Juanes Reborn: La entrevista Rolling Stone

Mirando atrás con reflexión y mirando hacia adelante para reconquistar hasta Japón

POR DIEGO ORTIZ | 08 Feb de 2017

<p><b>Foto: OMAR CRUZ</b></p>

Foto: OMAR CRUZ


“¡Esto era lo que yo necesitaba!”. Juanes, de 44 años, sentado en una silla del estudio de grabación que tiene en su casa, está bebiendo, como buen paisa, su cuarto café de la tarde. Mira hacia el suelo, meditabundo, se toma unos minutos y luego levanta su mirada para decirme con honestidad definitiva: “Este es el momento en el que yo quiero estar, como yo quiero estar”. Se refiere a Mis planes son amarte, su nuevo disco. “Hermano, uno tiene que equivocarse para aprender, pero créeme, siempre pensé que estaba haciendo lo correcto”. Este ha sido un proceso que le sirvió de catarsis en el momento más definitivo de su carrera. Con vehemencia y determinación dice: “Ahora miro hacia atrás y lo único que puedo garantizarte es que no volveré a meterme en un estudio hasta que no tenga un disco ni el hijueputa, parce”.

Nos encontramos en Novecento —mi casa es su casa—, un bistró de Crandon Boulevard en Key Biscayne. Muy cerca de su casa. Juanes llega en su campero negro Mercedes Benz. Viste una playera negra, pantalón de bolsillos y botas. En el restaurante los meseros lo reciben con cierta familiaridad. Saluda a varias personas mientras llegamos a la mesa. Juanes está en su casa. Almorzamos ensalada con salmón y compartimos su flan preferido. Nos atiende personalmente el chef argentino que evidentemente ya conoce sus gustos. Aun así, es un almuerzo informal.

Habíamos quedado de vernos en Miami. Él insistió en mostrarme todo el concepto del nuevo disco. Terminaba siendo inquietante, en tiempos en que la industria de la música se mueve solo por canciones, y que ha relegado los álbumes a la llana idea de portadas digitales. Pero Juanes le sigue apostando al álbum y al concepto que lo rodea. Es inteligente. Un poco alejado del estándar de la industria, que por alcanzar las listas sucumbe a las necesidades de las plataformas digitales y de la radio.

Juanes me deja clara su posición con todo lo que veríamos más tarde ese día. “Eso de ser número uno, llenar todos los conciertos, tener muchas reproducciones en Spotify o en Youtube… Todo el éxito es relativo de acuerdo a tu concepto como artista. Es como si vos tuvieras que poner a la vieja de la novela empelota en la portada, o el divorcio de no sé quién, pero vos no lo querés hacer. Tenés la convicción de hacer el contenido de cierta forma. Pasa lo mismo con la música. A veces el panorama de la radio es difícil, todo lo que suena tiene que estar sometido a ciertas tendencias. Es como entrar a una discoteca, tenés que tener cierta ropa o no te dejan entrar”.

Juanes está improvisando. No tiene nada preparado. Está totalmente salido del libreto convencional de las jornadas de promoción extensas, donde tiene que atender a cinco medios de comunicación por hora, lo que inevitablemente conlleva a la ligereza y la irrelevancia. Está totalmente abierto, tranquilo y seguro. Su publicista debió advertirle, seguramente, pero no se nota ninguna señal de preparación previa.

No está luchando consigo mismo, no parece estar elaborando sus respuestas. No está cumpliendo ninguna agenda. Por el contrario, el ambiente es de completa honestidad. Juanes parece estar en el mejor momento de su carrera y de su vida personal. La claridad de sus respuestas demuestra que los últimos seis años le han servido como catalizador de demonios, de clichés, muletillas y de problemas consigo mismo. “Hermano, yo aquí estoy relajado”, dice justo antes de dirigirnos a su casa para ver los videos que acompañarán el lanzamiento de Mis planes son amarte. Segundos antes de subir a su carro, lo abordan dos jovencitas. “¿Cuándo sale tu nuevo disco?”, preguntan. Se toman una foto y se despiden felices. Juanes disfruta del hecho que sean muy jóvenes. Quizás le muestra que su música sigue siendo interesante para estas difíciles generaciones.

Foto: OMAR CRUZ
Foto: OMAR CRUZ

En camino a su casa entiendo mejor el título del nuevo álbum. Mis planes son amarte es un título literal. Está claro que en este momento lo primordial es volver a conectar con las audiencias de todo el mundo. Juanes es consecuente y sus objetivos están definidos.

En sus dos últimos discos de estudio, Loco de amor y sobre todo en P.A.R.C.E., la vaina no estaba tan clara. “Cuando yo comencé como solista mi objetivo era hacer la música que yo quería hacer. Lo hacía todo espontáneo. Después, con todo lo que pasó todo empezó a hacerse más confuso”, dice. “¿Hago todo como La camisa negra o qué?”.

Al terminar La vida es un ratico, su situación se tornó complicada. “Haz de cuenta que estás corriendo una maratón y de repente empezás a sentir una molestia en tu rodilla”. Cuando estaba haciendo P.A.R.C.E. pasaba por su peor momento emocional. “Estaba cansado, yo no podía más. El nacimiento de Luna fue muy especial, pero nunca pude estar con ella. Llegaba, la veía tres días y volvía y me iba. Después nació Paloma. Llegué en un avión privado a las 5:00 a. m. y a las 12:30 p. m. me fui. Yo estaba en otro viaje. Y todas esas cosas se van acumulando… Por un lado, querés trabajar mucho y seguir tus cosas, pero por otro lado sos un ser humano. Hay cosas esenciales de la vida y la estructura de una persona, y los hijos son algo muy importante”. Toda esa carga hizo mella, pero sobre todo el cansancio lo hizo sentirse exprimido y empezó a sentirse solo. Por primera vez experimentaba la carga emocional que representa ser una superestrella, las presiones del negocio y de su mánager llegaron al tope. “Ese un disco que yo quiero, no es un mal disco. No es comercial, no le gusta a mucha gente, pero es parte de la coherencia que uno tiene que tener. Tal vez hubiera podido esperar hasta tener un superdisco, pero eso es parte de lo que uno es como ser humano. También hay que sacar la mierda, vomitarte y sanarte, crecer”.

En la mitad de estos dos álbumes, en febrero del 2012, grabaría el MTV Unplugged. Un disco sobrecogedor dirigido por Juan Luis Guerra, con sus canciones más representativas en vivo, y que terminó siendo como una especie de salvavidas luego del poco impacto de P.A.R.C.E . “No tenía que pensar en componer un disco. Voy a trabajar con Juan Luis, que es el músico más cabrón que tiene Latinoamérica, un putas. Yo quedé feliz, nos ganamos el Grammy, giramos por todo lado. Pero era un unplugged, nada de canciones originales”.

Después vino Loco de amor, un disco en el que Juanes entró al estudio con varias personas para grabarlo y producirlo. Con ese enfoque contrató a Steve Lillywhite, productor de grandes piezas maestras para artistas como U2, Dave Matthews Band, Chris Cornell y los Rolling Stones. Con este álbum, el productor inglés ganaría su sexto Grammy en 2015. Él y Lillywhite acordaron meterse al estudio con músicos de muy alto nivel: Meme de Café Tacvba y algunos músicos de la banda de Paul McCartney.

Foto: OMAR CRUZ
Foto: OMAR CRUZ

La sesión en vivo fue el esquema principal. “Él me dijo: ‘No usés la eléctrica, usá la acústica’”. Este es un disco con aire folk y algo de country; el tiple estuvo en todas las canciones. “Algunas están muy altas en la nota. No entiendo por qué estaba cantando tan alto. Son cosas sencillas que hacen un gran cambio, pero en ese momento no lo ves porque estás ahí. No sé si te pasa a vos, que escribís un artículo y decís: ‘Uy, está bien, pero pudo haber sido mejor’. Hermano, uno tiene que equivocarse y aceptar que eso es importante en la vida. De eso se aprende”. Con Loco de amor Juanes quedó más satisfecho que con P.A.R.C.E. Trabajar con un productor del nivel de Lillywhite le dejó un aprendizaje muy significativo, y sobre todo le sirvió para encontrarse más abiertamente con sus fortalezas como músico.

El cambio de mánager es un punto de inflexión en la carrera de Juanes. Tiene un vínculo con Rebeca León hace más de 15 años. “Hay una amistad, una sociedad, nos entendemos de una forma diferente. Es una mujer que tiene un potencial brutal, hermano… Es una máquina de trabajo, es creativa. Tenemos casi la misma edad, es otro tipo de feeling”. Con ella Juanes logró alcanzar cierta paz interior y empezó de nuevo a ser fiel a sí mismo. “Todos esos cambios vienen desde adentro. Si yo le digo mañana a Rebeca: ‘Oiga, quiero hacer una canción de reggaetón’, me mira raro, pero lo hacemos, porque a ella lo que le importa es lo que yo siento, lo que yo quiero hacer. Estoy en una etapa con ella en la que siento más control de mi futuro, de mis tiempos, de lo que quiero o no quiero hacer y cómo me veo como artista. Porque no todo es pa’ todo el mundo”.

La estabilidad actual de Juanes reafirma algunas de sus posiciones éticas y políticas. Siempre ha sido un tipo preocupado por los asuntos internos y ha intentado usar su música para expandir un mensaje de reconciliación aportando al movimiento popular. Pero tiene muy claro, por el resultado de Paz sin Fronteras, que es muy complicado lograr conciencia en un país que se ha demorado tanto en reconocer su propia historia. Es muy notorio su interés por la situación del país y la actualidad; además, permanece informado y demuestra una voluntad natural por ayudar. “Hermano, yo no entiendo cómo la educación no es una prioridad. No entiendo. Ir a gastar toda la plata en la guerra. Pues se acabó la guerra, ahora no hay excusas”. Juanes tiene una preocupación genuina: ¿Hacia dónde va Colombia? Es una pregunta que todos nos hacemos, pero él parecería tener intenciones de involucrase más a fondo en temas políticos y sociales a mediano plazo.

Por alguna razón el audio no funciona: estamos en la sala de cine de su casa. Juanes, como habíamos acordado, quiere mostrarme el álbum y el “visual”, como le llama a una pieza cinematográfica que acompaña y refuerza todo el desarrollo creativo de este nuevo periodo.

El visual, en formato de película, cuenta la historia de un personaje que encuentra una conexión entre sus sueños y la realidad. Es una historia de amor que plantea la vida como un ciclo infinito que se repite. Magistralmente, el director Kacho Lopez —Calle 13 y Ricky Martin— hace que las canciones se conviertan en piezas claves de la narrativa. Este formato hará que cada sencillo del disco se vea reflejado como parte del film. El visual representará el lanzamiento de Mis planes son amarte y se liberará como una pieza única, lo que significa que todas las canciones y videos serán lanzados al mismo tiempo, un formato que obedece a diferentes estrategias de mercadeo y que denota una dedicada y decidida apuesta por el concepto.

En esta nueva apuesta, el cliché parece no tener cabida. Juanes sabía con certeza que debía componer a otro nivel para reconectarse con su público, y en Mis planes son amarte lo hace con suma destreza. Tuvo que saber llevar, de nuevo, sus sentimientos a canciones y melodías elaboradas y fue absolutamente necesario apartarse por completo de canciones flojas y coros literales. Mis planes son amarte es un disco robusto y diverso. Juanes lleva su voz a tonalidades más románticas, pero al mismo tiempo deja lugar para la fiesta, y en algunos cortes experimenta con la música alternativa. El álbum representa la nueva etapa creativa y lo pondrá a liderar de nuevo el mercado, aun cuando este no sea su objetivo principal.

En esta etapa Juanes parece tener el hambre y la tenacidad de cuando estaba empezando su carrera como solista. Está haciendo lo que quiere y como lo quiere, lo más honestamente posible y bien hecho. El resultado lo deja al azar, y no le preocupa. “Hoy en día me siento a oír el disco, veo el visual y digo: ‘Ah, me siento orgulloso de esto, qué nota’. No puedo saber cómo va a reaccionar la gente, pero yo pienso que está bien”. Parece haber llegado a un estado autónomo en el control de su carrera. “Si me puedo comer el mundo, me lo como en mis términos. Si puedo triunfar lo haré con mi música, como soy. De otra manera es más difícil. Como: ‘Hasta qué punto me puedo desvirtuar para llegar a tanto’”.

Juanes ha vuelto a su esencia. La industria que lo llevó por terrenos briosos y al mismo tiempo le jugó una mala pasada. ¿Pero qué artista no ha sido golpeado por el lado más oscuro de la creatividad y del negocio? Juanes ha salido avante. Esta catarsis le ha servido para encontrarse consigo mismo y lo ha puesto, como él dice, donde quiere estar. Aún con todo esto, se ha mantenido fiel a sus principios musicales, le ha sabido hacer la comba a los nuevos tiempos de la mal llamada música urbana, del dance que desvirtúa su razón de ser, de las colaboraciones insulsas con otros artistas. Es un músico enfocado en su arte y ahora pasa la mayor parte de su tiempo experimentando en el estudio dedicado a la composición, la experimentación y a su familia.

Las cartas están echadas. El parcero más querido de Colombia ha regresado. Retoma su carrera de la mejor manera posible, enfocado en el talento y la creatividad. Alejado de las altas pretensiones, los listados y los deseos de ser el número uno. La madurez ahora caracteriza su forma de actuar, es consecuente con lo que quiere y con lo que hace. En el pasado alcanzó todo lo que se propuso, pero ahora no es momento de competir maratones con adolecentes. Solo quiere estar conectado con su gente, con su público. “En este momento lo que más quiero es tocar en vivo, viajar. Que la gente conozca las canciones. Escribir nuevas páginas de mi historia. Lo del pasado está bien, lo fácil sería seguir haciendo La camisa negra, pero qué pereza hermano. Quizás en unos años me saldrá naturalmente otra de esas, ahora viene otra etapa como artista, otro viaje. Con otra dinámica y otras cosas”.

Foto: NICOLAS ACHURY
Foto: NICOLAS ACHURY

¿Qué recuerdos tienes de tu niñez?

Lo que recuerdo de mi niñez es la casa de mis papás. Vivimos toda la vida en el centro de Medellín y yo, por vivir en el centro, no salía de la casa. Iba al colegio y volvía. Siempre cuando llegaba a la casa después del colegio había dos o tres guitarras puestas. Y lo que más recuerdo es ver a mis hermanos tocar música popular. Los Visconti, los Chachaleros, Gardel. Así me conecté con la música. Aprender más o menos a tocar la guitarra me dio demasiada alegría. Me sentaba en mi casa a tratar de cantar con la guitarra acústica y música popular. Nunca supe de rock ni nada de eso hasta los 12 o 13 años. Antes de eso era pura música popular.

Mi hermano fue el que me enseñó a tocar la guitarra y a cantar. Me metió en clases. Recuerdo que me iba a la clase con un casete con una canción, digamos, de los Visconti. Entonces yo le decía al profesor: “Yo quiero que me enseñés esta canción”. Me la enseñaba. Ya en el bachillerato empecé a escuchar del rock. Mis amigos me hablaban, entonces empecé a escuchar algunas bandas. Y ahí empezó todo como a cambiar. Me volví loco con el rock, me parecía lo máximo. Como yo no sabía tocar guitarra eléctrica me conseguí una en una prendería, conocí a Andrés García con el que hicimos Ekhymosis. El man fue el que me enseñó a tocar la guitarra con el pic.

Yo nací en Medellín en 1972, pero mis papás son de un pueblo que se llama Carolina del Príncipe, que queda como a dos horas de la ciudad. En vacaciones siempre íbamos allá. Siempre. Fue una época cheverísima, porque yo crecí escuchando esta música. Mi papá tenía la casa en la plaza del pueblo. En el primer piso había una cantina, y cuando me acostaba a dormir a los siete u ocho años, lo que me retumbaba era el bajo. Allá los borrachos gritando y peleando. Y en el colegio, hermano, muy tímido, muy callado, no hablaba con nadie. Era gordito [risas]. Buen estudiante. En el colegio comenzó cuando estaba en primaria en los actos cívicos ahí empecé a meterme con el tema. Por ahí a los 10 años cantábamos música vieja. Samba de mi esperanza, Ódiame, la música de Octavio Mesa, las guascas… Siempre escuchábamos eso en las canciones. Luego un amigo me dijo: “¿Vos has escuchado a Bon Jovi? Bon Jovi es una nota” [risas]. Imagínate güevón, es que estamos hablando de hace 30 años, 35. Yo no tenía ni idea de quién era Bon Jovi. Después que Iron Maiden, que Kiss, que Metallica. Eso sí me parecía a mí una chimba. Yo creo que yo era el más fan de Metallica. Me sabía todas las canciones en la guitarra, tenía todo mi cuarto lleno de los afiches de Metallica, no podía permitir que nadie hablara mal de la banda. Pero intenso, intenso. Obsesivo.

¿Cómo empezó Ekhymosis?

Ekhymosis apareció en 1982. Con Andrés García, Álex Oquendo, el de Masacre, Andrés Mora. Esa fue la primera formación que tuvimos. Empezamos a tocar metal, pero yo venía de la música popular, como te digo, pero también de la trova cubana porque oíamos a Vicente Feliú, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés. Sobre todo, Silvio. A mí me gusta muchísimo. Entonces empezamos a tocar metal y eso era Metallica, Kreator, Sepultura, Slayer, todas estas bandas, Exodus, puro thrash, hermano. Fue una nota porque era otra época en que Colombia era muy distinta. Pues lo que hablábamos ahorita, Medellín era muy violenta, era muy heavy. La música era como una forma de escapar, de sentirse identificado, de decir: “Yo pertenezco aquí y esto es lo que me gusta”. Hágale, hermano. Hicimos un disco, después hicimos otro y otro, empezamos a cambiar cosas, un proceso muy largo. Siempre buscando hacer algo diferente.

La banda empezó a cambiar. ¿Fue tu iniciativa?

Pues en ese proceso yo dije: “Un momentico, hermano. Yo soy de Medellín, me he criado prácticamente en Medellín y Carolina del Príncipe. Amo la música popular. Yo no puedo negarme a esto”. Yo creo que fue un momento que empezó a pasar también en la banda, de meterle como vientos latinos.

Seguramente yo por lo menos lo decía. Creo que en algún momento todos coincidimos, nos la jugamos por lo que estábamos apostando. Fue un aprendizaje muy fuerte. Pero después llegó un momento en que, no solo yo, sino todos, dijimos: “Ya no más”. Fue como una muerte natural.

Ahí te vas para Estados Unidos. ¿Cuál era el proyecto?

Yo tenía la mitad del primer disco compuesto en maquetas. Y me vine para acá, primero a Miami, y fueron como tres o cuatro meses de incertidumbre sin saber qué hacer. Me quedé en la casa de Memo Arias, en el piso. El man se iba a trabajar y la verdad yo no tenía mucho que hacer. Miami era una ciudad muy distinta en ese momento. Así que me fui para Nueva York. En ese entonces Iván Benavides tenía un apartamento y me quedé un mes solo en que decía: “¿Qué estoy haciendo?”. Yo salía a caminar, no conocía a nadie, no tenía plata. Total, me fui para Los Ángeles… y allá me quedé. Pero cuando llegué yo me iba a quedar en la casa de alguien y esa persona no me pudo recibir, ¡güevón! Llamé a una amiga mía que es periodista, Mónica Escobar, y la vieja fue por mí, me llevó a su casa. Me dijo: “Acá te podés quedar, pero hay un problema, la mánager solo deja que yo viva acá. Entonces tenés que venir cuando ya no esté. Tipo 8:30 p. m. llegás y duermes acá y, tipo, 7:30 a. m. te tenés que ir”. Hágale. Empecé así. Pero imagínate Los Ángeles sin un carro. ¿Yo qué hacía? Montado en un bus. Me iba pa’ la playa. Me metía a las librerías. No sabía nada de inglés. Así que me metí a Barnes & Noble a aprender inglés. Eso sí fue un proceso muy duro hermano. Una soledad muy dura y estar como empeñado: “De aquí no me voy hasta encontrar lo que estoy buscando”. Yo creo que ahí me salvó la fe que mi mamá me enseñó de chiquito. Fueron épocas duras, pero aprendí mucho.

¿Y entonces cómo empezó todo?

Pues finalmente Gustavo [Santaolalla] escuchó los demos y dijo: “Vamos a trabajar” y güevóoooon. Te lo juro que ese día lloré. Solo quería trabajar con Gustavo. Me encontré con él y aquello fue maravilloso. Y Aníbal Kerpel que es como su socio, un tipo muy especial y talentoso. Ahí comenzó ese viaje que, sinceramente, no me lo esperaba. Cualquier cosa podía pasar, pero esto no me lo esperaba. Drástico. Yo no tenía nada y, de un día para otro, me dijeron: “Mira, este es tu carro, aquí están tus viáticos para que puedas comer y te esperamos a las 11 de la mañana”. Güevón. Te lo juro que el día que yo recibí esa llamada… lloraba. Grabamos Fíjate bien y eso empezó un montón decosas que hasta el día de hoy me siguen asombrando.

¿Qué recuerdos tienes de trabajar con Gustavo Santaolalla y qué representa él en tu obra?

Gustavo es un tipo muy respetuoso en el sentido que él siempre me decía: “Yo no quiero decirle al artista lo que debe hacer, sino ayudarle a proyectar, ser un guía”. Eso me parecía chévere. Que no te exigía porque sí, sino que era un man que estaba siguiendo su feeling. Un tipo con una musicalidad brutal. Nos pasábamos días trabajando y de repente yo veía cómo Gustavo se quedaba clavado en alguna cosa. En unos detalles pequeños. Eso siempre me sorprendía mucho. Se metía en la melodía, pero en pequeñas cosas. Él celebraba mucho lo que estaba pasando ahí, esa espontaneidad que venía como de la inocencia. Fueron 10 años trabajando con ellos.

¿Gustavo intervenía en la composición?

No, la composición era mía siempre. Eso era lo chévere de Gustavo, que yo llegaba con los demos y el man siempre respetaba eso. Trabajábamos con lo que estaba ahí. Yo siempre coproduje todo con ellos.

¿Cómo empezaste a trabajar con Fernán Martínez?

Cuando me vine de nuevo para Miami, el presidente de la compañía en ese entonces, Manolo Díaz, un tipo muy chévere que además me firmó en Universal, me dijo: “Quizás yo pueda hablar con una persona que conozco para que sea el mánager tuyo”. Ahí fue cuando conocí a Fernán. 10 años duré con él.

Foto: GETTY IMAGES
Foto: GETTY IMAGES

¿Y qué pasó?

Pues hermano, yo sé que uno es una empresa, que las canciones se venden y todo, pero uno es un ser humano. Hay que tener eso claro para hacer lo que uno quiere como artista. Con Rebeca hay una llavería muy chévere.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Juan Luis Guerra?

Lo más grande. Ese man es el músico más grande que conozco. Es un científico, hermano. Gustavo [Santaolalla] es un artista, es sensible pero no escribe ni la nota ni las partituras. Juan Luis es obsesivo, escribe todo en su punto. No puede haber una nota que esté fuera de la escala. Cuando hacíamos las cuerdas, por ejemplo, yo casi lloraba de la emoción… “Esto está sonando muy bonito”. Y Juan Luis paraba todo. “El violín está desafinado”. Y yo pensaba: “¿Cómo se da cuenta de eso este man?”. Es un maestro. Toca la guitarra muy cabrón, la armoniza muy chévere. Todo el tema de arreglos corales y ensambles… Ese man es una bestia. Se graduó de Berkeley con honores, además de que es un tipo muy chévere Eso me sirvió para reconciliarme con la música.

¿Por qué vives en Miami?

Desde el 2003, cuando trabajaba con Fernán, estar aquí era importante. Aquí está el network de la música latina, todas las cadenas, la radio. Cuando viví en Los Ángeles me di cuenta de que quedaba muy lejos de Colombia: ocho horas. Era muy complicado. Acá un viaje a Medellín te dura tres horas, además esto está lleno de colombianos. Vas al supermercado y están todos los productos. Lo hice inicialmente por la carrera, para proyectarme. Nació Luna, nació Paloma, las metimos al colegio. Nos fuimos adaptando a esta ciudad. Hubo una época en que nos fuimos a vivir a Medellín, que fue la época de La vida es un ratico. Era complicada la promoción, los viajes. Tenía dos días libres y muchas veces perdía la conexión de Bogotá a Medellín. Me fui a vivir a Bogotá y allá se me dañó la familia, me separé de Karen. Y después dije: “Me voy a devolver a Miami, me voy a concentrar en el trabajo y mi familia”.

Pero hermano yo amo Colombia, estamos siempre allá. En diciembre, en Semana Santa… Los pelaos tienen pasaporte colombiano, aman la selección como un putas y se ponen la camiseta. Les encanta Cartagena, Medellín. Ellos hablan en inglés con los amiguitos, pero en la casa hablamos en español. Cuando nosotros hablamos en inglés se ríen de nosotros [risas]. Me gusta vivir acá. Acá haces lo que querás, hermano, y lo consigues. Ayer fuimos a una convención de creadores de contenido con Netflix, Amazon, todo el mundo reunido. Vos tenés dos reuniones de dos horas y de repente terminas metido en dos proyectos chéveres.

¿Y cómo ha sido tu conexión con el mercado anglo?

Yo nunca he sacado una canción en inglés hasta este nuevo disco. Porque no era capaz, es muy difícil. Me le quito el sombrero a Shakira y la gente que lo ha hecho. Yo me demoré como cinco años más o menos tratando, haciendo experimentos. Pero la pronunciación es muy hijueputa. Tomó tiempo que me sintiera más cómodo. Los americanos me han tratado muy bien. La prensa… me han invitado a muchos eventos, muy respetuosos. En general se siente un buen ambiente. Cuando hacemos las giras te das cuenta por el público. La mayoría son latinos, pero siempre hay un 20 o 30 porciento de monos [risas].

Has tenido la oportunidad de ser invitado a eventos muy importantes. ¿Cómo se dan esas oportunidades?

Siempre que he estado en un escenario público ha sido cantando. Qué nota que la música me dé la oportunidad de estar ahí. Me ha puesto a estudiar. El año pasado me invitaron a lo de Sinatra y me dijeron que escogiera una canción, y había una con Tom Jobim, que es un músico de Brasil. Y ahí es más compleja la guitarra. Esos son retos que no tenía antes, pero cuando me invitan yo digo que sí de una. En el de Eagles de repente pensé: “Yo estoy loco, hermano”. Voy a tocar con Steve Vai, cantando en inglés, frente a Obama. Qué miedo, güevón. Yo me imaginaba como si fuera un norteamericano que fuera a Colombia al festival vallenato a cantar La gota fría. Generalmente Llaman a Rebeca: “Hey, queremos a Juanes”. Ha sido muy chévere conocer a todos estos tipos. Steve Vai es un caballero, un tipo súper amable.

Cuando triunfaste en el exterior con cosas como A Dios le pido, Colombia vivía un panorama político muy diferente. ¿Cómo interpretarías la evolución de la situación del país en estos años?

Son muchas cosas. Yo creo que las redes sociales han tenido mucho que ver en eso. Inicialmente la información era más controlada. Hoy en día está en Twitter, Instagram, Facebook. El imaginario de todos nosotros ha cambiado. Yo sigo pensando que Colombia no está tan mal como nosotros pensamos que está. Si miramos cierto espacio de tiempo, la mejoría ha sido muy grande. Si uno piensa en la época de las masacres, de esa violencia tan brutal, se ha ido mutando hacia las redes sociales y la opinión. Eso es fuego violento. A veces la perspectiva también es importante. A veces cuando ves lo que te dice la gente y lo que opina de Colombia, me gustaría tanto que la gente oyera lo que la gente me dice. Justo ayer estábamos con unos americanos y me decían: “Amo Colombia, fui a Medellín, me enamoré”. La gente ve todo lo que está pasando como algo bueno. A veces cuando estás tan metido no ves muchas cosas y cuando te alejas lo ves. En la parte musical es increíble la cantidad de opciones que hay. Además, son buenísimas. Lo de los conciertos también, que hayan ido todas estas bandas a Colombia. Uno ve esos conciertos, esos artistas y uno aprende de todo.

¿Qué quedó de los conciertos de Paz sin Fronteras?

La etapa de Paz sin Fronteras fue una etapa muy chévere y muy difícil de hacer. Fue la época de soñar que las cosas se pueden cambiar y de repente te enfrentas a un mundo muy difícil, donde la maldad existe. No me arrepiento para nada. Lo haría otra vez. Hoy en día no puedo hacer Paz sin Fronteras. Creo que hemos perdido el interés, dura muy poco tiempo. Te conmueves por cinco minutos. Te dan una noticia terrible como que se va a acabar el mundo y ocho días después hay una noticia peor. Y peor, y peor. No debemos perder nunca el sentimiento de que lo que nosotros hacemos como país es bueno, que Colombia no es la cagada. Hay mucha gente que hace cosas buenas todo el tiempo. Pero ver las noticias es duro. Hoy en día es más claro el acercamiento entre la política y la religión. Me parece fatal. Sueño con volver a Colombia y vivir ahí. No llegar en una fucking caja de cenizas.

¿Y qué opinión tienes de los acuerdos de paz?

Lo de los acuerdos es clave para la mujer. Lo que pasa es que da rabia que sean estos tipos los que hayan puesto la discusión [las Farc], porque han hecho mucho daño.

Llamé a varios amigos míos que saben más del tema y les pregunté: ¿De verdad la mujer está tan mal representada en las leyes de Colombia? Wow. Y esa era la discusión con mis papás. Hay un capítulo de política, ese que dice que podés participar… Eso va a generar mucho movimiento de gente que va a meterse en ese cuento. Y eso es bueno, se democratiza. No hay otro camino [la participación política de las Farc]. Pero yo también soy optimista, me cascan por eso. Pero no me importa.

Mencionaste que con la victoria de Trump los artistas eran perdedores. ¿Qué piensas de toda esta etapa de Estados Unidos?

Durante las campañas, todos los artistas apoyaron a Hillary, todos los actores de Hollywood, todos los músicos… Bueno, la gran mayoría. Y cuando ganó Donald Trump, lo que yo quise decir fue que perdimos todos los artistas. Al otro día era: ¿Cómo pasa esto hermano? Entonces, como que la gente apoya a los artistas, pero al momento de la votación hace lo que tiene que hacer, lo que cada uno piensa. Es como una línea muy delgada, que siempre es peligrosa…

Donald Trump le dio un discurso a esta gente [la National Rifle Association]. El discurso era la cosa más increíble del mundo, yo no podía creer lo que estaba escuchando. Donald Trump diciendo que le encantaba disparar, que tenía armas y que sus hijos habían disparado toda la vida, que para él era muy importante… Yo no entiendo, güevón, es que eso mata a las personas. ¿Cómo así?

Yo creo que ese man [Trump] está más loco que nunca, y que los asesores le van a decir: “Hermano, usted ganó fue por ese lado, siga pa’lante con eso”.

¿Cómo te afectan las críticas? ¿Te interesa la opinión en general en Colombia?

Claro, uno lee las críticas y a uno todo le importa. Uno no es una roca. Pero hay cosas que de repente no… El hecho de que yo esté viajando por el mundo no significa que yo no sea colombiano, o que a mí no me importe el país o que no entienda lo que está pasando. Obvio que sí. No hay que estar ahí metido para decir: “Hey, opino esto”. La gente me ha castigado: “Ah, sí, pero ya no vives en Colombia”. Yo soy colombiano donde sea que esté. Yo cómo me voy a quitar lo que es mío. Yo pertenezco ahí. Las fronteras son una ridiculez que inventamos. Pusimos esa mierda pa’ jodernos más la vida. ¿Pa’ qué? Nos divide la política, nos divide la religión. Las fronteras. Todo. Este mundo es de todos, hermano, aquí vivimos todos.

Yo a veces hago un ejercicio. Leo cualquier noticia en algún periódico de Colombia. E inmediatamente me voy a la opinión del lector, lo que la gente escribe. Y es increíble. Hay unos muy buenos y otros que uno dice: “Esto no puede ser, güevón”.

¿Qué guitarristas han sido determinantes en el estudio del instrumento?

Obviamente Jimi Hendrix. David Gilmour me encanta porque es muy minimalista, pero tiene un sentimiento en las notas que escoge. Me gusta mucho Santana. Obviamente Steve Vai, que es como más sofisticado, pero me gusta mucho su sonido. De los más actuales, John Mayer me parece muy chévere. Hay un señor que se llama Tommy Emmanuel que es australiano, toca guitarra acústica. Cerati me encantaba como guitarrista.

¿Cómo ves el momento actual de la música y su industria?

A mí una de las cosas que me dan duro cuando escucho la radio, o cuando escucho las cosas acá, es que la música es nueva. Es que casi ya no hay instrumentos análogos. Cuando estábamos grabando los instrumentos de mi disco nuevo en Los Ángeles había un man que se llama Sasha que estaba grabando las baterías. Estábamos en el estudio, que se llama Record Plant, una nota de estudio, y el ingeniero va y me dice: “Le cuento que después de varios meses, ustedes son los primeros que vienen a grabar aquí baterías”. Y yo pensé en lo loco que sonaba eso, pero pasa.

Un pelado en calzoncillos puede hacer una canción en su garaje…

Pero eso es chévere. La música llega a la gente. Pero no sé, quizás ya es demasiado, la verdad no sé cómo leer la cosa.

El concepto de las bandas, por ejemplo, como Metallica o Led Zeppelin, es difícil que vuelva a pasar. O como Prince, un man que tocaba todos los instrumentos y además cantaba. Cerati, güevón. Por Dios. También es un tema de frecuencias. Cuando vos escuchás la radio que tiene una frecuencia específica, cómo suena el bajo, cómo te retumba. Ese tipo de frecuencias no te las puede dar un instrumento con acústica normal. O un bajo tocado normal. Es difícil cuando todo se vuelve ese tipo de sonido. Es lo que está pasando.

¿La industria se acostumbró al menor esfuerzo?

Yo no creo que sea un menor esfuerzo, hermano. Es como lo que pasa con la ropa. Antes se ponían un montón de capas y de repente se vuelve más zen, menos prendas. Creo que eso está pasando. La influencia del hip hop en el pop y la música mundial es definitiva. El concepto de cómo se compone en el hip hop que es con menos elementos y más espaciado ha llegado al pop. Justin Timberlake sacó hace algunos años un disco que iba por esa onda. Beyoncé, Rihanna, Drake, pues esos manes son el pop de ahora, en los 80 era una cosa diferente. No es que se haya vuelto mediocre, sino que solamente ha cambiado la estética de las cosas. Es lo que yo siento. Como el rococó, una época, ahora es algo más. En los 90 cada canción de un artista pop podía tener 200 tracks, era una locura. Llena de cosas. Quizás hoy en día no. Si escuchás una canción como, por ejemplo, La bicicleta de Carlos Vives, no hay muchos elementos, es muy sencillo, muy sencillo. La canción es buena, pero el arreglo es más simple.

¿Qué opinión tienes sobre el streaming y las nuevas tecnologías del negocio?

La música puede llegar a nuevos lugares. Esa es la nueva generación. Es una dinámica diferente, volátil, cambia de un momento a otro, sobre todo en los últimos años. Yo me acuerdo, vos también te acordás, hace 10 o 15 años cómo se manejaba la industria de la música, que ha ido mutando de una manera muy rápida. Y todavía no se sabe a dónde va a llegar la cosa, qué va a pasar. Porque irse para atrás en el tema de que la gente no tenga que pagar por música es muy difícil. Me parece que el vinilo es una cosa muy emocionante. La vuelta del vinilo me parece una nota. Es tan especial como comprar el disco, destaparlo, ponerlo, el sonido. Como antes se sentaban todos juntos a escuchar música al lado de la vitrola [risas].

A veces, por ejemplo, te dan un CD y no sabes qué hacer con él. En el carro ya no lo puedes poner, en el computador tampoco. A mí lo que me parece chévere, porque también hay que verle el lado positivo, es que se consume más música y se consume de una manera exponencial. Porque ya están consumiendo tu música por todos lados. Yo tengo Spotify y a mí me encanta porque cualquier cosa que yo quiero escuchar está. Y a veces me pongo a surfear por ahí y descubro artistas, no tengo idea de lo que está ahí, pero me parece chévere. Eso me asocia con otros artistas y es otra forma de navegar. Pero sí te entiendo lo que vos me estás diciendo del valor de la música. Total. ¿Cuál es el valor de la música? Vos comprás la canción por USD 1,99. Pero hacer una canción tiene unos costos. Eso vale plata.

Obviamente supiste la noticia de una foto que puso Pharrell de un cheque que había recibido por Happy. Eran como 6 mil dólares. ¿Te acordás lo grande que fue esa canción? Él hizo como un chiste con eso. Yo no sé en cuánto está el porcentaje. Es una ganancia mínima.

Con La camisa negra giraste por todo el mundo…

Eso fue muy raro. Una guasca de esas y de repente por allá en Japón cantándola. Giramos por todo lado. La única parte a donde no hemos vuelto es a Japón, un país que a mí me voló la cabeza, me pareció impresionante… Como haber llegado a otro planeta. No hay nada que se parezca con nada, es como otra cosa, otro código. Pero me impresionó mucho el respeto de la gente, la pulcritud de todo el mundo, la amabilidad, la nobleza. Esa gente es increíble. Después, obviamente las grandes ciudades como Londres, Barcelona… Argentina es una nota, México es una nota… Alemania es un país muy chévere también, muy organizado, la gente es súper respetuosa. Lo más difícil son los ingleses. Ahí sí no entra nadie. México me encanta. Es un país donde pasa demasiado. Es el colmo. Conciertos todos los días, y no cualquier concierto. También toma trabajo llegar ahí, es heavy. Me encanta la comida, la gente, tengo muchos amigos. encanta. Es un país donde pasa demasiado. Es el colmo. Conciertos todos los días, y no cualquier concierto. También toma trabajo llegar ahí, es heavy. Me encanta la comida, la gente, tengo muchos amigos.

¿Qué te gusta de la música de Colombia ahora mismo?

¿Sabes que me gusta mucho Diamante Eléctrico? Bomba Estéreo me parece una nota, Medrano me parece del putas. Juan Pablo Vega, bacanísimo, muy elegante. Colombia pasa por su mejor momento en términos de música, yo me doy cuenta cuando viajo por ahí que me hacen entrevistas y me hablan de Colombia y sus artistas. Y eso definitivamente es gratificante. De Medellín no he escuchado muchas bandas nuevas. Por fuera del reggaetón, no me he enterado de nada. Viene más como de Bogotá…

¿Cómo recuerdas la noche en que te subiste al escenario con los Rolling Stones?

Eso fue brutal para mí. Lo que más me impactó, más que estar parado con todo el mundo, fue que nos metimos a un cuartico del estadio, chiquitito, y estaba Mick Jagger con un micrófono y una consolita como de ocho canales así toda hechiza. Keith Richards con un amplificadorcito. Ensayando la canción conmigo. Estos manes tienen como 70 años y son mis ídolos. Y están acá tocando en vivo conmigo, como cuando yo ensayaba con Ekhymosis hace 20 años. Y después cuando salí a cantar fue la cerecita del pastel. Esos tipos son muy respetuosos. En una parte del solo me decía Keith Richards: “Ahí puedes improvisar tú”.

¿Cuáles son los planes de este año?

Lo que viene ahora es trabajar con toda. Es importante que el disco salga, que las canciones crezcan y tengo ganas de volver a Bogotá, porque no voy hace un tiempo. Mis planes ahorita son volver a Colombia y dar conciertos, volver a estar en la jugada. Es algo que tengo claro. El disco sale en marzo, tenemos ensayos con la banda, vamos a un festival en Panamá, luego regresamos. Vamos a varios festivales, después vamos a Colombia a presentar el visual con medios. Y empezamos a armar la gira. Lo más seguro es que vamos a estar tocando a partir del verano, sin parar un buen tiempo. Siempre moderadamente, volviendo a la casa porque, si no, me pego un tiro.

RELACIONADOS

Un día normal
Vér
Juanes recurre a la brujería para olvidar un mal de amores
Vér
Juanes Reborn: La entrevista Rolling Stone
Vér
Juanes prende los motores con Ángel
Vér

Deja tu opinión sobre el articulo: