El segundo caballero del fútbol colombiano

Iván Ramiro Córdoba es frentero, disciplinado y sonriente. El digno sucesor de Andrés Escobar conquistó a Italia y a Colombia, pero todavía tiene sueños por cumplir

POR DAVID VALDÉS | 13 Jun de 2018

<p>CORTESÍA Iván Ramiro Córdoba</p>

CORTESÍA Iván Ramiro Córdoba


Iván Ramiro Córdoba está en el aeropuerto de La Puglia, Italia, para tomar su vuelo a casa. Desde hace casi 20 años reside en Como, una ciudad a una hora de distancia de Milán, junto a su esposa y sus cuatro hijos. A pesar de que ya se retiró de las canchas, su vida sigue girando alrededor del fútbol. Estaba en un evento junto a algunos hinchas del Internazionale, el equipo que lo recibió con los brazos abiertos, lo adoptó y lo despidió como un ídolo. Vieron un partido contra el Udinese por Serie A, que terminó en goleada por 4-0. Se tomó fotos con los fans, autografió camisetas y celebró a punta de cánticos. La hinchada todavía lo recuerda y no es para menos.

El defensa central de 1,73 m ganó absolutamente todo lo que podía en Italia: la Serie A (cinco veces), la Copa de Italia (cinco veces), la Supercopa de Italia (cuatro veces), la UEFA Champions League (el primer colombiano en la historia en lograrlo) y el Mundial de Clubes. “Siempre me dicen que ojalá volviera a jugar. Y, la verdad, me dan ganas, pero yo sé que esa época ya pasó”, confiesa entre risas.

El 6 de mayo de 2012 se terminó su historia como futbolista profesional, en un clásico frente al AC Milan en el estadio Giusseppe Meazza. El partido fue una ovación unánime en su honor. Todos sus compañeros portaban su dorsal (el 2) en su honor. Javier Zanetti, Lucio, Esteban Cambiasso, Freddy Guarín y Diego Forlán se unieron a la celebración. El homenaje cerró con un caluroso abrazo con Mario Alberto Yepes, uno de los tantos defensores que lo acompañó vistiendo la camiseta de la Selección Colombia. El sucesor del respetado número que usó Andrés Escobar se retiraba. No pudo evitar las lágrimas y alzaba sus brazos, como una consolidación de 20 años de alegrías, títulos y éxitos.

Sus años en la Selección Colombia fueron un poco más agridulces. Con apenas 21 años fue uno de los jugadores seleccionados para viajar al Mundial de Francia 1998, pero Hernán “el Bolillo” Gómez optó por dejarlo en el banquillo en los tres partidos de grupos. En las eliminatorias para Corea y Japón 2002 y Alemania 2006 fue el capitán de la Selección, pero la plantilla no alcanzó a clasificar, a pesar de ser el equipo que menos goles recibió.

Aun así, marcó la historia y la vida de los colombianos con uno de esos saltos que lo engrandecían. Era la final de la Copa América 2001. México se enfrentaba a Colombia en el estadio El Campín para disputar el título. Minuto 65’ y el marcador en ceros. Falta a favor de Colombia, un tiro libre en el costado derecho que cobró Iván López. Se impulsó, envió un balón con rosca al punto penal y de un brinco Iván Ramiro acarició el balón para derrotar al arquero. Los 50 mil espectadores rompieron sus gargantas gritando el gol, que parecía definitivo por la supremacía de Colombia durante todo el partido. Todavía sonríe cuando piensa en aquella hazaña, que fue y sigue siendo el único título de la Selección Colombia de mayores.

Mientras esperaba, se subía al avión, pasaba por las filas del aeropuerto y viajaba de Milán a Como en carro, Iván Ramiro conversó con ROLLING STONE. Nos habló sobre sus sueños a futuro, lo que más recuerda de sus años mozos con la Selección y por qué no se arrepiente de ninguna de las decisiones que tomó como profesional.

ÍDOLO NERAZZURRI Iván Ramiro estuvo vinculado al Inter por 14 años, 12 como jugador y dos como mánager. Los hinchas le dicen que "ojalá volviera a jugar", confiesa entre risas.
ÍDOLO NERAZZURRI 14 años, 12 como jugador y dos como mánager. Los hinchas le dicen que “ojalá volviera a jugar”, confiesa entre risas.


Hace unos años trabajaba como mánager en el Inter. ¿Sigue vinculado al equipo?

No, ya no tengo ningún cargo en el Inter. A veces me llevan a eventos y soy un embajador de club. Pero en este momento estoy dedicado a algunos negocios personales y a trabajar en el tema de intermediación en el fútbol, entre jugadores y equipos.

Todavía no ha trabajado en Colombia. ¿Le gustaría estar en la Federación Colombiana de Fútbol (FCF) algún día?

Sí, claro. Es un sueño. Con un buen proceso y la preparación adecuada, sueño con ser algún día el presidente de la FCF y ojalá eso se pueda volver realidad. Debo seguir estudiando para ser más capaz y tener esa posibilidad a futuro.

¿En qué ha cambiado el equipo desde la llegada de José Pékerman?

Ha sido muy importante. Le ha dado el estatus y la importancia que se merecía la Selección y el grupo entendió esa responsabilidad. Alzó el nivel gracias a su conocimiento y a esos pedidos que se habían hecho desde hace tiempo.

¿Qué pedidos exactamente?

Cuando yo estaba en la Selección esos pedidos fueron vistos como caprichos y nunca los atendieron. Por ejemplo, tener una sede para entrenar, viajar en clase ejecutiva para descansar bien después de un partido, blindar más las concentraciones, tener más de un utilero o un terapista para los 20 convocados y lo que hacían en general las demás selecciones para recuperarse. Eso es vital. Pékerman mejoró esos procesos y les dio más nivel. Esos costos los asumieron con él. Yo estoy casi seguro de que con eso nosotros hubiéramos clasificado a dos mundiales más.

Ya se está cerrando el ciclo de Pékerman y hay algunos candidatos que suenan para ser su sucesor. Se habla de Juan Carlos Osorio, Reinaldo Rueda…

Ahora tenemos técnicos muy preparados y con experiencia en el extranjero. Han entendido que para algunas competiciones debes aplicar ciertos métodos, como los que te dije. Deben buscar y atender esos detalles para que el grupo dé el máximo.

¿Le gustaría ser director técnico? ¿Tal vez de la Selección Colombia?

No, yo no creo. Nunca ha estado dentro de mis ideas ser técnico. Hice el curso de UEFA B para entrenar niños, porque me llamaba la atención. Quería entender cómo se debe comportar y cómo debe actuar un entrenador en un sector juvenil. A mí me ha gustado más la dirigencia y conozco la aplicación, pero ser entrenador no me llama mucho la atención.


Cuando no está trabajando, ¿qué hace en su tiempo libre?

Estoy con mi familia. Mi esposa y yo nos dividimos un poco las actividades de nuestros hijos. Mis dos niñas están en atletismo, Juan José está en una escuela de fútbol y tenemos un bebé.

¿Y cómo le va a Juan José con el fútbol?

Por ahora se divierte, tiene 10 años. Todavía no le veo ese fuego que uno siente por dentro o esas ganas de levantarse y salir a entrenar. No le ha picado como me picó a mí.

¿Qué recuerda del Iván Ramiro de 10 años?

Yo solo pensaba en jugar fútbol [risas]. Era lo único que se me pasaba por la cabeza. Tenía que manejar muy bien el tiempo, porque me mantenía jugando en la calle, pero también me tenía que poner las pilas en el colegio.

La mayoría de los defensas centrales miden más de 1,85 m y usted mide 1,73 m. ¿Cómo potenció sus capacidades y logró sacar esa fuerza para demostrar lo que valía frente a los delanteros?

Me encanta que me preguntes esto, porque cada partido para mí era un reto. Yo sabía que arrancaba con una desventaja y no te imaginás las ganas que yo tenía de demostrarle a los delanteros que yo era capaz de superarlos. Eran unas ganas enormes. Y cada vez que me encontraba con un rival nuevo, estudiaba las características y me fijaba un duelo personal. Antes de los partidos tenía ese trabajo mental y era una motivación extra.

¿Cuál delantero fue su gran reto?

Una de las situaciones que más recuerdo fue cuando me tocó enfrentar a Tore André Flo de Noruega, que medía casi dos metros [1,93 m] y fue en uno de mis primeros partidos con la Selección Colombia. Sacamos un empate y para mí se convirtió en un gran triunfo, porque fue una prueba marcar a este man. Era mi primera aparición en Europa y tenía que hacer la diferencia.

¿Qué recuerda de su primera convocatoria con la Selección?

Fue extraña, porque la convocatoria llegó en los mismos días que iba a presentar un examen de ingreso a la universidad. Después de hablar con mis papás, me dijeron que tomara la decisión que quisiera. Y pa’ mí no fue tan difícil [risas]. Fue muy lindo porque fuimos a jugar a Nueva York contra Metrostar. Recuerdo que ahí jugaba Lothar Matthäus. Yo entré en un grupo con una experiencia gigante. Estaban el Pibe Valderrama, Rincón, Higuita, Faustino, Perea… era el grupo de los 90. Yo los veía en televisión y para mí eran inalcanzables, y luego, de un momento a otro, estaba ahí con ellos. Les tenía un respeto enorme.

Después se consolidó como uno de los líderes más grandes de la Selección. ¿Qué significa ser un líder en el fútbol?

Un líder debe tener valores y comportamientos que sean un ejemplo para los demás. Eso debe ser imprescindible. Hay líderes que no hablan mucho, pero su comportamiento y sus acciones contagian, como Falcao. También hay unos que hablan mucho y se creen líderes, pero sus palabras no vienen con la consecuencia de sus acciones. Los valores y el comportamiento sí son fundamentales. Y un líder también debe renunciar a los objetivos personales por los del equipo. Debe pensar en el equipo primero, siempre.


¿Quién va a ser el líder de la Colombia en Rusia 2018?

No te podría decir. El grupo sabrá escoger.

Hace poco hablamos con Hernán Peláez y nos dijo que la defensa es el punto más débil de la Selección Colombia. ¿Usted qué opina?

Yo pienso que hay una buena mezcla entre experiencia y juventud. Hay jugadores como Yerry Mina, que supieron aprovechar muy bien sus oportunidades. Dávinson Sánchez ha tenido un buen nivel, a pesar de no tener mucha experiencia en la Selección. Y Cristian Zapata hizo un Mundial tremendo en Brasil y sorprendió a todos por lo que hizo junto con Mario [Yepes]. Estos días de concentración les va a ayudar a corregir y llegar a su mejor forma.

Hay jugadores muy jóvenes y con poca experiencia. ¿Qué se siente ponerse la camiseta de la Selección?

Uno siente que se le va a estallar el corazón. Vos imagínate representar a todo un país… Eso es lo mejor que le puede pasar a un futbolista profesional. La motivación es enorme y la responsabilidad es muy grande, pero hay que aceptarla con gusto y disfrutarla porque esa posibilidad no la tienen muchos, ¿cuántos no darían la vida por jugar un Mundial?

Muchas veces la prensa y la hinchada colombiana son triunfalistas. ¿Qué fue lo más difícil de representar al país?

Lo más difícil para mí fue no haber podido clasificar a dos mundiales y haber tenido que salir de la Selección. Mi relación con el técnico Jorge Luis Pinto se estaba deteriorando. Fue difícil. Pero como comentaba antes, yo sabía que tenía una responsabilidad muy grande y que había un grupo detrás de mí. Por eso tuve que decir que yo me iba, porque si no, iba a afectar a todo el grupo. Pinto me veía a mí como una persona a la que tenía que opacar y reprimir. Como yo siempre he tratado de ayudar al grupo, yo no me podía quedar callado. Yo decía lo que sentía y veía las cosas que se estaban haciendo mal, y con todo el respeto transmitía lo que pensaba el grupo, que era muy acorde a lo que yo sentía. Muchas veces yo hablaba por ellos y el mensaje era recibido como si fuera cosa mía. Cuando esa relación se estaba deteriorando yo decidí, por el bien del grupo, dar un paso al costado y dejar que siguieran con el entrenador para no hacerle daño a la Selección.

¿Ha vuelto a hablar con Pinto?

No, nunca más nos volvimos a hablar. No es que lo evite, sino que nunca hemos tenido la oportunidad de encontrarnos.

¿Se arrepiente de algo en su carrera?

Yo no tengo remordimientos por las decisiones que tomé. Todo lo que hice conforma mi carrera y las decisiones que tomé hicieron el Iván Ramiro que soy en este momento. Disfruté mucho, pero ahora puedo estar con mi familia y mis seres queridos.

¿Qué es lo que más extraña de ponerse la camiseta de Colombia?

Lo que más extraño es estar con los compañeros y cuando sales con esa energía a la cancha sabes que el país sale a jugar. Cuando te pones la mano en el corazón y cantas el himno de Colombia… esa sensación es única. Son situaciones que uno vive, pero no analiza. Deben ser una motivación enorme cada día, porque uno tiene la posibilidad de hacerlo y es incomparable. Muy pocas personas en Colombia tienen esa oportunidad. Pero el mejor premio que uno puede tener es darle alegría a la gente con lo que uno hace. Es espectacular.

¿Y como defensor?

De eso añoro muchas cosas: recuperar el balón y quitarles las posibilidades a los delanteros, las situaciones que vivíamos en el camerino, las charlas y ese olor de hierba en la cancha cuando jugás y te tirás. Lo recuerdo con mucho aprecio. Yo me veía jugando hasta los 40, pero por el tema de la rodilla no quise arriesgar la vida que tenía por delante.

Tuvo grandes triunfos internacionales y es un ídolo del Inter, pero desde ese momento la Serie A ha cambiado…

Ha sido una transición muy drástica. El AC Milan y el Inter cometieron un gran error: cerrar el ciclo de un equipo ganador sin continuar con ese legado. En los equipos grandes siempre le dan prioridad a eso, porque vos puedes trascender a partir de esas motivaciones y el amor por la camiseta. Lastimosamente, eso fue algo que se notó mucho, llegaron los malos resultados y los objetivos no se consiguieron. Cuando juegan, deben salir a ganar y no a tratar de clasificar a la Champions. El objetivo tiene que ser ganar y se ha errado mucho en ese sentido. Tienen objetivos mínimos, pero en el Inter los objetivos tienen que ser máximos.

¿Cómo pueden rescatar ese legado?

Con el tiempo. Deberían buscar jugadores que tengan una mentalidad y experiencia ganadora, porque eso les transmitirá fuerza y seguridad a los demás. Eso contagia. El Inter tiene que encontrar esa lucecita para ganar algo. Así sea una Copa Italia para retomar el camino.

En el fútbol todo se ha vuelto un poco más superficial. Ahora todo se trata de las redes sociales y los sueldos multimillonarios de los jugadores. ¿Qué opina de estos cambios?

Esa es la actualidad y es un hecho. Hay que aprender a vivir con eso, pero hay que entender que no podés pretender ser alguien por las redes sociales. Si tú eres jugador de fútbol y quieres ser importante, tienes que demostrarlo en la cancha. No vas a ser importante por más fotos que pongás en Instagram, en Twitter o en Facebook. Eso es una consecuencia de lo que tú hagas en la cancha. Los jóvenes malinterpretan que por las redes sociales se pueden destacar y bajan la intensidad en lo que verdaderamente importa. Deben empeñarse en los entrenamientos, mejorar, marcar la diferencia, aprender a sufrir y enfrentar adversidades.

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