El país de las aves

Con cerca de 1.900 especies, Colombia es el país con mayor diversidad de aves en el mundo. En el marco del posconflicto, que amplía los territorios que pueden visitarse, se busca que el turismo de observación de aves impulse el desarrollo en las regiones

POR JUAN URIBE | 28 Feb de 2017

<p><b>Foto: GUILLERMO GÓMEZ</b></p>

Foto: GUILLERMO GÓMEZ


En Colombia estamos sentados sobre un tesoro natural que todos debemos conservar. Esa es la conclusión a la que expertos en turismo, ornitólogos, biólogos, campesinos y líderes comunitarios han llegado tras varios años en los que investigaciones científicas han comprobado un hecho contundente: Colombia, donde habitan más de 1.900 especies de pájaros, es el país con mayor diversidad de aves en el planeta.

¿De qué sirve poseer el 20 % de las especies de aves que existen en la Tierra? La respuesta la da el turismo, una industria que ya sobrepasó al café, a las flores y al banano en la generación de divisas y que en ese aspecto solo está detrás del petróleo.

Las metas son ambiciosas y se espera que la llamada “industria sin chimeneas”, que en 2015 produjo 5.200 millones de dólares en divisas, incremente esa cifra a 6 mil millones de dólares en 2018. En ese sentido, la ministra de Comercio, Industria y Turismo, María Claudia Lacouture, ha expresado la necesidad de impulsar el turismo de observación de aves: “Debemos desarrollar productos de alto valor, como el aviturismo. Es momento de consolidar una industria turística capaz de convertirnos en el primer destino mundial de avistamiento de aves”.

Tener conciencia de que 79 de las especies de aves que se han registrado en Colombia son endémicas (solamente se ven en nuestro territorio) es una ventaja competitiva que ha identificado ProColombia, entidad que promueve al país en el exterior. Según su presidente, Felipe Jaramillo, el objetivo es posicionar a Colombia como uno de los principales destinos en los que se puede llevar a cabo el avistamiento de aves.

“Queremos resaltar las regiones colombianas que se abren al mundo en el contexto del postconflicto, como Putumayo y Guainía, y destacar aún más las rutas turísticas por destinos tan diversos como los Llanos Orientales, Chocó, la Sierra Nevada de Santa Marta, el Amazonas, el Paisaje Cultural Cafetero y Antioquia”, señala el presidente de ProColombia.

Una estrategia de ProColombia consiste en hacer promoción coordinadamente con los empresarios nacionales de manera que cuando un comprador internacional se interese por algún producto o servicio, esté disponible un proveedor. Dos empresas que venden rutas de avistamiento de aves en ferias internacionales con el apoyo de ProColombia son Colombia Birdwatch y Manakin Nature Tours.

Foto: GUILLERMO GÓMEZ
Foto: GUILLERMO GÓMEZ

“La gran mayoría de los viajeros que buscan nuestros paquetes me preguntan cómo está el país en temas de seguridad y, como por lo general son mayores de 45 años, han oído malas referencias de Colombia. Sin embargo, las noticias ahora serán buenas por la firma del acuerdo de paz y así a los extranjeros se les quitará el miedo de venir al país”, afirma Christopher Calonje, fundador de Colombia Birdwatch.

Luis Eduardo Urueña es biólogo y acumula 17 años de experiencia en ornitología. Su empresa, Manakin Nature Tours, la bautizó en homenaje a un grupo de pájaros neotropicales llamados saltarines. Él coincide con Calonje en cuanto a la mejoría que se percibe en la seguridad en distintas partes del país. “Muchos sitios que ahora visitamos habían tenido problemas de violencia. Hace nueve años pudimos llegar a nuevos lugares a los que no habíamos entrado, como el sur del país en Putumayo; partes del Cauca; Mutatá, Chigorodó y Carepa, cerca de la serranía del Darién”, indica.

“Estamos recuperando el país y los pájaros son una excusa. Son lugares donde hay cantidades de especies de aves rarísimas y únicas”, indica Urueña, quien hace pocos días, durante un viaje a Mitú (Vaupés) en el que acompañó a algunos turistas de Estados Unidos y Gran Bretaña, alcanzó el número 1.320 en su lista de especies de aves vistas en Colombia.

“Los clientes son medio adictos a los pájaros. Quieren ver aves que no han visto. Es como llenar un álbum de figuritas. Los pajareros serios llevamos una lista de los pájaros que hemos observado. Es sagrado, como el que colecciona estampillas o alguna cosa. Los chequeamos en una lista o en un libro”, agrega el biólogo.

Esta afición la comparten muchos de aquellos que salen al campo armados solamente de paciencia y un par de binóculos. “Si uno no le bolea binocular a todo pajarito que vea, no los va a identificar”, dice Arnulfo Sánchez, un reconocido guía de observación de aves que nació en Mistrató (Risaralda), cerca de Chocó.

“Me enamoré del cuento, de los colores, de poder encontrar la felicidad que se mantiene volando. No creo que haya una actividad en la que se encuentre tanta felicidad. Siempre tienes la sonrisa en la cara. Esto es de paciencia, pero cuando se prende la actividad en la zona es como un éxtasis, es un vicio que va a durar toda la vida: uno puede entrar en terapia y todo, pero ya no se sale”, cuenta Arnulfo, que en su página de Facebook Mistrato Neblina Birds antoja a los pajareros con fotos de aves.

LOS RETOS QUE TRAE LA PAZ

Arnulfo tiene 29 años, es observador de aves y agricultor. En su finca de 1,7 hectáreas siembra café y ha mantenido árboles que le dan sombra al cafetal. Esta práctica —explica Arnulfo— no es corriente entre muchos campesinos que prefieren dejar las plantas de café expuestas al sol para que produzcan más frutos. Como resultado el suyo es un cultivo “menos productivo, pero de mejor calidad”, en el que a cambio habitan 65 especies de pájaros gracias a los árboles. “Hay que saber convivir con la naturaleza. Los humanos nos creemos los reyes del mundo, pero todos necesitamos de todos. Si el colibrí no poliniza una flor, no va a haber papa; si la abejita no poliniza, el campesino se jodió”, dice.

El testimonio de Arnulfo es muy valioso, sobre todo en una época en la que el mapa de Colombia se agranda gracias a la paz. “El turismo está llamado a ser el motor del desarrollo en las regiones. Es el primero que debe aprovechar los beneficios que nos da la paz, pero bajo condiciones de calidad y sostenibilidad”, asegura la ministra Lacouture.

Foto: MANAKIN NATURE TOURS
Foto: MANAKIN NATURE TOURS

Para que el turismo de avistamiento de aves dé buenos resultados es fundamental conservar el medio ambiente, debido a que los pájaros se pueden ver solamente si se conservan los bosques nativos que ellos necesitan. Guillermo Gómez, fotógrafo de aves y gerente de El Cantil Ecolodge en Nuquí (Chocó), advierte que es imprescindible que la minería, la agricultura, la ganadería y la construcción entiendan que tienen que dejar bosques conectados para que las aves puedan desplazarse buscando alimento: “De lo contrario vamos a acabar con algo que tenemos por fortuna, como las aves y las ranas”.

Guillermo es optimista en relación con el papel que el turismo de observación de aves puede desempeñar en la conservación del entorno. “El número de visitantes nacionales está creciendo más y ojalá siga así, porque esto genera una sensibilidad con el medio ambiente y con el hábitat. La gente descubre que donde el estado de conservación del bosque es bueno, ve más aves y especies muy interesantes, muchas por vistosas y otras por escasas”, señala.

En este punto el turismo de avistamiento de aves, que al año genera 32 mil millones de dólares (ver recuadro), se vuelve importante para el desarrollo de las regiones. Carlos Mario Wagner es director de Colombia BirdFair, la feria de observación más importante del país, que este año, a mediados de febrero en Cali, llega a su tercera edición. Él opina que el hecho de que las comunidades se beneficien de la observación de aves constituye una estrategia excelente de conservación. “Eso es paz verdadera”, destaca.

Gloria Lentijo, especialista de la National Audubon Society, una ONG de conservación de aves basada en Estados Unidos cuyo objetivo es proteger las aves y su hábitat, está de acuerdo. “Hay que aumentar los beneficios económicos para las comunidades y fomentar la innovación en las empresas. Debemos asegurarnos de que los beneficios se queden en las comunidades, de que ellas sean proveedoras de los servicios y de exigirles a las compañías que contraten los servicios de los guías locales”, afirma esta bióloga.

“En 2015 empezamos el desarrollo de un proyecto piloto que se llama Ruta de aviturismo del Caribe colombiano (www.northerncolombiabirdingtrail.com). Es una red de sitios de pajareo y de comunidades —guías locales, operadores de turismo, pequeños negocios— que forman un destino regional que puede ser una herramienta para el desarrollo económico y la conservación de la biodiversidad”, manifiesta.

Carlos Mario Wagner recuerda que hace algunos años cerca de Cali llegaban turistas de Inglaterra a ver aves, pero la comunidad no recibía dinero porque esos grupos no contrataban a las personas locales como guías ni para servicios de alimentación y transporte. Quienes se quedaban con las ganancias eran empresarios de otros países.

Entonces nació la iniciativa Mapalina, liderada por la Asociación Río Cali: una estrategia de conservación de las aves y sus hábitats a través del turismo de observación de aves. “Decidimos capacitar a los habitantes locales y lograr que ellos prestaran los servicios y ganaran dinero. Les dijimos: ‘No tumben el bosque porque tiene unas aves y esos señores pagan para verlas, y les pagan a ustedes por la alimentación, el transporte, etc’. De esa forma nos aseguramos de que los bosques se conserven”, dice Carlos Mario.

NÚMERO UNO EN DIVERSIDAD DE AVES

Ana María Castaño, presidente de la Sociedad Antioqueña de Ornitología (SAO), aplaude el hecho de que desde hace algunos años el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo tenga enfoques fuertes en relación con el turismo de observación de aves y que entidades del Gobierno se estén involucrando en la estrategia que busca divulgar en el mundo el hecho de que Colombia es el país número uno en diversidad de aves.

“Mientras haya incentivos económicos para personas que conserven espacios donde están las especies de interés, va a haber esos sitios. Se fortalece la economía: el guía, el que atiende el hotel, el que prepara la comida; hay opciones económicas para la gente. La alternativa es tumbar el bosque para poner dos vacas y sembrar lechugas versus atender visitantes que pagan bien porque el pájaro que buscan solo lo pueden ver si hay condiciones de conservación del bosque. Cuando es viable para las personas conservar, estamos garantizando su bienestar con vida digna”, afirma la presidente de la SAO. En el discurso de Ana María Castaño encaja la historia de Michelle Tatiana Tapasco, una mujer que hace 25 años tuvo que abandonar su puesto de secretaria de ingenieros en una línea de producción de Ecopetrol y huir de la violencia que azotaba a Monterrey (Casanare) para establecerse en la vereda Montebello, a tres horas de Pereira (Risaralda). Conocida entre los pajareros como Leopoldina, Michelle Tatiana se escapó del conflicto entre paramilitares y guerrilleros que amenazaba a su familia.

“Llegamos y no teníamos nada. Había mucha selva, mucho monte. Empezaron a llegar muchachos para hacer sus tesis. A la gente le gustaba venir a ver el monte, había gente interesada en la parte ambiental”, recuerda Leopoldina, quien al principio no reconoció una alternativa económica en el turismo.

Foto: MANAKIN NATURE TOURS
Foto: MANAKIN NATURE TOURS

Hace apenas unos 10 años, cuando un estudiante universitario vino a hacer una tesis de ornitología, ella supo que existían otras opciones de sobrevivir distintas de talar el bosque para hacer láminas de madera con las que se elaboraban cajas para empacar tomates. “Él me decía que esto tenía un potencial inmenso para observación de aves, pero yo no sabía qué significaba eso. Con algunos recursos hicimos una guía de aves de Montebello”, relata Leopoldina, que hasta entonces, sin saberlo, había estado contribuyendo a acabar el bosque que ahora constituye el sustento de su familia.

Hoy es dueña de la empresa Montezuma Rainforest (en Facebook: Rain Forest Montezuma), que ofrece alojamiento, alimentación y guía de avistamiento de aves para los turistas en la reserva Montezuma. Hace siete años le dio vida a su proyecto de observación de aves. Se hizo técnica profesional en gestión de recursos naturales con el Sena, en Pereira, y siguió estudiando: se convirtió en tecnóloga en control ambiental y en técnica profesional en guía turística.

“Empezaron a llegar los primeros grupos y se fue corriendo la voz. Tenemos 13 aves endémicas, eso mueve muchísimo. Conmigo trabajan varios guías que han venido de otras partes. Vienen a hacer observación de aves, pero la guía en el parque la hacemos con mis cuatro hijas y a veces con mis sobrinos”, señala.

El amor que Leopoldina siente por el bosque que es la base de la economía de su familia es similar al que Jimmy Monsalve, representante legal de la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco (www.yarumoblanco.co), le tiene a su tierra: el corregimiento de La Florida, en Risaralda.

Él siempre tuvo el sueño de permanecer allí, a pesar de lo que le aconsejaban los mayores. “El habitante del campo estudia para salir del campo. Me decían: ‘Trabajar el campo es tan duro y pagan tan poquito, que tiene que salir de aquí corriendo. Estudie sistemas y aprenda a hablar inglés, que eso es lo que da plata en la ciudad’. Y el campo se muere”, reflexiona Jimmy.

Hoy, luego de siete años de trabajo y gracias a que la Asociación Comunitaria Yarumo Blanco tiene un contrato de prestación de servicios ecoturísticos con Parques Nacionales Naturales de Colombia en el Santuario de Fauna y Flora Otún Quimbaya, este es un caso de éxito. “Hay empleo directo para 18 personas e indirecto para más de 20 personas que en promedio reciben un salario mínimo por menos de lo que se trabaja por un salario mínimo, y con mejor calidad de vida”, cuenta Jimmy, quien añade: “El turismo puede generar que la gente se dé cuenta del valor que tiene el campo”. De esta manera, los miembros de Yarumo Blanco se benefician de llevar a los viajeros a ver seis aves endémicas, entre ellas la pava caucana, la tángara multicolor y el toropisco montañero.

Para conseguir resultados como este, Jimmy explica que el Estado y las comunidades tienen que sentarse a negociar sus intereses. Y da un ejemplo de cómo opera Yarumo Blanco: “El turismo es un tema de planeación del territorio. Tenemos 489 hectáreas y de esas se pueden usar seis para el turismo (instalaciones y unos senderos). El resto se llama zona de recuperación exterior, se comienza a hacer la conservación y se deja un lugar para que la gente pueda aprovecharlo. Las personas se deben capacitar y comienza a generarse la cadena de valor asociada al turismo”.

Foto: MANAKIN NATURE TOURS
Foto: MANAKIN NATURE TOURS

Parte de la capacitación es la que reciben quienes guían a los turistas en los recorridos de observación de aves. Sergio Ocampo, guía y promotor del aviturismo en Colombia, está capacitando a guías en Manizales con el Sena a través del programa académico Guianza en Observación de Aves, que dura cerca de seis meses (800 horas). Ahora busca replicar esta experiencia en otros lugares del país.

Según él, la madurez del turismo de observación de pájaros se manifiesta en la cantidad de eventos que se hacen. “Hay una gran diversidad de ferias sobre aves en Colombia: en Manizales, en Pereira, en Cali, en Medellín; hay un congreso nacional cada dos años y un encuentro anual de observadores de aves (el trigésimo), que este año será en Putumayo”, dice.

Este tipo de turismo está en auge y es una fuente de progreso para el país. También, según Arnulfo Sánchez, de alegría: “Hay turistas viejitos con problemas de salud, pero ven un pájaro y se les nota la felicidad. Se olvidan de los problemas. La mayoría de los clientes que recibo son de ciudades grandes, personas que salen de la bulla y del estrés para estar en un monte y escuchar pájaros y los sonidos de la naturaleza. Si es espectacular para uno que se levantó en el campo, imagínese para ellos”.

ALGUNAS CIFRAS

• En Colombia se han identificado cerca de 1.900 especies de aves.

• 79 especies son endémicas (solo se encuentran en nuestro país).

• 193 especies son casi endémicas.

• 139 especies están amenazadas o se encuentran en riesgo de extinción.

• 197 especies son migratorias boreales y australes.

• 32 mil millones de dólares genera anualmente el avistamiento de aves en el mundo.

• 2.500 y hasta 3 mil dólares gasta un turista de avistamiento de aves por visita.

• 10 días, en promedio, duran los recorridos de avistamiento de aves.

• 278.850 observadores estarían dispuestos a venir a Colombia para observar aves.

• 3 millones de observadores de aves tiene el Reino Unido.

• 310 dólares por día podría ser el precio que cobrara Colombia en un día por un tour de aviturismo. Gloria Lentijo, especialista en conservación de National Audubon Society, aclara que la cifra de 310 dólares por día se obtuvo a partir de encuestas a observadores de aves miembros de National Audubon Society, a la que pertenecen cerca de un millón de personas en Estados Unidos. “Se extrapolaron los datos. Se preguntaron cosas como su disponibilidad a pagar (se compara un recorrido en Costa Rica y uno en el Caribe colombiano con las mismas características, pero teniendo en Colombia la mayor diversidad de especies, mayor seguridad gracias al acuerdo de paz y la participación de las comunidades locales, y pariendo de que el precio base en Costa Rica es de 250 dólares por día). En promedio estarían dispuestos a pagar 310 dólares por día por ese tour en Colombia. Ese es el potencial turístico”, explica.

Fuentes: Audubon National Society, Conservation Strategy Fund, BBC Mundo, Gestión, Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (SIB), Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

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