La Madre de Dragones lo cuenta todo

Emilia Clarke desafió las probabilidades, superó la tragedia y dominó el juego

POR ALEX MORRIS | 05 Jul de 2017

<p><i>Fotografía por MARK SELIGER</i></p>

Fotografía por MARK SELIGER


Hace poco, en una tarde de lunes, la reina tomaba su té. “¿Puedo ser tan inglesa como es posible y tomar un Earl Grey?”, pregunta Emilia Clarke mientras está sentada en un sofá de cuero en un hotel de Manhattan. No es claro si el joven mesero sabe que está en presencia de Khaleesi, Madre de Dragones, la que no arde y líder de los Siete Reinos. De todos modos, después de seis temporadas de Game of Thrones —un fenómeno cultural que se ve en más de 170 países, habiendo inspirado miles de tatuajes y nombres de bebés, consolidándose como la serie más popular de HBO en su historia— es muy probable que el muchacho lo tenga claro. Clarke sonríe y se sienta sobre su pierna. “Soy terrible cuando me reconocen”, confiesa ella. “La gente dice: ‘¡Oh, hola!’, y yo grito: ‘¡Dios, hola, lo siento!’”.

Cuando conocí por primera vez a Clarke en 2013 la actriz tenía 26 años, era relativamente desconocida cuando no tenía puesta su peluca rubia y era difícil compararla con la reina guerrera. Aún parecía que no era consciente de haber obtenido el papel, que fue apenas el tercero en su carrera actoral. “Tengo dolorosamente claro que esto puede desaparecer muy rápidamente”, me dijo cuando nos encontramos en un camerino en Broadway, donde estaba ensayando para interpretar a Holly Golightly en Breakfast at Tiffany’s.

Cuatro años más tarde, ella mantiene sus sellos característicos —un humor irónico y mucha buena voluntad entre ellos—, pero es claro que ya estamos en otro nivel. Incluso con una moña desordenada y jeans gastados, se ha convertido en una especie de faro que brilla y no puede evitar llamar la atención. En otras palabras, se apodera del espacio como lo haría Khaleesi. Después de todo lleva buena parte de su vida adulta encarnando a una de las más fuertes imágenes de poder femenino, argumentando su desnudez en la pantalla con un sólido discurso feminista. Ha cumplido 30 años (“Entré en pánico silenciosamente”, dice), y ha estado en la pantalla muchas veces, incluyendo su paso como enemiga de Arnold Schwarzenegger en Terminator Genisys.

¡SALVE, KHALEESI ! Clarke en Nueva York en abril.
¡SALVE, KHALEESI ! Clarke en Nueva York en abril.


Como el resto de nosotros ha vivido el Brexit y el ascenso de Trump como “2016, el puto año en el que pasó toda esa mierda”. Los tiempos han cambiado, para bien y para mal.

“No puedes esperar que todo el mundo deje de trabajar y salga a marchar todos los días”, dice sobre el volátil clima político. “Pero debemos meternos en esto porque va a ser largo”. Para ella esto significa que no está de acuerdo con muchas cosas que pasan a su alrededor. Esa sensación ha crecido “en una era [post Brexit] en la que he tenido que preguntar: ‘¿Qué quieres decir con que mis opiniones son muy distintas a las de mi vecino?’”. Por ejemplo, sus puntos de vista sobre lo que es ser una de las pocas mujeres en el set de filmación, o tener menos parlamentos que sus contrapartes masculinas, incluso cuando ella es “la protagonista”. O que las actrices deban llegar horas antes para peinado y maquillaje. “Me siento muy inocente al decirlo, pero es como enfrentarse al racismo”, dice ella.

“Eres consciente de eso, pero un día dices: ‘¡Oh, Dios mío, está por todas partes!’. Es como si despertaras de repente y dijeras: ‘Espera un maldito segundo, ¿estás tratándome distinto porque tengo un par de tetas? ¿De verdad está pasando esto?’. Me tomó mucho tiempo ver que me tratan diferente, pero veo que es así en mi vida diaria”.

Ella reconoce que esa es una posición difícil de asumir para una mujer que claramente se ha beneficiado al tener… sus tetas. Fue elegida como la mujer más sexy del mundo por Esquire en 2015 (“Mi mamá los sobornó”), y su papel en GoT ha estado marcado por grandes escenas en las que aparece desnuda. “Eso no impide que yo sea una feminista. Imagínate que uso maquillaje y tengo un alto coeficiente intelectual; esas dos cosas pueden convivir”.

Sin embargo, lo complejo de alcanzar credibilidad como mujer empoderada también explica su satisfacción con la evolución de su personaje, una mujer que literalmente se levantó de las cenizas, y ahora parece ganar el juego de los tronos.

Clarke me recuerda que, a lo largo de la historia, “las mujeres han sido grandes gobernantes, entonces es muy afortunado que me haya tocado este personaje. Cualquiera que crea que no hace falta, solo debe mirar el ambiente político en el que vivimos para pensar que es algo muy necesario”.

Por todo eso, Clarke ahora asume el poder de su personaje de una forma que no habría sido posible cuando la serie empezó, y el rocío de Oxfordshire aún estaba fresco sobre ella. Ella creció más o menos a una hora de Londres, en un paisaje británico con pasteles de carne y criaturas bovinas. “Ya sabes, crecí con un arroyo en el jardín y campo por todos lados”, dice. “Íbamos a buscar setas, y había patos. Era idílico en todo sentido”. Ella siguió a su hermano mayor a St. Edward’s, un internado privado en Oxford donde, siendo hija de un ingeniero de sonido (que empezó siendo roadie) y una ejecutiva de mercadeo (que empezó siendo secretaria), era un poco distante de los chicos de clase alta de su nuevo entorno.

“Era una escuela elegante, y nosotros no lo éramos tanto”, dice. Era también una muchacha con inclinaciones artísticas en una escuela que no era artística. “Eran buenos en hockey y querían ser abogados. Yo solo quería ser amiga de todo el mundo. Era doloroso porque yo estaba afuera, como asomándome. Era algo como: ‘Parece que ustedes se divierten, ¿puedo entrar?’”.

Tras graduarse, ella aplicó a RADA, LAMDA y Guildhall, una Santísima Trinidad de instituciones británicas para aspirantes a actores, y fue rechazada en todas. Trabajó como mesera, ahorró algo de dinero, viajó como mochilera por Asia e India, y luego volvió a aplicar a montones de escuelas, siendo aceptada solo en el Drama Centre London, “por un pelo, me llamaron a decirme que una chica se había partido la pierna y el lugar había quedado libre si yo lo quería”.

La escuela de actuación fue otro lugar en el que tuvo que ganarse un espacio. Nunca fue la favorita; interpretaba damas viejas y prostitutas zarrapastrosas. “Nos quebraban”, me cuenta. “Pero si eres la favorita en el colegio, estás jodida para siempre. Quiero decir que vas a salir a reclamar tu premio. Por otro lado, cuando no has tenido eso, estás dispuesta a hacerlo todo, a trabajar más duro de lo que imaginarías”. Se dio un año para entrar a la industria. Justo cuando llegaba al final, corta de efectivo, triste y pensando en planes alternativos para su vida, Clarke —con menos de 1,60, curvilínea y con pelo oscuro— recibió una llamada de sus agentes para que presentara un casting de la alta, rubia y esbelta Daenerys Targaryen. Entró a Google para hacer un curso intensivo de las novelas de George R.R. Martin y fue a conocer a los ejecutivos de HBO. Ofreció el rango que HBO estaba buscando: tenía la vulnerabilidad de alguien que nunca había sido la preferida, y la fuerza de una mujer joven que creció junto a una madre trabajadora que se levantó de una escuela de secretariado para forjar una carrera en altos niveles. “Tuve suerte al haber crecido con una madre que me educó con el ejemplo”, dice Clarke. “Mi familia inculcó mucha responsabilidad al expandir mi forma de pensar, en lugar de limitarla”.

Todo eso tiene muy poco que ver con lo que ocurrió en 2016, y por qué fue un año de mierda para Clarke. El 10 de julio el cáncer le quitó a su padre, cuyo trabajo tras bambalinas la llevó a interesarse en la actuación inicialmente. Clarke filmaba una película en Kentucky y no logró llegar para acompañarlo en sus últimos días. Cuando las cosas llegaron al extremo, terminó la película antes, pero llegó al aeropuerto de Londres justo para enterarse de que era tarde. “Definitivamente todavía estoy en shock. No hay medida para eso; hay muchos libros sobre manejo del duelo, pero no existe una guía”.

Tres semanas después de la muerte de su padre, Clarke empezó a filmar la séptima temporada de Game of Thrones. Poco antes había ocurrido el Brexit. “El mundo parecía un lugar más temible ahora que mi papá ya no estaba”, comenta. “Y esas dos cosas pasaron en secuencia, rompiendo mi equilibrio, haciendo que me replanteara quién soy. Pensé: ‘Soy una mujer, y no hay muchas de nosotras trabajando en este entorno. Necesito estar muy segura del suelo que piso, y necesito apropiarme de las decisiones que estoy tomando’”.

Eso implicaba también la forma como se portaba en el set. “Cuando uno pasa el día discutiendo la política de King’s Landing, es muy importante acordarse de payasear un poco entre cada toma”, dice su compañero Peter Dinklage sobre la capacidad de Emilia para bromear, mientras ella describe lo que pasa por su cabeza cuando actúa detrás de la cola de un gran dragón mecánico: “Me pongo a pensar si se está estirando, si va a tirarse un pedo… ¿qué quieren que haga?”.

Sin embargo, a lo largo de la serie, la vulnerabilidad de Clarke ha disminuido en tanto el poder de Khaleesi ha crecido. “No llegas a ser la Madre de Dragones sin uno o dos cambios”, dice. “Ser capaz de encarnar y entender a una mujer que derrota ejércitos y doblega sociedades me permite, como actriz, pararme firmemente en esos zapatos”. Eso fue útil en el set cuando algo le recordaba a su padre y la dejaba literalmente sin aliento. “Subestimas la grandeza de eso. Yo no sabía que era posible sentirse así”. En esos momentos reúne sus fuerzas y canaliza esa emoción en su trabajo. No quería dejar que la vieran llorando, escapaba y volvía a ser Khaleesi.

Tarde o temprano el último episodio de Game of Thrones saldrá al aire, y el papel que ha interpretado durante todos estos años, “el papel que me salvó el pellejo y me proyectó”, habrá terminado. “Creo que eso sacudirá mi identidad”, dice ante lo inevitable. “Y creo que solo entenderé lo que han significado estos siete años cuando terminemos”.

Promete que los próximos episodios no decepcionarán. “Alerta de spoiler: normalmente no paso mucho tiempo en Belfast, pero en esta temporada he estado un poco más allá”, dice lanzando una pista a los obsesionados con GoT. “Es una temporada muy interesante en relación con algunos cabos sueltos que terminan atándose, varios puntos de la trama muy satisfactorios, y otras cosas que te sorprenderán porque las has olvidado”. Sin embargo, la trama de Khaleesi continuará hasta el final; “estoy segura de que habrá secuelas, precuelas, y quién sabe qué más, pero yo haré una temporada más y eso será todo”.

Tras la octava y última temporada, Clarke tendrá la libertad que no ha tenido desde los 23 años. Los siete meses de cada año que ha pasado levantándose a las tres de la mañana para peinado y maquillaje, los días de 18 horas fingiendo montar un dragón, liderar un ejército o caminar desnuda en el fuego… todo volverá a ser para ella otra vez. Pensar en eso es abrumador y emocionante al mismo tiempo. “Me pone sentimental pensar en eso”, dice. “Es mi comienzo, mi mitad y mi final. Es la cosa que más me ha cambiado como adulto”.

Tampoco es que esa libertad ya haya llegado. Cuando vuelva a Londres en pocos días, trabajará en la precuela de Han Solo en Star Wars, en la que se supone interpretará a otra mujer muy fuerte. “Todo lo que puedo decir es que es increíble”, me cuenta.

Después de Star Wars su meta será trabajar para corregir las cosas malas que ha visto: “Me encantaría fundar una productora llena de mujeres hermosas y divertidas, donde el espíritu sea: ‘Sí, tengo tetas, ¿no son lindas? ¡Las tuyas también! ¡Bienvenida al club!’”. Mientras tanto continúa expandiendo su forma de pensar. “De repente siento una gran necesidad por aprender cosas; escucho podcasts como loca, el New York Times, The Guardian, The Economist y TED Talks. Necesito información y saber todo lo humanamente posible”. Tal vez eso significa que Clarke está tratando de devolverle a Khaleesi todo lo que ella le ha dado.

filmando la próxima película de Han Solo. Desde la izquierda: Christopher Miller, Woody Harrelson, Phoebe Waller-Bridge, Alden Ehrenreich, Clarke, Joonas Suotamo (Chewbacca), Phil Lord y Donald Glover.
Filmando la próxima película de Han Solo. Desde la izquierda: Christopher Miller, Woody Harrelson, Phoebe Waller-Bridge, Alden Ehrenreich, Clarke, Joonas Suotamo (Chewbacca), Phil Lord y Donald Glover.

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