Confesiones neuróticas de un ídolo del pop

Shawn Mendes tiene tres álbumes en el Número Uno, millones de fans y un pelo increíble. Ojalá pudiera relajarse…

POR PATRICK DOYLE | 21 Mar de 2019

<p>Fotografía de Ruven Afanador</p>

Fotografía de Ruven Afanador


Hace unas noches, Shawn Mendes estaba en la habitación de su hotel viendo fotos de artistas del Top 40 con sus parejas en Internet –Dua Lipa con su novio; Justin Bieber con su prometida– y se puso un poco celoso. “Comencé a pensar que debería ser fotografiado junto a alguien, a creer que yo no era relevante”, recuerda el cantante. Pero descartó esa idea rápidamente. “Luego me dije: ‘Maldito idiota, ¿por qué piensas eso?’”.

Mendes piensa mucho en este tipo de cosas. Mientras crecía en un suburbio de Canadá, y poco después de aprender a tocar guitarra, se volvió famoso haciendo covers de seis segundos de canciones de Bieber y Ed Sheeran en la desaparecida aplicación Vine, en donde tuvo más de 500 millones de vistas. Hoy, es un galán de Hollywood con abdominales marcadas y una loción con su nombre.

Es fácil ser escéptico con su éxito; basta preguntarle a Mendes, quien se considera un “neurótico extremo” de 20 años, que pasa gran parte de su tiempo dándole vueltas a las decisiones que toma respecto a su carrera. “Mi mayor temor es despertar mañana, y no importarle a nadie”, dice.

izquierda: Mendes en un video de Vine, donde se volvió famoso por hacer covers de seis segundos.
Mendes en un video de Vine, donde se volvió famoso por hacer covers de seis segundos.


Pero en este momento no debe preocuparse. Ha logrado llevar tres álbumes al Número Uno y tiene programados 95 shows en arenas para este año, incluyendo su primer concierto en un estadio en Toronto. Sus canciones son pegajosas: temas de pop-rock bien estructurados –como Stitches, de 2015, y Treat You Better, de 2016– donde se presenta como un tipo serio que quiere más que un amorío, alguien que viajaría a Japón a convencer a su amor de que merece una oportunidad.

Sin embargo, estar tranquilo mientras trata de construir una carrera a largo plazo–como la de Sheeran o Taylor Swift– es una gran presión para alguien que apenas acaba de salir de su adolescencia. Por eso se apega a las estrictas reglas que se ha impuesto para mantener el ritmo. Regla uno: ir al gimnasio todos los días. Regla dos: dos clases vocales al día. Regla tres: nunca negarse a una selfie. Esto significa que cada hotel en el que se queda se convierte en un meet-and-greet con los fans que esperan afuera. Cuando sale del lobby del hotel Tivoli en Lagoa, Portugal, ya hay varias chicas esperando en la entrada. “Esperen”, le dice Mendes a su equipo. “Tengo que tomar algunas fotos”. Después de unos minutos de compartir con sus fans, se abre paso a la camioneta. Sus dos managers están en pantaloneta, pero él está de jeans y botas, y su pelo está impecable para el concierto del festival de esta noche.

Su padre, Manny Mendes, se sienta adelante y comienza a hablar con el conductor en Portugués. Manny, 44, tiene el pelo peinado con gel, chivera, lentes oscuros y una camisa polo. El equipo de Mendes lo llama “la verdadera estrella del rock” de la familia. Es dueño de un bar y una compañía de abastecimiento de restaurantes en Ontario, pero su familia está aquí, en Portugal, donde trabajó en su juventud en el restaurante de un primo, al que nos dirigimos ahora.

La familia Mendes — Manny; su esposa, Karen; Shawn y su hermana menor, Aaliyah, visitaron por última vez el país hace seis años. “Alquilamos una van”, dice Manny. “Se atascaba en todas partes porque las calles eran muy estrechas”. Algo más sucedió en ese viaje: cuando estaban de compras un día en la plaza de la ciudad, Shawn saltó junto a una estatua de un rey y cantó en público por primera vez. “Estaba inspirado”, dice Shawn. “Ellos entraron a un almacén, y recuerdo que mi corazón latía a mil por hora”. La canción fue Grenade, de Bruno Mars, (Mendes comienza cantarla: “Easy come, easy go!”).

Con su padre. Dere- cha: En el escenario con John Mayer in mayo de 2018.
Con su padre.

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Al llegar a la ciudad costera de Lagos, Manny señala el camino destapado que lleva a la casa de su abuela, donde pasaba los veranos cuando niño. Luego nos habla de las murallas de la ciudad medieval, construidas para alejar a los piratas, pero la mirada de Shawn se desvía: tres chicas en bikini están caminando en la playa. “Definitivamente hay algunas bellezas aquí, pero no me darían ni la hora”, comenta el artista. Manny dice que él era igual cuando era más joven, y sugiere que la buena pinta de la familia Mendes realmente funciona contra ellos en este sentido. “No debemos esforzarnos tanto porque tenemos buen pelo”, concuerda Shawn. “Estamos 10 pasos por delante. Pero ser buenmozo no es suficiente”. Justin Stirling, su jefe de mercadeo, de 25 años, comenta: “Todo lo que Shawn tiene que hacer es abrir sus mensajes directos de Instagram y elegir”, dice. “Pero no sucede a menudo”. “Quizá algún día,”, dice Shawn. “Tal vez ahora que tengo 20 años. Hace poco maldije en el escenario. Fue un gran día, pero de inmediato me sentí mal por eso”.

Nos dirigimos a Café do Mar, un lugar pintoresco con vista a una costa llena de veleros, donde un gran grupo de parientes Mendes –todos tan bronceados y amigables como Shawn– lo está esperando. Después de saludar y de unos cuantos abrazos, el músico encuentra un asiento en una mesa auxiliar para nuestra entrevista. Le pregunto si no preferiría ponerse al día con su tía abuela y su tío, pero dice que está bien: “No hablan inglés, entonces sería muy difícil”. Mendes ordena pollo y me dice que pasó la mañana haciendo todo lo posible para relajarse: fue al gimnasio, tomó el sol y escuchó algunos “éxitos de softpop” en Spotify. Luego me cuenta algo un poco más sorprendente. Hace unos días, estaba en Amsterdam con algunos amigos del colegio para celebrar su vigésimo cumpleaños. No se enfiestó tanto, porque necesitaba cuidar su voz, pero pasó horas explorando los canales en un yate alquilado y recorrió los famosos cafés de la ciudad.

“Me encanta la yerba”, me dice sonriendo. “No lo podría en Twitter –aún no, por lo menos–, pero me sienta bien. Cuando estoy en casa, fumo y toco guitarra siete horas seguidas”. (También vio que vendían hongos en Amsterdam, pero optó por no probarlos. “Me encantaría, creo que me ayudarían mucho”).

Conociendo a sus fans en una convención de entretenimiento en 2014 “Éramos como anima- les de zoológico. La gente se quedaba mirándonos”.
Conociendo a sus fans en una convención de entretenimiento en 2014 “Éramos como animales de zoológico. La gente se quedaba mirándonos”.


Hasta ahora, Mendes ha mantenido su imagen limpia alejándose de la controversia sensacionalista, pero eso está empezando a cambiar. A principios de 2018, él y Hailey Baldwin acapararon los titulares cuando aparecieron juntos en la Gala del Met cogidos de la mano ante el brillo de las cámaras. Aunque en la alfombra roja afirmaron que eran solo amigos, eso no parece convencer mucho gracias a unas fotos en las que aparecían abrazándose en un parque cerca de la casa de Mendes en Toronto. Él reconoce que eran más que amigos, pero todavía niega que sostuvieran una relación: “Ni siquiera quiero darle un título. Creo que era más de una zona de limbo”.

Pero solo un mes después de su cita en la Gala del Met, Baldwin se comprometió con Bieber, con quien había salido antes. De inmediato, la chica dejó de seguir a Mendes en Instagram y, para empeorar las cosas, Bieber pareció lanzarle indirectas a Mendes en un éxito del Top 10 con DJ Khaled: “No es tan difícil de elegir/él o yo, nena, no hay que pensarlo”.

En las redes sociales, algunos pintaban a Mendes como un tonto que fue utilizado por Baldwin, pero él jura que no le guarda rencor. “Lo entiendo”, me dice. “Le envié un mensaje a Hailey felicitándola, y estoy feliz por ellos. Ella es una gran persona –no solo es hermosa físicamente, también es uno de los corazones más hermosos que he conocido”. Parece que podría estar a punto de decir algo más sobre cómo fue todo, pero se detiene. “Creo que soy un idiota por no…. pero no puedes controlar tu corazón”.

Mendes admite que la atención a su vida personal le ha causado mucho estrés. “Me gustaría decir que no me importa, pero mentiría”, dice. Y esto lleva a unas aguas que han sido más difíciles de navegar: “Ha habido un gran rumor durante los últimos cinco años que afirma que soy gay”.

Hay varios ejemplos de lo que él quiere decir en YouTube y Twitter. Hay memes que emparejan fotos de Mendes con chistes sobre no haber salido del closet y videos que escrutan sus gestos. En algunas partes de Internet, molestarlo se ha convertido en un deporte. Mendes ve sus propias entrevistas con frecuencia y analiza su voz y su lenguaje corporal. Si ve un comentario anónimo sobre la forma en que cruzó las piernas una vez, trata de no hacerlo de nuevo. Shawn saca su teléfono para mostrarme su cuenta de Twitter. “En el fondo de mi corazón siento que necesito que me vean con alguien — con una chica — en público, para demostrarle a la gente que no soy gay”, dice. “Aunque en mi corazón sé que no es algo malo. Todavía hay una parte de mí que piensa eso. Y odio ese lado mío”.

En el escenario con John Mayer in mayo de 2018.
En el escenario con John Mayer in mayo de 2018.


En la Navidad de 2017 estaba leyendo comentarios de Youtube sobre su sexualidad y decidió que estaba harto. “Pensé: ‘Malditos idiotas, tienen suerte de que no sea gay y de que si lo fuera no me daría miedo revelarlo’”, recuerda ahora. “Es algo que agobia a la gente. Es así de delicado. ¿Les gustan la canciones? ¿Les gusto? ¿A quién le importa si soy gay?

Finalmente decidió grabar una historia frenética en Snapchat. “Me di cuenta de que mucha gente afirmaba que yo le daba una ‘vibra gay’”, les dijo a sus millones de seguidores, sonando un poco ahogado mientras miraba fijamente a la cámara. “Primero que todo, no soy gay. Segundo, no debería haber ninguna diferencia si lo fuera”.

Pero el video solo hizo que la gente hablara más. Mendes menciona un texto que le envió Taylor Swift. Ambos han sido amigos desde que ella lo llevó en su gira 1989, cuando tenía 16 años. Él recuerda esos shows con cariño: ella le enseñó trucos para actuar en arenas y estadios; alineaba sus camiones en forma de diamante y hacía enormes barbacoas con juegos de fútbol y de beber. (“Yo no bebía”, dice. “jugaba tomando con agua, obviamente”).

Swift le mandó un mensaje a Mendes con un video de ambos para asegurarse de que él no tuviera ningún problema en que lo publicara. Se trataba de un clip corto de una noche que estaban en el backstage en su gira Reputation y ella le puso su maquillaje en los ojos a Mendes. Él le dijo que estaba bien, sin pensarlo, pero más tarde esa noche, se despertó sudando frío. “Me sentí enfermo”, dice. “Pensé: ‘¿Por qué la deje publicar eso?’, acabo de alimentar el fuego que me aterroriza”.

Al final, Mendes dice que está feliz con la parte de él que aparece en el video del backstage de Swift. De niño se ponía brillo en los parpados para hacer reír a sus papás; creció con 15 primas que “me hacían trenzas y pintaban las uñas. Quizá sí soy un poco más femenino, pero eso es lo que me hace ser quien soy”.

MANOS A LA OBRA Mendes en un estudio de Malibú con su amigo y asiduo colaborador Teddy Geiger. A comienzos de 2018 lanzaron un cover de Under Pressure, de Queen y David Bowie.
MANOS A LA OBRA Mendes en un estudio de Malibú con su amigo y asiduo colaborador Teddy Geiger. A comienzos de 2018 lanzaron un cover de Under Pressure, de Queen y David Bowie.


También ha comenzado a valorar el hecho de bajar la guardia en su música. In My Blood, el mayor éxito de su nuevo álbum, con más de 300 millones de reproducciones en Spotify, se destaca por sus guitarras rockeras y el coro que evoca a Kings of Leon, pero también por su letra de desesperación:

Recostado en el piso del baño, sintiendo nada. Estoy abrumado e inseguro, dame algo para calmar mi mente lentamente. Tómate un trago y te sentirás mejor. Llévala a casa y te sentirás mejor. Sigue diciéndome que mejorará. ¿Estará mejor?

Cuando se lanzó la canción, en marzo de 2018, Mendes estaba en cine viendo Yo soy Simón, una comedia dramática sobre un adolescente que no ha salido clóset, cuya sexualidad es revelada por sus compañeros de clase. A Shawn le dio un ataque de pánico y tuvo que irse antes de que terminara. Luego entró a Twitter y vio los mensajes de las personas que se identificaron con In My Blood (desde amigos hasta una mujer que le puso la canción a su hija en el hospital). Estuvo despierto hasta las tres de la mañana leyendo comentarios. “Comencé a llorar en mi hotel y pensé: ‘Por esto hay que hablar de mierdas reales’. Y me dije que no volviera a cuestionar el sentimiento que genera escribir la verdad”, comenta.

***

En algún lugar del cielo de Europa Central hay un pequeño disturbio en un jet Embraer 650E. Se escuchan gritos y pisotones en el baño del avión. Una azafata toca la puerta para ver qué está pasando, pero no hay por qué alarmarse: solo es Mendes con su guitarra acústica intentando escribir un éxito.

El golpe de la azafata le indica al cantante que debe detenerse, luego sale y se relaja en el salón para 14 personas del jet. “La canción es inspirada en Taylor Swift”, me dice con emoción sobre su último trabajo en progreso. “Grabo una versión en mi celular y si la escucho por más de una semana, entonces tiene algo”.

El jet es algo nuevo para Mendes –quien usualmente viaja en clase turista–, pero su disquera invirtió en el avión para que pudiera viajar a varios países –Dinamarca, Portugal, Hungría, el Reino Unido, Canadá, EE. UU. y Japón– para festivales y shows de televisión. Entretanto, su equipo está disfrutando la vida: Stirling, su gerente de marketing, está junto al plato de mariscos; mientras que el joven y los demás debaten sobre quién ganaría en un partido uno a uno entre Michael Jordan o LeBron James. (Mendes dice que LeBron).

En 2014, Shawn hizo su primer viaje profesional a un evento llamado MAGCON. El espectáculo era principalmente una plataforma para que jóvenes con redes sociales grandes conocieran a sus fans. El cantante recuerda la invitación de una de esas estrellas, Cameron Dallas, un niño fotogénico famoso por hacerle bromas a su familia: “Me dijo: ‘Hermano, te daremos 200 dólares y conocerás a 500 chicas’”.

INTENTANDO ENCONTRAR UNA MANERA DE RELAJARSE Mendes hace un año en Nueva York, después del lanzamiento de su tercer LP. “Mi mayor temor es despertar mañana y que no le importe a nadie”, dice.
INTENTANDO ENCONTRAR UNA MANERA DE RELAJARSE Mendes hace un año en Nueva York, después del lanzamiento de su tercer LP. “Mi mayor temor es despertar mañana y que no le importe a nadie”, dice.


Mendes comenzaba a ganar fama en Vine. Había intentado subir música a YouTube sin mucho éxito, pero ahora estaba ganando decenas de miles de likes diarios en covers como As Long As You Love Me de Bieber, Hello de Adele y Don’t de Sheeran. Sus vines solo duraban seis segundos, pero algunos tomaban hasta seis horas en realizarse. “Me hacía sudar, pero valía la pena. Cada vez que los hacía, los repetía hasta que estaba totalmente satisfecho, así fuera con la manera en la que sonreía a la cámara o con el tono de mi voz”.

En su primer evento de MAGCON en Dallas, Shawn y su papá conocieron a tipos como Nash Grier, quien era conocido por sus vines donde destruía supermercados y cubría su cara con harina. La mayoría de las celebridades de redes sociales entretuvieron a sus fans saltando en trampolines o bailando mal, y el hecho de que el cantante pudiera tocar guitarra, fue una ventaja. “Éramos como animales de zoológico. [Los fans] solo nos miraban y nos tomaban fotos. Hacíamos lo que nos decían”, dice sobre el evento.

Mendes cree que habían 500 fans en ese primer show. La siguiente ciudad tuvo 800 y la siguiente tuvo alrededor de 1.300. Después de ver uno de esos shows, Andrew Gertler, un joven ejecutivo de marketing en Warner Music Group, le pidió a la familia del cantante que lo dejara representarlo. En cuestión de meses, le consiguió una reunión con David Massey, el exejecutivo de Universal que descubrió a los Jonas Brothers una década atrás. Para el verano de su penúltimo año en el colegio, Mendes se fue de gira con Taylor Swift. “Fui a tres o cuatro fiestas y me fui del colegio. La siguiente fiesta a la que asistí fue a la del cumpleaños de Taylor Swift; Beyoncé y Jay-Z estaban ahí”.

En 2016, Vine anunció su fin, pero para ese entonces, Mendes ya había pasado la página. “Cuando comencé a hablar con Shawn, una de las primeras cosas que le dije fue: ‘Tienes que construir algo para ti’”, dijo Gertler. Desde el comienzo, estuvieron de acuerdo en que el cantante siempre tendría una guitarra y destacaría que él escribe sus canciones.

La personalidad amigable y abierta que lo hizo una sensación en el MAGCON, también lo ha ayudado. “Tuvo la oportunidad de ser un imbécil por ser tan joven y famoso”, dice Sheeran, quien es amigo y mentor de Mendes. “Pero realmente es uno de los tipos más amables de la industria”.

***

El jet aterriza en Budapest y el celular del guardaespaldas de Mendes suena de inmediato. “Hay fans”, dice. El cantante pasa sus cosas por el control de seguridad y rápidamente se mira en un espejo, pasando una mano por la parte trasera de su cabello “You’ve got the look”, canta haciendo un falsete como Prince. Se escuchan gritos desde el estacionamiento, cientos de chicas tienen sus celulares listos mientras gritan su nombre y “¡te amo!”.

Con una sonrisa en sus labios, Mendes se toma una foto con cada una. Después les manda un beso y sube a la van. “¿Todos aquí son hermosos?”, pregunta. “¿Me encontré con el país más hermoso del mundo? Todos tienen unos ojos hermosos”. Se pone los audífonos y cierra sus ojos mientras pasamos por los edificios góticos de piedra. “Esto es genial”, dice y se queda callado por unos momentos. “No sé, me siento putamente raro”, murmura mientras llegamos al hotel.

Al siguiente día, Mendes está en un remolque del Festival Sziget en Budapest y discute sobre sus habilidades culinarias. Eventos como este son una gran prioridad porque está intentando atraer a una audiencia más grande, y eso incluye entrevistas rápidas con medios locales que quieren saber cuál es su actor favorito (Jake Gyllenhaal), sus hobbies (“me gusta hacer ejercicio”) y su solución para la pobreza mundial.

Mendes no está de humor para eso en este momento. No tenía voz cuando se despertó, pasó la noche deprimido en su habitación de hotel, y un reportero húngaro le sigue haciendo preguntas ignorantes. “De hecho, soy un cocinero terrible. Esa información es falsa”, dice. Luego el periodista le pregunta qué piensa sobre ser llamado el nuevo Justin Bieber. “Me encanta Justin”, responde cortante.

Un par de horas después, cuando comienza su concierto, vuelve a ser encantador. “¡Canten!”, grita mientras sale a escena con una camisa esqueleto blanca y jeans ajustados, que recuerdan a Springsteen. Más tarde, al cantar Youth –un himno sincero que escribió después del atentado de Mánchester en 2017– inclina su cabeza y toca solo una nota en su guitarra. Se mantiene en esa nota por un largo rato, subiendo la intensidad progresivamente. Parece que se está desahogando.

Después, en el backstage me dice que se ha sentido mal. El calor y los viajes lo han estado afectando. “¿Conoces esa sensación de estar infeliz sin razón?”, pregunta. “Odio eso”. Shawn tiene un truco para cuando está así. “Sé que suena tonto, pero está comprobado que ayuda a la gente a salir de la depresión. Me paro en frente de un espejo con este atuendo, sacudo mi cabeza, saco la lengua y me imagino en un estadio con personas que me aman”.

Su voz queda ahogada por el sonido de personas cantando Feliz cumpleaños a alguien en el backstage. Por alguna razón, esa canción anima a Mendes. Mira la grabadora y me dice: “¿Me podrías enviar eso? Fue muy bueno y quiero ponerlo en una canción. No te preocupes, ¡te daré crédito de producción!”.

Alguien del equipo llega con shots de licor húngaro. “¿Es fuerte?”, pregunta al levantar uno y se burla de sí mismo por preguntar eso. Se lo toma y sonríe antes de tomar cerveza. “Está fuerte”. Su banda regresa al hotel, pero él decide quedarse. Kygo, el DJ noruego de tropical house, de 27 años, está en el remolque de al lado. Juntos salen del backstage y van a una carpa VIP gigante, donde van detrás de la barra y comienzan a servir tragos. Mendes se mete en su papel: “¿Vodka con Red Bull? ¡Claro que sí!”, le dice a su primer cliente.

No es el bartender perfecto, tienen que decirle que ponga hielo en el vodka con soda, y Shawn sirve cerveza de barril que es 90 % espuma, ordenándole a un tipo que se lo “tome rápido” antes de que se disuelva. En un momento, el cantante se detiene para hacer pulso con Kygo, quien gana. Pero luego hace una nueva amiga: una linda bartender húngara que le muestra cómo se hace.

Durante la próxima hora, intercambian miradas y se acercan cada vez más. Luego salen a correr por el festival para ir al concierto de música de baile del australiano Chet Faker a la 1 a.m. Suben dos pisos hasta la mesa de sonido que tiene vista al enorme escenario y bailan.

Alrededor de las 3 es hora de irse. Mendes y su equipo tienen un vuelvo a las 9 a.m. Supongo que iré a casa con él, pero su guardia de seguridad de repente me lleva a otra van que arranca sin Shawn. Cuando llego al hotel, él y la bartender salen de otra van y se dirigen a su cuarto.

Un par de semanas después veo al músico en la sesión de fotos para la portada de ROLLING STONE. Dice que la mañana siguiente en Budapest fue dura; el licor húngaro se ha convertido en una broma entre su equipo. “No había hecho eso en mucho tiempo”, dice con una sonrisa. Algunos fans incluso han comenzado a especular sobre la bartender, porque esa noche Shawn la siguió en Instagram.

Mendes aclara que no lo hizo; cuando él estaba en el baño, ella cogió su celular y se siguió desde la cuenta del cantante. Shawn niega con la cabeza, “debo reconocer su valentía”.

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