Haley Bennett, la estrella emergente de 2016

Después de 10 años — y papeles en tres grandes de Hollywood — esta chica del centro de EEUU se está convirtiendo en la nueva Jennifer Lawrence

POR ALEX MORRIS | 25 Nov de 2016

<p>Tuvo papeles muy deseados en <i>Los siete magníficos, La chica en el tren</i> y <i>Rules Don’t Apply</i> — Así se convirtió Haley Bennett en la estrella emergente de 2016. <b>Angela Pham/BFA NYC/Rex</b></p>

Tuvo papeles muy deseados en Los siete magníficos, La chica en el tren y Rules Don’t Apply — Así se convirtió Haley Bennett en la estrella emergente de 2016. Angela Pham/BFA NYC/Rex


Haley Bennett está que arde. O bueno, su apartamento está a punto de arder. “¿Prendo la chimenea?” pregunta, estamos juntas en su loft en Tribeca en una de las primeras tardes frías del otoño. Pronto, se acuesta en un sofá profundo, rodeada de almohadas y animales (“Ese es River, mi salvador”, dice Bennett de un perrito que se sube a mi regazo) y tomamos tazas de té herbal. Además de toda esta comodidad, Bennett, de 28 años, sigue en pijama y tiene el pelo recogido. Anoche fue el estreno de su película La chica del tren, y una impresionante pila de tacones rojos están regados en el rincón de su habitación. Todos indican que fue una noche larga. “Llegué a casa a las 10:30”, dice con algo de vergüenza. “Antes trasnochaba mucho. Ya no”.

Y ya no es una “traviesta” chica de Ohio de pinta marimacha que montaba en cuatrimoto y “me salía con la mía más de lo que debería”. Los padres de Bennett se conocieron en la iglesia, viajaron con aventones a Florida durante su embarazo, después se divorciaron cuando ella tenía seis. Se mudó a Ohio con su padre, que abrió un negocio de carros llamado Trans Pro pero ella no quiso quedarse mucho tiempo. “En ningún lugar viví más de dos años”, dice Bennett. “Siempre fui una marginada social. Tal vez no me importaba lo que pensara la gente porque pensaba ‘bueno, probablemente no voy a estar acá mucho tiempo’”. Montaba también a caballo, cantaba en el coro de la iglesia y las típicas rebeliones de cualquier adolescente.

A los 18, con apenas algunas obras escolares como experiencia (“yo quería ser la protagonista pero nunca había hecho más que estar al fondo”), Bennett convenció a su mamá a que la llevara a Los Ángeles. “Hicimos un contrato de arriendo de 3 meses”, dice. “No fue un sueño bien pensado. En retrospectiva fue un plan ridículo”. Estuvo tan nerviosa en su clase de actuación que le salieron alergias en la piel. Y justo cuando se iban a terminar los 3 meses, se ganó a una agente con un pequeño engaño improvisado: “De la nada, le dije a la agente que una agencia muy prestigiosa quería representarme. ¿De dónde los saqué? ¡Ni idea! Pero de repente se puso competitiva y me dijo ‘¡No! No puedes firmar con ellos”.

El tercer papel para el que audicionó fue Música y letra de 2007, volando a Nueva York para trabajar con Drew Barrymore y Hugh Grant y estalló en llanto en la última prueba. “Les dije ‘perdón, nunca había actuado profesionalmente en mi vida. Espero no haber desperdiciado su tiempo’. Me fui y llegué al hotel, que era el más bonito en el que me había quedado en toda mi vida, y estaba hecha un desastre. Pensé ‘si no puedo hacer una audición sin llorar o hacer un papelón tal vez no sirvo para esto’”. Dos semanas después supo que había conseguido el trabajo. Lo que siguió fue una década de proyectos en su mayoría insatisfactorios. “Durante mucho tiempo pensé que tal vez no debí haber hecho esto”.

Ahora no piensa lo mismo. Tras 10 años, Bennett está teniendo su momento estelar aunque no sabía ni siquiera si iba a pasar, y en los últimos meses ha estado en casi todas las películas que puedas ver por ahí — Los siete magníficos, La chica del tren y Rules Don’t Apply de Warren Beatty, además del futuro drama de Terrence Malick Weightless. Justo ahora, sin embargo, empieza a salir humo de la chimenea y el detector de humo se enloquece, además de la “manada” de tres gatos y dos perros de Bennett. Ella salta del sofá, abre las puertas y las ventanas y trata de empujar los leños encendidos al fondo de la chimenea. Por un momento la cosa asusta. Después, pasa el peligro, y Bennett se vuelve a acomodar en el sofá, riéndose de que si llamara a los bomberos pensarían que es Jennifer Lawrence, con quien la confunden todo el tiempo. “No asimilo esto para nada”, dice, del hecho de que esos días están contados.

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