Duque, ¿haciendo trizas el acuerdo con las FARC?

El presidente está cumpliendo con el mandato de quienes lo eligieron. Su apariencia moderada cada vez es menos creíble

POR ROLLING STONE | 11 Mar de 2019


“El primer desafío del Centro Democrático será el de volver trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final con las FARC”. Esas fueron las palabras que el exministro Fernando Londoño utilizó en 2017 en un encuentro del partido liderado por el senador Álvaro Uribe. En el mismo discurso, que Londoño dedicó a Uribe como “presidente de ayer, de hoy y de siempre”, se refirió a los magistrados de la JEP como “jueces ilegítimos”, “canallas”. Al final de aquella diatriba, el exministro dijo enfáticamente: “Se nos robaron la patria, y la vamos a recuperar”.

Todo esto se dio en medio de aplausos eufóricos por parte de los más fieles y encumbrados uribistas. En la primera fila estaba la senadora María Fernanda Cabal.

Después de recordar esta imagen, nadie puede sorprenderse al ver que el presidente Duque objete seis puntos de la ley estatutaria de la JEP. Duque fue elegido por el partido que aplaudió y vitoreó las palabras de Fernando Londoño, fue elegido por Uribe, que hace unos meses dijo, “Necesitamos que Duque enderece, porque si Duque no endereza nos va muy mal”.

A nadie puede extrañar que el Gobierno le ponga más palos en la rueda a la paz. Y no olvidemos que la situación en Venezuela, los atentados del ELN, el caso Santrich y el soborno de Bermeo (una extraña operación que aún está por aclarar) solo contribuyen aportando argumentos a una discusión que realmente va por otro lado. A Duque lo eligió el NO, el “te quitás esa camiseta o te pelamos”, el “¡Plomo!, ¡plomo!”. Para eso lo pusieron ahí.

Por eso Francisco Santos es nuestro embajador en los Estados Unidos y Alejandro Ordóñez nos representa ante la OEA. Por eso ha nombrado funcionarios que tratan de “mamertos” a sus contradictores y niegan la existencia de un conflicto armado en el país.

Las objeciones de Duque a la JEP han generado una respuesta por parte de más de cien personalidades entre las cuales se encuentran negociadores del proceso de paz, exministros, exmagistrados, líderes de la Iglesia católica y varios parlamentarios. La carta firmada por este grupo señala el respaldo que la JEP ha recibido por parte de la Corte Penal Internacional y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La jugada política y jurídica de Duque en relación con la Jurisdicción Especial para la Paz aún es objeto de análisis por parte de especialistas en derecho, y está claro que hay una gran cantidad de tecnicismos que la hacen altamente compleja para la opinión pública.

De cualquier modo, el espíritu está claro: el primer mandatario está cumpliendo con la misión que le encomendó su partido y su “presidente eterno”. Está ajustándose a las necesidades del fiscal Néstor Humberto Martínez, que llegó a su cargo –paradójicamente– gracias a Juan Manuel Santos.

Duque parece interesado en devolvernos al pasado, en traer de vuelta una guerra que no han vivido quienes tanto lo apoyan. Una guerra que pelean los más pobres en beneficio de los que más tienen, una guerra que entrega tierras y fortunas a unos pocos que se disfrazan de paladines de la justicia para hacer trizas cualquier esperanza de paz. Una guerra aplaudida por una clase media indolente y padecida por un sector popular al que le aterra que Colombia se convierta en Venezuela.

Una guerra con todas sus letras, no una simple “amenaza terrorista”. Un conflicto armado que intentarán negar una y otra vez, hasta que la sangre nos llegue hasta el cuello, hasta que a nadie –uribista o no uribista– le quede una patria por recuperar.

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