Chris se ha ido, recordamos la entrevista que nos dio hace solo unos meses con motivo de su visita a Bogotá

No todos los días nace un hombre con una voz como la de Chris Cornell, ni un compositor capaz de dar luz a joyas como Hunger Strike (al frente de Temple of the Dog), Black Hole Sun (junto a Soundgarden) o Like a Stone (con Audioslave). No todos los días rock, y no todos los días podemos hablar con él

POR RICARDO DURÁN | 25 Nov de 2016

<p><b>Foto: Jeff Lipsky</b></p>

Foto: Jeff Lipsky


Por más de tres décadas Cornell ha dejado una huella muy profunda en la historia del rock; a mediados de los años 80 ya estaba al frente de Soundgarden abriendo camino a una escena que —borrando de un plumazo a los infames ejércitos del glam— se comió el mundo en la primera mitad de los 90 y devolvió al planeta la fe en el verdadero rock & roll. Con ellos, con Pearl Jam, Nirvana y Alice In Chains, logramos recuperar la confianza que habíamos perdido en medio de tanta pestañina cursi. Andrew Wood —de Mother Love Bone— se largó con el diablo entre las venas, y sus amigos se unieron para esculpir en su honor el más hermoso monumento sonoro en Temple of The Dog, que anda cumpliendo 25 años en estos días.

Como un macabro huracán, el grunge dejó a su paso una estela de víctimas y nuestro invitado, como todo un sobreviviente, enfrentó el nuevo siglo dando una patada al tablero de los escépticos. Audioslave fue demasiado grande para ser cierto: Rage Against The Machine con Cornell era como Robert Plant reemplazando a Ozzy en Black Sabbath (guardadas las debidas proporciones y el respeto a los hermanos mayores).

Tras otra separación que rompió miles de corazones, Audioslave pasó a la historia y Cornell continuó haciendo lo que mejor sabe hacer: cantar como los dioses y abrir sus propios caminos. En 2009 lanzó Scream —un disco en plan pop producido junto a Timbaland, famoso por su trabajo junto a Beyoncé, Jay-Z y Justin Timberlake— y los rockeros le saltaron a la yugular. Hasta Trent Reznor se indignó.

Foto: Jeff Lipsky

Es probable que a Cornell le haya importado un carajo; no iba a parar por unas cuantas críticas. Un tipo como él está más allá del bien y del mal y no nos debe absolutamente nada. Desde 2009 empezó a hacer shows acústicos que lo llevaron a sumergirse en su faceta de cantautor; en 2010 se reunió con Soundgarden para volver a hacer discos y tocar por todo el mundo con la fiereza habitual.

Ahora lo encontramos dedicado a demostrarse a sí mismo que también puede sacar adelante un show magnifico sin la estridencia de sus grandes bandas; ese empeño lo traerá al sur del continente, y Bogotá experimentará por primera vez el encuentro entre la intensidad y la intimidad que se da cada vez que despliega las cuatro octavas de su dilatado registro vocal.

A pesar de que muchos dicen casi lo mismo cuando van a venir a nuestro país, cuando el que habla es Cornell, la cosa suena mucho mejor: “Me emociona mucho la idea de ir a Colombia, tienes que escribir eso ahí…”.

Pero empecemos desde el principio:

¿Recuerdas la primera vez que oíste música y fuiste consciente de que te gustaba lo que estabas escuchando?

No estoy seguro cuándo… no puedo decir específicamente cuándo oí algo que me interesara. Yo nací en el 64, había mucha música, y la que había en la radio era bastante loca… La primera vez que me interesó algo fueron los Monkees; quizá tenía tres años, y tengo recuerdos de discos infantiles cuando tenía como dos años y medio. Recuerdo que no me gustaban, no entendía; me tomaba todo literalmente y obviamente no entendía las metáforas. Creo que la primera vez que oí a los Monkees había algo en ellos… había más guitarras, más melodías que se parecían a las de los Beatles… eso me gustó a una edad muy temprana, parecía algo diseñado para cautivar tus oídos y me llevó a oír a los Beatles.

Lo que me pareció interesante acerca de la música rock siendo tan joven, particularmente en las canciones de los Beatles, es que era muy sofisticada, incluso para los estándares actuales de composición. Además, no tenía ninguna identidad adherida a ella; creo que los jóvenes siempre tratan de relacionar la música con su propia identidad; es lógico porque representa gran parte de la vida y es también lo que te atrae, pero yo no tenía eso durante los primeros años, me interesaba solo por la música, no por lo que representaba.

Eso es lo que sobresale para mí; eso fue lo que me hizo interesarme en el catálogo de los Beatles cuando tenía ocho años y me llevó a sentarme en mi cuarto a “estudiar” cada álbum completo, divertirme con esa música, dejar que me llevara a otro mundo, escapar dentro de la música observando las texturas sonoras, la composición. En esa época no sabía que estaba escuchando unas obras maestras, solo me parecía música genial.

Incluso en ese momento no tenía intenciones de convertirme en músico o compositor, o de estar en una banda de rock y grabar discos. Sin embargo, la primera vez que estuve en un estudio grabando, componiendo y haciendo arreglos, esos primeros años —escuchando los discos de los Beatles— fueron mi referencia, como si hubiera tomado clases, como si hubiera estado en el colegio aprendiendo a hacerlo.

Foto: Prensa Soundgarden

¿Cómo describirías a Seattle cuando comenzaste a tocar con Soundgarden?

Era una escena musical muy pequeña; todo era indie, había punk, punk alternativo y post punk. Y lo que pasó es que toda esa escena se convirtió en algo como “puedes hacer lo que quieras, siempre y cuando no sea muy ostentoso, que sea diferente a lo que se oye en la radio todos los días”. La escena de Seattle adoptó eso mucho más que otras ciudades.

También había mucha diversidad, más de lo que la gente creía porque desde afuera solo se enfocaban en un puñado de bandas, pero para la época en que Soundgarden empezó en 1984, había más bandas de las que afuera imaginaban, y queríamos hacer parte de ese tipo de expresión.

Muchas bandas luchaban por ser popstars o rockstars o por tener un contrato discográfico, ser populares y sonar en la radio; para lograr eso se necesitaban muchos años, mucho trabajo y mucha suerte, probablemente implicaba componer o interpretar música que no necesariamente les gustaba, todo eso para vender discos…

Nosotros no tuvimos que hacer nada de eso, todo lo que hicimos fue inventar nuestra propia música e inmediatamente fuimos parte de esa escena, inmediatamente hicimos lo mejor que podíamos hacer, eso fue emocionante, fue algo realmente inspirador porque sentimos que las otras bandas y los fans nos empezaron a descubrir al mismo tiempo.

Y creo que la lección que todos aprendimos es que —aunque no está garantizado— si uno se dedica al arte que lo inspira y siente pasión por eso, habrá algo que atraerá a la gente, la gente vendrá a uno; puede ser un público increíblemente grande o uno más pequeño, pero si uno no piensa todo el tiempo en el éxito comercial y se enfoca en lo que lo inspira, eso inspirará a otras personas también. Si algo me impacta, hay posibilidades de que te impacte a ti, o puede que no, pero puede que impacte a alguien más. Y es parte del proceso… mucho de lo que inspira viene del corazón, viene de las entrañas.

Foto: Jeff Lipsky

¿Qué clase de música o de bandas oías específicamente cuando comenzaste con Soundgarden?

Casi todo era post punk e indie para nosotros, pero también oíamos algunos discos clásicos, como el primer disco de Pink Floyd, oíamos música post punk británica y australiana, cosas industriales… también oíamos algo de los Bad Brains, Meat Puppets y Bauhaus.

Cuando tuvimos éxito y las revistas empezaron a escribir sobre nosotros, hablaban mucho de inf luencias de los 70 con Led Zeppelin y Black Sabbath, pero eso no era del todo cierto; tal vez existían algunas similitudes porque crecimos en esa década, pero en parte era algo circunstancial. Teníamos una cantidad enorme de inf luencias y referencias alejadas del rock de riffs de los 70… creo que muchos periodistas y fans pasaron eso por alto porque probablemente nunca habían escuchado a gente como Killing Joke o los Bad Brains, sin embargo, bandas como esas eran las más cercanas a mi corazón en términos de inspiración…

He tenido la suerte de hacer esta pregunta a varios músicos importantes de Seattle (Dave Grohl, Mike McCready, Kim Thayil) y las respuestas varían mucho, por eso quisiera saber tu opinión; ¿cómo definirías el grunge?, ¿fue solo una escena?, ¿una moda?, ¿un movimiento? ¿Cómo lo entiendes desde tu perspectiva hoy?

La geografía podría ser parte de esa definición… porque como género realmente no existe, si lo piensas bien. Pearl Jam y Soundgarden tienen muy poco en común en cuanto a sus sonidos. Por otra parte, si piensas en el movimiento punk, si quieres llamarlo así, había una moda, una forma de vestir; prácticamente todas las bandas sonaban igual, excepto por algunas que tenían un sonido único como los Ramones, The Damned o Sex Pistols; a esos los reconocías a los cinco segundos…

Con el grunge, lo que teníamos en común era la geografía… y la música, el sonido y las actitudes de las bandas eran muy diferentes unas de otras. Pero era una manera de clasificar a todas las bandas de Seattle de la época porque éramos todos del mismo lugar, por así decirlo.

Entonces nos agrupaban a todos… creo que Sub Pop [el legendario sello disquero surgido en los 90 en el estado de Washington] ayudó un poco porque la mayoría de nosotros de cierto modo tuvo que ver con Sub Pop en algún momento… algunos de los miembros de Mother Love Bone, Mudhoney y Pearl Jam, estuvieron en Green River, que hizo parte de Sub Pop, Soungarden estaba en Sub Pop, Nirvana estaba en Sub Pop… entonces se interesaron en lo que estaba pasando en Seattle, era una nueva historia porque nadie se refería a Seattle en términos de una escena musical. La gente hablaba de Memphis, Nashville, Athens, Minneapolis, Austin o Nueva York, que eran conocidas por tener una escena grande de post punk con un sinnúmero de bandas indie; en cambio Seattle parecía un sitio poco probable para que esto sucediera. Se trataba de una ciudad de que nadie había hablado antes, así que de ahí surgió la historia y se terminó hablando de eso como si fuera un género.

Por otro lado, había muchas bandas en ese momento que estaban haciendo su parte para cambiar la cara del rock comercial en todo el mundo; Metallica es una de ellas, los Chili Peppers, Jane’s Addiction, R.E.M. también… esas eran bandas que, así como las bandas de Seattle, parecían estar haciendo lo que querían, ignorando por completo la música comercial, pero de algún modo fueron adoptadas por la radio y los medios comerciales, incluso por MTV. Creo que ahí cambió el enfoque de esa generación porque de repente tenían su propia música, algo así como lo que pasó con la Invasión Británica, o con el punk.

Foto: Prensa Soundgarden

Durante los 90, y a comienzos de este siglo, Seattle perdió a personajes muy talentosos como Kurt Cobain, Layne Staley y Andy Wood, entre otros, ¿cómo lograste sobrevivir a esos años tan tormentosos?

Mmm, no lo sé [risas], es una pregunta extraña… De cierto modo estaba viviendo mis sueños desde el comienzo, cuando encontré gente como yo que quería tener una banda y hacer estas cosas. A nosotros en Soundgarden, a diferencia de Nirvana o Pearl Jam, por ejemplo, nos tomó muchos años desde que empezamos a ensayar y escribir la primera canción hasta que nos volvimos conocidos a nivel mundial con Superunknown.

Fueron 10 años de un camino largo y empinado, y personalmente creo que ese camino fue bueno para mí, porque no tuve que sentir de un día para otro el peso del mundo sobre mis hombros o lidiar con ser un éxito comercial en todo el mundo.

Hay una crisis de identidad que viene con eso, no creo que todo el mundo esté preparado para eso. Tal vez exista gente que nace para eso, si uno es Elton John o David Lee Roth es porque nació para eso, de algún modo no lo sorprende volverse estrella de la música, pero eso no es muy frecuente.

Creo que la mayoría de gente que se vuelve famosa con la música sufre una crisis de identidad, eso cambia la forma de percibir el comportamiento humano, particularmente cuando uno está en televisión. La primera vez que Soundgarden apareció en televisión, en cuestión de 12 horas la gente me veía diferente, pero yo seguía siendo la misma persona, porque sabíamos lo que se sentía eso en una escala más pequeña.

Éramos celebridades en la escena local indie, en la radio universitaria; después las giras, cuando aparecimos en televisión, sabíamos lo que realmente significaba eso. Creo que si eso te golpea súbitamente en la cabeza será difícil afrontarlo. Personalmente, y estoy hablando solo por mí, si hubiera tenido éxito de la noche a la mañana a los 20 años, seguramente no estaríamos teniendo esta conversación… muchas cosas habrían podido suceder. Me hubiera podido creer todo ese alboroto, hubiera podido creerme el más grande, y dedicar mi carrera a ser un cabrón… pero eso no ocurrió porque las cosas sucedieron de forma lenta y continua. Siempre sentí que tenía esa responsabilidad con los fans y estaba obsesionado con la idea de mantenerme fiel a mí mismo. Siempre he tenido en mente que no todas mis ideas son geniales, cuando uno tiene eso bien claro se esfuerza y trabaja por todo.

Foto: Prensa Soundgarden

Unos años más tarde, luego de que Soundgarden se disolviera, ¿cuál fue tu reacción ante la posibilidad de tocar con Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilk en Audioslave?

Para mí fue como con Temple of the Dog; ahí había un grupo de canciones que yo estaba escribiendo simplemente por diversión, canciones que sentía que no se acomodaban a la identidad musical de Soundgarden, pero tenían otros

sentimientos, influencias e identidades de las cuales yo quería hacer parte. Y Temple of the Dog nació básicamente de eso.

Yo sabía que Soundgarden era algo especial, y que con ellos era posible hacer algo muy especial, pero no imaginaba que podía tener otra banda que tan mágica con otras personas, y con Temple of the Dog ocurrió eso… por un breve periodo.

Eso cambió mi perspectiva, para mí Audioslave nació de esa experiencia; durante años le dije no a la posibilidad de trabajar con grandes guitarristas de los 70 y 80, porque no era algo con lo que me identificara mucho. Sin embargo, cuando llegó la idea de formar una banda con Brad, Tim, y Tom, ensayar y tratar de crear una canción junto a ellos, eso me recordó lo que había sucedido con Temple of the Dog y pensé que eso podría ser maravilloso porque Temple había sido algo maravilloso, así que pensé que no debía decirle no a una buena colaboración, al menos debía tener la mente abierta.

A veces uno tiene una experiencia musical con alguien con quien no hay chispa, y es horrible. Pero en esa ocasión, cuando llegué al sitio donde ensayaban y los oí desde afuera, me sonó increíble. Cuando entré solo estaban tocando Tim [bajo] y Brad [batería], Tom ni siquiera estaba tocando la guitarra, y eso fue increíble, sonaban como una banda incluso sin que Tom tocara. Luego, cuando Tom se subió el sonido creció y yo, sin siquiera haber cogido el micrófono, supe que podía cantar sobre eso, y que sería diferente a lo que hacían con Rage Against The Machine.

Me subí a cantar y escribimos la primera canción (Light my Way) en diez minutos, escribimos otra canción, y entonces paré para decir “podemos componer un álbum muy rápidamente, pero no quiero hacerlo si no hay interés en eso, no quiero apegarme a esta música si no hay giras, si no pasa nada con ellas, podemos hacerlo… podemos ser una banda” Así que cuando me fui les dije “déjenme saber si quieren hacerlo” [risas]. Luego tomaron la decisión y me llamaron… y el resto es historia. En unos cinco años logramos escribir más material que RATM hasta el día de hoy…

Lo que ocurrió es que hubo mucha agitación, yo estaba pasando por momentos difíciles y eso terminó afectando a la banda, creo que ellos también estaban atravesando por sus propios momentos, pero lo que logramos hacer musicalmente fue realmente increíble. Probablemente nunca habría ocurrido si yo no hubiera tenido la experiencia que Temple of the Dog, y funcionó, sin lugar a dudas…

Foto: Prensa Soundgarden

Después de todos estos años, ¿qué pasa por tu mente cuando tocas canciones como Black Hole Sun o Hunger Strike o Like a Stone? ¿qué imágenes pasan por tu mente cuando tocas esas canciones en vivo?

Creo que esas canciones han llegado a tener vida propia, siento que cuando toco canciones viejas me remontó al momento en que las escribí y lo que significaban para mí entonces; todos esos recuerdos llegan a mi mente cuando las toco, y a veces hay algo completamente nuevo, porque las canciones están evolucionando constantemente y siempre hay una sensación de frescura al tocarlas. Creo que siempre será un éxito encontrar un nuevo sentimiento dentro de ellas…

Siento que cada vez que escribo una canción estoy buscando algo, cuando grabo un demo es como el comienzo de la búsqueda, es el primer paso. Puede parecer que saqué algo que tenía adentro y que ya está lista la canción cuando está grabada, pero no es así. Dos años después, tocándola en vivo se convierte en lo que quería que fuera desde el comienzo, simplemente no era capaz de lograrlo.

Una canción necesita ser tocada, ensayada, interpretada de distintas maneras… todo eso para descubrir el potencial que tiene. Es una evolución, una composición musical es algo vivo, tiene su propia vida, es una cosa orgánica que no puedes controlar.

Black Hole Sun tocada en una pianola del siglo XIX en la serie Westworld de HBO; me hizo pensar en que la había compuesto en 1993, y ahora la escuchaba interpretada de esa forma, con un arreglo hecho por alguien más, sin que yo tuviera ningún control sobre eso… ahí hay una cosa milagrosa, en el hecho de tocar una canción que está viva y tendrá una existencia más larga que la mía o la tuya. Incluso si en una generación posterior solo la descubren pocas personas que la oyen y la tocan, todavía estará por ahí siendo reinterpretada… y como ha dicho Bob Dylan, para las nuevas generaciones esas letras tendrán nuevas referencias y significados completamente distintos a los que tenían originalmente.

Creo que eso es lo interesante de la música, y eso me mantiene inmerso en ella todos los días, como cuando era niño. Muchos músicos y compositores piensan diferente y consideran que el día que grabaron la canción terminó todo, no permiten que cambie… Pero ese no es mi caso, para mí es una evolución constante.

¿Qué nos puedes decir acerca de tu show en la actualidad?, ¿qué podemos esperar de tu concierto en Bogotá?

Mi visita a Colombia hace parte del tour del álbum Higher Truth, y he escrito probablemente cuatro o cinco canciones nuevas, de las cuales tocaré un par probablemente. También tocaré algunas de mi historia como solista y otras de Soundgarden, Audioslave, Temple of the Dog, más algunos covers con un enfoque diferente de las interpretaciones originales. La excepción podría ser alguna de Led Zeppelin, en la que me mantengo más apegado a la original porque así es como suena realmente bien [en los álbumes en vivo Unplugged in Sweden y Songbook, Cornell grabó Thank You, de Led Zeppelin II].

Mi forma de escoger los covers se relaciona con me gusta tocar canciones de otra gente e ir encontrando ideas que me permiten cambiar cosas; es divertido y emocionante tocarlas en vivo, ver cómo reacciona la gente.

Hace un par de años reescribí la letra de The Times They Are A-Changin’ , de Bob Dylan, y empecé a tocarla en vivo antes de que comenzara el proceso electoral en los Estados Unidos y no tuvo mucho impacto. La letra que hice invitaba a reflexionar acerca del clima y el ambiente político y social en los Estados Unidos, cuando las elecciones empezaron a acercarse, la letra cobró más sentido y el público empezó a responder; fue un enfoque diferente de la idea original, una transformación de reescritura que tomó un buen tiempo. No ocurrió lo mismo con Billie Jean [Michael Jackson], que a la gente le gustó desde la primera vez que la toqué.

Cuando uní One de U2 y One de Metallica en una sola canción se volvió viral en Youtube desde el comienzo y eso en realidad no era un cover, era una idea tonta pero al final tuvo impacto y decidí compartirla.

A veces me siento a tocar cosas que no interpretaría ante la gente solo por diversión, sin pensar que puedan llegarle a la audiencia, pero eso puede cambiar en una gira, y se me ocurre que puedo intentarlo.

Cuando hice Nothing Compares 2 U, de Prince, empecé a ver los comentarios en las redes sociales diciendo que querían verme cantando esto. Y la toqué una vez en una promoción radial y se volvió viral de inmediato. Luego Prince murió y la seguí tocando como un homenaje, pero se trata de lo que te hablaba al comienzo de nuestra entrevista; para mí no es algo del show business [risas] me parece maravilloso cuando algo le gusta al público, pero nunca llegaría a interpretar algo que realmente no disfrute tocando.

Foto: Jeff Lipsky

En otras palabras, si alguien viniera y me dijera “tienes que tocar esta canción porque al público le gusta”, entonces no me sentiría bien. No importa cuánto significara en términos de éxito, nunca lo haría. Es algo que no sé hacer, las estrellas del pop saben hacerlo; esa es su principal habilidad, y saben cómo actuar, saben coger una canción que le gusta a un público muy grande y presentarla sin ningún tipo de consciencia como si fuera Sgt Pepper’s. Yo no puedo hacer eso. Si no es algo que me encanta, siento que no es natural, el público se dará cuenta de lo que transmito.

Si el artista sale al escenario con una sonrisa, el público se da cuenta de eso. Si el artista sale con confianza, o si se conmueve al hacer su presentación, eso sacude al público. Por eso creo que todo eso siempre tiene que ser real…

Finalmente, quería preguntarte por esta gira suramericana, ¿vas a tocar solo o con otros músicos? ¿cómo es el show?

Será el mismo espectáculo que venimos presentando en el tour; estoy yo solo, acompañado en por Bryan Gibson, un chelista que está conmigo más o menos en la mitad de ese set que va cambiando cada noche. Bryan toca principalmente el chelo, y a veces me acompaña con el piano, y eso es todo…

Tal vez eso sea todo, pero para nosotros será más que suficiente…

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