El narco de la nueva generación

El brutal ascenso de “El Mencho”. A la caza del nuevo capo más peligroso de México

POR JOSH EELLS | 18 Aug de 2017

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El Mencho con sus hijos menores (ya son adultos).


Dos acaudalados hermanos mexicanos salieron de fiesta una noche calurosa de agosto del año pasado en Puerto Vallarta. Iván y Jesús Alfredo Guzmán, de 35 y 29 años, habían estado de vacaciones en el balneario toda la semana. Era la víspera del cumpleaños de Iván, y para celebrar habían reservado una mesa en un lujoso restaurante llamado La Leche. Seis hombres y nueve mujeres —jóvenes, atractivas y bien vestidas— llegaron a su encuentro en camionetas lujosas y se sentaron con ellos a tomar champaña y a cenar. Tres horas más tarde, poco después de medianoche, fueron rodeados por una docena de hombres con rifles de asalto. Un pistolero obligó a Iván a ponerse de rodillas y lo derribó de una patada en las costillas, mientras a Jesús Alfredo también le apuntaban. A los hermanos y a los demás hombres se los llevaron en camionetas, pero a las mujeres no les hicieron daño. Toda la operación tardó menos de dos minutos (el dueño del restaurante la describiría luego como “violenta, pero muy limpia”). Y así, sin disparar una sola bala, los dos hijos menores del jefe del Cartel de Sinaloa, Joaquín Guzmán, alias El Chapo, habían sido secuestrados.

Los hijos de El Chapo habían cometido el error de salir de fiesta en el territorio del rival más nuevo y peligroso de Sinaloa: un capo emergente llamado Rubén Oseguera Cervantes, alias El Mencho. Este hombre, un antiguo policía estatal de Jalisco que pagó tres años de cárcel en una prisión estadounidense por vender heroína, lidera lo que muchos expertos consideran el cartel más mortífero, de más rápido crecimiento y, según algunos, con más dinero de México: el Cartel Jalisco Nueva Generación, o CJNG. Aunque El Mencho es casi desconocido en Estados Unidos, una corte federal de Washington D.C. le ha imputado cargos por tráfico de drogas, corrupción y asesinato, y actualmente hay 5 millones de dólares de recompensa por él. Quizá con excepción de Rafael Caro Quintero —el veterano capo requerido por la tortura y asesinato de un agente de la DEA en 1985— él es probablemente el narcotraficante más buscado por los EE. UU. luego de la captura de El Chapo.

El CJNG ha existido desde hace casi media década, pero con su vertiginoso ascenso ya ha logrado lo que a Sinaloa le tardó una generación. El cartel ha establecido rutas de narcotráfico en decenas de países en seis continentes y controla un territorio que abarca la mitad de México, incluyendo ambas costas y las fronteras. “Este cartel ha aumentado sus operaciones como ninguna otra organización criminal hasta la fecha”, aseguró un informe clasificado de la inteligencia mexicana obtenido por el periódico El Universal. En mayo, el fiscal general de México, Raúl Cervantes, lo declaró el cartel con más cobertura del país.

El CJNG se especializa en metanfetamina, la cual genera más ingresos que la cocaína o la heroína. Al concentrarse en mercados extranjeros lucrativos en Europa y Asia, ha mantenido simultáneamente un bajo perfil en EE. UU. y ha construido un patrimonio estimado en 20 mil millones de dólares. “Estos tipos tienen mucho más dinero que Sinaloa”, dice un exagente de la DEA que pasó varios años persiguiendo al cartel en México (y quien pidió no revelar su nombre por razones de seguridad). Según otro investigador estadounidense, “El Mencho ha sido muy agresivo y, desafortunadamente, le ha dado resultado”.

Aunque no pareciera, los carteles mexicanos han sido debilitados uniformemente. Los sanguinarios Zetas —los excomandos que mutilaban y decapitaban gente— se han visto afectados por guerras territoriales y el arresto de sus líderes. Otros grupos, como el Cartel del Golfo, han corrido la misma suerte. Incluso el poderoso Sinaloa ha tenido peleas internas (que incluyen a los hijos de El Chapo y a su antiguo socio) por el control luego de la extradición del capo a Nueva York.

Esta fragmentación ha hecho que México se convierta en un caldo de cultivo para la violencia. Desde el arresto de Guzmán en enero de 2016, el índice de homicidio se ha incrementado en un 20%, con más de 20 mil asesinatos el año pasado (más que en Irak o Afganistán). Y para mayo de 2017 ha aumentado otro 30%. Muchas de estas muertes se le pueden atribuir a la lucha territorial del CJNG. Se han descubierto varias fosas comunes en estados en donde el cartel ha sido más agresivo, como en Veracruz; y en Colima, donde el CJNG se enfrentó casi todo el año pasado con el Cartel de Sinaloa, el índice de homicidios se ha triplicado.

“Se ha vuelto muy sangriento y mucha gente se lo atribuye a El Mencho”, dice Scott Stewart, un experto en carteles. El Mencho ha demostrado una barbarie extrema incluso para los estándares de los narcos. Para el brutal Chapo, matar era una parte necesaria del negocio. Para El Mencho, parece más un espectáculo público de sadismo. Ha habido asesinatos múltiples, como el de los 35 cuerpos torturados y arrojados en las calles de Veracruz durante la hora pico en 2011. Dos años después, miembros del CJNG violaron, asesinaron y quemaron a una niña de 10 años porque pensaron (erróneamente) que era la hija de un rival. En 2015, asesinos de este cartel ejecutaron a un hombre y a su pequeño hijo detonando tubos de dinamita pegados a sus cuerpos con cinta mientras se reían y filmaban con sus teléfonos. “Esto es digno del Estado Islámico”, dice un agente de la DEA que ha investigado al cartel. “Su forma de matar y las cifras son algo sin precedente, incluso en México”.

La comparación con el EI es instructiva por otra razón; cuando El Chapo estaba en la cima de su poder, luego de las sangrientas guerras entre carteles hace una década, el país disfrutó de un periodo de relativa paz. Pero así como el EI creció luego de la era post Hussein, una consecuencia fortuita de la caída de El Chapo puede haber sido la de abrirle la puerta a alguien peor.

Solo se conoce un puñado de fotos de El Mencho, e incluso su descripción del Departamento de Estado es cómicamente ineficiente: mide 1,76 metros, pesa 74 kilos, tiene ojos cafés y cabello castaño. Los cronistas hablan de su supuesta fascinación por las motos y las peleas de gallos de cientos de miles de dólares —uno de sus apodos es “El señor de los gallos”—, pero en general es un enigma. “En México uno se encuentra con gente que ha conocido a El Chapo”, dice el exagente de la DEA. “Pero con El Mencho no pasa eso. Es como un fantasma”.

De cierto modo, secuestrar a los hijos de Guzmán le sirvió a El Mencho como una fiesta de presentación en sociedad. Según una fuente de la DEA, el cartel quería secuestrarlos, obtener información y luego liquidarlos. Pero, a última hora, El Chapo —todavía en México— pudo negociar un intercambio (según la fuente de la DEA) de “dos millones de dólares y mucha droga”, y los hijos fueron liberados ilesos.

El pago del rescate fue algo ceremonial. “El Mencho no necesita dinero”, dice la fuente. “Estaba mandando un mensaje. ‘Su viejo está en prisión. No crean que son intocables’”. La advertencia era clara. El Mencho iba por el trono.

Miembros del CJNG. Los expertos estiman que tienen un patrimonio de 20 mil millones de dólares. “El Mencho ha sido muy agresivo”, dice un investigador estadounidense. “Y hasta ahora le ha funcionado”.
Miembros del CJNG. Los expertos estiman que tienen un patrimonio de 20 mil millones de dólares. “El Mencho ha sido muy agresivo”, dice un investigador estadounidense. “Y hasta ahora le ha funcionado”.


Jalisco es el estado mexicano por excelencia. Los mariachis nacieron allí, al igual que el tequila y los sombreros. Por décadas fue una zona neutral para los carteles: muchos narcos tenían casas en Guadalajara, mientras que ciudades costeras como Puerto Vallarta eran los balnearios favoritos de políticos y capos. Pero estratégicamente hablando Jalisco también es muy importante para el narcotráfico. Al ser la segunda ciudad más grande de México, y un importante centro financiero y de transporte, Guadalajara (“La perla de occidente”) ofrece un sinnúmero de oportunidades para el lavado de dinero y la contratación. El estado también se encuentra cerca de los dos puertos más grandes de México: Manzanillo y Lázaro Cárdenas, que están a la mano para el envío y repartición de drogas.

“Uno de los mayores factores para el ascenso de El Mencho es que ha tenido una inmensa ventaja geográfica”, comenta el agente especial Kyle Mori.

Mori, de 35 años, es un experto en estas investigaciones. Antes de ingresar a la DEA trabajó con el sheriff del Condado de Los Ángeles en Compton. “He trabajado alrededor de estos tipos desde que empecé. Eso es lo que hago”, asegura. Ahora es el agente que más sabe acerca del cartel en EE. UU.; en 2014 ayudó a preparar los cargos contra El Mencho.

La primera vez que este apareció en el radar fue por casualidad. Mori estaba trabajando en un caso aislado de lavado de dinero con un agente en Guadalajara, y él le habló de un nuevo objetivo, de un nuevo cartel: “Son un problema aquí en Jalisco. Cuando agarren a El Chapo, estos tipos van a mandar”. En ese momento, los miembros del CJNG se consideraban los salvadores. Respondían al nombre de ‘Mata Zetas’, vestían un atuendo paramilitar negro y publicaban videos propagandísticos en los que afirmaban estar luchando contra Los Zetas por el pueblo mexicano. “No extorsionamos, secuestramos, robamos, oprimimos ni perturbamos el bienestar nacional”, decía un video. “Nuestro único objetivo es acabar con Los Zetas”. Pero como dice Stewart Stratfor, “realmente no hay ningún Robin Hood en México”. Pronto se reveló que el CJNG era solo otro cartel que intentaba proteger su naciente imperio de metanfetamina.

En un cable diplomático de 2008 un funcionario estadounidense detalló cómo Jalisco se había convertido en la capital del narcotráfico mexicano. A diferencia de la heroína o la marihuana, la metanfetamina no necesita grandes parcelas o buen clima, solo zonas aisladas para tener laboratorios. Guadalajara también tenía una próspera industria farmacéutica y químicos jóvenes llenos de conocimientos técnicos. Por otro lado estaban los puertos del Pacífico, que permitían al CJNG contrabandear grandes cantidades de productos químicos de India y China y sacar el producto final.

“Estos tipos adoptaron la metanfetamina muy temprano”, dice Stewart. “Además entendieron la economía: a diferencia de la cocaína, que tenían que comprársela a los colombianos, con la metanfetamina controlaban la mayor parte de las ganancias”. Pero según un analista de la DEA, “el problema con los tipos que negocian con metanfetamina es que son desquiciados”. En comparación con los cárteles más establecidos, El Mencho y el CJNG eran “campesinos que se ganaron su respeto comerciando con pseudoefedrina”, dice el analista. “No tenían que salir a cenar con proveedores bolivianos, ni volar a Suramérica para hacer negociaciones internacionales. No son sofisticados. Son muy bruscos”.

Pero a medida que El Mencho construía su negocio rápidamente, su operación se volvía más compleja. Invirtió bastante en submarinos para traer narcóticos de Suramérica (incluso contrató ingenieros navales rusos para ayudar a diseñarlos, según el exagente de la DEA). Evitó la vigilancia estadounidense concentrándose en mercados lejanos como Australia, donde, como explica Moris, un kilo de cocaína puede costar cuatro veces más que en EE. UU. El capo también usó técnicas más mundanas, como contratar modelos para que traficaran drogas. Según el exagente, los traficantes del CJNG se hacían pasar por fotógrafos, con credenciales falsas, y volaban a México con “talento” de Colombia y Venezuela. Las autoridades se distraían tanto con las mujeres que las drogas ingresaban con facilidad.

El Mencho ejerce su poder utilizando la corrupción y la intimidación. Miembros capturados del CJNG han testificado que odia la desobediencia y le gusta que sus víctimas le imploren antes de matarlas. “Estamos ante alguien que mataría a toda tu familia basándose en un rumor”, dice una fuente. “No tiene ningún respeto por la vida humana”. Alguien que lo conoció dice que es un astuto hombre de negocios que no bebe, no tiene amantes (como otros líderes) y no confía prácticamente en nadie.

El exagente comenta que ha oído grabaciones en donde les da órdenes a sus sicarios, y ellos, unos peligrosos matones, le temen. “Creo que no oí ninguna parte en donde estuviera tranquilo. Pero no era impulsivo. Los gritos eran muy controlados. Sabía lo que estaba haciendo”.

La ferocidad de El Mencho inspiró una devoción similar en sus tropas. “Una vez hubo un tiroteo en una feria… de repente, alguien lanzó una granada y unos miembros del CJNG se acostaron sobre ella para impedir que él muriera”, recuerda el agente. Comenta también que la crueldad del capo ha impedido que haya informantes en su contra. Una de las fuentes del agente logró acercarse —tenía una dirección de El Mencho—. Pero cuando sus hombres notaron que andaba merodeando, lo secuestraron a él y a su hijo. “Encontraron el cuerpo del hombre un mes después, con signos de tortura”, dice el agente. “Del hijo nunca se supo nada”.

El Mencho también ha comprado policías. El gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, ha dicho que al asumir su cargo “la vulnerabilidad más grande del estado era la infiltración del crimen organizado” en sus fuerzas policiales. Según un informe de Reuters, en un punto el CJNG tenía a más de la mitad de la policía municipal de Jalisco en su nómina; algunos ganaban cinco veces su propio salario. “La gente dejó de confiar en la policía”, dice el fiscal general de Jalisco, Eduardo Almaguer. Como si fuera poco, aterrorizaba a los policías que no podía comprar. Según el exagente de la DEA, el cartel inspiraba un alto grado de miedo en la policía mexicana.

En una ocasión El Mencho le envió una cabeza de cerdo al fiscal general en Ciudad de México como advertencia. “La pusieron al lado de la puerta en una canasta de hielo”, dice el exagente. “Me sorprende que solo haya sido un cerdo”.

Una llamada reciente muestra a El Mencho haciendo una amenaza. En la grabación se le puede escuchar hablando con un comandante de la policía local (“Delta Uno”) cuyos oficiales eran, al parecer, demasiado entusiastas para su gusto.

Mencho: ¿Delta Uno?

Comandante: Sí, ¿quién habla?

M: Óyeme bien hijo de puta. Soy El Mencho. Relaja a tus hombres o te voy a joder. Incluso voy a matar a tus putos perros, pinche hijo de puta.

C: Sí, señor. Les diré.

M: No me cuelgues, hijo de puta. Sé donde estás. Estabas en Chapala [un barrio elegante de Guadalajara].

C: No, señor. No le voy a colgar. Les diré que se relajen.

M: Pensé que dijiste que nos llevaríamos bien. Es mejor que estés de nuestro lado o serás el primero en desaparecer, ¿entendido?

C: Sí, señor. No tenemos que llegar a ese punto.

M: Si quieres amistad, tienes un gran amigo aquí. Si no, te puedes ir a la mierda.

C: Señor, usted me conoce, sabe que soy su amigo. Voy a hacer una llamada ahora mismo. Lo llamo a ese número.

M: No, no, no. No me llames a este número, yo te llamo. Y si apagas el teléfono lo tomaré como una negativa.

C: Sí, señor. Usted me conoce. Hay respeto.

M: Bien. Y perdona las malas palabras.

Mientras el CJNG desarrollaba operaciones, la DEA estaba ocupada con El Chapo y su cartel, lo que ayudó a El Mencho a pasar desapercibido. Según el exagente, toda la inteligencia estaba enfocada en El Chapo, e incluso había algunos funcionarios en Washington que no sabían nada del CJNG. No creían que fuera importante. Como resultado, la investigación de Mori no estaba avanzando. “Llegamos a un punto muerto, no nos acercamos a El Mencho, no teníamos ningunas fuentes, ninguna interceptación telefónica. Sabíamos que teníamos a un gran narco emergente, pero no teníamos el ‘OK’ para investigarlo”. Por eso el caso fue dejado a un lado, y durante los siguientes años se convirtió en una idea del pasado. “Algunas personas en nuestras oficinas y en México veían lo que estaba ocurriendo”, dice Mori. “Pero la mayoría de los agentes de la DEA (en ese entonces) no sabían quién era El Mencho”.

Cámara de seguridad de La Leche, el restaurante de Puerto Vallarta donde hombres de El Mencho secuestraron a dos hijos de El Chapo. “Estaba mandando un mensaje: ‘No crean que son intocables’”, dice una fuente de la DEA.
Cámara de seguridad de La Leche, el restaurante de Puerto Vallarta donde hombres de El Mencho secuestraron a dos hijos de El Chapo. “Estaba mandando un mensaje: ‘No crean que son intocables’”, dice una fuente de la DEA.


Años más tarde este hombre se convertiría en uno de los jefes más buscados del planeta y contaría con un ejército de 5 mil hombres —casi el mismo tamaño de la DEA— y un patrimonio personal de un billón de dólares. “¿Cómo se convierte un pequeño distribuidor callejero en uno de los narcotraficantes más prolíficos y buscados del mundo?”, se pregunta Mori.

La respuesta es que fue a Estados Unidos.

Naranjo de Chila es un pueblo montañero y polvoriento al suroeste de Michoacán, muy lejos de la majestuosidad de Guadalajara. Fue allí donde el 17 de julio de 1966 nació Rubén Oseguera Cervantes, uno de seis hermanos pertenecientes a una familia aguacatera de escasos recursos. El pueblo se encuentra en el borde de Tierra Caliente, una región pobre y agreste famosa por producir productos legales e ilegales.

Para ayudar a su familia, Rubén se salió del colegio en quinto grado y comenzó a trabajar en el campo; a los 14 años ya cuidaba cosechas de marihuana. El Mencho debe haber soñado con algo más que aguacates, porque al cabo de unos pocos años se había mudado a California. Hacia 1986 estaba viviendo cerca de San Francisco, en donde fue arrestado por la policía de esa ciudad por posesión de propiedad robada y una pistola cargada. Una foto de ese incidente muestra a un Mencho de 19 años con una capucha puesta y un rostro inexpresivo con algo de acné. Dos meses después tuvo su primer hijo. No se sabe si pagó cárcel por el incidente pero, según Univisión, cruzó la frontera varias veces a finales de los 80 para contrabandear drogas bajo distintos alias (Rubén Ávila, Roberto Salgado). Según informes mexicanos y de la DEA, durante esta época se involucró en el comercio de metanfetamina.

En ese entonces, la producción de esa droga estaba concentrada en el Valle Central de California, en los llamados superlaboratorios en ciudades como Fresno y Bakersfield. Fue allí donde, con su cuñado, Abigael Gonzalez Valencia, El Mencho aprendió lo que se convertiría en un negocio familiar.

En 1989 volvió a San Francisco, donde fue arrestado de nuevo, esta vez por vender drogas. Fue deportado unos meses después, pero para septiembre de 1992 volvió a la Bahía y lo detuvieron bajo cargos federales.

Según los registros de la corte, esta es la historia. Abraham, el hermano mayor de El Mencho estaba en un bar de San Francisco para hacer una transacción con heroína: cinco onzas por 9.500 dólares. El Mencho, de 26 años, servía de campanero. Pero aunque era el hermano menor, era lo suficientemente inteligente como para saber que los compradores no pagaban en billetes sueltos, sino con una pila ordenada de billetes de 100. En una conversación intervenida le advirtió a Abraham que los hombres eran policías encubiertos y le dijo que ya no negociaría con ellos. Pero una vez fue suficiente: tres semanas más tarde, El Mencho y su hermano fueron arrestados.

25 años después ni el fiscal ni el abogado asignado a El Mencho pueden recordar muchos detalles del caso. Pero algunas transcripciones de la corte lo muestran como a alguien astuto, por momentos combativo y muy leal a su hermano. El Mencho insistió en su inocencia. Pero el fiscal tenía clara su posición. Si no se declaraba culpable, entonces, Abraham con dos cargos por drogas en su contra— enfrentaría una sentencia de por vida. El Mencho pensó en la mejor decisión y, al final, se declaró culpable para proteger a su hermano, pero le pidió al juez que no le diera una sentencia muy larga.

MAPA DE LA GUERRA CONTRA LAS DROGAS EN MÉXICO

En la última década, la guerra contra las drogas en México se ha expandido por todos los rincones del país, dejando más de 200 mil civiles muertos. Los siguientes mapas muestran el territorio de cada cartel importante, los puntos de la lucrativa producción de drogas y dónde se libran las guerras territoriales que continúan alimentando la violencia.


Así las cosas, fue sentenciado a cinco años en el Big Spring Correctional Center, una prisión privada al occidente de Texas en la que se encontraban más que todo inmigrantes indocumentados (se dice que allí conoció algunos pandilleros que luego reclutaría para su cartel). En 1997, luego de tres años de condena, salió bajo libertad condicional y fue deportado a México, siendo ya un criminal fortalecido con 30 años de edad.

Los siguientes años son confusos, pero según informes mexicanos y de la DEA, El Mencho se estableció en Jalisco en un pueblo llamado Tomatlán, donde de manera inverosímil se convirtió en oficial de la policía estatal de Jalisco. No sería la primera vez que un narco se infiltrara en la policía estatal mexicana, la cual, contrario a su contraparte federal, es vista como corrupta. Eventualmente, El Mencho partió a Guadalajara, donde ingresó al Cartel del Milenio, organización que lo catapultaría al poder.

Milenio alguna vez fue un cartel propio, pero con el cambio de siglo se convirtió en una filial de Sinaloa, liderada por Nacho Coronel, cofundador de Sinaloa y tío de la esposa de El Chapo. Coronel era un capo despiadado que operaba en Guadalajara para Sinaloa. El Mencho se unió a su cuerpo de protección, como escolta (léase también sicario) gracias a su entrenamiento policial en seguridad y contrainteligencia y, según informes, lideraba su propia red de asesinos.

Uno de los apodos de Coronel era “El rey del cristal” por su dominio en el comercio de metanfetamina. La producción de esta droga estaba floreciendo en las montañas de Jalisco, y gracias a su experiencia en los Estados Unidos, El Mencho estaba bien posicionado para aprovechar esto.

Para 2009 El Mencho había ascendido en el cartel y se había convertido en un alto lugarteniente. En un transcurso de nueve meses, uno de los líderes fue arrestado y Coronel fue dado de baja en una redada. Con esto, el ambicioso Mencho se dispuso a asumir sus puestos. Pero la dirección del cartel tenía otros planes.

Luego de que uno de sus colegas se quedara con el liderazgo, El Mencho tomó su camino. Comenzó su propio grupo y le declaró la guerra a Milenio y Sinaloa. La lucha transcurrió en las calles de Guadalajara, rompió una tregua e hizo que los índices de homicidio se duplicaran. “Aquellos leales a Mileno fueron asesinados y los demás huyeron”, dice Mori. “El Mencho ganó y así comenzó en el CJNG”.

Dos horas al sur de Puerto Vallarta, en la bella Costalegre, hay un hotel de cinco estrellas llamado Hotelito Desconocido. Con 24 cabañas de techos de paja en medio de un paraíso de aves de la Unesco, la propiedad era recomendada por importantes revistas y tenía un aire de lujo y discreción. Se dice que allí se habían alojado estrellas como Sandra Bullock y Julia Roberts.

Desafortunadamente, para los dueños del lugar, este fue incautado en 2015 por el Gobierno mexicano, luego de que funcionarios estadounidenses lo declararan un frente del cartel. Según los informes, la propiedad tenía vínculos con el CJNG y su organización hermana, Los Cuinis (liderada por Valencia, el cuñado de El Mencho). Supuestamente los carteles usaban el hotel para lavar dinero y reunirse en secreto; además, el sitio queda cerca de Tomatlán, donde El Mencho fue policía. La dueña del hotel —cuñada del capo— fue arrestada en Uruguay con su esposo, luego del escándalo de los Panama Papers.

La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento de Hacienda de Estados Unidos (OFAC) estuvo detrás de la operación del Hotelito. Cuando la OFAC sospecha de alguien que apoya a un cartel puede congelarle los activos y, en esencia, bloquearlo del sistema financiero. La OFAC agregó a El Mencho a su lista negra en 2015 y, desde ese momento, ha expuesto una vasta red de compañías relacionadas con el cartel, incluyendo una empresa agrícola, una de publicidad, un negocio de alquiler vacacional, una marca de tequila y una cadena de restaurantes de sushi.

“La idea es apretar a El Mencho a través de sus socios comerciales”, dice el investigador. Buscamos sacar a flote estas compañías y mostrar que tienen vínculos con El Chapo o El Mencho para que la gente no haga negocios con sus dueños. Cuando la OFAC ejerció presión financiera sobre El Mencho, las agencias de seguridad mexicanas comenzaron la búsqueda y han estado cerca de atraparlo: en marzo de 2012 el Ejército allanó un apartamento en Guadalajara donde se decía que El Mencho se escondía. Sin embargo, luego de una balacera, el líder logró escapar. Meses después la policía federal realizó otra redada y atacó un complejo rural del CJNG con cinco helicópteros; en el intercambio de disparos, seis miembros del cartel fueron dados de baja. Algunos informes hablaban de la captura del capo, aunque resultaron ser falsos. Según una fuente de la DEA, “se les escapó por minutos, literalmente”.

La primavera siguiente, el CJNG se burló de las autoridades con una conferencia de prensa falsa publicada en YouTube en la que 50 mercenarios con pasamontañas sostenían armas en frente de una enorme pancarta del CJNG. Al final, un portavoz entregó un mensaje de “El Señor”, es decir, de El Mencho: “Ladren, perros”, dijo. “Pero mientras tanto, sepan que estoy avanzando”. Y así declaró la guerra. El 19 de marzo de 2015, sicarios de cartel asesinaron a cinco oficiales de policía en Otoclán, Jalisco. Dos semanas después, en Guadalajara, el cartel atentó contra el comisionado de seguridad pública, Alejandro Solorio, haciendo más de 200 disparos a su camioneta blindada. “Cuando tratamos responder, nos lanzaron dos granadas”, dice Solorio.

fotografías policiales de El Mencho luego de dos de sus tres arrestos por cargos por drogas en San Francisco. Derecha: víctima de la guerra por las drogas en México. El Mencho inyectó una dosis salvaje de violencia el año pasado en una lucha brutal por el dominio. “En este punto”, dice una periodista de Tijuana, “creo que las autoridades han perdido el control”.
Fotografías policiales de El Mencho luego de dos de sus tres arrestos por cargos por drogas en San Francisco.


Luego de la Pascua, un convoy de la Fuerza Única de la policía fue atacado cuando iba de Puerto Vallarta a Guadalajara. Un carro averiado estaba bloqueando la vía, y cuando el convoy se detuvo, los miembros del cartel lo atacaron con metralletas y lanzagranadas. 15 oficiales murieron en ese baño de sangre; la peor matanza para las fuerzas mexicanas en casi una década. El CJNG no tuvo bajas.

El secretario de defensa del país llamó al CJNG “gente sin escrúpulos ni conciencia, que con sus viles acciones les hace daño a los mexicanos, a sus familias, a su herencia y a su forma de vida”.

“Este ataque cobarde no quedará impune”, dijo Solorio.

Unas semanas después el Ejército contraatacó con la Operación Jalisco. El 1 de mayo, paracaidistas de las fuerzas especiales y la policía federal —a bordo de dos helicópteros Super Cougar 725— descendieron en un rancho a suroeste de Jalisco, donde se creía que se escondía el capo. Pero una vez más el cartel los esperaba. Cuando los primeros soldados descendieron, asesinos del cartel en camionetas blindadas y uniformes camuflados abrieron fuego con rifles de asalto rusos. El rotor de uno de los helicópteros fue impactado y cayó en llamas. Ocho soldados y un policía murieron. El único sobreviviente, un oficial de inteligencia llamado Iván Morales, sufrió quemaduras en el 70% del cuerpo.

El ataque marcó un hito mortal: era la primera vez que un helicóptero militar era derribado por un cartel. En las horas siguientes, El Mencho duplicó el terror al incendiar docenas de buses, camiones, gasolineras y bancos en todo Jalisco, paralizando el tráfico y doblegando a las fuerzas estatales. El Consulado de EE. UU. advirtió a sus ciudadanos. El Gobierno mexicano tuvo que enviar 10 mil hombres para asegurar al estado. Según el exagente de la DEA, el caos fue diseñado para ayudar a escapar al capo, una táctica que el cartel, según se informa, aprendió de los comandos israelíes. “He oído que se han reunido con israelíes. Es un uso técnico de la fuerza nunca antes visto en los carteles mexicanos”.

“Fue un despliegue increíble de fuerzas”, dice un investigador federal. “En poco tiempo, El Mencho sembró el caos en la segunda ciudad más grande de México. Esta agresión no tiene casi precedentes. “El cartel no solo estaba respondiendo a las redadas, estaba buscando enfrentarse con las autoridades. Se puede decir que eso no se veía desde la época de Pablo Escobar”.

Si la guerra entre el CJNG y el Ejército hubiera seguido en ascenso, muy posiblemente El Mencho hubiese sido capturado o dado de baja. Sin embargo, tuvo un golpe de suerte gracias a El Chapo, su exjefe y hoy en día su némesis. Como lo explica un investigador federal: “Luego de mayo de 2015, El Mencho era el enemigo público número uno de México. Pero luego de la fuga de El Chapo el 11 de julio, el Gobierno mexicano quedó en ridículo y enfocó todos sus recursos en volver a capturarlo. Creo que el CJNG aprovechó la oportunidad para reevaluar su estrategia”. El cartel dejó de emboscar a la policía y volvió a la violencia. “Todavía matan gente, la diferencia es que están matando a sus rivales. Y eso es más notorio en Tijuana que en cualquier otro lado”.

De todos los lugares para el narcotráfico en México, posiblemente el más valioso es Tijuana. Casi todo el tráfico del sur de California pasa por la ciudad debido a que es un punto de fácil acceso a Los Ángeles, San Francisco, Las Vegas, Phoenix, Denver, Chicago e incluso Canadá. Cerca de 225 millones de dólares en narcóticos son incautados en el corredor de San Diego por la DEA cada año; sin duda solo una fracción de lo que logra pasar. Así las cosas, el control de Tijuana podría ser una industria millonaria. Hasta hace unos años, la ciudad pertenecía claramente al Cartel de Sinaloa. Pero hacia 2013 el CJNG comenzó a tener más fuerza allí. Según la periodista Adela Navarro, su forma de reclutamiento era simple: “Únete a nosotros o te mataremos”. Un lugarteniente que combatió contra El Mencho describió una estrategia similar: “Todos los que traficaban droga fueron secuestrados o asesinados”, dijo el hombre. “Si estabas trabajando, empezabas a trabajar para él, de lo contrario eras hombre muerto. Es una maldita guerra sin fin y no tiene sentido”.

Navarro es editora de Zeta, un galardonado periódico investigativo de Tijuana, legendario por denunciar narcos: su coeditor y fundador, Héctor Félix Miranda, fue asesinado en 1988 por supuestamente desenmascarar a unos hombres de negocios asociados con carteles; su coeditor, Jesús Blancornelas, fue baleado cuatro veces en un intento de asesinato en 1997 después de publicar varios artículos sobre el Cartel de Tijuana. El periódico tiene un eslogan: “Libre como el viento”.

Navarro dice que en 2015 Sinaloa y CJNG lograron una paz incómoda en la ciudad; se dividieron esquinas, rutas e incluso funcionarios corruptos, para no matarse ni llamar la atención (“Básicamente hicieron un acuerdo comercial”, dice Mori). Tijuana era un microcosmos del país: ese verano, Tomas Zerón, jefe de la Agencia de Investigación Criminal, declaró que solo quedaban dos carteles en México: el de Sinaloa y el CJNG.

La frágil distensión se derrumbó. Desde la recaptura de El Chapo en enero de 2016, el índice de homicidios de Tijuana se ha disparado. El año pasado llegó a un asombroso 36 por ciento; los 910 homicidios de la ciudad fueron un récord (a modo de comparación, Chicago tuvo 762 homicidios en 2016 y tiene dos veces la población). Rosario Navarro Mosso, editora responsable de rastrear los ase sinatos en Tijuana para Zeta, recuerda que las víctimas caían más rápido de lo que podía contar. “Cuerpos colgando, cabezas cortadas”, dice. El pasado mes de marzo, los asesinatos llegaron a 121, un nuevo pico mensual. De continuar así, Tijuana verá más de 1300 asesinatos en 2017: otro año récord.

víctima de la guerra por las drogas en México. El Mencho inyectó una dosis salvaje de violencia el año pasado en una lucha brutal por el dominio. “En este punto”, dice una periodista de Tijuana, “creo que las autoridades han perdido el control”.
víctima de la guerra por las drogas en México. El Mencho inyectó una dosis salvaje de violencia el año pasado en una lucha brutal por el dominio. “En este punto”, dice una periodista de Tijuana, “creo que las autoridades han perdido el control”.


Navarro dice que la situación no es tan mala como en 2008, cuando Sinaloa estaba en guerra con el Cartel de Tijuana y muchos civiles eran secuestrados y asesinados a plena luz del día. Esta vez, al menos hasta ahora, la matanza se ha confinado sobre todo a la población criminal de Tijuana. “Están matando narcotraficantes”, dice Navarro . “Pero una vez hayan eliminado a sus enemigos, el siguiente objetivo será la sociedad”. Mosso también teme que las cosas empeoren. “En este punto, creo que las autoridades han perdido el control”, dice. “No va a terminar hasta que estos dos grupos arreaseglen sus diferencias o uno de ellos asuma el control. Y ella teme que sea El Mencho, quien no es visto como un héroe popular, sino como una amenaza aterradora. “El CJNG tiene un nivel de violencia que nunca hemos visto”, dice Mosso. “Incendian buses o salen a matar poblaciones enteras. Por eso la gente tiene miedo. Las autoridades han dicho: ‘Si Jalisco se toma el poder, entonces estamos en serios problemas’”. Por ahora, la fortuna de El Mencho sigue creciendo. Hay indicios de que se está metiendo en territorios de Sinaloa. “En este momento, Chihuahua —el estado fronterizo mexicano donde se encuentra el cruce entre El Paso y Juárez— es un poco compartido. Pero si el CJNG logra sacar a Sinaloa del camino, puede perjudicar seriamente su capacidad de mover la droga”.

Sin embargo, el cerco también se está cerrando. En diciembre de 2015 uno de los hermanos de El Mencho, el presunto jefe financiero del CJNG, Antonio “Tony Montana” Oseguera, fue arrestado en Jalisco. El presunto segundo al mando del CJNG —el propio hijo de El Mencho, Rubén Oseguera Jr., “Menchito”— también ha sido arrestado y en diciembre pasado fue procesado en un Tribunal Federal de EE. UU. Varios jefes también han sido capturados o asesinados. Y en marzo, México accedió extraditar a Valencia, cuñado de El Mencho a los Estados Unidos bajo los mismos cargos del capo.

Si El Mencho fuera capturado, EE. UU. pediría su extradición. En ese punto dependería de México, pero Mori piensa que accedería: “Lo único que a estos mafiosos les preocupa es que los extraditen a los Estados Unidos”.

Pero el exagente de la DEA no cree que eso ocurra. “El Mencho es un asesino”, dice. “No creo que lo capturen con vida”. “Lo estamos buscando”, dice Mori. “Cualquier operación para capturarlo es responsabilidad de México, EE. UU. solo puede asesorar, ayudar y trabajar con ellos en una operación conjunta, pero hasta ahora no hemos tenido muy buenas oportunidades de agarrarlo”.

Mori sospecha que el capo se esconde en un área montañosa remota, probablemente en Jalisco o Michoacán. “Creo que se siente seguro en ese terreno porque lo conoce bien”, dice. “Pienso que tiene mucho cuidado de con quién habla y se reúne. Creo que se mueve mucho y que tiene una cantidad ilimitada de dinero y de hombres. Y al contar con eso, puede resistir un buen rato”.

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