Ibeyi: belleza multicultural

Lisa y Naomi emprenden un viaje musical guiadas por la sabiduría de su padre y su deseo de empoderar a las minorías. Las gemelas son imponentes, dulces, talentosas y, sobre todo, experimentales

POR DAVID VALDÉS | 16 Feb de 2018

<p>Lisa y Naomi reflejan sus raíces cubanas, francesas y africanas en su música. Fotografía por David Uzochukwu</p>

Lisa y Naomi reflejan sus raíces cubanas, francesas y africanas en su música. Fotografía por David Uzochukwu


Las raíces culturales de Cuba, Francia y África brotan de Ibeyi con naturalidad. En sus cinco años de carrera, Lisa-Kaindé Díaz y Naomi Díaz, gemelas e hijas del histórico percusionista Miguel “Angá” Díaz, se han ganado una reputación a partir de una propuesta que se basa en la mayor enseñanza que les dejó su padre: mezclarlo todo, sin miedo. No piensan mucho en lo que van a hacer; la música simplemente fluye y hacen lo que les gusta.

Angá Díaz pensaba —y lo logró— que la percusión se podía fundir con cualquier instrumento y cualquier género. Su paso por Irakere, Buena Vista Social Club y Afro Cuban All Stars lo consolidó como uno de los artistas más innovadores en el latin jazz y el funk, estallando las congas y el cajón al lado de grandes referentes como Rubén González, Orlando “Cachaíto” López y Manuel “el Guajiro” Mirabal. Su talento estaba ligado con la fusión y donde sentía que debía meter la mano, literalmente, lo hacía y no fallaba.

El maestro brillaba con luz propia y emanaba la humildad de un músico que vive de sus melodías. Además de convertirse en una leyenda de la percusión, se consagró como uno de los máximos representantes de la religión yoruba. Para él la música era un arte espiritual, que podía enlazar almas y cuerpos a partir del canto y la conexión armónica. Su último álbum, y su único como solista, lo llamó Echu Mingua (la traducción de su nombre al idioma yoruba), al cual se refería como “un homenaje a John Coltrane” y una “misa espiritual” de 46 minutos, que va desde los rezos y las oraciones hasta la celebración y la fiesta por la vida.

A sus 45 años murió de un paro cardíaco, pero sus gemelas —que lo vieron partir con apenas 11 años— mantienen vivo su legado. Naomi, el mismo día de la muerte de su padre, no dudó ni un segundo en tomar el cajón y emprender el viaje musical que sus genes imploraban. Lisa no se quedó atrás y desde muy joven comenzó a escribir canciones. Parecía destinado a que se convirtieran en artistas, lo que es prácticamente una tradición familiar. Además de Angá, su madre y representante, Maya Dagnino, fue cantante y compositora, y sus abuelos fueron pintores y saxofonistas.

Lisa y Naomi nacieron el 13 de diciembre de 1994 en París, Francia, pero vivieron sus dos primeros años en La Habana, Cuba. Luego, regresaron a Europa para sus estudios. Por sus venas siempre ha corrido una chispa musical, pero hace unos años no se les pasaba por la cabeza dedicarse a la música. Una vez lo intentaron y se juntaron en un estudio, el vínculo derivó en un sonido electrónico con hip hop, soul, R&B e incluso música tradicional africana. Conformaron Ibeyi, que significa “gemelas” en el idioma yoruba, en 2013 y emprendieron una aventura experimental. “Somos una mezcla entre lo electrónico y lo acústico”, piensa Lisa. “Tienes que utilizar todo lo que te da fuerza y resuena contigo. Creo que lo más importante es la diversidad”.

Su álbum debut y homónimo le rinde un homenaje a su padre, a su hermana mayor —quien murió de un aneurisma cerebral en 2013— y a sus ancestros, con algunas referencias a la cultura yoruba. En la mayor parte del disco abordan temas como la muerte, la esperanza y el amor por la vida. El sencillo que catapultó el interés y la curiosidad de los oyentes fue River, el mayor éxito del dúo francocubano, que explotó en YouTube con el lanzamiento de su video. Cautivaron al mundo con una toma de cuatro minutos en la que ambas se sumergían bajo el agua por varios segundos y sus rostros salían a la superficie para cantar los versos y coros, mientras el bajo y la percusión retumban en segundo plano. A Ed Morris se le ocurrió la idea original del video, que está a punto de alcanzar la cifra de 13 millones de reproducciones.

En la canción le piden a Wemile Oshun, una divinidad yoruba que vive en las profundidades de un agua dulce, que lave sus almas, las cure de cualquier mal y las bendiga con prosperidad. Las hermanas Díaz le dijeron a Morris que buscaban una idea “retorcida y que tuviera agua” y al director se le ocurrió una inmersión asfixiante y angustiosa en primer plano.

“Hay que darle a la gente lo que sale del corazón. Evolucionar, ser sincero y verdadero con las personas”, dice Naomi sobre cómo hicieron su primer álbum. Nació, así no más, y llegó sin que ellas tuvieran que buscarlo. Y aunque su composición tomó más de cinco años, el proceso siempre ha sido el mismo. “Es muy conceptual, orgánico y natural. Viene solo, no lo pensamos. Es importante no forzarlo”.

Definir con una palabra el sonido del dúo es imposible, pero se puede distinguir al instante, por sus angelicales voces, los golpeteos en el cajón y el batá, y su sonido minimalista y electrónico. Desde su primer lanzamiento marcaron tendencia como uno de los dúos más innovadores de la industria, que se caracterizaba por, una vez más, la mezcla de géneros. La estirpe detrás de Ibeyi decora sus canciones de principio a fin, con “raíces africanas en la melodía, francesas en la forma de escribir y cubanas en cómo baila Naomi”, comenta Lisa.

Naomi se dedica a hacer los beats y los ritmos con una percusión análoga y electrónica, mientras que Lisa toca el piano y es quien, por lo general y junto a su madre, escribe las canciones. Su lazo como hermanas ha sido fundamental para el proceso creativo; una combinación de extremos y gustos, que pasan desde la afinidad con el trap de Naomi hasta las letras melancólicas de Lisa. A pesar de su parentesco, los instrumentos reflejan sus personalidades y lo distintas que son. Lisa es conversadora y tranquila, mientras que Naomi es callada, pero a veces explosiva. No se imaginan haciendo música como solistas, y esas mismas diferencias fueron las que formaron el equilibrio perfecto en Ibeyi.

Con apenas 23 años, han tenido una carrera agitada, plagada de conciertos y presentaciones, pasando por Europa, Latinoamérica e incluso Cuba, en la primera edición del Festival Musicabana. Se ven relajadas a pesar de cargar con una responsabilidad tan grande en sus hombros. Para ellas ha sido un recorrido único, pero aun así aceptan que “ser artista es duro y maravilloso al mismo tiempo. Es muy difícil el mundo de la música. Quién te sigue y quién no te sigue”.

A pesar de que crecieron en Europa, tienen un vínculo muy fuerte con Cuba. La situación no es la más favorable en la isla, pero ellas, a diferencia de gran parte de la población, se sienten libres cuando pisan territorio. Los pequeños cambios culturales han permitido que se puedan contactar con sus familias y, aunque no son trascendentales, significan una evolución favorable para los jóvenes. “Todavía no hay Internet en las casas, pero sí en algunos sitios. Parece que no es nada, pero para los jóvenes es mucho. Era un lío llamar a Cuba, porque es muy caro y ahora es más fácil comunicarse con los familiares que ya se fueron”, dice Lisa. Hoy, con un desequilibrado a cargo de la Casa Blanca, parece reinar la incertidumbre.

Para ellas, en la búsqueda por los derechos humanos y la libertad, la cultura ha trascendido las fronteras a través de mensajes que han llegado al corazón de los jóvenes, con el objetivo de empoderarlos frente a quienes los dirigen. “La gente ve arte, series y películas para sentirse bien. Hoy el arte es lo más importante y es un vínculo que nos une a todos”, comenta Lisa. “Los jóvenes ya no quieren votar, porque sienten que no hay alguien por quien hacerlo. Ese es un problema muy grande. Sienten que no tienen voz y son los que de verdad tienen miedo”.

Las hermanas Díaz buscan unidad, conciencia y libertad a través del arte.
Las hermanas Díaz buscan unidad, conciencia y libertad a través del arte.


Y aunque Ibeyi nunca se ha caracterizado por hablar de política o temas sociales, con el lanzamiento de Ash, su segundo álbum, quedó demostrado su deseo por manifestar su discordancia con la sociedad. Con su primer trabajo evocaron su espiritualidad y se abrieron al mundo con su multiculturalidad. Ahora su conciencia social creció con experiencias personales, mensajes de apoyo y prevención y samples de referentes históricos.

Hicieron un llamado a las mujeres en No Man is Big Enough for My Arms, para que se apoyen en su lucha por sentirse a gusto con lo que son y creer de verdad que tienen poder. “Creo que esa es la primera barrera que tenemos que destrozar. Todas las mujeres debemos estar unidas, y debemos creer lo que somos”, asegura Lisa. En una de las conferencias de prensa de la campaña de 2016 de Hillary Clinton, Michelle Obama subió al estrado y recitó uno de los mejores discursos del año: “Estoy aquí por ustedes. Las inteligentes, poderosas, creativas y exitosas. Estoy aquí porque mujeres como ustedes me inspiraron [...] Una sociedad se puede medir por cómo trata a las niñas y a las mujeres”. Esas palabras cautivaron a las gemelas, al punto de querer utilizarlas como un sample para la canción. Le preguntaron a la exprimera dama si podían tomar sus palabras y ella aceptó.

“No era política, era una mujer hablando para mujeres y hombres, y era verdad lo que decía. Era fuerte y muy poético, y la mujer es extraordinaria”, dice Naomi. Y justo en ese momento, en Manchester, New Hampshire, fue muy poderosa la voz de Michelle, porque significaba una respuesta contra la grabación que se reveló del programa Access Hollywood de 2005 sobre los comentarios ofensivos del actual presidente de Estados Unidos, a quien ya estamos hartos de nombrar en ROLLING STONE.

Para contextualizarlos, en una conversación privada con el presentador Billy Bush, el presidente dijo: “Me siento atraído por las [mujeres] hermosas. Les doy besos, es como un imán para mí. Ni siquiera espero. Y cuando eres una celebridad, te dejan hacerlo”. Luego, dijo una frase que retumbó en todo el país en octubre de 2016: “Puedes agarrarlas de la vagina, puedes hacer lo que quieras”. En el video, se baja de un bus con Bush, saluda a la cámara y actúa común y corriente, como si estuvieran hablando de cualquier trivialidad unos segundos antes. Las hermanas Díaz, como gran parte de la población femenina del mundo, no callaron y respondieron con lo mejor que saben hacer.

Ibeyi no se quedó con los brazos cruzados y se abrió al mundo con experiencias personales, que ni las propias hermanas se habían contado. Un día, Lisa, a sus 16 años, iba camino a clases de piano, pero un policía francés la detuvo en el camino. Le preguntó si había consumido alcohol o drogas. Cuando ella dijo que no, el policía se molestó y se volvió un poco más brusco. La obligó a quitarse los zapatos, y tomó su bolso y regó todo lo que tenía al suelo. “Fue evidente que era racista. La única razón por la que me detuvieron era porque yo tenía un afro. Ellos pensaron: ‘Seguramente está vendiendo crack’”, dijo Lisa en una entrevista con la BBC. A raíz de este incidente, Richard Russell, el productor del disco, y Naomi le dijeron que tenía que escribir una canción sobre la brutalidad policial y cómo violaron sus derechos.


Según Lisa, escribió Deathless como un himno para todas las minorías del mundo, para que dejen de sentirse pequeños y se puedan sentir poderosos y queridos por tres minutos. “Tengo un gran respeto por esas personas que han luchado por sus derechos”, dice. Uno de los obstáculos más difíciles para ella, por lo que deben luchar los hombres y las mujeres, es que las minorías se deben apoyar para salir adelante y luchar contra quienes los miran por encima del hombro. “No nos ayudamos. Tú sabes lo difícil que es ser negro, entonces ¿por qué no ayudas a los gays? Lo están viviendo y lo vivieron. Nunca lo he entendido, tal vez porque tenemos culturas muy diferentes”.

Pero también le dieron espacio al amor y la sensualidad. En Me voy, su primera canción en español, convocaron la voz de La Mala Rodríguez para que se acoplara a la melodía trap que compusieron junto a Russell. Incluso acudieron a Auto-Tune, aunque a muchos fans no les haya gustado. “Nos decían: ‘¿Por qué Auto-Tune? Sus voces están bien’, pero para nosotras es una manera extraordinaria de robotizar tu voz y de darle luz”, comenta Naomi.

Su versatilidad gira alrededor de la constante experimentación en cada uno de los sencillos, rompiendo la barrera idiomática cantando de inglés a yoruba y de español a francés. Incluso su madre colabora en el último álbum, actuando como la voz de la conciencia en Transmission/Michaelion y recitando un discurso de Frida Khalo: “Pies, para qué los quiero si tengo alas pa’ volar / Después de todas las horas vividas”, dice Dagnino.

Y así es como uno se siente en un concierto de las gemelas: por los aires. Sin la necesidad de efectos especiales, una pantalla de tres metros a sus espaldas o un show de luces espectacular, Ibeyi logra transmitir su mensaje de amor, paz y solidaridad con sus movimientos en la tarima. Naomi se adueña del escenario y baila sobre un ritmo boom-bap que hipnotiza su cuerpo con fluidez, y Lisa habla a través de las melodías de su teclado y su encantadora voz. Es suficiente con la presencia de ambas en el escenario y, por ahora, no quieren tener a nadie más junto a ellas. Funcionan a la perfección y se mueven como un reloj suizo.

“Muchos nos preguntan si tendremos un grupo y nosotras decimos que no. Un coro, tal vez sí, pero que no sea mucha gente. Pero no un guitarrista… es una cuestión de sonido. Si ponemos más personas, cambia lo que es Ibeyi”, dice Lisa. Ignoran la idea de que, en la actualidad, sobre todo en los festivales, sea necesario un show audiovisual preparado para el público. Con ellas dos es suficiente, y tienen muy claro hacia dónde encaminar su sonido. Enamoraron a los colombianos en su última presentación el pasado 28 de enero en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, pararon de sus sillas a los asistentes y los pusieron a gozar con sus éxitos. “[Ash] Es un álbum que está hecho para el escenario, para que la gente cante y se mueva. Tienen que venir a vernos, es diferente”, dice Naomi, y eso quedó comprobado.

Seguramente, esos escépticos que se mofan de que “ya todo está creado” o “la música nueva no vale la pena” no han escuchado a Ibeyi. Las gemelas son unas graduadas en mezclar el sonido de sus ancestros con la electrónica y el trap que suenan en la radio. Angá sí que tenía razón.

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