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En 1967, Jann Wenner y un pequeño grupo de creyentes en el rock & roll se reunieron en un loft de San Francisco con grandes ideas y poco presupuesto. Una mirada al nacimiento de ROLLING STONE

POR ANDY GREENE | 17 Feb de 2017

<p>Jann Wenner en la oficina de ROLLING STONE. <b>Baron Wolman/Iconic Images</b></p>

Jann Wenner en la oficina de ROLLING STONE. Baron Wolman/Iconic Images


A comienzos de 1967 Angie Kucherenko, una joven empleada de una firma de abogados, llegó a su apartamento en Haight-Ashbury en San Francisco y encontró al novio de su compañera de cuarto, un desertor de Berkeley de 21 años llamado Jann Wenner, tumbado en el sofá tocando una guitarra acústica. Tenía una gran idea que estaba ansioso por compartir. “Se sentó, puso la guitarra a un lado y dijo: ‘Quiero empezar una revista de rock & roll’, recuerda Kucherenko. “Le dije: ‘¿De rock & roll? ¿No es eso una moda pasajera?’”.

Para Wenner no lo era. Él consideraba que los Beatles, los Rolling Stones y las bandas locales como Grateful Dead eran figuras culturales importantes que mecerían un medio que las tomara en serio. “No había ninguna profesión que se llamara periodismo rockero”, dice Wenner. “Si uno leía Billboard, podía hacerse una idea del negocio de la música, pero uno no la incluiría en su rutina de lectura si estuviera interesado en el rock & roll”.

Un columnista del San Francisco Chronicle compartía la pasión de Wenner: Ralph J. Gleason. Este hombre 48 años, notorio fumador de pipa, había estado escribiendo sobre jazz por décadas, pero estaba empezando a dedicar espacio a artistas como Dylan y los Dead. En octubre de 1965, durante un concierto, Wenner se acercó a Gleason. “Me dijo: ‘Sé quién eres’”, dice Wenner. “Él había estado leyendo lo que yo escribía, tuvimos mucha empatía y me convertí en un asiduo visitante de su casa. Toda su familia me acogió”.

A pesar de una diferencia de edad de casi 30 años, Gleason y Wenner se volvieron muy cercanos. “Contrario a los demás críticos de jazz, él tenía un gran sentido del humor”, recuerda Wenner. “Le encantaban Lenny Bruce y la política. Su mente y su oído eran abiertos. Veneraba a los poetas del rock, pero tenía perspectiva, al igual que el nombre de su columna: Perspectives. Yo le decía: ‘¡Jerry García es el mejor guitarrista del mundo!’, él respondía: ‘Pero, Jann, ¿has oído a Wes Montgomery?’”.

A comienzos de 1967 San Francisco se había convertido en el epicentro de la contracultura. En el Human Be-In, llevado a cabo el 14 de enero, cientos de miles de personas se reunieron en el Golden Gate Park a consumir ácidos y a bailar al ritmo de Greatful Dead, Jefferson Airplane y Big Brother and the Holding Company.

“El área se estaba llenando de bandas”, relata Kucherenko. “Jann estaba bastante emocionado. Ninguno de nosotros la podía tocar, pero se sentía una energía pulsante”.

Wenner comenzó a imaginar una revista para hacer crónicas sobre la creciente escena rockera y le propuso a Gleason que se asociaran. Pensaron en varios nombres, entre los que se encontraban Electric Typewriter y New Times, antes de decidirse por Rolling Stone. La inspiración vino de un ensayo escrito por Gleason en The American Scholar titulado Like a Rolling Stone por la canción de Dylan. Su tema: la importancia del rock y la sabiduría de la juventud.

A pesar de tener un gran título, un concepto inteligente y un socio con una enorme libreta de contactos, Wenner no tenía ni un centavo para hacer despegar su revista. “Cuando me propuso ser el fotógrafo, le dije: ‘Suena divertido, cuéntame más’”, recuerda Baron Wolman. “Él me dijo: ‘Bueno, en primer lugar, ¿tienes 10.000 dólares que quisieras invertir?’”. Wolman no los tenía. Pero se le ocurrió una idea en la que él trabajaría a cambio de acciones de la empresa y los derechos de sus fotografías, un negocio que pagaría dividendos en los años y décadas siguientes.

Wenner reunió a un pequeño grupo de inversionistas, que incluía a los padres de su futura esposa, Jane Schindelheim; a Gleason; y a Joan Roos, un amigo de la universidad (que resultó ser primo de un joven actor llamado Robert De Niro). Entre todos le entregaron a Wenner 7.500 dólares.

Él y su equipo se mudaron a un loft ubicado en el 746 de Brannan Street en el que el espacio sería gratis si utilizaban los servicios de imprenta del propietario. Era hora de comenzar con el primer ejemplar.

En septiembre de 1967 Wenner llegó al loft con su pequeño equipo, conformado principalmente por voluntarios. Entre ellos se encontraban: Kucherenko, Schindelheim, el director de arte John Williams y Michael Lydon, quien había escrito anteriormente para Newsweek y Esquire. “Era polvoriento y prácticamente no había nada allí”, dice Lydon. “Tenía la sensación de que era una tabula rasa, un nuevo comienzo. No se trataba de unos chicos creando un periódico. Era Jann Wenner reuniendo gente para cumplir su sueño”.

“Recuerdo haber entrado allí con Jann”, dice Kucherenko. “El piso era de madera y los rayos de luz entraban por las ventanas. Todos ayudaron a trastear muebles. Encontramos sofás viejos y todo el mundo llevó lo que podía. Empezó tal como arrancan las empresas hoy en día, sin socios capitalistas”.

Wenner tenía grandes ambiciones para su nueva revista. Una de las primeras tareas que le asignó a Lydon —que eventualmente se convertiría en el artículo principal de la primera página— se relacionaba con el dinero faltante del Monterey Pop Festival.

“Jann no quería un fanzine”, dice Lydon. “Quería reportaje investigativo”. Muchos artículos —incluyendo piezas del despido de David Crosby de los Byrds y la gran incautación de droga a los Dead— no tenían nombre. “No le poníamos nuestros nombres a todo”, recuerda Lydon, “porque eso dejaría ver que en la revista trabajaban pocas personas”.

En esa época los quioscos de revistas estaban inundados de periódicos alternativos, pero salían de circulación luego de unos pocos ejemplares. “Jann decía que lo nuestro era muy diferente a lo que ellos hacían”, recuerda Wolman. “Nuestra revista es totalmente profesional. Quiero tener una integridad del más alto calibre. Nosotros somos serios y nos tomamos en serio’”.

En su columna inaugural de Perspectives para Rolling Stone, Gleason arremetió contra los canales de televisión por no dedicarles más tiempo a cantantes de soul como Wilson Pickett, Otis Redding y Jackie Wilson. “Son negros”, escribió. “Y en los Estados Unidos, en los niveles de poder que controlan estas cosas, el color es una discapacidad”.

El escritor bostoniano Jon Ladau (de 20 años) escribió una extensa reseña que comparaba a Are You Experienced de Jimi Hendrix con Fresh Cream, el álbum debut de Cream (“A pesar de la brillantez musical de Jimi y de la precisión del grupo, la mala calidad de las canciones y la inanidad de las letras se interponen en el camino con mucha frecuencia”). En el centro había una entrevista Rolling Stone con Donovan, en la que hablaba del cantante de folk Bert Jansh, del movimiento hippie y del reciente viaje de George Harrison a Haight- Ashbury. “A pesar de su precariedad, el esqueleto de la revista estaba allí”, dice Wenner.

Casi 50 años después, todos los que participaron en la primera edición pueden recordar la gran energía de Wenner: “Caminaba por el loft de un lado a otro”, dice Kucherenko. “Estaba tan conectado que podía hablar por teléfono, hablar con alguien y saludar a otra persona al mismo tiempo. Era increíble. Pasaba por encima de los escritorios y las sillas para hablar con alguien y luego se devolvía a hacer otra cosa. Parecía una bola rebotando por todo lado”.

Para encontrar una imagen de portada, Wenner ordenó una pila de fotos publicitarias, hasta que se encontró con una en la que aparecía John Lennon posando con su atuendo de soldado de la Segunda Guerra Mundial para la película de Richard Lester Cómo gané la guerra. “Faltaban dos días para la impresión y no sabíamos qué poner en la portada”, dice Wenner. “Era lo mejor que teníamos. Pero fue determinante porque abarcaba la música, el cine y la política. Fue un accidente, pero dio inicio a nuestro vínculo con John”.

En la segunda página Wenner les escribió una carta a sus lectores: “Probablemente se están preguntando qué tratamos de hacer. No es fácil de explicar: es una especie de revista y periódico. Los periódicos comerciales se han vuelto muy inexactos e irrelevantes, y las revistas para fans son anacrónicas. Rolling Stone no solo se trata de música, sino también de las cosas y actitudes que la música abarca. Hemos estado trabajando muy duro en ella y esperamos que les guste. Describirla más sería difícil sin que sonara como una mierda, y la mierda es como llenarse de musgo”.

En octubre del 67 el ejemplar estaba listo para impresión, y el equipo bajó las escaleras para verlo en la prensa. “La máquina comenzó a sonar ka-bunk, ka-bunk, ka-bunk”, dice Lydon. Con cada ka-bunk salía una Rolling Stone, todavía mojada. Destapamos champaña y brindamos”. Pero mientras Wenner veía su sueño hecho realidad, no pudo evitar sentirse un poco abrumado: “Recuerdo haber pensado: ‘Cielos, nunca seremos capaces de superar esto. ¿Hacia dónde iremos después?’”.

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