Greta Van Fleet: rescatando el sonido de Led Zeppelin

Cuatro chicos de Michigan están reviviendo los sonidos de los 70

POR BRIAN HIATT | 06 Mar de 2018

<p>La banda (desde la izquierda: Sam, Josh y Jake Kiszka, y Danny Wagner) en el Ferry de Staten Island. Fotografía por Devin Yalkin</p>

La banda (desde la izquierda: Sam, Josh y Jake Kiszka, y Danny Wagner) en el Ferry de Staten Island. Fotografía por Devin Yalkin


Los cuatro miembros de la banda de Michigan Greta Van Fleet parecen Michigan Greta Van Fleet parecen, actúan y suenan como si hubieran crecido en el laboratorio de un científico loco que adora el rock clásico. ¿Cómo más podemos entender a unos jóvenes que hablan sobre Carmine Appice de Vanilla Fudge y Paul Kossoff de Free, que hacen covers de Fairport Convention y Howlin’ Wolf y quienes, además, componen riffs de rock y blues que a menudo parecen canciones nunca antes escuchadas de Led Zeppelin? “Somos como un grupo de viejitos”, reconoce el líder John Kiszka, de pelo crespo y dueño de una voz de tenor alto, que alcanza notas como las de Robert Plant.

El cantante, que protagonizaba obras de teatro en el colegio hasta hace poco, está tomando té en el camerino de la banda en el Bowery Ballroom de Nueva York, luciendo la misma ropa que tendrá en el concierto sold out de hoy: kurta, jeans altos, mocasines y un collar tribal que, según él, es de origen africano. “Siempre ha usado mierdas raras”, dice Jake Kiszka, el talentoso guitarrista de cabello largo, quien es mucho más que un tipo de camiseta y jeans entubados.

Probablemente no hubo un laboratorio involucrado, pero tres integrantes son familiares: Josh y Jake son gemelos de 21 años, mientras que Sam Kiszka, el bajista y teclista, es su hermano menor de 18 (quien hace seis años se presentaba en bares de motociclistas cuando solo tocaban covers). Su papá es un químico que tiene una verdadera colección de álbumes y toca la armónica, su mamá es una exprofesora de ciencias, y su abuelo está en el Salón de la Fama de Polka. El cuarto miembro es el baterista Danny Wagner, de 18 años, uno de los pocos chicos en la pequeña Frankenmuth que compartía los dotes y gustos musicales con sus amigos (sus compañeros de clase ni siquiera sabían cómo llamar esa música, y solo decían que era “vieja”).

A pesar de la incongruente historia de Greta Van Fleet, han captado la atención muy rápido. El experimentado ejecutivo Jason Flom, quien impulsó a Paramore, Lorde y Kid Rock, les consiguió un contrato con un sello discográfico. La primera canción que escribieron, la pesada Highway Tune, fue Número Uno en las emisoras de rock de Estados Unidos, o por lo menos lo que queda de ellas. Y sus increíbles conciertos atraen cada vez más fans cercanos a su propia edad (algo que empezó a parecer posible cuando tocaron en el baile de su colegio, y los chicos enloquecieron).

Según Josh y Sam, Greta Van Fleet suena como el rock de los 70 por tener las mismas influencias de blues y soul que formaron a otras bandas, más que por directa imitación, aunque en sus últimos conciertos tocaron varios covers de Cream y algunas canciones de Bad Company. Sam recuerda que cuando era niño escuchaba a “todos los Kings: B.B. King, Albert King y Freddy King. Luego, Buddy Guy”.

“Pasé un año entero estudiando lo que hacía Page”, dice el guitarrista Jake Kiszka.
“Pasé un año entero estudiando lo que hacía Page”, dice el guitarrista Jake Kiszka.


“No sabía qué era Led Zeppelin hasta que estaba en bachillerato”, añade Josh. Ellos cuentan que escucharon su aullido al estilo Plant cuando él intentaba sonar por encima de la banda. “Nos detuvimos y le dijimos: ‘Lo que sea que hayas hecho, sigue haciéndolo, porque fue increíble’”, recuerda Jake.

Jake sí tiene un parecido musical a Jimmy Page, junto a otros guitarristas, incluyendo a Pete Townshend. “Pasé un año entero estudiando lo que hacía Page, al punto que sabía cómo pensaba”, dice.

No son completamente reacios a la música nueva, como Fleet Foxes, Rivals Sons, The Shins y especialmente The Black Keys, cuya portada de Rolling Stone de 2012 decoró su garaje de ensayo por años. “Mi papá trajó Magic Potion a casa, y nosotros dijimos: ‘Wow, ¿esto es música contemporánea?’”, comenta Sam, quien parece el hermano perdido de los Hanson por su pelo largo y su cara de niño. Sin embargo, es un bajista melódico fenomenal, cuando no está tocando el órgano o manejando los pedales, al estilo Ray Manzarek. Pero a diferencia de Keys, a ninguno de los miembros de Greta Van Fleet les gusta el hip hop, y de verdad parece que tuvieran un par de décadas más cuando hablan de la música de hoy. “La gente lo está haciendo por razones equivocadas”, dice Sam. “No lo están haciendo para cambiar el mundo, lo hacen por el dinero”.

Antes de que Greta Van Fleet —su nombre viene de una mujer de su ciudad que se llama Gretna Van Fleet— pueda cambiar el mundo, tiene que terminar su primer álbum. Su debut fue con From the Fires, un EP de ocho canciones, que tenía seis originales, un cover excelente de Meet on the Ledge de Fairport y una versión regular de A Change Is Gonna Come de Sam Cooke. Todas las canciones del LP serán nuevas —casi todas ya están escritas— y se grabarán a comienzos de 2018.

Mientras tanto, se están divirtiendo. Jake se toma un trago de Jack Daniel’s antes de cada concierto, algo a lo que él llama “un ritual rock & roll”. Pero ellos juran que mantendrán la compostura. “Todo lo que escuchas sobre el estilo de vida rock & roll es cierto”, dice Josh, con los ojos bien abiertos. “Todas esas cosas salvajes y absurdas que quisieras romantizar son verdad. El exceso siempre está a tu alrededor. La cantidad de mujeres que quieren estar contigo, está ahí. Es tentador y muy alocado”. Sonríe y finaliza: “Pero creo que no tenemos mucho interés en eso”.

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