Manifiesto Gráfico, un libro que recoge su historia desde una memorabilia representada principalmente por afiches, volantes y artes de discos

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En el marco de un aniversario “rebelde”, que se niega a celebrar 25 o 30 años, 1280 Almas presenta Manifiesto Gráfico, un libro que recoge su historia desde una memorabilia representada principalmente por afiches, volantes y artes de discos

POR ROLLING STONE | 09 May de 2019

<p>Foto tomada de sus redes</p>

Foto tomada de sus redes


“Básicamente es una obra gráfica de Fernando del Castillo, a razón de 1280 Almas”, dice el bajista Juan Carlos Rojas, productor general del proyecto. “Una de las razones por las que Fernando empezó a hacer dibujos para las Almas es que no somos buenos posando. Para evitarnos el tema de las fotos, Fernando se dedicó a hacer dibujos que con el tiempo se convirtieron en una obra en marcha”, añade.

Al no haber surgido en una época marcada por lo digital, muchas de las piezas corresponden a “papeles guardados” que tuvieron que ser fotografiados. Aunque el cantante no está muy de acuerdo, Rojas hace énfasis en que “el libro es de autoría de Fernando del Castillo porque todos los afiches fueron hechos por él”. Eso implicaría que Manifiesto Gráfico sea el segundo libro de Fernando, que en 2014 publicó un libro de poesía titulado Soledad Criminal.

Sin embargo, el cantante considera esta nueva pieza tiene “una autoría tácita de las Almas”, y agrega que “no lo firmaría como un libro extrictamente mío”.

Para él, que se graduó en 1995 en la Escuela de Cine y TV de la Universidad Nacional, resulta muy complicado definir los conceptos visuales que han marcado el camino de su banda, y señala que “justamente necesitamos hacer todo un libro para decir eso, […] hay multiplicidad de fuentes y motivos que son muy heterogéneos; cosas que provienen de preocupaciones místicas, políticas, estéticas, e incluso personales”. Esas imágenes son como la música misma, una amalgama de las inquietudes e intereses del colectivo, materiales que no se presentan con rigor cronológico pero se exponen a lo largo de una evolución simbólica.

Manifiesto Gráfico aparece además en la antesala de la segunda gira europea de 1280 Almas, y más que una simple recopilación de memorabilia, se convierte en un capítulo muy importante en la historia de nuestra cultura popular, de lo que somos como nación, y de lo que nuestras calles han tenido que ver en las tres últimas décadas. Estas piezas han sido testigos y hoy son testimonios; materiales que estuvieron en postes, muros y bolsillos olvidados; afiches, boletas, carátulas y volantes metidos en un libro que, como escribe Juan Carlos Rojas, “transforma el desecho en algo hermoso”.

EXTRACTO DEL PRÓLOGO:

“Lo más importante del grupo, a mi parecer, era su actitud. Sus integrantes no invertían un minuto de su vida preocupándose por sus pintas, por virtuosismos musicales, por sonar en radio o por llenar estadios. Lo segundo era su sonido, que combinaba influencias de punk, ska, hardcore —y hasta rap y salsa— y que en nuestro contexto sonaba distinto, pero, sobre todo, misteriosamente relevante: sus canciones parecían hechas a la medida de una ciudad que buscaba, desesperadamente, un soundtrack. El tercer elemento era, sin duda, las letras, que combinaban el nihilismo más radical con un emotivo llamado a la unión, a la tribu, como única esperanza para sobrellevar nuestro sino trágico.

Finalmente, 1280 Almas tenía otro elemento muy particular, cuyo verdadero valor solo descubrí con el paso del tiempo: una estética muy elocuente, resultado de numerosas exploraciones visuales en volantes, afiches, portadas y demás registros gráficos. Si bien esta estética se nutría de disciplinas varias (literatura, misticismo, historia, diseño y arte) y aludía a íconos emblemáticos y tradicionales (Gaitán, Bolívar, Changó, etc.), de alguna manera extraña lograba articularlo todo bajo una nueva luz y proponer un discurso gráfico original.

En un entorno artístico donde la copia barata era moneda corriente, fuese por un afán de emular el éxito a toda costa o por simple pereza creativa, tener voz propia era prácticamente un milagro. Y eso fue 1280 Almas para nosotros los rockeros que comenzamos la década huérfanos de movimientos, de héroes y de inspiración: un pequeño milagro navideño punkero”.

Andrés Barragán, director editorial del proyecto, y de Colombia Ilustrada / Puntoaparte

A comienzos de los años noventa, la escena rockera local contaba apenas con dos tipos de afiches: los de los punkeros y metaleros tipo fotocopia (inspirados en referentes europeos o gringos) y aquellos similares al del concierto de Bol&Bar (casi siempre diseñados por el mismo impresor, como seguramente ocurrió en este caso). Ninguno evidenciaba una reflexión gráfica de fondo o una estética original, pero eran, mal que bien, “lo que había”. Cuando 1280 Almas nació a comienzos de la década, sus integrantes buscaron un lenguaje gráfico propio. Fernando Del Castillo partió de las conversaciones que sostenían los miembros de la banda para sentar las bases de esa búsqueda.



Desde un principio se aplicaron dos recursos gráficos que con el tiempo se convirtieron en ingredientes clave de la estética de 1280 Almas: una identidad tipográfica, cuya permanente exploración es una constante hasta el día de hoy, y una serie de símbolos, entre los cuales estaban el lagarto, el extraterrestre, el puño y el pez.

Surfiando en sangre contiene la referencia gráfica más literal a uno de sus textos líricos en toda la trayectoria de la banda. Este ejercicio responde, en esencia, a la necesidad visceral de apuntar al ‘político innombrable’, la encarnación más reciente de una maldad que desde siempre ha sido parte determinante de la desgarradora historia de Colombia.


Aunque la iconografía gaitanista permea una parte importante del legado visual de 1280 Almas, su uso no obedece a una afinidad política (aunque la banda es, en esencia, apolítica, lo más cercano a una postura ideológica sería su insistencia en una anarco-alegría).

Se trata, sencillamente, de la usual ruta estética de la banda, la de tomar un ícono casi sagrado, transformarlo y convertirlo en algo propio (desacralizar para luego resacralizar, como ya se sugirió).



El disco Marteko Euriak (Lluvias de Marte) plantea giros importantes en la estética de la banda, aunque, como siempre, retomando elementos patentes a lo largo de toda la historia gráfica y lírica de 1280 Almas. El concepto clave es el de la lluvia de Marte: una metáfora sobre la manera como los terrícolas estamos siendo invadidos por el espíritu marciano, el espíritu de un planeta muerto. En otras palabras, la lluvia de Marte representa esa sed de destrucción de los humanos que nos está llevando, con plena (in)consciencia, a convertir la Tierra en otro planeta desierto, como Marte. La gota, que se usará para contener y componer híbridos extraterrestres de costillares, ojos y peces (más estilizados y geométricos, pero igualmente arcaicos, como procedentes de los vestigios de una olvidada civilización alienígena), se erige, entonces, como una nueva arma dentro del arsenal gráfico de la banda.

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