quien teme que la popularidad dañe la actitud rebelde, lo mismo que pasó con el skate. “Los fundadores del scootering son muy diferentes a la generación actual”, comenta. “Montábamos después del boom de Razor, cuando ya no era moda. Era algo experimental. Ahora algunos niños pasan más tiempo poniéndole accesorios a sus scooters que montándolas”.

Sin embargo, en Chicago se podía ver rebeldía. Es difícil decir que 300 jóvenes montando scooter en contravía no es algo arriesgado. No solo estaban poniéndose en peligro a ellos mismos, pasando semáforos en rojo y saltando por escaleras, sino que también destruían propiedad pública y privada. Un adolescente subió a una pared de seis metros y, con una sonrisa pícara, saltó al techo de una camioneta.

“Al igual que en cualquier otro deporte, hay scootering rebelde, donde hay descontrol, no les importa una mierda y solo hacen cosas ilegales”, dice Szydlowski.

De todas formas, ni la policía parecía estar realmente preocupada por este grupo. El único altercado que hubo fue en un muro de tres metros junto a una calle llena de gente. Llegaron tantos jóvenes que pararon los carros y un oficial no les puso atención. Solo parecía estar sorprendido porque iban a intentar algo estúpido y les dijo que no se vayan a lastimar, un lujo que nunca tuvieron los skaters. Después de 10 minutos y algunos trucos peligrosos, llegó otro agente y terminaron con ese espectáculo. Los organizadores les agradecieron y fueron aplaudidos. Igual al final se escuchó a varios gritar “Fuck the police!” [¡A la mierda la policía!].

RELACIONADOS

Cómo la scooter se volvió el deporte extremo de los millennial
Vér

Deja tu opinión sobre el articulo: