¿Cómo nos va a ir en el Mundial Rusia 2018?

Extracto del libro De Rusia a Rusia: Nuestra Selección Colombia en seis mundiales, publicado en abril por Aguilar y Caracol Radio para contar la historia de la tricolor desde el épico 4-4 contra Rusia en Chile ‘62 hasta el sueño de 2018

POR IVÁN MEJÍA ÁLVAREZ | 12 Jun de 2018


Tras la pregunta del millón, la que nos hacen en todas partes, de tanto repetir el interrogatorio, la respuesta ya se ha vuelto también requeteconocida. Ese ¿cómo nos va a ir en el Mundial?, con el que saludan tantas personas, siempre lleva la misma respuesta: “Espero que al menos igual a como nos fue en Brasil”.

Colombia llega, como otras veces, con el optimismo de poder engranar en la fase previa a Rusia un equipo confiable, el que no se ha tenido durante meses, un equipo que dé seguridades y que vuelva a jugar bien al fútbol, porque, más allá de la ilusión patriota, de la emoción tricolor, el balance de la eliminatoria dejó demasiadas dudas en lo que se refiere a funcionamiento colectivo. No confundir: una cosa es jugar bonito dentro de la estética que se tiene en el país del juego bonito, paredes-toque corto-posesión-superioridades posicionales, y otra bien diferente es jugar bien, que significa equilibrio, manejo del concepto espacio-tiempo, defensa sólida y ataque contundente.

Durante la larga y extenuante eliminatoria hacia Rusia fueron pocos los momentos en los que la Selección dirigida por Pékerman llegó a conjugar los factores de jugar bien. Los dos partidos contra Ecuador, algunos pasajes en la ida contra Chile, raticos intermitentes que, a pesar de la calificación, siempre dejaron la semblanza de que se habían perdido elementos claves en el engranaje. Para resumir, se jugó mejor en el camino hacia Brasil que en esta ruta hacia Rusia.

A pesar de todo, el aficionado sigue creyendo que los 15 días de concentración previos al Mundial servirán al técnico para hacer los trabajos tácticos pertinentes, y que a la hora de la competición, la Selección se mostrará tan solvente —de no ocurrir imponderables de última hora, como lesiones o bajas por disposición táctica— como para repetir como mínimo el comportamiento que se tuvo en Brasil. El aficionado prefiere ignorar, mirar para un lado, hacerse el de la vista gorda y confiar: es la fe del carbonero.

Rivales similares

Para dimensionar las posibilidades colombianas de repetir la gesta de Brasil 2014 es menester analizar el grupo en el que quedó Colombia.

Polonia es más duro que Grecia. Los polacos tienen exponentes de buen nivel, mantuvieron una eliminatoria muy interesante y su técnico demostró ser lo suficientemente sagaz como para meter su equipo en los ocho primeros del ranking FIFA, a punta de no competir y resguardarse de resultados adversos contra rivales grandes que lo hubieran catapultado a puestos alejados de los ocho primeros, que significaban ser cabezas de grupo.

Polonia es el favorito del grupo, pero Colombia, en condiciones normales, debería pelearles a los polacos ese favoritismo. La estrella sigue siendo Lewandowski, el compañero de James en el Bayern, uno de los mejores atacantes punta del fútbol Mundial, un terrible artillero al que no se le puede brindar un centímetro porque ajusta cuentas.

Por historia, Senegal no es más que Costa de Marfil, un equipo que llegó a Brasil muy inflado, pero se vino rápidamente al piso. Tiene dos o tres buenos jugadores, entre los que destaca Sadio Mané, el delantero del Liverpool, rápido e incisivo en la búsqueda del gol.

Y Japón es el mismo equipo de Brasil. No hay noticias de la irrupción de estrellas orientales y sigue amparado en veteranos como Honda, un poco menos jóvenes e impetuosos.

Así pues, Colombia, en el papel, debería pelear el primer lugar del grupo frente a los polacos, y resultará clave el juego contra Senegal. No pueden darse sorpresas como la que tuvo el equipo nacional recientemente contra Corea del Sur, cuando fue superado en todos los sectores del campo.

El Mundial cobra cualquier despiste, las malas jornadas, los errores más insignificantes, y últimamente, en las planificaciones, el técnico no ha estado muy afortunado, así como tampoco ha tenido mucho tacto para elegir los titulares.

La nómina

Adivinar desde el mes de marzo la nómina que llevará Colombia al Mundial resulta atrevido y es una insensatez, porque en el camino pueden pasar muchas cosas. Pero si no hay emergencias físicas o apariciones de última hora, a las que Pékerman les huye, es posible dar 17 o 18 jugadores que constituyen el grupo base, lo que se llama los “hombres del riñón” del técnico, amparados por su confianza con el grupo, su entendimiento y fidelidad.

Son 20 jugadores de campo y tres porteros. Ospina y Camilo Vargas son fijos en el arco, y el otro cupo pueden disputarlo Cuadrado, Castellanos y David González.

Serán tres laterales, y si no aparece nada raro, ellos pueden ser Arias, Fabra, y el tercer cupo lo disputarán Lerma y Stefan Medina, tan resistido por la afición como querido por el cuerpo técnico, que lo aprecia como un polivalente. Dos derechos y un izquierdo, dado que Arias puede marcar en los dos costados, como ya lo hizo en la Copa América de Chile. Es difícil que lleguen Armero o Farid Díaz, quien perdió toda posibilidad.

Las dos parejas de centrales parecen fijas, y aunque algunos son suplentes y carecen de ritmo y de fútbol, es muy difícil que emerjan jugadores diferentes a Mina, Dávinson Sánchez, Zapata y Óscar Fabián Murillo. Dávinson y Murillo son titulares en el Tottenham y en Pachuca y están en pleno ritmo competitivo. Mina y Zapata no juegan en Barcelona y Milán, pero hacen parte del grupo de jugadores en los que el técnico confía.

Cuatro volantes de primera línea, con dos fijos, Carlos Sánchez y Abel Aguilar, y dos reemplazos, aparentemente Wilmar Barrios como volante neto de destrucción y Mateus Uribe como medio mixto, que también puede desempeñar otras funciones como externo por derecha y hasta por la izquierda, como lo utilizaron contra China.

En segunda línea, dentro del 4-2-3-1, que será el sistema madre en la parte táctica que ha montado Pékerman, son fijos James Rodríguez, Juan Cuadrado y Edwin Cardona. A partir de allí vienen las especulaciones: si llevan o no a Chara, si Teófilo tiene cabida, si el buen momento de Izquierdo en Inglaterra le abre una posibilidad, y si lo muy poquito que ha hecho Giovanni Moreno le da para ser incluido en la nómina definitiva. Pékerman debe decidir si lleva cuatro o elige cinco jugadores en la segunda línea de medios.

También hay competencia para definir los cuatro delanteros. Dos atacantes de área como Radamel y Bacca y dos por fuera como Borja y Teo, quedando Duván Zapata en lista de espera porque no parece correcto llevar tres delanteros centros del mismo corte. Y el otro que pide pista es Muriel, un poco relegado por el técnico en las últimas convocatorias, pero conocedor de la fibra íntima del combinado.

Como ven, no es difícil acertar en un 90 % la lista de seleccionados. Pékerman es reconocible en sus listados y tiene su grupo, y para poder entrar se requieren prestaciones superiores. Para el argentino, más vale bueno conocido que crack por conocer.

Finalmente, la respuesta sigue siendo la misma: es necesario que los astros estén alineados, que no pase nada extraño, que no se lesionen las estrellas y que se aprovechen los 15 días previos a la competición para poder repetir lo que se hizo en Brasil.

Con eso, ya estaríamos felices.

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