Historial por Ricardo Silva Romero

Estas son las historias que más he buscado en mi computador desde que me llegó a la casa la edición anterior de ROLLING STONE

POR RICARDO SILVA ROMERO | 28 Mar de 2018

<p>Cortesía oficina de prensa de Antanas Mockus.</p>

Cortesía oficina de prensa de Antanas Mockus.


MARZO

Primero

“Botada, caneca, basura”: aún no es claro si uno sigue haciendo el álbum del mundial para aplazar un rato la adultez —las virulencias de las campañas presidenciales, las dificultades del entrañable Festival Iberoamericano de Teatro, las cuentas por pagar, los dolores de espalda, las pendejadas de la gente que quedaría en paz si uno la graduara de enemiga— o si la adultez es solo una farsa para sabotear la única verdad: el álbum del mundial. El primero que hice fue el de 1982: Naranjito, Miró, Karl-Heinz Rummenigge. Desde ese momento he seguido haciéndolos y coleccionándolos todos, los álbumes de Panini, a pesar de las trampas que han ido apareciéndosenos por ahí: los álbumes de “camino al mundial”, los álbumes de Navarrete. Se descubre uno, hoy, cambiando monas con los desconocidos como cuando tenía siete años: “Botada, caneca, basura”. Se ve uno haciendo lo que sea para completar su colección —de la mano, ahora, de los hijos— como si estuviera en juego su propia memoria, como si a esta edad lo más importante fuera no dejarse quitar el fútbol, no, Dios, el fútbol no.

Segundo

El hombre invisible: hay muchas clases de actores de cine, pero, siempre que empiezo mi tipificación, me quedo atrapado en tres: “El protagonista”, “el útil” y “el camaleón”. “El protagonista” es, a mi modo de ver, el que suele interpretarse a sí mismo siempre y siempre de manera extraordinaria: Cary Grant, Katharine Hepburn, Julia Roberts, Tom Cruise. “El útil” es el que por poco se roba la película, pero suele echarla a andar: Walter Brennan, Angela Lansbury, Allison Janney, Richard Jenkins. “El camaleón” es el que comete la locura de transformarse por completo aunque sepamos que son ellos: Peter Sellers, Meryl Streep, Cate Blanchett, Johnny Depp. Digo esto para lamentar que el actor Daniel Day-Lewis, semejante camaleón, semejante hombre invisible, haya anunciado su retiro. Digo esto para celebrar la nueva gran película de Paul Thomas Anderson protagonizada por Day-Lewis: El hilo invisible. Entre las películas del Óscar de este año, que siempre hay que separar las activistas de las buenas, es mi preferida. Y en buena parte es porque es difícil actuar mejor que él.

Tercero

“Es el que es”: conocí un día de 2016, a la salida de una librería, al candidato presidencial Iván Duque: me pareció un tipo amable e inteligente, sin aspavientos ni pendejadas. Raro verlo luego convertido en ese eslogan de secta: “Es el que es”. Raro verlo en plan de líder del eufemístico Centro Democrático que llama a los colombianos a defender al expresidente Uribe de —entre otras cuentas pendientes— las legítimas investigaciones de la Corte Suprema de Justicia. Que crea en la inocencia del dueño de sus votos es lo mínimo: le toca. Pero está siendo innecesariamente cínico —dirán algunos: “Es que anda en campaña”— cuando se pone de acuerdo con la teoría de la persecución contra un hombre que tiene 276 investigaciones (doscientas setenta y seis) en la Comisión de Acusaciones de la Cámara. Esa es la vaina con Duque: que es un tipo amable e inteligente rodeado de gente buena, pero también de fanáticos religiosos, de saboteadores, de sórdidos. Y entonces uno se pregunta si en realidad “es el que es”.

Cuarto

El verbo “procrastinar”: del latín procrastinare. Significado: diferir la verdad, aplazar la adultez, ver videos en YouTube mientras se toma fuerza para empezar. Yo últimamente procrastino volviendo a ver los monólogos de Steve Martin que ciertos benefactores de la humanidad han ido subiendo a Internet: sus homenajes a Paul Simon, a Tom Hanks, a Jack Lemmon; sus discursos de aceptación de varios premios; sus prólogos en las ceremonias del Óscar. No cabe duda, viéndolo, que el humor es el arte que no se puede fingir: la poesía que lo saca a uno de uno mismo. Es seguro que, luego de pasar por los oficios de dramaturgo, novelista, actor de cine y músico, Steve Martin ha vuelto a los monólogos de humor —pronto se estrenará en Netflix su obra con el comediante Martin Short— porque ha caído en cuenta de que no hay nada tan exigente como el arte que dominó desde el principio.

Quinto

Mockus: pero, dándole vueltas a lo que pasó, hay que decir que en marzo procrastiné también viendo las entrevistas que dio Antanas Mockus después de conseguir esos 550 mil votos extraordinarios —y merecidos y dicientes— en las pasadas elecciones legislativas. Es fácil votar por Mockus: Mockus no se finge a sí mismo, Mockus va diciendo lo que va pensando, Mockus “es el que es”. En una entrevista en la W, cuando Vicky Dávila se pone una máscara con la cara de Humberto De la Calle y le pregunta “qué quiere decirme”, él solo dice: “Me distrae el cuerpo…”, con un humor que solo se lo permite un político que no está allí para quedarse con todo, para quitarse de encima a un par de enemigos, para vengarse de quién sabe qué. Mockus no está debiendo nada. Y votar por él ha sido siempre la mejor manera de reclamar una sociedad que crea en la democracia, la mejor manera de no perder el voto.

RELACIONADOS

Historial
Vér
Historial
Vér
Historial
Vér
Historial
Vér

Deja tu opinión sobre el articulo: