Draco: Bohemia del vagabundo

Un relato de todas sus batallas; entre la luz y la penumbra, la sumisión y la rebeldía, la vida y la muerte

POR Diego Ortiz | 07 Sep de 2017

<p>Fotografía por Efrén Isaza y Michel Comte</p>

Fotografía por Efrén Isaza y Michel Comte


... Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,

tensaba los cordones, como si fueran liras,

de mis zapatos rotos, junto a mi corazón…

—Arthur Rimbaud

“Te toca todavía vivir porque aún no te ha llegado la hora”. Así suena el coro del corte número ocho de Vagabundo. Es una hermosa melodía en la que la guitarra persigue cada armonía del piano, y el violín sobrecoge la atmósfera existencialista que regurgita toneladas de melancolía y romanticismo entre un hombre y la muerte. Un hombre que, según la canción, está condenado a morir por amar demasiado. “Blanca mujer es depresión. Es estar completamente roto. Estar caído. Representa un momento de mi vida que aparentemente es el de mucha gente. Es una canción muy bella. Siempre la canto como si fuera la primera vez. En cambio, con otras canciones soy casi un actor”.

Draco habla fuerte y golpeado. Sin filtro. Boricua. Su honestidad es consecuente con su poesía y su experiencia. Es un hombre de convicciones fuertes. Decidido, ilustrado. Su andar irradia tranquilidad. Después de algunos años oscuros y otros de zozobra y reflexión, es evidente que ha encontrado la paz interior. Blanca mujer, la emblemática canción en la que es despreciado por la parca, se ha convertido en una catarsis espiritual. “Es muy especial, la disfruto mucho. Pero en un momento, cuando me empecé a recuperar, me daba miedo cantarla. Tú sabes… somos tan frágiles. Esa cuestión de la muerte y la fe… Cuando estaba en el hospital esperando el trasplante, de repente me entró paz. Sentí que la fe, el universo, Dios, la locura, me dijeron: ‘Hey man, tener fe está más allá de tu entendimiento y la vida es parte del misterio’. Cuando comencé a aceptar eso, sin pensar en la muerte, me encontré en un momento de paz. Llegó el trasplante y aquí estoy”.

Su carrera se ha caracterizado por sobresaltos de locura con exquisitez lírica y melódica, pero a partir del cáncer y después del proceso de recuperación su propósito pudo haber cambiado. “Hoy en día estoy mucho más controlado. Estoy también mucho más cerca de Dios. Siento que estar aquí parado es un milagro. Pero a la gente no le gusta que hable de esto, ya fuera por moda o lo que fuese. Fuck that. Si Robert Jackson hizo un negocio con el diablo, yo lo hice con Dios. Yo no le puedo fallar, lo mío es el otro lado, man”.

Robert Edward Rosa nació en Nueva York el 27 de junio de 1969. Él y sus padres vivieron por algunos años en una comunidad negra de Free Port, en Long Island. Su madre fue activa en el YMCA de la comunidad, donde hacían trabajo artesanal y artes plásticas. “Ella me llevó allí y empecé a conocer mucha música. Quedé fascinado con Sly Stone. Además, escuché por primera vez a The Doors. Me parecían tan interesantes, tan agresivos. Yo decía de pequeño que quería cantar como ellos, ser una combinación de Jim Morrisson y Sly Stone”.

Draco entró a la escuela de Saint Mary’s por su buen desempeño en las ligas inferiores de fútbol americano y hockey. “La persona a cargo de los deportes también estaba a cargo del programa de música, y por ahí un día me escuchó cantar y me contó que estaban haciendo una obra sobre Oliver Twist. ‘Eso no es pa’ mí’, dije. Él siguió insistiendo, entonces fui e hice la audición y salió bien. Me gustó mucho y comencé a enfocarme en eso”.

Esa conexión con la música empezó al lado de su madre, quien le presentó al rock & roll. Con ella conoció a Zeppelin y los Beatles. “Ella me compró un boombox que todavía tengo. Me encantaba a ir a esos spots los jueves porque cantaba y demás”. En cambio, su padre siempre fue muy fiel a la cultura boricua. Hizo de la salsa casi su religión.

Luego de algunos años su padre decidió que debían mudarse a Puerto Rico. “Fue difícil acoplarme, ser el único latino [en NY]. Cuando él dijo que nos íbamos fue duro. A mí se me cayó el mundo. Me costaba mucho integrarme. Desde allí empezamos a tener algunos roces”. La vida en Puerto Rico fue compleja para toda la familia. En un principio se mudaron a la finca de su abuela. Él inició clases en la escuela pública en Peñuelas, y su padre, tratando de mantener el hogar a flote, tenía varios trabajos al mismo tiempo. “Allí había peleas todos los días. Yo hablaba español, pero había cosas boricuas que no entendía. Siempre era un roce con los neoyorquinos. No era ni lo suficiente americano ni lo suficientemente boricua. En Nueva York era igual”.

Estando en Ponce surgió la posibilidad de presentar una audición para Menudo, por medio de su tío. Por primera vez Draco dejó su casa. “Apareció esta oportunidad de ir a Nueva York. Mi tío me llama y me cuenta sobre Menudo. Me mandó una cinta con varios temas. Luego me consiguió una cita. Era en un cuarto con un escritorio, y más allá estaba la magia. Para un chamaquito como yo era todo, poder viajar”. Rápidamente estuvo entre los 300 preseleccionados, pero al final no quedó en el grupo definitivo de nueve finalistas. “Recuerdo cuando regresé a Ponce, fui a la cancha de baloncesto del barrio en una van preciosa de los años 70 que le saqué a escondidas a mi papá. Yo sabía que mis papás se iban a la bolera y yo cogí la van y me fui para la cancha. Tenia como 12 años. Llego, pongo la música, con los chicos. Cuando me voy a ir, la van no prende. Le digo al mayor, que tenía 16 o 17 años y él se ríe. Y me dice: ‘Lo tienes que poner en parking’, y me pega un golpetazo en la cabeza. Regresé y nunca se enteró mi papá”.

Meses después montó una banda de rock pesado con sus amigos. Ensayaban en el techo de la casa de Ponce. “Mi papá fue cool con eso. Claro, no tenía sentido lo de Menudo con el metal, pero la verdad no pude encontrar el flow en Puerto Rico, sentí un rechazo”. Por la misma época entró una llamada: “Oye, le caíste bien a todo el mundo. Nos gusta tu voz, muy interesante. Te queremos dar trabajo”. Entonces se fue a vivir solo con “un escritorio y una cama” y empezó a trabajar, sin tener muy claro su rol. Luego se mudó a Florida e inició un plan de trabajo con los españoles Carlos Villa y Alejandro Monroy, con quienes rápidamente desarrolló una amistad. “La vida da vueltas y hay gente importante en el camino que inspira”.

Poco después le ofrecieron ser integrante de Menudo. Ya en ese momento había un contrato listo con Menudo y RCA. “La pasé muy bien. Estaba encantado con un sueldito al mes. Entré a Menudo sin estar prevenido de nada. Estar en una banda juvenil y poder empezar temprano es una bendición, es tener más claro a temprana edad quién eres y para dónde vas”.

El contrato se firmó con el apoyo de su familia, aunque su padre cambió de opinión luego y siempre intentó sacarlo del grupo. Luego, estando en Brasil, fue él quien pidió ayuda, y sin importar los roces del pasado con su viejo, este fue a recogerlo. Volvió a Puerto Rico, pero no estuvo mucho tiempo ahí. Viajó a Los Ángeles y se unió al guitarrista cubano Rafael Hernández, con quien formó Maggie’s Dreams. “Fue una etapa muy interesante. Llegué con otro flow desde Brasil con muchas expectativas a Los Ángeles”. Pero la cosa duró muy poco: “Cuando me rehabilité y salí, dejé la banda”.

En ese momento aparece la primera oportunidad de seguir grabando. Sus asesores y quienes manejaban todo le decían que lo mejor para grabar sería con MCA. Uno de sus mánagers le sugirió enviar sus demos a Bean Benítez: “Yo fui mandando. Y nada de respuestas”. Así que cuando llegó el momento de firmar, Draco cambió de parecer. “Llevaba tanto tiempo intentando contactarme con él, fue una señal”.

Volvió a Brasil, una decisión acertada para su vida: “Podía estar en el estudio todos los días, conectando con diferentes músicos. Fue buenísimo. Consumiendo poemas y libros, inspiración de los franceses. Fue un encierro y en gran medida un rechazo a Menudo. Me encerré, me consumí. Éramos yo y mis dos pianos. Abría la ventana, escuchaba música. Allí encontré mi camino. Y obviamente me perdí heavy ahí”.

En la época de Menudo conoció al director Kenny Ortega en Nueva York, conocido hoy por hacer la última gira de Michael Jackson. “Él me llamó a preguntarme si quería hacer una película de salsa, y yo de inmediato le dije que el acting no era lo mío”. Pero finalmente tuvo el papel. Conoció a su esposa y se acercó a Rodney Harvey: “Él también consumía, entonces éramos una bomba atómica”. En 1998 Harvey murió por una sobredosis de heroína. Draco no tiene mucho que decir al respecto. “Yo nunca les tuve respeto a los actores y a la actuación. La vida es tan corta para uno ser actor. Vivir el papel de otra persona. Qué carrera más extraña. Es mejor ser tú y contribuir con algo”. Lo que sí funcionó fue su relación con Ángela, su love story. “Nuestra historia opacó toda la película. Estábamos juntos 24 horas al día. Enamorados”.


Cuando regresó a Los Ángeles su agente lo postuló para el reparto de la serie de televisión 21 Jump Street: “They really like you man”. “Fui a la audición y they loved me, pero luego dijeron que no. Se dicen muchas cosas, que Johnny Depp dijo que no quería deal with that guy, no se sabe. Ok no problem. Luego voy a otra audición en Beverly San Vicente. Llegué en mi Harley y estaba muy high, me había fumado un superjoint, andaba sin casco ni licencia. En ese instante llegan el productor y el director muertos de la risa y yo encojonado. ¿Qué les pasa? Y me acuerdo que pedí perdón. Les dije: ‘Hey guys I’m sorry but I’m not an actor, I don’t wanna do this, thank you and I’m sorry’”. En ese instante Draco salió disparado a donde sus agentes: “‘Hey guys muchas gracias man, pero I don’t wanna be an actor I’m gonna stay into music’. Poco a poco fui apreciando lo que es el ‘craft’ del actor. Antes mi percepción era: ‘Para qué waste your time, your life planned by someone else, so who the fuck are you’, era un poco who are you si estás toda tu vida haciendo el papel de otro. Claro, después mi esposa me educó ahí en ese lado y comencé a apreciarlo un poco”.

Durante los días de actuación y los discos de Maggie’s, Draco atravesó por diferentes momentos de adicción. Se encaminaba a lanzar su carrera como solista, pero antes de eso debió pasar por algunos procesos de rehabilitación. “En aquel entonces si tenías un problema de abuso de drogas o de alcohol las disqueras te apoyaban, pagaban los 30 mil al mes con tal de que te mejoraras y siguieras trabajando. ‘Lo siento, pero me vales un millón de dólares así que hay que solucionarlo’. Te ayudaban a quitar el bad habit, pero hoy en día es otra cosa. Ahora te ganas una demanda de millones de dólares”.

En una época próspera para la industria, cuando se vendían millones de copias, las disqueras “cuidaban” de sus artistas, inclusive si debían pagar largas y tortuosas rehabilitaciones. “Fue una época en que todo era easy, como: ‘Ok no problem, love, take it easy’, y con eso pasé un tiempo en el Daniel Freeman Hospital. Allí había gente muy interesante, escritores, go strangers de Kennedy y estaban todos con problemas de drogas y alcohol”. En una sesión en el centro de rehabilitación coincidieron Dave Navarro, Gregg Allman, Brian Wilson “y otro montón de personajes con el mismo fucking problema y la misma lloradera”, para Draco resultó conmovedor y al mismo tiempo revelador encontrarse con estas historias. “Ver ahí a Brian Wilson llorar con tanto dolor, y también a Allman, fue duro, yo me fui de ahí como: ‘Fuck this, yo no quiero saber estas historias. A la edad de estos machos tener ese problema de drogas, de fucking alcohol que los tiene a todos consumed. I don’t wanna fuck’”. Se convirtió en una experiencia renovadora estar con personajes de este calibre, especialmente ver a Gregg Allman. “Siempre lo veías so fucking cool, a man of music en pocas palabras, pero verlo así tan destrozado, con esa depresión y melancolía en ese cuarto yo dije: ‘Fuck man, no quiero saber nada más de esto, no tiene sentido’”. Luego Draco estuvo por algunos meses viviendo en una casa especial terminando su proceso de rehabilitación en donde era sometido a constantes chequeos de orina y supervisión médica.

Exclusiva

Entre 1991 y 1992 se fue para España con el objetivo de grabar su primer álbum como solista. Entre Los Ángeles y Brasil había estado trabajando en algunas canciones e ideas para el disco. Estando allí se reunió con el ejecutivo Tomás Muñoz, quien estuvo detrás del surgimiento de las carreras de varios artistas. “Me senté con él un día y le presenté mis poemas, mis dibujos, y él me habló de lo emocionada que estaba la gente allí por mí: ‘Te quieren ver muy pop, pero están muy equivocados porque no conocen tus poemas’”. Muñoz decidió apoyarlo, y además le dio la autonomía que andaba buscando. “Ninguna disquera me iba a dejar hacer lo que él me permitió, la verdad que no, todas querían abusar como en la época de Menudo”.

Aún con el apoyo de un ejecutivo importante y con la promesa de otorgar a Draco autonomía total creativa, en Frío, su primer álbum, tuvo que dar algunas concesiones; ese tipo de decisiones estúpidas en torno a canciones flojas que por lo general escogen los sellos discográficos como sencillos. “Tuve que hacer un trance con ellos, grabé dos canciones que me forzaron a grabar: Mama y Guajira, que están en ese disco solo por estar ahí you know, pero yo lo tuve que hacer porque ese fue el deal”. Por otro lado, tuvo que trabajar con Ronnie Foster en la producción por decisión de la disquera. “Hubo un fuerte roce con él, hasta que un día me dijo: ‘Yo me voy, I’m over, I’m not finishing the record’. Después regresó, nos hicimos amiguitos por un momento y lo terminó”.

En Frío Draco reconoce la influencia del rock en español argentino. “Estuve pegado un tiempo con el Flaco Spinetta. Me encantaba. Me repetía: ‘Estás perdiendo el tiempo pensando y estás fuera de la vida’”. En la época de Menudo vivió nueve meses en Argentina, hizo una telenovela y muy buenos amigos. “Conocí el vino, fui a teatro, aprendí a cocinar. Allí empecé a escuchar toda la música, especialmente la de Spinetta y algo de Charly”. En la gira de promoción de Frío conoció a varios músicos que trabajaban con Charly y algunos otros locales como Gringui Herrera, Rano Sarbach, quienes luego serían la base de la banda para hacer toda su gira. “Yo era un romántico”, afirma. “Claro, leer sobre Modigliani o la vida de Picasso. La lista era larga. Yo nunca había tenido un plan. Muchos amigos me decían ‘¿pa’ dónde vamos?’, cómo, ‘qué vamos a hacer, a qué hora’ y tú ‘coño, espérame, quieto, por favor, no sé pa’ dónde voy ni a donde vas tú, pero espérate’. Porque claro, en esa época era como dejar que las cosas pasen. Me encantaba la energía, la energía cruda”.

En su siguiente exploración creativa, Draco tenía claros sus objetivos, y lo primero era encontrar un productor que se alineara a su visión y al concepto que tenía en mente para Vagabundo. Inició el proceso en Music Grand. La disquera empezó a llevar gente de afuera para ver si podían trabajar, y a gente de Puerto Rico para ver si podían manejar la situación. “Recuerdo que un día estaba trabajando con uno de los guitarristas de Michael Jackson, alguien muy cotizado. Voy y le digo: ‘I just wanna this some more grow, some of this’, y se encojonó tanto que me dijo: ‘You know that I was sitting here with my ass on this fucking chair, ¡tú nunca estás satisfecho!’. ‘You just fucking play’, le dije, y ahí comienza todo el rollo porque por el hecho de estar dirigiendo piensas que dominas todo, pero realmente no dominas nada”.

El proceso de selección del productor fue complicado. Tomás Muñoz coordinó una reunión con otro productor español, “un tal Esteban”, pero al final este nunca llegó a la reunión y en cambio envió un mensaje diciendo que no quería trabajar con Draco. “No llegaba el productor adecuado, no era un tema de rebeldía, simplemente ‘pruebo esta agua, me gusta; o no, me sabe raro. No me gusta’. Es cuando a Tomás le surge la idea de traer a Phil, que llegó al siguiente día, y yo solo pensé que sería otro man que iba a interferir en mis cosas”.

La aparición de Phil Manzanera resultó como “arena y escorpión”. Desde el comienzo el productor inglés mostró su interés en poner por encima los objetivos de Draco a los de la disquera. Esa intención concretó la relación entre ambos e impulsó el inicio de la producción de Vagabundo. “Estaba sentado en el baño y desde el otro lado: ‘Draco, no te preocupes’. Era Phil. Solo veía sus zapatos… con las medias rotas. ‘Aquí hay algo que yo debo defender, y es que vamos a hacer el disco que tú quieras hacer’. Yo ahí sentado, algo enfermo, pensé: llegó el santo y se desapareció. Después entré a la oficina otra vez y dijimos todos: ‘Vamos para adelante, vamos a hacer el disco’. El resto es historia. Yo no sé si ellos aprovecharon que estaba en el baño y se pusieron de acuerdo para decirme cosas bonitas, pero bueno me conmovió y funcionó porque todos los otros me estaban pintando algo completamente diferente”.

Vagabundo tiene una carga emocional notable y, sin duda, marcó un diferencial entre todos los discos de la época. Si las tendencias iban al norte, él iba hacía el sur, en contravía. A su manera. Se reunió con músicos de muy alto nivel y completaron una verdadera obra maestra. Draco lo describe como “un profundo viaje emocional y sonoro”. Al referirse a este álbum, no escatima en verdades absolutas. “Estaba enamorado. Y tenía un superhigh, supernoise. A su vez estaba con una tremenda depresión. Estaba… tú sabes. Nunca muy estable. No como hoy, you know”. Es un disco que representa una época de excesos. “Sí, consumía”, afirma. “Marihuana, hachís y otras cosas”.

El disco se grabó en Londres en 1996, en un entorno perfecto para Draco. No obstante, no tuvo el éxito inmediato que proyectó la disquera. Se rumoró incluso que el artista sería excluido de la compañía, además la promoción nunca ha sido algo que le termine de gustar. “Había cosas que no quise hacer”, dice refiriéndose a la promoción de Frío y Vagabundo. “Por ejemplo, en España estábamos haciendo promo en la radio. Y en eso, un tipo de la radio, que no lo puedo ni nombrar porque está vivo todavía, fue muy mala onda, nos faltaba al respeto. El tipo me mira y me pregunta: ‘¿Sabes qué es lo que no me gusta de este negocio?’. Y yo: ‘Qué voy a saber, conocer gente como tú’, le dije. Inmediatamente quitaron la canción del aire y se acabó la promo en España. Eso me ha pasado mucho”.

Draco es la prueba de una situación que es inexplicable en la industria. Muchas obras maestras se han quedado en el escritorio de programadores, a los mismos que la industria, y en especial las disqueras y ejecutivos adictos a los listados, se ha encargado de glorificar alimentando su ego. Afirma que en esa época le llamaban “el antipromoción”, “Draco, el peor enemigo”. Jamás estuvo de acuerdo con formatos de promoción en donde el tema principal no fuese el disco. “Tuve muchos encuentros así. Y si decidía no hacerlo, no pasaban mi música. Ya yo sabía lo que quería y eso no lo iba a vender. Eso empezó a crear mala fama y dificultades laborales para echar pa’ delante la música”.

Curiosamente el disco estuvo muy cerca de no ser publicado. Ese tipo de situaciones evidencian que la industria ha estado en las manos de ilustres abogados. “Yo estaba en Miami en casa de mamá, en la cocina, y llegó un amigo mío que estaba dentro. Y la conversación era de: “Hey, maybe ya lo back down?”. Hasta que, afirma Draco, en una reunión ejecutiva alguien dijo: “Esto es como un Ziggy Stardust”. “No sé quién lo dijo, I don’t know”. Luego después de muchas inexplicables dudas el disco fue publicado, iniciando la promoción en México: “Eso fue un desastre también. Empezamos por un programa de televisión, Rebeca y no sé quién. Fuimos allá y tocamos Madre tierra. En esa época yo era algo más enigmático, por las circunstancias. Luego me dicen que para salir al aire hay que aprobar muchas cosas de la entrevista y yo no estoy para aprobaciones, está la música. Si no es suficiente para ti la fucking música, entonces qué es este negocio. Es decir, solo te caigo bien si digo las palabras correctas para satisfacer tu fucking ego. Toda la agenda de promoción es cancelada, nos incorporamos a la gira, pero todo el dinero de la promoción desapareció”.

Vagabundo tiene entre sus canciones varias joyas del rock latinoamericano, además representa uno de los momentos más importantes en la carrera de Draco. Definitivamente lo puso en el mapa como uno de los más grandes. Varias de las canciones hoy en día significan mucho para él y en su momento sirvieron para exorcizar demonios y huir de algunas situaciones. “Vivir es un tema de rechazo total a la fucking época de consumo de LSD. Yo estaba bien antitodo, antisistema. Esta idea de… I’m sorry. I can’t remember the fucking word… ‘Idolatry’. Vivir está basado en ese momento de ser el fucking héroe. Deja que bailen los dioses, yo solo soy un hombre. Ya no quería saber nada.Sentía en esa época que todo era billete. Y yo no quería eso… Me fui de ahí, pero con un poquito de asco de ese mundo. Y tratando de forjar un camino”.

La década de los 90 fue un periodo de bonanza para el rock latinoamericano. Cobraron vida algunas obras maestras como Re y El Dorado. Y a diferencia de los 80, el factor denominador fue lo autóctono como concepto. El folclor logró permear las guitarras del rock & roll y produjo sonidos originales, que dieron a la música latina una identidad especial y única. En contraste con esta tendencia, la obra maestra de Draco, Vagabundo, recorre el jazz, el blues y el rock & roll. Su manera de trabajar fue muy sencilla: “Siempre seguir el instinto”. Por esto le fue muy difícil trabajar con algunos productores que solo buscaban hacerle sonar como algún otro producto de referencia. “Yo nunca he trabajado con referencias. Consumo música, sí, en mi tiempo libre. You know, disfrutando del libertinaje, tú sabes, good times. Pero a la hora de hacer música, para mí el descubrimiento del momento lo es todo. Porque el momento es nuestra vida. El momento. Nunca me fijé en lo que hacían otros artistas ni en las tendencias. Luego hice un disco con más folclor y tiene un gallo en la carátula”.

Draco ha desafiado al sistema y sigue buscando la forma de proteger su arte y la de sus colegas, expuestos a la voracidad de una industria que no muestra misericordia.
Draco ha desafiado al sistema y sigue buscando la forma de proteger su arte y la de sus colegas, expuestos a la voracidad de una industria que no muestra misericordia.


Su identidad cultural nunca fue tan específica. Nació en Nueva York, estudió en Puerto Rico y pasó gran parte de su juventud entre Argentina y Brasil, lo que sin duda le otorgó un espectro bastante amplio y diverso a su obra. “Yo trato de meterle jazz a todo lo que hago. No soy un premeditated guy. Nunca lo he sido. Y creo que he mostrado eso a lo largo de mi carrera. Y si lo fuera entonces dirían que soy un fucking genio. El arte de hey man, voy pa’ allá. No se pa’ donde voy. Todo es un misterio”. El amplio rango de culturas lo llevó a convertirse en compositor para otros artistas, lo que al final no disfrutó tanto. No es muy claro si lo hizo como interés personal o para saldar algunas cuentas. “Me costó mucho ese mundo donde todos los meses era mirar Billboard Magazine, la vida de compositor. Era un mundo rarísimo. Me salí de eso. Se me estaban hundiendo los dos barcos y decidí optar por el que me hacía más feliz”.

Ya en 2004 inició su siguiente exploración, esta vez con el objetivo de entrar al mercado anglo. Mad Love tiene un repertorio en inglés que muestra la versatilidad y alcance de Draco. No obstante, sus dos canciones en español, Más y más y Cómo me acuerdo fueron éxito rotundo en Latinoamérica. Sin embargo, el álbum no despegó masivamente y algunos de sus grandes temas, una vez más, pasaron desapercibidos. La falta de entendimiento entre los ejecutivos y el arte de Draco pasaron factura. “Fue una idea de la disquera: ‘Ya que hablas en inglés, ¿por qué no haces un disco?’. Entonces estaba toda esa maquinaria, donde se gasta mucho dinero y había mucha gente cerca opinando después de que entregué el disco… Es como trabajar con publicidad. Es muy parecido. Cuando todos apuestan tanto, sienten el derecho de opinar. ‘Como el dinero es mío, tengo esta opinión. Pon el corito acá y la sección esta acá’. Eso me frustró demasiado, incluso Más y más fue así. Llegó un punto en que todo se tornó en un desastre cuando fui a Nueva York para presentar el disco”.

A su llegada le fue asignado un mánager de producto. Ese tipo de personajes que generalmente manejan sus artistas como productos de un portafolio, y que, en la mayoría de los casos, no entienden su naturaleza. Esta no sería la excepción, ya que intentó decirle todo lo que tenía que hacer: “Haz las cosas como se deben hacer”, le dijo. “Tú con tu mánager de producto tienes que tener buena relación y eso no pasó, me entró muy mal. ‘¿Tú sabes la diferencia entre tú y yo?’, le dije, ‘Que tú mañana estarás trabajando en P&G y yo estaré aquí haciendo música’. La sinceridad libera, pero mata por otro lado. Mad Love es un disco bonito. Se gastó un montón de dinero él”.

Mad Love posee un listado de joyas escondidas. Es una cátedra magistral melódica para compositores dada por un “melody maker”. A pesar de haber tenido tanto control encima, es un disco valiente y con carácter. El álbum se acerca en su sonido a Bitches Brew, el álbum en el que Miles Davis tuvo una cercanía al rock & roll, y uno de los discos preferidos de Draco. Por esos días le compartieron una copia de las sesiones de grabación. “Recuerdo estar escuchando el disco, y se oía la voz del ingeniero preguntando: ‘Miles, ¿qué vamos a hacer? Entonces Miles, vulgar y rudo, le dice: ‘Shut the fuck up! Just record’. Me di cuenta de que lo que debía hacer era no hablar tanto y punto. Ser más libre y espontáneo”.

Varios cortes sobresalen en el álbum, desde Dancing in The Rain y Lie Without a Lover, donde el jazz desde el inicio anuncia la atmósfera venidera. Pasa por una sobrecogedora Mad Love, y Cómo me acuerdo presenta un sonido mucho más pop pero orgánico. La balada romántica y melancólica Noche fría y, por supuesto, My Eyes Adore You, canción guardada solo para las noches sagradas en Puerto Rico. Las baterías estuvieron a cargo de Vinnie Colaiuta (Frank Zappa, Sting). “Vinnie cobra y Draco canta. Llegó un momento que estaba tan trepado que asumió que llegaba a la perfección, no creía en nadie. Quedó cabrón. Como un avión”.

Unos años más tarde, y después de algunos discos muy introspectivos, Draco escribe, produce y graba otra obra maestra: Amor Vincit Omnia. De alguna manera todo lo opuesto a Vagabundo, un disco inspirado en las raíces del autor en donde la salsa, el son y el bolero, son la base rítmica y sonora. “Yo disfruté ese disco”, afirma Draco. Un disco lleno de color, vida y amor. Fue un disco totalmente independiente en el que Sony se limitó a la distribución. “No les interesaba el disco y curiosamente con ese disco nos dan una nominación al Grammy americano y en el latino nada, los grillos. Y Sony estaba ahí, pero no nos apoyaron porque el disco no era de ellos. Es de los pocos discos que me pertenecen [está en su sello Phantom Vox]. “Ese disco es fantástico. En vinyl suena muy bien. En 180 gramos suena cabrón. Suena más gordo”.

En 2009 Draco fue diagnosticado con fiebre reumática, lo que lo llevó a asilarse en su finca por un tiempo. “Los médicos no daban con el misterio. Me recetaron unas inyecciones de penicilina”. Unos meses después encuentran tres tumores en su organismo. “Amor Vincit Omnia realmente es un acercamiento a lo criollo, más folclor. Yo lo hice porque no me quería ir sin dejar un disco así. Yo pensaba: “Si es el último, pues así será”. En 2011 fue demandado por un concierto que tuvo que cancelar en México, al cual no pudo llegar por su delicado estado de salud. Así, luego de dos años de padecerla, su enfermedad se hizo pública.

Al poco tiempo Draco fue noticia en los medios internacionales por internarse para empezar un tratamiento no convencional contra el cáncer. Su tratamiento comenzó con una dieta orgánica, alejado de la quimioterapia, y luego se enteró de una conferencia en Texas: “Me fui tres días para allá. Mi esposa no pudo aguantar sino hasta el tercer día. Yo me quedé”. El tratamiento se inició con un sistema europeo que consiste en tomar vitamina C con bicarbonato de sodio. “Eran twenty five miligrams de vitamina, una dosis alta. Y con eso pude eliminar dos tumores, completamente. El tercer tumor fue con una dieta totalmente vegana, para eliminar todo el azúcar”.

Empleando tratamientos alternativos y convencionales, además de dietas para eliminar el azúcar, Draco ha hecho frente a la enfermedad, se muestra optimista y cada vez toma menos medicamentos.
Empleando tratamientos alternativos y convencionales, además de dietas para eliminar el azúcar, Draco ha hecho frente a la enfermedad, se muestra optimista y cada vez toma menos medicamentos.


El tratamiento médico en Texas se tornó poco sostenible. Cada pastilla le costaba 500 dólares y cada sesión 9 mil. “Recibí una llamada de mi contador: ‘Draco, no puedes seguir ese tratamiento. Se acabó el dinero. Deberás hacer un tratamiento tradicional”. A la vez su familia empezó a presionarlo para que empezara con la quimioterapia. “Me decían: ‘Fulano hizo esto, lo otro’, entonces, tuve que aceptar y hacerlo. La gente me decía: ‘Estás muy delgado, te estás muriendo’. Yo respondía: ‘No, no estoy comiendo todas las mierdas que te comes tú. Estoy flaco, soy como Gandhi’”. Draco comenzó el tratamiento tradicional. Y como ya tenía su organismo limpio, funcionó. “Hasta el día de hoy sigo en tratamiento, no de quimioterapia. Lo que tengo ahora son immunosuppressives en el sistema inmunológico después del trasplante de médula. Mi donante es un muchacho militar de Hamburgo. El tratamiento se basa en que domine su médula y para eso tengo que tomar medicamentos, cada vez menos”.

Enfrentar la enfermedad le sirvió además como mecanismo para alejarse de los excesos y vicios del pasado. “A mí lo que me salvó fue el cáncer. Realmente lo que me salvó fue enfermarme dos veces, solo así puede dejar todas esas cosas del pasado. Algunos amigos me dicen: ‘Coño, Draco yo no puedo dejar esto, Benito yo no puedo dejar lo otro’. Es duro, pero realmente a mí eso me enderezó y me siento mucho más feliz por haberlo superado y aquí estoy. Y Ángela, mi compañera de viaje. Los últimos cinco años han sido los más difíciles por la enfermedad, hospitales, medicina… uno volviéndose jodido e intentando ser positivo”. Durante los días más extremos de la enfermedad lanzó un disco de duetos con lo mejor de su repertorio. “En ese momento yo estaba muy mal, pero fue interesante, yo la pasé bien. Fue muy bonito verlos a todos. Hay cosas que no puedo contar, pero hay unos que se apuntaron primero y otros solo hasta el final”.

Draco se encuentra en la preproducción de un nuevo disco para 2018, aunque no tiene definido un nombre. Tiene como idea base la oscuridad y la luz, una analogía de lo que ha sido su vida aterrizada en el legendario concepto del Yin-Yang. “Yo siempre tengo piezas nuevas que presento en los conciertos. El que me conoce lo sabe. Pronto saldrán algunas en vivo: Mil mañanas y Quiero vivir, de un concierto en México”.

Con sus experiencias en la industria discográfica, es un poco arisco y desconfiado. No lo trasnocha volver a hacer parte de una industria que no lo ha tratado bien, ni siquiera cuando grabó sus obras cumbre. Los cambios en las tendencias, la era digital, las leyes en torno a los derechos de autor y la monetización lo han desencantado aún más del negocio. “La otra vez leí un artículo que decía que ya no se venden guitarras. La última vez que oí un crescendo de guitarra acústica fue con Taylor Swift. Lo que está mal es la paga de los compositores. Nosotros, que a veces tenemos que trabajar con un equipo, todo eso cuesta. Es doloroso saber cuando te quitan los derechos y todo es gratis. Yo aún estoy pensando cómo incorporarme a eso. Hay compositores como yo que tenemos la oportunidad de cantar en vivo o tener patrocinio. Pero a otros les estás quitando todo, les destruyen la vida. Por otro lado, está el streaming. This is weird, toca defender al compositor. Eso de public domain. Esta gente de Google, all these big monsters trying to make that a reality and loathing for that shit. Es un tema que toca investigar, porque no te he dado nombres ni nada, pero de que estas cosas están pasando, están pasando. Coño, es que Internet no lo controla nadie. I don’t know. What the fuck is going on?”. El actual modelo de música en vivo que se basa mayormente en festivales no le ha dejado las mejores experiencias. No comulga con repertorios cortos que tienen además muchos artistas. “Para tocar 20 minutos, pues no voy. Por otro lado, está la disquera, que quiere cobrar mucho y pagarte poco. Es una máquina de hacer dinero. Te dicen: ‘Dame tres de tus hits, tres de esto otro y se acabó’. Eso le resta importancia a la música. El problema no son los festivales, sino a lo se están encaminando. Estéreo Picnic, por ejemplo, es un festival bonito, pero en un momento escuchaba el sonido del otro escenario. Le estoy faltando el respeto a este otro. Yo no voy a una fiesta a escuchar cuatro tocadiscos al tiempo. Es como si estás haciendo un discurso y se escucha a otro por allá. Es una mierda, el público tiene derecho a reclamar. A mí me encantan los festivales, pero no me gusta que haya esos problemas. Esa es la muerte del festival para mí, es una falta de respeto”.

Draco ha sido partícipe, protagonista y víctima de la de industria de la música. Ha vivido lo mejor y lo peor de ella. Desde pequeño tuvo que disfrutar y padecer todo lo que implica ser un artista internacional. Ha resultado ser dios y demonio para los ejecutivos, quienes jamás entendieron a ciencia cierta su arte. Su genialidad a la hora de componer sigue siendo apetecida por la industria comercial que continúa buscando hits para llegar a la cima de los listados. Pero él, con su inquebrantable dignidad, ha sabido apartarse de ese modelo de negocio de cristal. De vez en cuando se topa con ejecutivos que añoran sus canciones: “’Coño, Draco, si tu hicieras un disco con canciones como Más y más, ahora es el momento’. Siempre están detrás de lo que ya fue, de lo que ya pasó. Es una cosa rarísima. Es como si yo solo fuera en un récord guy para hacer discos. ¿Te imaginas? Cómo voy a poder contribuir con ese sistema. Los productores que siguen ahí tienen que aceptar unas cosas… Es un sistema de consumo. Ya no están apoyando el arte. Es un momento crítico. Uno en su mente cree que está tratando de ofrecer la mejor calidad posible. Algo más honesto. Eso no es lo que está pasando, ya muchos se fueron y llegó el reggaetón. Y yo siempre celebro que haya un movimiento musical nuevo que uno diga: ‘Wow, aquí pasa algo’. Y es lindo y hay que celebrarlo. Yo cuando escuché el disco de Tego Calderón me encantó. Calle 13… Hay cosas buenas. Pero yo no voy a hacer reggaetón. No soy ese plátano”.

Draco es una influencia innegable para muchos artistas latinoamericanos. Es mucho más que música y canciones, es un poeta. Sus melodías son un norte en la composición que llevaron al rock en español al siguiente nivel en términos de arreglos y producción. Mientras que allí todo seguía basándose en tres acordes, él estaba experimentando con diferentes atmósferas, ritmos e instrumentos. Además, logró borrar magistralmente la línea que separa la música comercial de la de culto. Sus canciones hacen parte de una generación y no de una estrategia de marketing. Para empezar a escribir canciones hay que empezar por Draco. Se mantuvo fiel a sus principios con la cabeza en alto, sin querer bajo ninguna circunstancia ceder a las imposiciones comerciales de la industria.

Draco es el jazz de Miles Davis, la crudeza de Lou Reed, la versatilidad de David Bowie y la genialidad de Michael Jackson. Es un hombre que superó valientemente todas las adversidades del cáncer. Conoce muy bien lo difícil que es subir las cuestas y bajar las pendientes. Siempre hacia adelante, ha sido un luchador incansable y su espíritu de supervivencia han sacado a flote lo mejor de su alma. La melodía de Draco es fina e infinita. Es la música del paraíso prometido, a donde hay que llegar, más allá de las montañas.

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