El metal en los Grammy: un gramófono opaco

La creación del reconocimiento de los Grammy al metal se aproxima a sus 30 años, y el recorrido ha sido escrito con letra torcida

POR JUAN P. BENÍTEZ | 13 Feb de 2018


1989 fue un año de eventos que marcaron un punto de inflexión en la historia de la humanidad. Muchos de los que vivieron en ese entonces tienen frescas las imágenes de una época convulsionada en todo el planeta y, más aún, las de miles de personas con sed de cambio tumbando el Muro de Berlín, aquella frontera infame que nunca debió existir. Un año antes de ese suceso revolucionario, la industria de la música también buscaba derribar sus propias barreras. Con el fin de darle un reconocimiento a los sonidos fuertes, que claramente venían en un constante crescendo durante los 80 gracias a factores como el auge del thrash y del heavy metal, a MTV y a festivales multitudinarios alrededor del mundo, la Academia de la Grabación decidió crear una nueva categoría en los premios Grammy: Premio a la mejor interpretación de hard rock/metal vocal o instrumental (un nombre bastante extenso que claramente se prestó para confusiones). Y desde ese entonces, hemos podido ser testigos de la historia de un premio extraño y opaco que ha estado lleno de momentos controvertidos, inverosímiles e incluso anecdóticos a los que vale la pena dar un vistazo.

Todo comenzó como una tragicomedia en la 31a ceremonia de los Premios Grammy. Parece ser que los votantes al premio de ese entonces, o bien no tenían una distinción clara entre el hard rock y el metal; o no sabían por qué estaban votando exactamente; o no les interesaba en lo más mínimo prestarle la debida atención a un género musical [léase metal] que se había caracterizado por estar fuera del mainstream en general; o simplemente buscaban “autosabotearse” y generar controversia para dar de qué hablar. Y es que si nos fijamos en los siguientes nominados al nuevo galardón podemos darnos cuenta de que, aunque hablamos de pesos pesados del rock como tal, claramente los géneros que representan no pueden equipararse de ninguna manera en una premiación y mucho menos si han sido escogidos por “expertos”: Blow Up Your Video de AC/DC, Cold Metal de Iggy Pop, Nothing’s Shocking de Jane’s Addiction, Crest of a Knave de Jethro Tull y ...And Justice for All de Metallica (el claro favorito) (¿?). Tal fue la sorpresa tanto de críticos, fanáticos y músicos, que los miembros de Jethro Tull ni siquiera asistieron a la ceremonia por considerar que su música claramente no pertenecía al heavy metal o al hard rock y que no tenían posibilidades de ganar.

La noche del 22 de febrero del 89, el maestro Alice Cooper –con su característico humor negro– y Lita Ford subieron al escenario a entregar el premio. Pocos esperaban oír un nombre distinto a Metallica, así que hubo tiempo para que Cooper bromeara un poco con Ford sacándose una serpiente de caucho del bolsillo en vez de sacar el sobre, mientras el público se divertía y los fanáticos del metal esperaban que el señor James Hetfield y su banda subieran al escenario a recibir el merecido premio. Sin embargo, la cara del propio Cooper cambió al leer el nombre del ganador: ¡Jethro Tull! Los abucheos de los presentes no se hicieron esperar (el propio Ian Anderson, líder de la banda ganadora, reconocería más adelante que agradeció no haber estado presente) y lo que pudo haber sido un gran momento terminó convertido en un sinsabor para los fanáticos y en una lluvia de críticas a los miembros de la Academia, que tuvieron que separar los premios para el siguiente año en dos categorías, Mejor Interpretación de Hard Rock, y Mejor Interpretación de Metal.

Con el fin de calmar los ánimos de la controversia con un poco de humor, la disquera de Jethro Tull publicó un brillante anuncio en una revista británica, en donde aparecía una flauta acompañada de un título que decía: “La flauta es un instrumento de heavy metal”, haciendo referencia al instrumento insignia de la banda. Por su parte, Metallica les puso una calcomanía con la frase “Los perdedores de los premios Grammy”, a las siguientes ediciones de…. And Justice for All. Irónicamente, el Grammy que recibieron los ingleses esa noche es el único que tienen en su inmensa carrera. Un premio en una categoría a la que no pertenecían.

En 1990 se hizo justicia con Metallica, y el cuarteto californiano recibió su primer gramófono, que tan solo marcaría el principio de una serie de triunfos (6 en esta categoría) sin precedentes por parte de una banda de metal en los premios más importantes de la música.

A pesar de que en los 90 la música alternativa y las boy bands dominaban el panorama mundial, el metal tuvo bandas y obras maestras que fueron galardonadas con justicia, y aunque el tema daría para una extensa literatura, podemos poner los ejemplos de Wish de NIN, o de Aenima de Tool, dos canciones adelantadas a su época en las que se puede percibir la genialidad de sus autores y la impecable calidad de su producción, sonido e interpretación. Pero también hay cosas inexplicables, como que se hayan quedado por fuera bandas de suprema importancia, como es el caso de Death, y que no hayan sido nominados o ganadores trabajos discográficos trascendentales como la monstruosa descarga de energía de Vulgar Display of Power de Pantera, uno de los álbumes de metal más importantes de todos los tiempos, Far Beyond Driven, nada más y nada menos que el primer álbum de metal en llegar al Número Uno de Billborad, o Roots de Sepultura, una producción totalmente innovadora que claramente merecía un reconocimiento (la banda brasileña interpretó Garota de Ipanema en la versión de 2008 de los Grammy Latinos).

Desde luego, no se puede dejar de anotar que los Grammy no tuvieron en cuenta, durante esta época, a los grandes exponentes del metal nórdico, y solo hasta 1999 una banda alemana (Rammstein) fue nominada en esta categoría, claramente monopolizada por grupos estadounidenses y algunos británicos. Sin embargo, poco a poco han aparecido más bandas nominadas provenientes de países como Dinamarca (Volbeat) o Francia (Gojira). El “desquite” para los representantes nórdicos llegaría en 2016 cuando Ghost obtuvo un galardón por Cirice.

En lo que va corrido de este milenio se podría decir que el premio ha alternado entre grupos de la “vieja escuela” (Slayer, Metallica, Motörhead, Judas Priest, Black Sabbath…) y grupos que, sin bien no son nuevos, se han venido afianzando con fuerza y gozan de gran popularidad entre las nuevas generaciones (Tool, Deftones, Korn, Slipknot, Ghost, Mastodon…), algo que demuestra que el metal no se ha quedado estancado y se le ha reconocido merecidamente su esfuerzo por mantenerse siempre vigente.

En esta época, también convulsionada, es claro que el rock, en términos generales ya no es un protagonista principal de los Grammy, como lo fue en décadas pasadas –mucho menos el metal, aunque eso ha sido claro desde el principio–, solo basta con darse cuenta de la poca atención, o de las ganas de generar controversia de los productores de la ceremonia a las entregas de este género, que ya ni siquiera está presente en la transmisión en vivo. En 2017, por ejemplo, luego de haber sido nominada en más de 11 ocasiones, Megadeth pasó a recibir su premio por Dystopia mientras una banda mediocre y desafinada intentaba tocar Master of Puppets… sí, ¡Master of Puppets, de Metallica! (Es como si el día de su matrimonio, cuando usted va camino al altar alguien en tono de chiste le pone la música que oía con su exnovia).

Como si fuera poco, esa misma noche en la ceremonia televisada, y ante millones de espectadores en todo el mundo, se presentó Metallica con Lady Gaga. Luego de una gran expectativa y menos de un minuto después de haber empezado la presentación, el micrófono de James Hetfield dejó de sonar de repente, y durante toda la canción tuvo que estar pegado a la artista para que su voz pudiera oírse. Fue un espectáculo desastroso que Metallica y Gaga, con gran experiencia, lograron sortear para que no fuera peor. Sin embargo, al final de la canción, Hetfield pateó su atril y lanzó su guitarra con rabia para mostrar su disgusto, mientras que las implacables redes sociales no pasaron por alto el suceso.

Sin lugar a duda ha sido un recorrido agridulce. Y es que 30 años después de su creación y gracias a los eventos en los que se ha visto involucrado este premio en el que muchas de las acciones equivocadas parecen haber sido deliberadas, desafortunadamente queda la sensación de que la Academia se siente incómoda con el metal; que es premiado por compromiso; que es algo que no se toma con la seriedad que merecería un tipo de música que cuenta con músicos de categoría y fanáticos fieles que siguen llenando estadios para ver a sus bandas favoritas y a los que, paradójicamente, les importa muy poco que esta música suene en la radio o gane premios.

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