Diamante Eléctrico toma el camino más difícil

El legendario editor de ROLLING STONE da un repaso a la historia de la banda y se sumerge en Buitres, el nuevo álbum del trío

POR DAVID FRICKE | 15 Sep de 2018

<p>Fotografía por Andres Espinosa. Styling por Juliana Pacheco. Daniel Álvarez: Sweater Papel De Punto, Pantalones Zara. Juan Galeano: Camisa Massimo Dutti, Jeans Pull & Bear. Andee Zeta: Chaqueta Ducky Black, Jeans Diesel</p>

Fotografía por Andres Espinosa. Styling por Juliana Pacheco. Daniel Álvarez: Sweater Papel De Punto, Pantalones Zara. Juan Galeano: Camisa Massimo Dutti, Jeans Pull & Bear. Andee Zeta: Chaqueta Ducky Black, Jeans Diesel


Es un típico domingo tranquilo en Cartagena, la histórica ciudad turística de la costa Caribe colombiana. Dos integrantes de Diamante Eléctrico, una de las bandas de rock más exitosas del país, están tocando algunas canciones para un pequeño grupo de amigos en un apartamento ubicado en un piso 35, que cuenta con una espectacular panorámica digna de una postal con distintos tonos de luz. Juan Galeano y Daniel Álvarez están sentados con guitarras acústicas, muy cerca el uno del otro, en una sala llena de botellas de cerveza y latas de Red Bull. Detrás de ellos, la luz solar vespertina que llega a la ventana del balcón –a través del muelle de Cartagena y la ciudad amurallada, en la distancia hacia la izquierda– se convierte en un atardecer púrpura que da paso a la noche.

Galeano –cantante, bajista y fundador de Diamante, de 38 años– y Álvarez –guitarrista, de 34– están en Cartagena, hospedados en la casa de unos amigos, para comenzar una serie de entrevistas acerca de Buitres, el nuevo álbum de la banda, y del arduo camino para lanzarlo. El baterista, Andee Zeta, el integrante más joven del trío (28 años), está en Miami; en unos días llegará a Bogotá para unirse a la conversación. Pero esta noche, sus compañeros de banda están descansando y no están hablando de la música de Diamante –un rock tenso y apretado, con melodías vocales pegajosas y grooves forjados en el blues británico y el soul estadounidense–, simplemente la están tocando a manera de unplugged.

Hay versiones acústicas de canciones de B (2015) y de La Gran Oscilación (2016), los dos álbumes con los que la banda ha obtenido el Grammy Latino por Mejor Álbum de Rock. Galeano y Álvarez también tocan Días Raros, un exitoso sencillo de 2017 que cuenta con la colaboración del brillante guitarrista texano de ZZ Top, y fan de Diamante, Billy Gibbons. Otra canción, Delatar, suena tal como la banda la grabó en Nashville durante una gira por los EE. UU. en 2015, en la cabina de Voice-o-Graph de 1947 de la tienda de Third Man Records, cuyo propietario es Jack White.

Galeano y Álvarez también tocan una canción nueva; Rotos arranca con dificultad mientras ambos tratan de recordarla. Cuando se ponen de acuerdo en el ritmo y el riff, es fácil oír la evolución de Diamante Eléctrico en lo que respecta al tono, el ataque y la bienvenida en Buitres, su cuarto álbum en seis años. Con un ingenioso coro de pop y zancadas firmes de hip-hop, Rotos revienta con la electricidad de los Black Keys encontrando la luz del día del Top 40.

“Ritmo, ese es el nombre que le pusimos a este álbum antes de comenzar”, comenta Galeano ese mismo día mientras almorzamos y tomamos algo en la Ciudad Vieja. “Tenía que tratarse de la música negra de los 70, de ese funk y ese soul, con la chispa que hace que la gente baile y cante”. “Una canción que perdure, eso es lo que tiene que pasar después”, dice Álvarez. “En cuanto a lo que hemos logrado, estamos en un punto en Colombia donde ninguna llamada telefónica marcará la diferencia. Se trata de la canción. De eso se tratan todas las grandes bandas. Y ya tenemos todo listo para que una buena canción marque la diferencia”, insiste.

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Tres días después de la sesión acústica en Cartagena, los dos músicos están escuchando las primeras mezclas de las nueve canciones de Buitres en Nebula, el lugar de grabación y ensayo de Diamante en Bogotá. Su estudio es un búnker situado sobre un banco en la zona oriental de la ciudad, al que se llega por ascensor al techo para luego subir por unas escaleras metálicas. Todo lo que hay adentro –luces, decoración y muebles– es rojo y negro, como una versión suramericana de una portada de los White Stripes.

Antes de presionar “play” en la consola, Galeano explica por qué Días Raros no está incluida en Buitres. Diamante quería que ese sencillo presentara un nuevo énfasis en beats y composición, sin comprometer el sonido áspero de los primeros álbumes. La nueva música confirma esa energía. Hacia la Noche, la canción de apertura de Buitres, tiene un ritmo intenso con nubes de piano eléctrico y destellos de guitarra sucia alrededor del canto de Galeano. La eléctrica Rotos es incluso más oscura y cuenta con un coro sorpresivo –armonías de fondo rodean la voz de Galeano como un coro de iglesia de Tennessee– y una figura de bajo que evoca el hip-hop neoyorquino de los 80, especialmente el de Rapper’s Delight de The Sugarhill Gang.

Nefertiti tiene aires al Parliament-Funkadelic de mediados de los 70 con giros complejos de guitarra, mientras El Naufragio (Salvavidas), una canción acerca de un naufragio y un rescate, es “más lo que la gente espera de nosotros”, admite Galeano pasándose la mano por su pelo plateado al estilo del Elvis de los 50, “rock & roll puro”. Luego pone a sonar la canción de cierre del álbum, No Me Lo Pidas , pero advierte que todavía no está lista. Ya le han enviado la mezcla inicial al Mariachi Flor de Toloache, la aclamada banda de mujeres ubicada en Nueva York que ha trabajado con Dan Auerbach de los Black Keys, para que graben “todos sus sabores” en la pista, como lo afirma Galeano.

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Formada en Bogotá en 2012, Diamante Eléctrico se caracteriza por trabajar duro y rápido. Ha tocado en más de 350 shows en Colombia y el exterior, y ha grabado sus primeros tres álbumes en formato análogo a gran velocidad. El debut de 2013, Diamante Eléctrico, tardó dos semanas; la mayoría de B fue hecha en una noche. En La Gran Oscilación –hecho en tres semanas con la visita del estadounidense Joshua V. Smith, ingeniero de planta de Third Man–, Álvarez toco la misma guitarra en todas las canciones. “No cambié ni una sola cuerda”, resalta el músico.

Por otra parte, Buitres ha tardado una eternidad. Galeano, Zeta y Álvarez comenzaron a hacer los demos en la primavera de 2017. La grabación comenzó en septiembre de ese año y terminó en enero, mientras las canciones cambiaban de arreglos y de dinámica. Por primera vez, Diamante Eléctrico utilizaba samples de la biblioteca de funk setentero y de los discos de R&B del ingeniero Mauricio García, así como de su colección de beats originales, como una base para la composición, reemplazando esos sonidos por nuevos motivos y ritmos a medida que las canciones tomaban forma.

Una de las primeras cosas que Zeta me dijo al conocernos fue: “Estaba muy emocionado por el nuevo camino que estábamos tomando, porque esa es la manera en la que siempre he tocado; hip hop y funk”. Zeta impulsa a Diamante en el escenario con un caos controlado, como el de Keith Moon de The Who o el de Taylor Hawkins de Foo Fighters. “Siempre he dicho que tenemos canciones increíbles de pop. Pero las ensuciamos un poco. Yo soy el que dice: ‘Deberíamos divertirnos más’”.

Diamante Eléctrico ha hecho sus álbumes “de un modo en particular por un largo tiempo… y ya quiere cambiar eso”, dice Brandon Bost, el joven ingeniero estadounidense que hizo las mezclas finales para Buitres en Electric Lady (el legendario estudio neoyorquino fundado por Jimi Hendrix). En una entrevista después de terminar la jornada, Bost —quien ha trabajado con Adele, Lady Gaga, U2, y el rapero puertorriqueño Residente—, dice que “reforzó los elementos de la batería para que fuera más hip hop” y notó que a Diamante “le gustaban los efectos de guitarra como el delay. Por eso, resalté eso aún más para convertirlos en grandes momentos”.

“Estaba muy emocionado por el nuevo camino que estábamos tomando, porque esa es la manera en la que siempre he tocado; hip hop y funk”.

La suma de todos esos momentos es la consagración de Diamante Eléctrico; su mejor álbum, que seguramente hará parte de las futuras listas de los grandes álbumes de rock en español. Al igual que B y La Gran Oscilación, Buitres es agresivamente purista en su fuerza de power-trio y tan crudo (a pesar de los samples y la mejora del estudio) como el LP debut de Cream de 1966, Fresh Cream, o el retorcido Rubber Factory de Black Keys, de 2004. Pero la determinación y la solidez en la ejecución de los cambios en Buitres hacen eco de otros precedentes: la integración decisiva de las raíces del blues por parte de los Rolling Stones y la rebelión contemporánea de Beggars Banquet, de 1968; el paso gigante que dio Soundgarden del grunge underground al hard rock progresivo en Badmotorfinger de 1991; la fusión nuclear de Jack White de antiguos ideales de blues y sabiduría popular en el éxito de White Stripes de 2003, Elephant.

“Estamos en la etapa de composición”, dice Álvarez, “en donde nos sentimos tan cerca de la gente que es casi mainstream”. El pasado noviembre, Diamante Eléctrico hizo su concierto más grande en Colombia; una fiesta por su quinto aniversario en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Asistieron 1,500 fans, y las entradas se agotaron dos horas antes del show.

Galeano le apunta al norte. Diamante Eléctrico, que lanza sus álbumes de manera independiente en Colombia, ya ha grabado con una compañía estadounidense, Concord, y todo salió muy bien. Su versión de Up Around the Bend —del álbum de 2016, Quiero Creedence, un tributo de rock en español a Creedence Clearwater Revival—, impresionó a Gibbons de ZZ Top (quien también apareció en el álbum), y esto llevó a la colaboración en Días Raros. Buitres va más allá, demostrando que Galeano, Álvarez y Zeta son una banda de clase mundial en cualquier idioma.

“Pero algo falta”, me dice Galeano, mientras esperamos un taxi afuera de Nebula. “Las mujeres hacen increíble un concierto de rock & roll. Sería genial si este álbum pudiera atraer a más mujeres. Les encanta bailar y a nosotros nos encantaría que vinieran a nuestros shows y trajeran a sus novios, en vez de que ellos las traigan a ellas. O que vengan sin ellos”.

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No reconozco el riff, pero el tono de la guitarra es bastante familiar; agudo y metálico sobre una mezcla de blues latino, sugiriendo un demo de garage-rock de mediados de los 60 hecho por un Carlos Santana joven. Álvarez y Galeano también están confundidos y curiosos; nunca antes habían escuchado el tema. Álvarez levanta su celular, esperando que Shazam identifique el artista y el título. Resulta que el DJ del bar –en una azotea de la Ciudad Vieja de Cartagena—, está poniendo chicha vintage, cumbia psicodélica del Perú; Boogaloo del perro, de un álbum de 1971 de Los Destellos. Hablamos del sonido de esa guitarra por un buen rato. Y es que hemos hablado de música desde el primer trago que nos tomamos dentro de aquella fortaleza con vista al mar. Hablamos de bandas increíbles, de nuestros discos favoritos, de conciertos inolvidables, de canciones que nos cambiaron y de nuevos discos que nos emocionan. Las historias y pasiones se vuelven densas y rápidas —durante una cena de tapas; en esa azotea; en un bar con una banda de champeta, la exuberante música afrocubana de esta región— antes de terminar la noche en un pequeño y moderno bar de tango.

Galeano confiesa que es tan fan de Black Sabbath que, por un tiempo, tuvo la imagen de la bruja que aparece en la portada de Black Sabbath de 1970, tatuada en su hombro derecho. Álvarez es bastante específico sobre su amor por Iron Maiden, aunque prefiere la era de finales de los 70 con Paul Di’Anno. Todos compartimos la admiración por AC/DC y los Rolling Stones, lo que nos lleva a la historia del prestigioso puesto que tuvo Diamante Eléctrico al ser telonero del primer concierto de los Stones en Colombia, en marzo de 2016, en el Estadio El Campín de Bogotá. Casi se ven forzados a cancelar el concierto por la lluvia torrencial que cayó ese día, y Diamante se enteró de que de todos modos tocaría, 20 minutos antes de arreglar todo para su salida. Más tarde, la estrella colombiana, Juanes, se unió a los Stones para cantar Beast of Burden, un deja vú para Galeano. En 2005, cuando comenzaba su carrera como solista, Galeano le pasó cinco demos a un amigo que tocaba el bajo en la banda de Juanes. Unos meses después, Juanes le pidió a Galeano que fuera el telonero de sus conciertos en Europa. Tocó para cerca de 10,000 personas por noche.

UN LUSTRO, PARA EMPEZAR: En noviembre de 2017 el trío celebró sus primeros cinco años de historia con un concierto en el Teatro Julio Mario Santo Domingo. Mauricio Colmenares, de Revólver Plateado los acompañó.
UN LUSTRO, PARA EMPEZAR: En noviembre de 2017 el trío celebró sus primeros cinco años de historia con un concierto en el Teatro Julio Mario Santo Domingo. Mauricio Colmenares, de Revólver Plateado los acompañó.

Esta es la primera noche de mi primer viaje a Colombia, y la primera vez que me reúno con Galeano y Álvarez. Afortunadamente, para mí, ambos hablan inglés. Cuando era adolescente, Galeano estuvo en un internado estadounidense en una pequeña ciudad de Indiana. Álvarez pasó un año en Nueva York estudiando ingeniería de sonido y obtuvo el título en 2007.

Me preguntan sobre mi experiencia con el rock en español; mis escritos sobre Juanes y Carlos Vives para la edición colombiana de ROLLING STONE; los conciertos de Aterciopelados y Café Tacvba a los que asistí en Nueva York a finales de los 90; mi investigación de las historias de rock psicodélico y progresivo en Méxicon(Kaleidoscope, Los Dug Dug’s), Argentina (Arco Iris, Almendra), y Chile (Los Jaivas, Congreso).

De inmediato, Galeano distingue a Diamante Eléctrico de lo que generalmente se considera rock en Colombia. “Aterciopelados es la banda más grande de rock en Colombia, y ni siquiera es rock”, afirma. En su defensa, se parecen más a unos Beatles futuristas; vibrantes y con arte pop experimental. Diamante, por el otro lado, “viene de Led Zeppelin, The Doors y los Rolling Stones”. De hecho, Diamante hace parte de una larga lista de bandas —Los Yetis, los nihilistas de Medellín con un beat de los 60; la Banda Nueva, con su pináculo de rock progresivo, La gran feria, de 1973; Ekhymosis, la banda de speed metal de adolescencia de Juanes— que transformaron las inspiraciones británicas y estadounidenses en algo exclusivamente colombiano. Más tarde, Galeano y Álvarez se impresionan al saber que encontré una copia del álbum de Los Speakers, La casa del sol naciente, de 1965, con el empaque original en una tienda de discos usados en Bogotá.

Sin embargo, los momentos decisivos de Diamante, dentro y fuera de Colombia —ser teloneros de Foo Fighters (2015) y de los Stones en El Campín; los Grammy Latinos y el sencillo con Billy Gibbons—, pueden sentirse “extraños y solitarios”, confiesa Álvarez. “No estamos acostumbrados a que la gente tenga éxito en Colombia. En los EE. UU., ¿cómo te puedes enojar con una banda grande? En Colombia te aíslan. Tocar con los Stones y Foo Fighters nos dio suficiente notoriedad como para que algunas personas nos odiaran”.

El guitarrista compara la envidia (generalmente como resultado de la aprobación de otros en ese pequeño ambiente tan competitivo) con la siguiente reacción durante la prueba de sonido en un bar de Nashville en 2015: “Cuatro tipos que parecían salidos de Duck Dynasty [un reality show estadounidense] estaban limpiando el bar y logramos llamar su atención cantando en español”.

“Cuando tocamos en el Viper Room de Los Ángeles, un bouncer me dijo: ‘Ustedes son increíbles’. Me lo dijo alguien que ve a cinco bandas por noche y pensé: ‘Bueno, esto ya es algo’”. Comenta Galeano.

“Lo que hacen es auténtico”, dice Joshua V. Smith, quien descubrió a Diamante por un amigo y luego vino a Bogotá para diseñar La Gran Oscilación. “Y son muy buenos componiendo canciones. Es uno de esos momentos mágicos en donde tienes a dos personas —Galeano y Álvarez — que armonizan muy bien juntas. Y Andee es un baterista increíble que sabe cómo tocar con elegancia”. Smith continúa diciendo: “Te hace preguntarte qué pasaría con ellos si la radio estadounidense incluyera más idiomas y música. Incluso si no entiendes la letra, siempre hay un gran ritmo y una gran melodía; eso es universal. La gente puede decir: ‘Esto suena genial’”.

“Todos preguntan: ‘¿Cuándo van a cantar en inglés?’. Y es gracioso porque cantar en español es parte de nuestra esencia”, cuenta Álvarez. De hecho, para Galeano —el principal letrista— sería más fácil escribir en inglés. “Puedes decir muchas cosas en un par de palabras”, explica. “Cuando dices ‘Hey, baby, I love you’, son seis silabas en inglés, pero es el doble en español”. Galeano afirma que “podemos tener éxito en los EE. UU. cantando en español; si alguien viera más allá y se fijara a quiénes les podemos llegar”. El cantante menciona dos de sus ejemplos favoritos: la banda islandesa de rock moderno, Sigur Rós, con su mezcla críptica de lengua materna y falsete sin palabras; y el grupo alemán de metal industrial, Rammstein. “Claro, tienen disqueras que los respaldan”.

“Esa es otra cosa, parecemos autosuficientes”, admite Álvarez. “Incluso los fans piensan que somos tan buenos que no vienen a los shows. Creen que somos indestructibles, pero necesitamos que vengan”. Galeano destaca que Días Raros es “autobiográfica; no habla de una persona, sino de la banda. Estamos teniendo unos días raros, así que escribimos una canción al respecto. Cada día mueres un poco, pero al mismo tiempo estás viviendo”. Y añade: “Lo sé, he sido músico por 15 años y no han sido sencillos. Pero los últimos tres o cuatro han sido realmente buenos con la banda”.

TODA SU FUERZA EN VIVO: Diamante Eléctrico ha presentado más de 350 shows en Colombia y el exterior. La tarima es el lugar en el que la banda despliega realmente todo su poderío.
TODA SU FUERZA EN VIVO: Diamante Eléctrico ha presentado más de 350 shows en Colombia y el exterior. La tarima es el lugar en el que la banda despliega realmente todo su poderío.

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Galeano, hijo de un ingeniero civil, es el único miembro de Diamante Eléctrico que nació en la ciudad natal de la banda. Pero permaneció mucho tiempo fuera de Bogotá; desde los 14 hasta los 16 años, estuvo en un internado en Paoli, Indiana. Y luego, con poco más de 20 años, se ganó una beca de música en Holanda para estudiar en conservatorios de Róterdam y Ámsterdam. Se quedó en Europa después de hacer una maestría en contrabajo; tenía una banda y escribía canciones. Galeano tocó material original con algunas bandas de punk, pero se tomó en serio lo de componer debido a la nostalgia por estar lejos; cantaba y tocaba guitarra en grabaciones que les enviaba a chicas que conocía en Colombia.

Galeano fundó Diamante Eléctrico por una profunda frustración que tuvo cuando su carrera como solista terminó, luego de un álbum llamado Peregrino en 2010. Este fue producido por el emigrante del rock & roll más famoso de Bogotá, el productor y mánager de los Rolling Stones en los 60, Andrew Loog Oldham. “Trataba de complacer a la gente”, cuenta Galeano sobre su álbum debut; aunque es mucho más que eso, porque refleja su creciente interés en las raíces musicales estadounidenses y la compleja orientación de Oldham. “Andrew tiene muchísima música en su cabeza”, dice el cantante, todavía asombrado por el tiempo que pasó con el icono de la Invasión Británica. “Te muestra un montón de referencias que no te puedes perder”.

Pero una ruptura entre Oldham y Galeano, debido a la falta de comunicación, además de la caída de un contrato de patrocinio para un segundo LP –en la víspera de las sesiones que se llevarían a cabo en Nueva York, Nashville y Londres con un nuevo productor, Brendan Benson de los Raconteurs– dejaron a Galeano desamparado y lleno de rabia. Tenía USD 100,000 en deudas por dinero que ya se había gastado y había perdido a un mentor importante. Oldham no habló con Galeano en seis años. (Hace poco se volvieron a hablar). “No salí en tres meses”, comenta el cantante con una voz sorpresivamente sombría, recordando el incidente. “No quería salir a ninguna parte. No quería explicarle nada a nadie, todos creían que iba a hacer un disco increíble, pero se había cancelado”.

El desastre le dio una ventaja a Galeano, “el catalizador” como él lo llama, “para empezar una banda”. Llamó a Zeta, quien había tocado la batería en Peregrino, para decirle sin tapujos: “Bienvenido a tu nueva banda”. Álvarez cuenta que “Andee no tuvo opción”, y que luego él recibió una llamada similar. “Lo que pasó con Diamante es lo único que puede pasar en Colombia para que te comprometas, es decir, la banda te atrapa”.

Álvarez nació en Medellín, pero se mudó unos años después a Bogotá con su familia. Obtuvo un título en negocios antes de irse a Nueva York a estudiar ingeniería de sonido. El guitarrista comenta que: “En 2006 podías morir en Bogotá antes de que tu música triunfara. Era terrible, todo el mundo intentaba tener éxito”. Cuando regresó en 2007, tocó con un grupo de rock moderno llamado Madame Complot, del cual dice con orgullo que “era increíble, pero me dejó con el corazón roto. Tratamos de tener un sencillo exitoso y no funcionó”. Acababan de despedir a Álvarez de un trabajo como consultor de negocios, cuando Galeano le pidió unirse a su nueva aventura. Madame Complot “era una de mis bandas favoritas”, dice el bajista. “Por eso Daniel toca en Diamante”. La primera canción que el trío tocó en los ensayos fue Telescopio, y se convirtió en la canción de apertura de Diamante Eléctrico. Unos meses más tarde, la banda tocó por primera vez en Bogotá para 600 personas.


Zeta es de Manizales, la capital cafetera del centro de Colombia. “Era el momento perfecto para los bateristas”, dice con emoción acerca de su fervor adolescente por bandas de punk y rap-metal como Korn y Blink-182. El baterista se mudó a Bogotá cuando tenía 16 años para estudiar percusión de jazz, pero se retiró “porque aprendía más tocando con diferentes bandas”. Por un momento, Zeta fue el baterista más activo de Bogotá. Trabajaba con ocho bandas al mismo tiempo; rock, punk, tropical y R&B. Vivió en Nueva York dos años, en donde estuvo un período con una versión de la banda afroamericana de funk, Slave. “No sabía quiénes eran”, confiesa Zeta. Habían encontrado al baterista en su página web.

Sin embargo, después de tocar en Peregrino, “siempre había querido tener una banda con este tipo”, dice el baterista con emoción, estirando sus brazos tatuados como si quisiera abrazar a Galeano a través de nuestra mesa en un restaurante de Bogotá. “Desde el principio no lo pensamos, solo tocamos. No hablamos, improvisamos. Después de estar en bandas en las que peleaban —‘No me gusta esto, no me gusta lo otro’—, finalmente pude tocar lo que quería”. Lo cual, en Buitres, a veces es lo mínimo. Galeano dice que las pistas de batería en Rotos y Hacia la noche son “algunos beats de Andee de otras tomas”. A Zeta no le importó. “Dijo: ‘Usen lo que quieran para hacer bailar a la gente’”.

Diamante Eléctrico es prudente con sus finanzas y ferozmente protector de su independencia. Según Galeano, tiene dos lemas: “El primero, es nunca detenerse. Y el otro, es nunca ponerle presión económica a la banda”. Él, Zeta y Álvarez tienen trabajosn aparte. Galeano es productor de algunas bandas y crea música para el canal infantil Nickelodeon. El baterista es DJ y trabaja con empresas de relaciones públicas que producen eventos mediáticos. Álvarez aplica sus habilidades comerciales para ser el mánager de otros artistas colombianos, como la estrella de pop tropical, Fonseca, y el cantautor dominicano Vicente García, hasta hace poco.

Diamante Eléctrico nunca “se ha perdido un concierto por los otros trabajos”, insiste Galeano. “Pero hay algunos asuntos de los cuales podemos prescindir; una entrevista, una reunión… No hay problema, alguno lo hará”. Galeano continúa: “Hemos llegado lejos, y estamos muy orgullosos. Ha habido un precio, pero ni en mis sueños más locos me hubiera imaginado trabajando con Andrew Oldham o ganándome un Grammy”.

O “recorriendo la Quinta Avenida de Nueva York en una carroza de guitarras Gibson en el desfile del Día de Acción de Gracias de Macy’s”, como recuerda Álvarez. Cabe mencionar que Diamante tiene un largo historial con Gibson porque ellos copatrocinaron el álbum de Galeano, Peregrino. Pero había una conexión con Macy’s; la hija del coordinador de música de la tienda es mitad colombiana y fan de Diamante. “Allá estábamos junto a De La Soul y Tony Bennett (otras estrellas que participaron en el desfile)”, comenta Galeano maravillado.

Diamante tuvo una charla con la cantautora Regina Spektor, quien estaba en una carroza de una compañía de dulces y se quejó de que mientras ellos viajaban con instrumentos reales, ella estaba atrapada con “este piano de cartón falso”, comenta Galeano riendo. “Ella nos dijo: ‘Ustedes lo tienen todo’”.

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“Justo cuando llamaste, estaba mirando tres pedales de fuzz diferentes”, dice Billy Gibbons por teléfono a finales de marzo desde su casa en Houston. Hay una pausa en la línea y luego el guitarrista de ZZ Top se ríe. “Llevaré los tres”. Mientras Gibbons habla, está empacando la maleta para su primer viaje a Colombia, para tocar con Diamante Eléctrico en el último día del Festival Estéreo Picnic 2018. Hasta ahora su relación con la banda ha sido el intercambio de grabaciones y una admiración mutua que resultó en la colaboración de Días Raros. La primera vez que se conocieron en persona fue cuando Diamante recogió a Gibbons en el Aeropuerto Internacional El Dorado en el elegante Mercedes sedán modelo 78 de Zeta.

“Se podría decir que nuestra relación fue como un testimonio de amor a larga distancia”, comenta Gibbons alegremente. Dice que cuando Diamante le envió esa canción, “mi ingeniero y yo nos miramos y dijimos: ‘Dios mío, es pegajosa’. Y la voz no debe pasarse por alto: la armonía, la forma en que comienza y termina. Todo lo que tuve que hacer fue agregar una textura crujiente y grasosa”.

EL TRIDENTE: Daniel Álvarez (guitarra) ha estado detrás de las carreras de gente como Vicente García y Fonseca. Andee Zeta (batería) es DJ y se mueve en el mundo de las relaciones públicas. Juan Galeano (bajo y voz) ha sido solista y productor, también compone música para televisión.
EL TRIDENTE: Daniel Álvarez (guitarra) ha estado detrás de las carreras de gente como Vicente García y Fonseca. Andee Zeta (batería) es DJ y se mueve en el mundo de las relaciones públicas. Juan Galeano (bajo y voz) ha sido solista y productor, también compone música para televisión.

Y trajo bastante de eso consigo cuando vino a Bogotá. Tocó junto a Diamante el 25 de marzo al final de un set lluvioso e interpretó Días Raros y los éxitos de ZZ Top La Grange y Sharp Dressed Man. Los vídeos que han subido a YouTube del concierto muestran un alboroto de diversión; Gibbons tocando su blues texano ante un mar de gente con impermeables azules.

No había tiempo para una prueba de sonido el día del show, y solo tuvieron tiempo para ensayar cada canción dos veces el día anterior. Al principio todos estaban un poco tensos –en el trayecto desde el aeropuerto en el carro de Zeta–, hasta cuando Gibbons les pasó unas tarjetas de negocios en donde no aparecía como miembro de ZZ Top, sino como “Amigo de Eric Clapton”.

“Nos reímos como locos por 20 minutos”, recuerda Galeano un par de semanas después. “Nos llevamos bien desde entonces. Todo salió a la perfección”. Cuando Diamante y Gibbons fueron a almorzar el día después del concierto, “me dijo ‘voy a llamarte para algo en el futuro’”, comenta el bajista. “Eso es algo que atesoro en mi corazón. Es genial poder decir que he trabajado con Andrew Oldham y que conozco a Billy Gibbons. Pero es genial porque es real. Y logramos eso gracias a la música”.

A finales de mayo, entre estantes y montones de LP y CD, Galeano dio su última entrevista para este artículo en mi apartamento de Manhattan. El bajista está en la Gran Manzana por reuniones que tiene en las oficinas de Spotify y Sirius XM [la radio por satélite] para coordinar la promoción de Buitres, que finalmente se estrena en septiembre. En dos días Galeano estará de vuelta en Bogotá para el lanzamiento del primer sencillo, Hacia la noche. Lo harán en un show sorpresa en un tejado, como el que dieron los Beatles en la película de 1970, Let It Be.

“Es genial poder decir que he trabajado con Andrew Oldham y que conozco a Billy Gibbons. Pero es genial porque es real”.

Ha habido cambios en el álbum desde que lo escuché en Nebula. La banda planeaba utilizar un bombardino —el tradicional instrumento de viento colombiano— en Nefertiti “para que la gente sepa que no olvidamos a Colombia”, dijo Galeano en ese entonces. Pero eso no funcionó, así que terminaron usando un sintetizador Juno. Y la parte demariachi que Flor de Toloache le agregó a No me lo pidas fue tan buena que Galeano y Álvarez regrabaron sus partes de bajo y guitarra para que todo quedara a la altura. “Si haces las cosas bien, te pasarán cosas buenas”, dice Galeano, abriendo una cerveza. “Lo que realmente me gusta de Diamante es que nos tenemos confianza mutua; ya sea en decisiones musicales o de negocios. Sabemos lo que tenemos que hacer. Y cuando sales a escena, confías en todos los que están contigo”.

Galeano dice que habrá una gira para Buitres, que irá hasta 2020. “La gente dice que el rock & roll está muriendo, pero no estamos de acuerdo. Igualmente somos más que una banda de rock & roll. Utilizo mi chaqueta de cuero todos los días. Vivo mi vida. También amo el hip hop y el soul”. Luego el bajista continúa: “Es diferente en los EE. UU. porque el rock & roll proviene de una gran tradición de música negra. En Colombia, está estigmatizado” (está asociado con viejos blancos británicos). “Queremos ser una banda más amplia para llegarle a un público más grande, sin cambiar lo que somos. Para mí, eso es el éxito: llegarles a más personas sin cambiar lo que eres.”

Le pregunto qué pasaría si Buitres no alcanza las expectativas. “De hecho hablamos de eso”, dice Galeano en voz baja. “Dos cosas podrían pasar; seguimos…”, hace una pausa, “No, solo hay un camino, y es seguir. Lo bueno y malo de una personalidad como la mía es que, si las cosas salen mal, me siento mal por un par de días. Luego lo retomo. No me quedo quieto”. “La cultura estadounidense y la inglesa han llegado a todo el mundo a través de la música”, continua el bajista. “La gente en Marruecos, Turquía y Japón se vuelve loca por la música. Podemos hacer eso con las personas que no hablan español. Ese es nuestro objetivo.”

“Es el camino difícil, pero lo estamos recorriendo”, admite Galeano con una sonrisa.

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