Hijo del cañaveral: La revolución en rima consonante de Residente

“Al final, todos somos boricuas. No importa el partido político. Todos somos boricuas. Y todos nos tenemos que unir, todo el mundo, y no parar de manifestarnos para que las cosas mejoren. Esto hay que agarrarlo con el corazón. Continuar la lucha inteligentemente, con unidad”

POR DIEGO ORTIZ | 16 Jul de 2018

<p>Fotografía por David Rugeles</p>

Fotografía por David Rugeles


Residente tiene la voz quebrada. camina por el escenario frente a un estadio lleno y cargado de nostalgia, pero a la vez con mucha esperanza. La última vez que tocó en Puerto Rico fue hace cuatro años. Lleva una camisa de béisbol con el número 21, del campeón de la Serie Mundial, Roberto Clemente. El corazón parece palpitarle más rápido y cada frase está llena de orgullo boricua. No se atasca en su propia luz. “Ahora les tiro este tema para que todos unidos, con esa furia que sienten, con esa alegría al mismo tiempo, y toda esa nostalgia de este país, que siempre ha estado de pie, la saquen pa’ fuera. Este tema es de ustedes”. 40 mil personas unidas interpretan Hijos del cañaveral, como en un himno. Una canción que los conecta con sentimientos profundos, y que a su vez contiene un canto esperanzador que alimenta el orgullo patrio. Gargantas vibrantes y pechos inflados de coraje, porque Puerto Rico “siempre seguirá de pie”.

Hay llanto, y en las primeras filas hay al menos 30 banderas gigantes que ondean por el sueño de su soberanía. Luego de unas lágrimas y con los puños cerrados, identificado con el discurso propio de un Residente inquebrantable, es fácil sentirse local. Me apersono del dolor, la valentía y la esperanza de un pueblo “dueño de un país sin dueño”. Unido, como ningún otro pueblo.

Este concierto es realmente importante para él y para todo Puerto Rico por la situación que atraviesa el país. Es la primera vez que Residente se presenta en San Juan sin Calle 13, y necesitaba un show que mostrara que sus canciones tienen la misma potencia. “Fue pura energía. Vitamina C para todo el mundo, tanto para ellos como para mí, para la banda”, me dice después del show. “Todo el mundo me está llamando a felicitarme”. Le pregunto si le hacen falta sus hermanos en la tarima, y responde tranquilamente: “¿Mis hermanos a nivel musical? No. Tengo unos músicos que están por encima del nivel. Son unos virtuosos del carajo. A nivel espiritual, sí. Tener a tus hermanos al lado siempre será muy chévere. Pero fue otra etapa. No es que los necesite, pero si estuvieran, sería espectacular”.

Es un domingo soleado en San Juan de Puerto Rico. Residente lleva sudadera gris, camiseta negra y gorra que llevan estampados nombres de barrios de San Juan. Caminamos por las estrechas calles de La Perla, su antiguo vecindario. Residente se detiene un momento en la calle San Miguel para mostrarme los tres collares que lleva puestos: el primero es un viejo escapulario que le regaló su madre, del que perdió el Cristo hace unos años; el segundo es una medalla que lleva el nombre de su único hijo, y el tercero, un sable saudí que le entregó un niño en Palestina cuando grabó el video de Multi Viral. Se siente muy orgulloso de ellos. Tiene el mismo look de hace 15 años, nada que le tome más de un minuto para decidirse. Su actitud es la de un hombre de trabajo. Recibe varias llamadas mientras estamos juntos. “Disculpa, pero alguien tiene que atender el negocio”.

En los pequeños callejones del barrio “donde sepultan a los patriotas”, según Ismael Rivera, varios locales lo saludan con notable respeto. Algunos lo hacen con cierta familiaridad. Chocan sus manos y le hacen preguntas personales, parecen viejos amigos. El sonido de las olas se siente más fuerte. Residente camina pausado, sin prisa.

“Ellos nos mandan a votar”, afirma, “pero la verdad es un chiste porque si Puerto Rico gana la independencia no vamos a ser independientes, no va a ser así de fácil”. Luego alguien lo detiene: “Hey, René, pronto vamos a hacer la celebración… para que vengas”. No titubea. “Dale, dale, solo avísame con tiempo y acá estamos”.

A través de los años, Residente se ha convertido en un líder de la lucha por la independencia de Puerto Rico de los Estados Unidos, una lucha que no ha terminado de articularse y no se concreta en un deseo colectivo, tal vez porque muchos boricuas temen perder su pasaporte norteamericano y su condición de ciudadanos. Sin embargo, René afirma que existe una gran unidad más allá de las posiciones políticas de la gente: “Yo pienso que hay más unidad que en un montón de países. Esa división es algo que viene de afuera. Hay países en los que necesitas quitar varias capas de cáscara para llegar a esa unidad. Hay países que se odian, y aquí no hay odio. Siento que a eso no hemos llegado”. Y estas diferencias entre los que están a favor y en contra llevaron en el pasado varios asesinatos políticos. “Hay gente que no ha entendido. La polarización política es obra del gobierno de Estados Unidos como parte de la colonización de la isla, y qué mejor manera para colonizar un país que ponernos a pelear a nosotros mismos”.

El conflicto interno ha existido desde la colonia entre los que ayudaron al Gobierno de los Estados Unidos y los que se rehusaron. “Ellos piensan que trajeron las máquinas de caña y después se dieron cuenta de que la industria de la caña de azúcar y del tabaco estaba jodida. Todo fue un truco y terminamos sin industria”. Residente tiene fe en que el conflicto terminará pronto, ya sea porque el gobierno estadounidense decida aceptar la soberanía de Puerto Rico, o porque los puertorriqueños y su lucha independentista, de algún modo, obtengan la victoria. “Pero dependemos totalmente de lo que Estados Unidos decida. Si ellos nos dicen que somos estado vamos a ser estado”.

Foto por David Rugeles
Foto por David Rugeles


Para el mundo no ha sido muy importante entender cuál es el interés de los Estados Unidos en Puerto Rico, pero él tiene una opinión clara: “Hermano, porque le sacan dinero. Porque es obvio, no hay otra razón. ¿Tú sabes la cantidad de dinero que ellos se llevan? Estados Unidos, como buenos negociantes, nunca van a estar en un país si no le sacan dinero. Es así de básico: ellos no van a África porque quieren ayudar, entonces cuando lo hacen se llevan un montón de dinero. Obama no vino aquí de visita, sino a llevarse un millón de dólares para su campaña. Y Obama es el más cool. Ellos son así, y no es que esté mal, los que estamos mal somos nosotros que permitimos que eso pase”.

A pesar de todo lo que implica ser una colonia, los puertorriqueños han mantenido su idiosincrasia. El idioma y las costumbres americanas no han logrado penetrar en la cultura boricua de manera contundente. La distancia geográfica y la riqueza folclórica juegan un papel muy importante en Puerto Rico, una cultura que es mucho más cercana a la esencia de Latinoamérica. “Si Estados Unidos se mete a Colombia, no van a desaparecer los Gaiteros de San Jacinto. Hay cosas que son muy sólidas. Esas raíces están muy amarradas. En Puerto Rico trataron de hacerlo, pero no pudieron. Además, la han cagado muchas veces en muchos aspectos que la gente no lo olvida. Tenemos nuestro propio idioma, que es una mezcla entre el español nuestro y el inglés. Yo pienso que no solo Puerto Rico, sino toda Latinoamérica es muy fuerte. Es como meterte a la cultura china y tratar de cambiarla de la noche a la mañana. El único motor de los Estados Unidos es el dinero. No les interesa nuestra cultura”.

Le pregunto si hay beneficios reales para Puerto Rico por pertenecer a los Estados Unidos y me mira como si le estuviera preguntando algo muy obvio. “¿Qué beneficio va a ver?, no tiene sentido. Somos de un país que ni siquiera protege a sus propios estados. Tienen a Michigan todo jodido, lo mismo a New Orleans. ¿Qué carajos van a hacer en Puerto Rico? No nos beneficia. Al revés. Ellos además controlan los precios de nuestro mercado: ‘Lo que vendes vale 20 dólares’. No tenemos poder de decisión”.

El boricua siempre tiene mucho que decir y en su agenda no hay lugar para la autocensura o el silencio. Sin reservas dice lo que piensa. No le preocupan los titulares de la prensa ni las apariencias que suelen cuidar los artistas. Tiene cosas más importantes en qué pensar. Actualmente sus objetivos están claros: continuar en pie de lucha a favor de la independencia de Puerto Rico y seguir enfocado en el desarrollo de su carrera como solista, así como en el fortalecimiento de su audiencia, que no se limita a Latinoamérica. Lo primero no depende solo de él, pero utiliza su obra como herramienta de concientización, de crítica y de resistencia.

En tiempos en los que la industria glorifica los views digitales, premia las letras ligeras y se cuantifica el impacto por cifras que, curiosamente, pueden comprarse, René ha logrado darle a la música en español la profundidad y relevancia necesarias para mantener las esperanzas.

René Pérez, de 40 años, empezó a escribir cuentos y líneas de rap a los 10 años en Río Alto, un barrio de clase media baja, un “lugar de gente trabajadora y fuerte, con mucha calle”, quienes fueron parte vital en su formación. “Yo pienso que todo te forma, mientras vas creciendo todo te afecta y va condimentando lo que terminas siendo artísticamente”, afirma. “El béisbol también hizo parte de mi formación porque me mantuvo fuera de las calles”, y luego con orgullo agrega: “Yo no consumo ningún tipo de droga y es gracias al deporte, porque siempre me mantuvo enfocado y saludable”.

Su personalidad es el resultado de la suma de varias circunstancias: la disciplina del deporte, la tradición artística familiar y su visión alternativa de “la calle”, en donde respondió de manera creativa a todas las situaciones agrestes como herramienta de subsistencia. “En el barrio, si no sabías defenderte podías hacerlo con respuestas creativas. Saber responder con una línea creativa burlándome del otro, todo eso hace parte de mi formación”.

Residente nos dirige a las costas de La Perla por el viejo camino al mar. Conoce muy bien todo el laberinto de callejones. En los últimos escalones me habla sobre su niñez y su familia, de quienes habla con respeto y admiración: “Siempre hubo una manera de educarnos. Mi familia siempre encontraba una manera para que estuviéramos al tanto de lo que pasaba”. A inicios de los 80 creció en un hogar de artistas. Su madre era una actriz, y su padrastro, músico de ceremonias a las que René y su hermano le acompañaban y se encargaban de todos los equipos. Hablamos de su formación como si hubiera algo de académico en el rap, no como si este fuera una expresión contestataria de jóvenes en su mayoría de barrios marginados. “Yo creo que con el tiempo me fui desarrollando, aprendiendo y practicando. Si tú tienes esa semilla de creatividad, la vas trabajando. Fui ensayando y también la impulsividad mía me hacía practicar cada día más”.

Las influencias de René vienen de la educación artística que recibió en gran medida como tradición familiar, sumadas al interés que siempre tuvo en la música puertorriqueña que floreció en los 80. “La recta final de Vico C es una obra maestra”, afirma, “aunque dijo cosas política- mente incorrectas, cosas que yo ahora no diría”. Además, siempre estuvo muy pendiente de lo que pasaba en la música latinoamericana. Rubén Bládes y Silvio Rodríguez son su influencia desde que era “chamaquito”. “En mi casa se escuchaba desde Rubén hasta Janis Joplin”.

Residente Calle 13 fue el nombre que acogió desde el inicio de su proceso creativo y artístico. Como muchos otros raperos blancos, tuvo que enfrentarse al cliché de no tener la “suficiente calle” para la escena rap. Tampoco encajaba fácilmente en la industria del perreo, pero tuvo que frecuentar varios estudios de reguetón para grabar sus maquetas. “En ese tiempo estaban DJ Gold y DJ Black, esa era la escuela del momento”. Allí le repetían reiteradamente que su música funcionaría mejor en España. Sin embargo, René viene del mismo lugar que todos los artistas que emergieron en la escena del reguetón y afirma con crudeza que “a la mitad de mis panas los mataron”. Vivió en la misma calle de Alex Trujillo, quien llegó a ser el personaje más buscado en todo Puerto Rico, y que menciona en Mis disculpas: “De la 13 como Alex Trujillo con diferentes caminos / Con Chezina y Franco el Gorila de vecino”. Franco fue su amigo de niño. René creció en el mismo ambiente agresivo que todos ellos, pero la gente no lo aceptaba del todo por su educación y sus estudios universitarios. “Este es un blanquito, decían… al principio tenía que enfrentarme y si había que meter mano en contra de esos clichés que tú dices para ser parte de algo urbano, yo tenía todas las credenciales. Lo que pasa es que yo ni siquiera me vestía como un rapero”.

Desde La Perla “Yo tengo actitud desde los cinco años”, rapeó Residente junto a Rubén Blades en la canción que lleva el nombre de su barrio.
Desde La Perla “Yo tengo actitud desde los cinco años”, rapeó Residente junto a Rubén Blades en la canción que lleva el nombre de su barrio. David Rugeles


Retornando cuesta arriba, nos detenemos en un parque que está en la mitad de La Perla. René toma el pasamanos y hace casi 10 dominadas. En el mismo lugar alguien escucha trap con una grabadora antigua. Al percatarse de la visita de Residente, pone a sonar La cátedra. Me cuenta que cuando llegó a San Juan no tenía un empleo fijo. Empezó haciendo pequeños trabajos de arte hasta que tuvo la oportunidad de trabajar con una firma de arquitectos. “Ahí me gané una plata y pude escribir, eso fue como en el 2004”. Ahorró mil dólares y con eso pagó un año de arriendo. Entonces se dedicó a escribir. “Todo el mundo me decía: ‘Está como loco este cabrón’”. Uno de sus hermanos le habló de White Lion, la disquera de Tego Calderón. “Yo rapeaba en la calle al frente de la puerta de White Lion, había una cámara y yo esperaba a que me descubrieran”. Y no fue sino hasta que grabó sus primeras maquetas que llamó su atención.

René es un abanderado del movimiento independentista de la isla caribeña. David Rugeles

“No me concentro, se me hace bien difícil”, me dice sentado en una banca. Es inquietante que alguien capaz de componer letras tan extensas y elaboradas fuera diagnosticado con déficit de atención. Además me confiesa que le cuesta mucho trabajo leer “todo lo que la gente quiere que lea”. Y agrega: “Solo me concentro cuando rapeo y cuando escribo”. Y como si fuera premeditado, en una de las calles más arriba, un señor entrado en años le regala un libro escrito por él. Luego charlan unos minutos.

Eduardo Cabra —conocido como Visitante, y además su hermano— ya tenía dos proyectos (Campo viejo y Bayanga ) antes de Calle 13. “Me acerqué a él y le dije que hiciéramos música”. Con él grabó los primeros demos de La aguacatona y Eduardo se fue metiendo poco a poco en el proyecto. “Calle 13 fue la mezcla de los gustos de los dos.

Aprendí mucho de él porque yo no tenía ni puta idea de nada musical. Él no lo sabía todo, pero sabía más de lo normal”, dice. “Me fui caminando a White Lion para lle- var los demos que grabé con el”, y esa misma noche lo llamaron. “Negociamos y un año después me estaba ganando los tres Grammy, Atrévete-te-te estaba explotando”.

Atrévete-te-te es un punto de inflexión en la historia de la música urbana, principalmente porque logró captar rápidamente otras audiencias. Por primera vez los sonidos provenientes del reguetón estaban ingresando a la escena alternativa. “Para mí fue como un puente directo al barco. Las clases media y alta no estaban adentro cuando saqué la canción. Pero cuando salió, empezó a llegar gente de todos lados, que es lo que pasó con Tego cuando salió y se metió el público salsero y alternativo. Abrimos otras puertas”.

Residente y Calle 13 entraban a los listados de la música urbana e impactaban directamente a la industria del reguetón. “Hay gente que dice que el reguetón empezó con El General y eso es falso. Ni empezó en Panamá tampoco”, afirma. El reguetón, como género, es una mezcla entre el reggae jamaiquino con dance hall y hip hop, y fue en Puerto Rico donde se desarrolló masivamente. “El género tenía una propuesta que no es lo que representa el reguetón ahora. Era popular y estaba tremendo. Lo bailaban con intensidad”. Mucha de la música de Jamaica empezó a llegar a Puerto Rico y los artistas locales la tomaron como base para grabar. En principio solo era un gusto por el ritmo, hasta que los raperos lo acogieron como propio y el género desarrolló su verdadera personalidad. “Llevo un tiempo stalkeando esa evolución. Hubo raperos que lograron que el reguetón llegara a donde está, como Yankee, quien es de los primeros que estuvo y que al sol de hoy sigue sólido”.

Residente nunca ha tenido repulsión ante el género, y es evidente que ha navegado entre sus sonidos durante toda su carrera. Me confiesa que fue idea suya que Atrévete-te-te tuviera una base de reguetón. Aún así, ha tenido una batalla abierta con algunos representantes del género, tanto que a veces pareciera una estrategia mediática. De todas maneras, varios de estos pleitos han quedado plasmados en sus canciones; algunas veces de manera satírica y cómica, como en Que lloren: “Tu rimando no eres ni la mitad de un espermatozoide”; otras veces mucho más serio, como en Adentro: “Tu eres bruto cabrón, rapeando sobre cómo volar sesos, en un país que te matan por robarte un peso”; y en otras, confrontaciones personales como es el caso de Mis disculpas: “A los raperitos los boxeo, los golpeo por el culo los pateo, los pongo a tirarse peos… A los raperitos baladistas, hip hoperos elitistas los tengo cabeceando como niños autistas”, una batalla lírica que mantuvo con el puertorriqueño Tempo.

Y con toda esta “tiradera”, como le llaman a la confrontación lírica, uno no deja de preguntarse: ¿Qué tan verdaderas son todas las amenazas que van y vienen? No está de más recordar que Tupac murió a manos de otros raperos con quienes tenía una constante confrontación en sus canciones. A lo que Residente responde sin parpadear: “¿Sentirme amenazado? Por ninguno. ¿Por ellos? Si yo le tiré, antes de que empezara el regguetón, una canción a los federales. Al FBI, que acababan de matar a Filiberto Ojeda… qué voy a tenerle miedo a un reguetonero que me venga a decir que me va a matar. Tú eres loco”, continúa. “No, amenazado me sentí en Colombia cuando me dijeron que me iban a matar si iba a tocar allá. Esa sí era una amenaza real. Cuando hablé lo del paramilitarismo me dijeron que, si volvía, me mataban. O en Chile me dijeron que me tenía que ir del país porque hablé de los mapuches. Esas eran amenazas mucho más fuertes que las de unos chamacos que están ahí con su porillo”.


Enhorabuena todas estas amenazas no quedaron sino en letras. Actualmente, René dice no tener ningún problema con nadie. “Yo sé que me respetan y respetan lo que hago”. Su relación con Tempo mejoró y nunca pasó a mayores. “Él fue el que empezó, y sé por qué lo hizo, tenía sus razones comerciales que le ayudaban. A mí también… No te miento. Yo respondí porque tenía que defenderme como rapero. No es como en otros géneros. En el rap sí te pueden aplastar la carrera si no te defiendes. Todos los que llevan tiempo en esto, como Yankee, Wisin y Yandel, y yo, sabemos que en algún momento todos teníamos nuestra protección en la calle. Todos nos manteníamos, sabíamos quién era quién. Todo el mundo sabe que estoy protegido, que tengo mi gente que me respalda y me apoya, me defiende y está todo tranquilo”.

Pero no todo es tan real. René agrega en tono burlón que muchas de las ‘tiraderas’ son pactadas. Se llaman por teléfono para acordar los términos: “Oye, esto es lyrical”, pero él afirma que nunca ha tenido que hacer eso. “Yo me crié en Trujillo. No es como que yo vine de la nada y salí, y ahora soy un rapero. Soy tranquilo, estudié, pero sí cabrón… Esa parte está ahí”, refiriéndose al instinto de supervivencia de la gente del barrio. “Lo que te quiero decir es que cuando hay una tiradera es real. Pero es comedido también. Yo lo mantuve en la escritura y fue de líneas; no quiero estar haciendo eso todo el tiempo. Tú ves que esas canciones yo no las canto por respeto a mi palabra con ellos. Estamos bien, todo tranquilo.

Yo lo hago por respeto”. El boricua no le teme, pero tampoco comulga con las etiquetas que han querido ponerle a su música. Uno esperaría que por toda su confrontación con los artistas del género, fuera mucho más critico del reguetón, pero en realidad es muy tranquilo con todo el movimiento. “Depende de cómo lo defines. Si lo analizas, el reguetón puro es muy distinto a una canción romántica que tiene un beat de reguetón y aún así es reguetón. ¿Qué es lo que define el género musical? ¿El ritmo o el espíritu y la esencia? Para mí es por el espíritu y por lo que representa. Por ejemplo, un grupo de cumbia, que sea transgresor, sea valiente y tenga fuerza, puede ser rock. Porque hoy en día hay un montón de bandas que dicen que son rock porque tienen la guitarra y la batería, pero en esencia no son rock”, continúa. “Los comediantes hoy en día son más rockeros que cualquiera, porque dicen más, social y políticamente, que el mismo rock. Entonces, dicho esto, lo mismo pasa con el reguetón. Hay cosas que yo siento que son puro reguetón y otras que caen más dentro de lo pop”. Sin embargo, de lo que sí ha sido crítico es de la homogeneidad del género y de la repetición de los unos con los otros, lo que implica una falta constante de originalidad. El mismo beat, el mismo tipo de videos, las mismas letras y, en general, los mismos objetivos comerciales.

Entramos en una discusión sobre la historia de las naciones latinoamericanas y sobre la polarización. Latinoamérica durante su historia ha estado en un péndulo que va de izquierda a derecha. Mesías de un lado y del otro. Con algunas excepciones y difícilmente, ha logrado tener avances en el buen ejercicio del Estado de derecho. Es algo en lo que René se ha interesado desde el inicio de su carrera. “Se está creando como un nuevo espacio con ideas de ambos lados, es un espacio indefinido”. Se refiere a las nuevas generaciones que ahora critican tanto a la derecha como a la izquierda. “Sucede con los jóvenes cubanos de Miami, que están dispuestos a ir a Cuba, cuando hace 20 años no querían saber nada de allá”. Él piensa que eso puede sentar las bases de un nuevo movimiento, algo que “ya empezó a cocinarse”.

Esta raza siempre es brava Como artista y activista político, Residente siempre ha plantado cara ante los abusos de los gobiernos y los absurdos de la industria musical. David Rujeles
Esta raza siempre es brava Como artista y activista político, Residente siempre ha plantado cara ante los abusos de los gobiernos y los absurdos de la industria musical. David Rugeles


En América Latina se ha perdido la fe en la política. Las alineaciones ideológicas cada vez tienen menos en común con los partidos, por ejemplo cuando una persona de ideología de izquierda no está de acuerdo con lo que pasa en Venezuela. “Antes era como cuando eres fiel a tu equipo de futbol, que, aunque la caguen tú sigues ahí. Acá hay una apertura nueva, siguen estando los viejos y la gente anticuada (aunque también hay jóvenes anticuados que mantienen esas estructuras ancestrales de mantenerse con un ideal, aunque la caguen a nombre del ideal)”, insiste. “Yo creo que está abundando esa mentalidad crítica. Y el futuro de Latinoamérica lo veo en manos de esa movida madura y vanguardista, críticos de ambos movimientos”.

Le pregunto a René si no cree que la izquierda latinoamericana fracasó como sistema político, especialmente por lo que pasó con Venezuela y Brasil, a lo que responde rápidamente: “No, si vas a decir eso, tendríamos que decirlo de la derecha también”. Y tiene razón. Ningún gobierno de derecha en Latinoamérica ha logrado una línea de desarrollo tangible desde el crecimiento social y la lucha contra la desigualdad. Pero le digo que la izquierda tampoco ha sido inteligente combatiendo el sistema desigual que propone la derecha. “Sí, pero es que es un título muy fuerte, decir eso…

Depende mucho de la definición que le des a esas palabras. Hay gente que tienen unas ideas de izquierda y de derecha que no representan unos ideales. Gente que piensa que defiende ideales que ni la derecha ni la izquierda defienden, y ellos se sienten parte de eso por esos ideales. Defienden quizás algunos intereses que tienen en común”

“Soy lo que dejaron / Soy toda la sobra de lo que te robaron / Un pueblo escondido en la cima”, dice René en Latinoamérica. La canción que retrata los sentimientos de una comunidad latina que, aunque herida, se ha mantenido erguida. Algunas de sus líneas mencionan lo grave que ha sido la falta de educación en todo el continente, relegando a la mayoría a ser mano de obra barata para el “primer mundo” con poco acceso a la educación superior. “El verdadero fracaso es que no se ha educado lo suficiente, por ejemplo, no hay educación pública gratuita y de calidad en toda Latinoamérica. Y esa educación justamente fomenta que los jóvenes voten por dirigentes y gobernantes que deberían mover Latinoamérica de forma responsable, entonces si en algo se está fallando, es en eso, en la importancia (o poca importancia) que se le ha dado a la educación, más allá de que un ideal haya fallado o no”.

A lo largo de su carrera René ha sido criticado, en principio por ser blanco o por no tener la suficiente calle, pero también por hacer reguetón, por ganar dinero o por no vivir en Puerto Rico. Lo han tildado de poco consecuente y ha estado en la palestra pública por muchos años sin que eso afecte sus motivaciones. “Esos son pensamientos de los años 40, 50”, me dice cuando hablamos de aquel viejo cliché que dice que no se puede hacer crítica social y buscar la prosperidad personal al mismo tiempo, algo que pasa mucho en Latinoamérica y que las personas le exigen también a los políticos de izquierda. “Es algo sin sentido. Entonces porque lucho por los que no tienen educación, ¿tengo que ser analfabeta? Es una mentalidad del pasado. ‘Eres independentista y vives en Nueva York’, me dicen. Y resulta obtuso pensar que en pleno siglo XXI buscar la justicia social sea sinónimo de pobreza, o que para ser consecuente con la revolución independentista no pueda vivir afuera. Un independentista que viva en una colonia no tiene sentido. Que mantengo el pasaporte… ¿Pero entonces qué voy a hacer? Renunciar a mi pasaporte para tener que sacar una visa y venir a visitar a mi familia”, dice con enojo. “Son como pequeños tantrums que tienen algunas personas que piensan que, si uno lucha por los que tienen menos, también uno debe tener menos”. Y concluye: “No se trata de lo que tienes, sino de cuánto das, ¿me entiendes? Yo me crié en una familia en la que, desde pequeño, no teníamos todo, más bien poco, pero mi mamá nos enseñó a dar lo poco que teníamos, a compartir. Mi hermana daba clases gratis de teatro en las escuelas. Con lo poco que tenía daba todo lo que podía, y eso es grande”.

Foto por Ruben Salgado Escudero
Foto por Ruben Salgado Escudero


De vuelta a la calle principal donde nos espera su guardaespaldas, después de algunas fotos con varios fans, nos subimos a la parte trasera de una camioneta negra. René me muestra algunas fotos en su teléfono de sus viajes a Medio Oriente. Paramos en una gasolinera. Hablamos sobre los medios de comunicación y también de su relación con Colombia. Son tiempos en los que el periodismo funciona más como un brazo de manipulación para el cuidado de los intereses privados, y su promesa básica, como herramienta informativa, ha sido diluida y manoseada en las últimas décadas. “La manipulación mediática es general y mundial. En Latinoamérica es muy grande. Además, hay medios oficialistas”. Reconoce también que “hay periodistas que quieren ser fieles y leales al periodismo, entonces no se venden”. Y continúa: “Hay de todo. Tienes los medios que protegen a su gobierno, y tienes los medios privados que son la oposición y al revés.

En Estados Unidos tienes a Fox con los republicanos y a CNN con los demócratas. CNN le va a tirar a Trump, Fox lo va a aplaudir y le va a tirar a Obama. Pero es bueno saberlo, porque te cuestionas cada vez que publican algo”.

En los premios MTV de 2009 Residente usó una camiseta estampada que decía: URIBE PARA BASES MILITARES. La acción se registró en todos los medios latinoamericanos, pero en especial en los colombianos. El hecho se dio por una campaña hecha por Twitter. René hizo una competencia sobre los mensajes que más se repitieran y se retuitearan, y prometió que los llevaría en una camiseta para darle voz a la gente que lo sigue. El mensaje que ganó fue “Uribe para las bases militares”, y efectivamente lo llevó esa noche impreso en su camiseta. Por esos días René salía con alguien de Colombia, quien le informó el diseño del mensaje daba una doble lectura. “No tenía esa intención… mi preocupación eran las bases militares”, afirma.

Aunque es curioso que alguien como él no estuviera al tanto. “Vengo de un país que tenía cuatro bases militares y sé lo que es”, agrega. “Es una cuestión de invasión y de derechos humanos de parte de Estados Unidos”.

René ha sido un defensor de la paz, si bien lo han tildado de instigar a la revolución y al desorden, uno de sus lemas personales es: “Resistencia sí, guerra no”. Afirma no creer en la guerra, y las bases militares incluyen eso. “Yo no conocía mucho lo que sucedía con el paramilitarismo en Colombia, pero eso me llevó a buscar y quedé sorprendido”. Sus contactos le contaron que había gente muy molesta en el país con todo el tema. Investigó y se enteró de otras problemáticas más fuertes: “Aprendí sobre los falsos positivos. Por lo tanto, hasta el sol de hoy defiendo lo que hice. Yo siempre me he metido en esa cuestión de la protección de los derechos humanos”.

En los últimos 100 años Latinoamérica ha sido gobernada mayoritariamente por los partidos de derecha. Los avances se están viendo amenazados por los diferentes gobiernos retrógrados que hacen del miedo su estrategia de control. “Yo pienso que en parte es por la cercanía que Latinoamérica tiene con Estados Unidos”. Y a pesar de todo esto, René es optimista en cuanto a las nuevas generaciones, pero también plantea cuál puede ser el problema: “A pesar de que los chamaquitos están más maduros que hace 10 años, ahí hay un espacio en el que la información no está llegando y votan por gente que quizá no son los que deberían estar”.

Yo esperaba que toda esta actitud contestataria, crítica y beligerante de Residente viniera principalmente del rap, pero estaba equivocado. Su papá es un abogado de las Uniones, y actualmente, él con un colectivo legal, está demandando a la Junta de control fiscal en Puerto Rico. Ha sido abogado de los sindicatos de trabajadores. “Yo iba a todas las manifestaciones desde chiquito con él, yo me eduqué en un ambiente así. Él pudo haber sido abogado de empresas o multinacionales, pero no, él es un tipo bien de línea, muy interesante”. Y agrega sobre su hermana: “Ella estuvo en las brigadas en Nicaragua en los 80, en campamentos en Cuba cuando chamaquita”. Su papá se encargó de que él y todos sus hermanos entendieran lo que pasaba en su entorno. “Puerto Rico es literalmente una isla, y lo único que te llega es de los Estados Uni- dos. Él trataba de que agarráramos otra información que no fuese la única que nos daban en la escuela”.

A unos 30 mil pies de altura, en un vuelo desde Los Ángeles a Puerto Rico, estoy viendo por segunda vez el documental Residente. Necesito puntualizar detalles sobre su primer álbum como solista. La percepción del disco cambia viendo película; está lleno de sonidos e instrumentos musicales que no se perciben fácilmente. A su vez, las colaboraciones adquieren vida. Se convierte en una diseminación detallada del ecosistema de la música análoga. Unas horas después, estoy sentado con René en el lobby de su hotel. Esta vez hablaremos de su nueva etapa como solista, y de su más reciente álbum: Residente.

Un compañero de trabajo tuvo una idea que quedó en pausa por unos años: hacer un documental sobre Calle 13, basado en Esta una prueba de ADN. Pero luego René en la búsqueda del rumbo conceptual para el nuevo álbum, desarrolló una estrategia creativa en torno a ella: hacer música basándose en su genética. Entonces inició su travesía por todo el mundo en búsqueda de las huellas de su propio ADN.

El ADN de un ciudadano del mundo Para su más reciente álbum Residente rastreó su genética en apartados rincones de Asia, África y América. El resultado es un disco lleno de sorpren- dentes sonoridades. Foto por Ruben Salgado Escudero
El ADN de un ciudadano del mundo Para su más reciente álbum Residente rastreó su genética en apartados rincones de Asia, África y América. El resultado es un disco lleno de sorpren- dentes sonoridades. Foto por Ruben Salgado Escudero


Cuando empezó el viaje no tenía completamente definido lo que iba a hacer. “Es como llevar una maleta medio vacía, donde tú tienes espacio para meter las cosas nuevas que te compras en el camino”. Tenía claro que en algunos lugares quería hacer una canción sobre la guerra, o sobre su hijo y otros temas, pero en otros no tenía certeza. Por ejemplo, en China iba a ser un trabajo con la ópera de Pekín, pero allí mismo le surgió la idea de hacer Apocalíptico: una canción sobre el final de los tiempos con un hermoso coro celestial de Oriente. En Burkina Faso le surgió la idea de La sombra.

Hizo el viaje con dos fotógrafos. “Trabajamos con lo que había”. Fue un proyecto complicado de hacer, afirma René. “No quería que se viera raro, yo dirigir algo sobre mí mismo”. Terminó de editarlo en Nueva York durante siete meses. “Estuvimos metiéndole mano, descifrando un montón de cosas. Como yo ya tenía tantas ideas y la tenía tan clara, se me hizo un poco más fácil, pero eran horas y horas de material. Fue un proceso complicado y me hubiese gustado haber agarrado el toro por los cuernos desde el principio”.

René se embarcó en un proyecto ambicioso sin saber cuál iba a ser el resultado: “Siempre quiero hacer cosas bien grandes, y quería que se convirtiera en la inspiración para otros artistas. Porque uno siempre está tan cerca de sus proyectos que no tiene oportunidad de verlos de lejos, inclusive en la tarima estás muy cerca. También era para que la gente viera el proceso desde otra perspectiva, y que además se pudieran hacer otras lecturas”. En Calle 13 siempre tuvo que ponerse de acuerdo con su hermano Eduardo. “Fueron etapas de aprendizaje”, dice refiriéndose a ese proceso. En principio estuvo alejado de toda la parte técnica, de la producción musical y de los créditos legales de cada rol. “Yo simplemente tiraba ideas.” dice. Nunca tocó ningún instrumento en ninguno de los discos, hasta que en Multi Viral su hermano Eduardo lo registró como coproductor. Todas las letras de Calle 13 fueron compuestas por Residente, mientras que Visitante se encargó de la música: las armonías, las melodías y la instrumentación. “Cuando fuimos a hacer Latinoamérica, yo llegué con la idea de hacer un Buscando América como hizo Rubén Blades, pero con muchas palabras”. René cogió la música de Gustavo Santaolalla, un fragmento de Diarios de motocicleta, lo puso en Garage Band y empezó a escribir usando esa misma música como loop. Escribió toda la canción y el coro. Lo grabó en una maqueta y se la pasó a Eduardo. “Él luego me llamó y me mostró por teléfono, y yo dije ¡esto es, Caballo!”. También participó en la mezcla y tomó decisiones de producción. “Él no quería usar el portugués, yo sí, se quedó porque llegamos a un acuerdo”.

Calle 13 fue la suma de lo que ambos tenían en la cabeza, que al final eran mundos muy distintos, con formaciones y visiones diferentes. René venía del hip hop, del rap, pero también de la nueva trova, la salsa y el rock, mientras que Eduardo se identificaba mejor con toda la parte afro, la música brasilera, las fusiones entre rock y música folclórica, el tango y la música andina. “A veces él traía también sus ideas, como pasó con Vamos a portarnos mal y luego yo escribí la letra”. En el disco Multi Viral compartieron toda la producción. “Por eso cuando empecé a hacer mi disco nuevo no tuve problema. Sí había cosas difíciles porque tuve que hacer cosas que no había hecho con Calle 13, pero estaba más o menos acostumbrado”.

En este disco René tuvo libertad total: “Cuando pasen los años y si queremos hacer algo con Calle 13, va a ser mucho más fácil porque va a ser más claro: ‘Tú haz esto y yo lo otro’. Antes era similar, pero yo a medias”. Ahora Residente es autónomo, hace lo que sale de su cabeza sin tener que consultar con su hermano Eduardo, pero también reconoce que había cosas que estratégicamente funcionaban. Como con Atrévete-te-te: “Esa genialidad de hacer en ese momento una cumbia, cuando nadie lo estaba haciendo de esa manera, fue de él”, afirma. “Pero la idea de meterle reguetón fue mía, y a él no le gustó”. Fue una negociación complicada, dice, pero estaba seguro de que era la manera de entrar, y de explotarlo todo desde adentro”.

Su primer álbum como Residente le ha dejado un gran aprendizaje. El hecho de estar en campamentos de refugiados es algo que no hubiese vivido si no fuera por el concepto de este disco. “A mí me deja un montón de lecciones de vida, a nivel personal, y me ayudó también para entender no solo de las canciones, sino entender lo que es el mundo y en lo que se ha convertido”. Entendió las razones de algunas guerras y lo que vive mucha gente que está en ellas. También aprendió del proceso de hacer música con gente que tiene otro tipo de cultura, religión y creencias. “Me enseñó a ser paciente, si tenía que pasar ocho horas con una persona entendiéndola para luego grabar, lo hacía. Me tomaba mi tiempo”.

En este proceso también se enfrentó con algunas situaciones adversas. Algunos de los colaboradores del disco o no querían grabar o solo querían hacerlo a su manera. “No es que yo estuviera ahí jodiéndolos ni molestándolos, yo fui trabajando orgánicamente, y esa paciencia y todo eso por lo que pasé fue una enseñanza”. En cuanto a ser productor, aprendió a ser cuidadoso con los artistas “para que pudieran dar lo mejor de sí mismos”, teniendo en cuenta que eran músicos que no necesariamente estaban acostumbrados a estar en estudios de grabación y qué además tienen creencias distintas. “No es que fueran divas, simplemente gente humilde que no va a hacer lo que tú le dices y ya, porque ellos no están ahí por el dinero solamente”.

En este proceso René tuvo presiones de todo tipo. En lo personal, quería hacer el mejor disco de su carrera. Quería probarse a sí mismo, además con todo el éxito que tuvo con Calle 13, no se podía dar el lujo de hacer algo que, aunque fuese igual de bueno, la gente fuera a decir: “Me gusta más lo de Calle 13”. Y lo mismo le pasó con el montaje de la banda. “Yo tuve que irme por encima. Hacer algo que yo sintiera que es el mejor trabajo que hice. Y eso hice. Trabajé como nunca antes había trabajado, con un concepto en donde toda la música del disco se enlaza bajo un mismo concepto. En este caso era el ADN de mi sangre, que está enlazado en cada una de las canciones. No quería superar a Calle 13, quería hacer algo con lo que me sintiera tranquilo”.

Foto por Ruben Salgado Escudero
Foto por Ruben Salgado Escudero


A Residente no le interesan las estrategias corporativas y las tendencias de mercadeo desarrolladas por la industria. Hay cosas en las que coinciden y cosas en que no. Este año sacará algunos sencillos, pero afirma que no es porque sea la tendencia actual del mercado. “Siempre saqué sencillos como Querido FBI, Tributo a la policía… Después de trabajar dos años tan duro en un álbum conceptual, este año voy a tirar un par de temas relajados, unos para bailar”. Pero no es que quiera dedicarse a eso. Siempre le gustó crear esos balances. El público que ha llegado por su último sencillo, Sexo, está viendo el documental, dice. “Es mi método para llevar el mensaje. La idea no es tirar tu mensaje a la gente que ya está de acuerdo contigo. Ese no es el trabajo, eso es lo fácil. No se trata de buscar nominaciones a los Grammy. El trabajo es llevar a la orquesta Simón Bolívar a cantar Latinoamérica y a pelear con la gente de los Grammy pa’ que puedan meter a la orquesta ahí”.

“Hay cosas que funcionan”, afirma, “Todo está controlado.” Asegura que ahora no es tan fácil como antes, porque el mercado se congestionó de ofertas. Pero cree que “la industria no está abajo, está en su mejor momento”, y además, le da crédito a las plataformas digitales. “La gente quiere escuchar música, escucha lo que quiere y todo eso se puede medir”. Comenta que con estrategias hay maneras de hacer que la música le llegue a la gente más rápido, refiriéndose a las “inversiones corporativas”, mejor conocidas como “payola”. “Pasa lo mismo con la radio, pero es lo que hay. Uno tiene que batallar usando todo a su favor y ver cómo hacer para llegarle a la gente”. Reitera que se debe entender el sistema y el circuito, ver cómo meterse ahí y trabajarlo. “Pero cuando le llega la música a la gente, eso es espectacular. A mí lo que no me gusta es la cuestión de los números. Cómo los números están afectando la relevancia de la música”. Además, se pueden comprar, le digo. “Sí, se pueden comprar y mil cosas más. Pero hay unos números que son imposibles de lograr. En tu puta vida vas a lograr esos números. Y cuando tú los ves y los anuncian, tú piensas: ‘¿En serio, cabrón?’ Es absurdo lo que pasa, pero al mismo tiempo son unas herramientas de mercadeo que tienen y las van a usar, y está bien si esa es su manera de publicitarse”. Al final el verdadero problema no es que algunos artistas utilicen esas herramientas, el problema es el valor que la industria les está dando a esos números cuando son falsos. Hoy en día hasta los promotores de conciertos y festivales toman estas cifras como reales, y esta apuesta se convierte en un boomerang que después los sorprende con las cifras negativas de taquilla. “Si tú ves mis números es posible que yo meta más personas en vivo que las que un género completo puede lograr. Yo, que no estoy sonando en la radio… Ahora, hay cosas de estos números en estos casos que pueden ser ciertas. Hay artistas, como el mismo Bad Bunny, que tiene unos números que yo no soy quien para decirte que son ciertos o no. ¿Pero sí estará metiendo gente a sus conciertos? Lo que digo es que los números a veces son ciertos y a veces no. Uno tiene que saber distinguir. Porque yo sin números me gano los premios, lleno los conciertos, tengo seguidores. Y a veces tengo números, pero es más orgánica la cosa. No es mi herramienta de mercadeo, nunca lo ha sido”.

Desde pequeño ha hecho lo que ha querido, siguiendo su instinto y sus deseos de hacer música sobre y para la gente. Es una máquina a la hora de escribir canciones. Escupe versos y rimas sin esfuerzo. Es unos de los raperos hispanohablantes más grandes de todos los tiempos. Es un personaje que hoy puede estar con su hijo en una piscina, mañana en un show lleno en París, y el fin de semana puede estar yendo a reunirse con Mohammad Mahdi de Hezbollah para una entrevista. ¿Cuántos artistas tienen el coraje de hacer lo que realmente quieren hacer? ¿Cuántos pueden seguir siendo mainstream haciendo música con verdadero contenido? Residente es un artista que navega por la música a su antojo, que aún con todas las imposiciones y presiones comerciales, se mantiene fiel a sus ideales, a su concepto y a su lucha. Le canta a la vida, al amor, a la injusticia y a los humanos. Tan boricua como Héctor Lavoe, como Draco y como Tego Calderón. Una raza brava que sigue con el mismo acento. Residente es el tipo de artistas que no se conforma ni se resigna. Es el tipo de artistas que son la razón de existir de Rolling Stone.

Es el sábado 19 de mayo en la ciudad de San Juan, Puerto Rico. Estoy en el camerino del estadio Hiram Bithorn. Hay incertidumbre por la amenaza de lluvia. Residente llega 30 minutos antes de subir a la tarima. Se baja de su camioneta con su hijo cargado. Está dormido en sus hombros. Entramos a su tráiler. “¿Estás nervioso?”, le pregunto. “No, tranquilo resolviendo cosas. Tratando que mi hijo se metiera a bañar porque tenía que llegar aquí. Solo algo ansioso de volver a tocar aquí en Puerto Rico”.

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