http://www.primerafila.com.co/greenday

La maldición de los Ramones

40 años después: las peleas, fracasos y colapsos de la banda que disparó el punk

POR MIKAL GILMORE | 17 May de 2017


En el escenario, eran la personificación de la unidad, incluso de una familia. Los cuatro tipos se vestían igual —chaquetas de cuero de motociclista, jeans gastados, tenis—, tenían el mismo color de pelo, compartían apellido. Parecían pensar lo mismo y respirar la misma energía. A menudo no paraban entre canciones, ni siquiera cuando el bajista Dee Dee Ramone ladraba su insigne “1-2-3-4”, que dictaba el tempo de su próxima canción. El guitarrista Johnny Ramone y el baterista Tommy Ramone se lanzaban en un unísono a toda velocidad con un poder que podía tirar al público para atrás, como si les hubieran golpeado el pecho. Johnny y Dee Dee tocaban con pose de invencibles. Entre ellos se paraba el vocalista Joey Ramone, desgarbado, con lentes oscuros y un desorden de pelo que le caía sobre los ojos, protegiéndolo de un mundo demasiado cruel. Proclamaba las historias divertidas, perturbadoras, desubicadas y descorazonadas de su banda. Había placer y espíritu, había una comunión palpable en lo que los Ramones hacían juntos sobre el escenario.

Cuando dejaban el escenario la comunidad se disolvía. Subían a su van e iban al hotel o a su próximo show en silencio. Dos de los miembros, Johnny y Joey, no se hablaron durante la mayoría de la historia de la banda (22 años). Era una cruda realidad para un grupo que, si no inventó el punk, ciertamente lo codificó de manera efectiva —su postura, sonido y actitud, su rebelión y rechazo por las convenciones de la música popular— justo como lo había hecho Elvis Presley con el primer rock & roll. Los Ramones probablemente inspiraron a más bandas que cualquier otra después de los Beatles. Los Sex Pistols, The Clash, Nirvana, Metallica, Misfits, Green Day y muchísimas más le deben la mayoría de su sonido y credo a lo que estos hicieron posible. Los Ramones hicieron un modelo que casi cualquiera puede agarrar: acordes básicos, combatividad y un ruido que podía destruir —o despertar— cualquier cosa. Pero pagaron caro sus logros. Buena parte del mundo musical los rechazó, a veces de manera vehemente. Otros los vieron como un chiste que ya había pasado. Los Ramones nunca tuvieron un sencillo o un álbum realmente exitosos, aunque en el fondo escribieron música supremamente melódica. Continuaron durante años entre la indiferencia y los problemas, y la distancia entre sus dos líderes solo empeoró. Ahora son reverenciados —hay estatuas y calles y museos que los honran— y vemos gente con sus camisetas, su sello presidencial negro, por todas partes. Pero los cuatro miembros originales se han ido; ninguno de ellos puede recibir placer de su tardío prestigio. Fue una banda que cambió el mundo y después murió.

Los ramones no eran parientes, pero compartían un importante trasfondo al crecer en los suburbios —en Forest Hills, Queens, un fortín predominantemente judío de clase media que inspiraba hastío y pasividad en su juventud inconforme—. Los Ramones eran unos años más jóvenes que sus héroes de los 50 y 60 —Presley, The Beatles, The Rolling Stones—, lo que les permitió un campo más amplio de referencias musicales para absorber: el pop pegadizo, inicios del heavy metal, música surf. Por encima de todo, la mayoría de los Ramones originales tenía experiencia viviendo con la sensación —a veces desconcertante, incluso aterradora— de ser las personas equivocadas en el lugar equivocado. “La gente que se une a una banda como The Ramones no viene de orígenes estables”, escribió Dee Dee, “porque no es una forma de arte civilizado. El punk rock viene de chicos rabiosos que sienten ganas de ser creativos”.

El baterista Tommy Ramone —quien fue el catalizador de la unión de la banda y su estética musical— en su mayoría mantuvo reservada su historia de vida y dolor. Nació como Tamás Erdélyi (acomodado al inglés como Thomas Erdelyi) en Budapest, Hungría, en enero de 1949. Su familia se mudó a Brooklyn a mediados de los 50, en un momento agitado para llegar a la tierra prometida. “[Hungría] era un régimen muy represivo”, le dijo al autor Everett True en Hey Ho Let’s Go: The Story of the Ramones. “No se oía mucha música occidental. Recuerdo las primeras etapas del rock & roll, lo mucho que me emocionaba; incluso desde muy pequeño me gustaba vestirme cool, usar cierta clase de zapatos”. En su primer año en Forest Hills High, Tommy conoció a John Cummings, después conocido como Johnny Ramone, el miembro mayor de la banda, nacido el 8 de octubre de 1948. Johnny era carismático, sombrío y estaba resuelto a inspirar respeto. Tommy y Johnny se unieron a una banda, Tangerine Puppets —Tommy en la guitarra líder, Johnny en el bajo— que se hizo notable localmente tanto por la volatilidad de Cummings como por su música. Una vez, cuando los Puppets estaban tocando Satisfaction, según otro miembro de la banda, John vio al presidente de la clase parado a un lado. “[John] corrió hacia él y lo golpeó en las pelotas con la guitarra”, dijo el miembro de la banda. “Le dijo al chico que había sido un accidente, pero sabíamos que John lo odiaba”. Otra vez, Cummings se metió en una pelea con el vocalista de la banda, golpeándolo en el escenario hasta que los otros miembros los separaron. “Nos caía bien Johnny”, dijo Tommy. “Esa ira es pura”.

Joey, a.k.a. Jeffrey Hyman con su pequeño hermano Mickey Leigh en 1967
Joey, a.k.a. Jeffrey Hyman con su pequeño hermano Mickey Leigh en 1967


Johnny fue criado para ser severo. Su padre, un obrero de construcción alcohólico, alguna vez hizo que Johnny fuera el lanzador en un partido de béisbol con el dedo gordo partido. “¿Qué crie yo, ¿un bebé?”. Johnny se volvió rudo y dominante como su padre. Se volvió aterrador, incluso para él mismo. En su autobiografía, Commando, Johnny escribió: “Había tenido una racha de comportamiento malo y violento durante dos años. Era malo, cada minuto del día”. Recordaba llevar televisores desechados al techo de edificios y botarlos cerca de la gente en la calle. Botaba ladrillos por ventanas, solo por hacerlo. “De repente”, escribió Johnny, “un día todo cambió. Tenía 20 años. Caminaba por la cuadra cerca de mi barrio… y oí una voz. No sé lo que era, Dios tal vez… pregunté: ‘¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Para eso estás acá?’. Fue un despertar espiritual. Inmediatamente paré todo. Todo era claro como el agua entonces”.

Tiempo después, siendo mensajero de lavandería, conoció a Doug Colvin, luego conocido como Dee Dee. Si su autobiografía, Lobotomy, es confiable, la niñez de Dee Dee fue un infierno. Su padre, un sargento del ejército enviado a Alemania, mudó a la familia una y otra vez por los EE. UU. Su madre, escribió, “era una loca borracha, propensa a las explosiones emocionales”. Sus padres peleaban de manera brutal. “Sus vidas eran un completo caos, y me culpaban a mí”, escribió. Dee De ya estaba usando narcóticos en sus primeros años de adolescencia. “No veía un futuro para mí… Después oí a los Beatles por primera vez. Tuve mi primer radio transistor, un corte Beatle y un traje Beatle… el rock & roll me dio un sentido de identidad”. Cuando Dee Dee tenía 15, su madre dejó a su padre y se fue con él y su hermana a Forest Hills. “Ahora puedo ver que era natural que gravitara hacia Tommy, Joey y Johnny Ramone”, escribió. “Eran los bichos raros del barrio… Nadie habría apostado que íbamos a tener éxito en la vida”. Tommy, sin embargo, sí. Presionó a Johnny y Dee Dee para que formaran una banda. Los ayudó a encontrar su sonido y dirección; había trabajado como ingeniero de sonido en Record Plant para sesiones con Jimi Hendrix y John McLaughlin. Johnny se resistía. Se había vuelto práctico. “Quiero ser normal”, le dijo a Tommy. Además, había visto mucho rock & roll en vivo —Beatles, Stones, Hendrix, The Doors— y le molestaba Led Zeppelin. “Me gustaban las bandas violentas”, dijo. “Odiaba a los hippies y nunca me gustó esa mierda de paz y amor”. Johnny le dijo a Tommy que no podía tocar guitarra como ninguno de esos otros músicos. Después, Johnny vio a los New York Dolls, con el cantante David Johansen y el guitarrista Johnny Thunders. Los Dolls habían tomado elementos que David Bowie y el movimiento glitter habían insinuado, y aportaron una viabilidad vulgar y democrática: cualquiera podía hacer un ruido significativo. “Wow, yo también puedo hacer eso”, pensó Johnny. “Son geniales; son terribles, pero geniales. Puedo hacer eso”. Johnny finalmente aceptó la sugerencia de Tommy. Compró una guitarra Mosrite de $50 dólares (el mismo modelo que Fred “Sonic” Smith de MC5 y los miembros de Ventures usaban para tocar). Cuando las cosas progresaron, Dee Dee tocó el bajo, Johnny la guitarra; y un amigo asumió la batería: Jeffrey Hyman.

Hyman, quien se convirtió en Joey Ramone, tuvo dificultades toda su vida. Nació con un teratoma —un extraño tumor que a veces contiene pelo, dientes y hueso— del tamaño de una pelota de béisbol pegado a su columna. Los doctores le removieron el crecimiento cuando Hyman tenía algunas semanas de vida, pero es posible que el problema lo afectara posteriormente, contribuyendo a su tendencia a las infecciones y la mala circulación sanguínea a lo largo de su vida. Sus padres se divorciaron cuando llegaba a la adolescencia. Su padre, Noel Hyman, tenía una compañía de camiones; su madre, Charlotte, administraba una galería de arte. Noel tenía un mal temperamento; una vez levantó a Joey y lo tiró al otro lado de la habitación, contra la pared. El larguirucho Joey y su personalidad tímida fueron blanco fácil para el matoneo. Usaba lentes oscuros en todas partes —incluso el colegio—. “Empecé a pasar mucho tiempo en la oficina del rector”, dijo a Everett True. “Era un desadaptado, rechazado, solitario… Los idiotas siempre querían darme en la jeta. Andaban en manada con cadenas en sus convertibles. Trataban de matarte. Johnny fue uno de esos idiotas [durante un tiempo].

Era un tipo rudo”. En su adolescencia, Joey empezó a portarse de manera extraña: subía y bajaba de la cama antes de dormir, dejaba comida afuera de la nevera en la noche, era hostil con su madre cuando le preguntaba por qué actuaba tan raro. Una vez le sacó un cuchillo. Empezó a oír voces y podía estallar en una furia inexplicable. En 1972 entró voluntariamente al hospital St. Vincent para una evaluación y lo internaron durante un mes. Allá, los médicos lo diagnosticaron paranoico esquizofrénico, “con un mínimo de daño cerebral”. Otro psiquiatra le había dicho a la madre de Joey “seguramente será un vegetal”. No mucho después, su madre se mudó a un apartamento más pequeño en el mismo edificio, pero no se lo llevó; él dormía en el piso de su galería.

Para entonces, Joey había encontrado su salida de una vida de fracasos y limitaciones mentales. “El rock & roll fue mi salvación”, dijo en 1999. En otra ocasión dijo: “Recuerdo que me emocionaron los Beach Boys, oía Surfin’ U.S.A. Pero los Beatles realmente me impactaron. Después, los Stooges fueron una banda que me ayudó en esos periodos oscuros para simplemente sacar la agresión”.

Siendo adolescente, Joey alquiló un platillo y tocaba a ritmo de los Beatles y Gary Lewis and the Playboys. Después descubrió la música revolucionaria de David Bowie, que ofrecía una nueva clase de identidad y orgullo para los inconformes. Joey empezó bandas y se unió a un grupo de glam rock llamado Sniper como vocalista líder. Usaba un vestido ceñido hecho a la medida y se hacía llamar Jeff Starship. Ya había dejado Sniper cuando, a comienzos de 1974, Dee Dee le pidió que se uniera a él y a Johnny en su nueva banda. Cuando Johnny conoció a Joey pensó que era un “hippie volado”, según el hermano menor del cantante, Mickey Leigh, en sus memorias I Slept With Joey Ramone.

Los nuevos compañeros de banda empezaron a practicar en el apartamento de Johnny; desde el comienzo decidieron que tenían que inventar una canción nueva en cada reunión. En una de esas sesiones iniciales discutieron cómo llamarse. “Dee Dee tomó el nombre Ramones te Paul McCartney”, dijo Tommy. “McCartney se llamaba Paul Ramon cuando se registraba en hoteles y no quería llamar la atención. Me gustó porque pensé que era ridículo. ¿Los Ramones? ¡Es absurdo! Empezamos a llamarnos Ramones porque era algo divertido. Eran tiempos muy cándidos cuando estábamos armando esto”.

Tomaría varios meses armar algo que funcionara. A Dee Dee le costaba tocar y cantar al tiempo, Joey no era buen baterista. Tommy sugirió tener a Joey como vocalista líder, al frente de la banda. “Joey no era mi idea de cantante”, dijo Johnny, “y le insistía eso a Tommy. Le dije: ‘Quiero un tipo guapo al frente’”. Dee Dee no lo veía así. “Joey era un cantante perfecto”, dijo. “Quería a alguien realmente extraño, y Joey era un tipo de aspecto raro, que era genial para los Ramones. Creo que se ve mejor tener un vocalista que se ve jodido que uno que trata de ser Mr. Sex Symbol o algo así”. Después, Johnny estuvo de acuerdo. “Todo fue idea de Tommy, y resultó ser una buena jugada”.

Los Ramones también descifraron lo que no iba a funcionar: Johnny no quería que su sonido derivara de los antecedentes obvios ni de las bandas que los habían inspirado como The Stooges, MC5 y The New York Dolls. “Lo que hicimos”, dijo Johnny, “fue tomar todo lo que no nos gustaba del rock & roll y usar el resto, así que no hubo influencias de blues, nada de solos de guitarra largos, nada que estorbara las canciones”. En lugar de adornos rockeros había doo-wop, grupos de chicas y melodías pegadizas. Todos amaban a los Bay City Rollers y el surf rock de Brian Wilson y Jan and Dean, que inspiraron muchas de sus melodías, una contracorriente melodiosa para la cacofonía.

Ramones at CBGB, 1976
Ramones at CBGB, 1976


Cuando Tommy se unió a la banda como baterista —dice la leyenda que ninguno de los bateristas que audicionaron podía tocar sin florituras ni grandilocuencia— el sonido de Ramones se consolidó. “Quería sincronizarme con la guitarra”, le dijo a Mojo en 2011. “La mayoría de la gente asume que el bajo y la batería van juntos… Pero yo me coordinaba con Johnny y el bajo de Dee Dee era el elemento subyacente”. El efecto fue primitivo pero también vanguardista: ideas armónicas apiladas en un momentum de fuego acelerado.“Usábamos acordes amarrados como instrumento melódico, y las armonías resultantes de la distorsión y los amplificadores creaban contramelodías”, dijo Tommy a Timothy White en Rolling Stone. “Usamos el muro de sonido como una melodía en lugar de una forma de riff; era como una canción entre otra canción, creada por el zumbido de acordes amarrados”.

Los Ramones tocaron su primer show en agosto de 1974 en el CBGB de Nueva York, con al menos media docena de canciones en casi 17 minutos. CBGB, un pequeño, húmedo y estrecho bar en el Bowery de Manhattan (una zona de dudosa reputación), con entradas baratas e indigentes alcohólicos en la calle, se convertiría en el centro de una vanguardista escena musical. El dueño, Hilly Kristal, pensó que la primera aparición de Ramones no había salido bien. “Eran la banda más descoordinada que hubiera oído”, escribió después. “Se la pasaban empezando y parando, los equipos se dañaban”. También recordaría: “Tocaron 40 minutos. Y 20 de ellos estuvieron gritándose entre ellos”. Pero se volvieron buenos, y Kristal los incluyó en su cartel muchas de veces en los años siguientes.

Para 1975, los Ramones habían perfeccionado su presentación. Gracias a su meta de una canción en cada ensayo, estaban desarrollando un gran repertorio de material original. Todos usaban jeans rotos y chaquetas de cuero como la de Johnny; se veían más como una pandilla que como una banda. Además, no perdían el tiempo en la tarima; no hablaban entre sí, no afinaban las guitarras, no hacían pausas. Johnny y Tommy encontraron la coordinación que el baterista había descrito; Johnny rasgaba acordes hacia abajo con ritmos de ocho notas a todo volumen; sonaba como una fuerza que siempre había existido y no podía detenerse.

La gente empezó a notarlos. La influyente columnista Lisa Robinson dijo al ejecutivo musical Danny Fields: “Amarás a esta banda”. Cuando Fields, que había firmado a los Stooges y MC5, los vio en CBGB pensó: “Esto es sobrecogedor. ¿Qué más necesitas? Me encantaron desde los primeros cinco segundos, desde el minuto en que empezaron a tocar. No podía parar a pensar”. Después del show, Fields les ofreció ser su mánager y le consiguió a la banda un contrato con Sire Records. Johnny sintió que el grupo y él estaban listos. “Para el verano del 75”, dijo al road mánager Monte Melnick en On the Road With the Ramones, “empecé a tomármelo en serio. Sentí que éramos mejores que todos los demás… en la escena de Nueva York la única banda que veía como alguna clase de competencia eran los Heartbreakers [liderados por Johnny Thunders]. Recuerdo haber visto un clip de Led Zeppelin, en 1975 en el Madison Square Garden, y pensé: ‘Dios, estos tipos son una mierda’”.

El debut de Ramones en abril de 1976, Ramones, con su foto en blanco y negro en la portada, definió el punk rock. El término “punk” había estado por ahí muchos años, generalmente con connotaciones desagradables o amenazantes. Un punk era un cobarde, un soplón o un villano llorón. A veces designaba la homosexualidad masculina. El autor beat William Burroughs dijo: “Siempre creí que el punk era alguien que lo recibía por el culo”. Para 1975, el punk describía un puñado de artistas emergentes de rock & roll como Patti Smith, que hablaban de la gente marginada. Los críticos Dave Marsh y Lester Bangs empezaron a utilizar el término “punk rock” para describir un espíritu disonante surgido a mediados de los 60, incluyendo varias bandas de rock de garaje gringo que aparecieron en la colección Nuggets de Lenny Kaye. También podía oírse ese espíritu en bandas inglesas como los Stones y los comienzos de los Kinks. A finales de los 60, los Stooges y MC5 de Detroit y Velvet Underground de Nueva York llevaron esa disonancia más allá, musical y líricamente. Pero desde Ramones, el punk llegó a representar una estética y subcultura. De hecho, la canción de apertura, Blitzkrieg Bop, logró definirlo: guitarras ruidosas, ritmos insistentes y vocales apresuradas que representaban a una joven generación sentada en el asiento de atrás en una curva fatal, con problemas por todas partes.

Algunos vieron a los Ramones como algo amenazante, con canciones sobre golpear mocosos, oler pegante, dispararle a tu enemigo por la espalda o un boina verde que se prostituye y trata de probar que no es homosexual. “Empezamos queriendo ser una banda popular”, dijo Johnny. “Veíamos a los Bay City Rollers como nuestra competencia. Pero éramos muy raros. ¿Cantar 53rd and 3rd, sobre un tipo que vuelve de Vietnam, se vuelve un prostituto y mata a la gente? Eso era lo que creíamos normal”. También estaba el problema de que la banda coqueteaba con las imágenes nazis: “Soy un patrullero en estupor, sí lo soy / Soy un tesoro nazi, lo sabes / lucho por la patria”, cantaron en una versión inicial de Today Your Love, Tomorrow the World!. De acuerdo a Melnick, después de oír las letras, Seymour Stein, jefe de Sire Records, se echó para atrás. “No pueden hacer eso”, dijo. “¡No pueden cantar de los nazis!”. Soy judío y todo el mundo en la disquera”. La banda —de la cual la mitad, Joey y Tommy, eran judíos— obedeció hasta cierto punto. Dijo Johnny: “Nunca planeamos esa frase original. Fuimos ingenuos. Si hubiéramos sido más grandes, la prensa habría hecho un mayor escándalo”.

Muchos referentes en el rock odiaban Ramones. La mayoría de la radio en Norteamérica se negó a poner el álbum (un DJ dijo haber tirado el disco contra la pared). La reseña destructiva más escueta describió a los Ramones como “el sonido de 10.000 inodoros descargándose”. La banda no renunciaría. “No íbamos a dejar que nada nos desanimara”, dijo Joey a David Fricke de Rolling Stone en 1999. “Siempre nos tiraban alguna cosa. Siempre era así”.

Cuando hicieron la gira en el Reino Unido en 1976, se había regado el rumor de su estilo y sonido. A Johnny le desagrada Inglaterra, especialmente el público, que le escupía a las bandas como una muestra de afecto punk. Pero encontró tiempo para darle consejos a The Clash, que estaban nerviosos porque no habían ensayado lo suficiente. “Somos malos, no sabemos tocar”, se supone que dijo Johnny a Joe Strummer. “Si esperas hasta que puedas tocar vas a estar muy viejo”. Los Ramones establecieron el estándar de una estética nueva y democrática. “Queríamos salvar el rock & roll”, escribió Johnny en Commando. “No estábamos en contra de nadie… pensaba que los Ramones, Sex Pistols y The Clash se iban a convertir en los grandes grupos, como los Beatles y los Rolling Stones, y que sería un mundo mejor”. Después, Johnny se preocupó pensando que los Sex Pistols y sus hazañas infames —maldecir en la TV británica, hacer shows violentos en su gira por EE. UU. De 1978, y después implotar con el arresto de Sid Vicious por matar a su novia Nancy Spungen— le habían hecho al punk rock y a los Ramones un daño terrible, haciéndolos más reprochables que revolucionarios.

Tommy Erdelvi permaneció con los Ramones por otros dos álbumes, Leave Home y Rocket to Russia (los dos de 1977). Formaban una sola pieza con el primer álbum —extendían el sonido hasta cierto punto, pero mantenían la misma textura densa¬—. Es notable que algunas canciones hablaran de enfermedades mentales: Gimme Gimme Shock Treatment y Teenage Lobotomy (y posteriormente I Wanna be Sedated) parecían ser tomadas de las cosas que Joey y Dee Dee habían experimentado o presenciado.

“Creo que todos tratábamos de ser tan inestables como fuera posible”, dijo Tommy. Para él, la vida en estrecha convivencia con la banda ya había sido demasiado. Los Ramones salían permanentemente de gira —llegaron a tocar unos 150 shows al año, pasando horas y días de una ciudad a otra en una van, y a menudo molestándose entre sí y estallando en peleas— Una vez, en el hotel Sunset Marquis de Los Ángeles, Johnnyy Tommy entraron en una feroz discusión. “Esta es mi banda”, gritó Johnny, “y soy la estrella de esta banda, ¡no tú! ¿Qué vas a hacer al respecto?”. Tommy dijo después: “Siempre estaban paranoicos de que yo tomara el control, cosa que yo no tenía intención de hacer”.

Tommy tocó su último show con los Ramones en mayo de 1978 en CBGB. Johnny trató de convencerlo para que siguiera. No lo hizo, pero se quedó para producir un álbum más, Road to Ruin (1978), con Ed Stasium. El baterista Marc Bell, quien había tocado con The Voidoids y otras bandas del centro, reemplazó a Tommy con el nombre Marky Ramone. Road to Ruin fue una obra maestra —la cuarta consecutiva de una banda que había salido de la nada—. También fue el último gran álbum que harían los Ramones.

A principios de los 80 — con media década de carrera— la historia de los Ramones se fragmentó en todo sentido. Su música no había logrado la audiencia masiva que esperaban. “No estoy desesperado, aún no”, dijo Johnny, “aunque tampoco quiero esperar otros dos años para ser grandes”. Las relaciones en la banda eran tensas, incluso degradantes. Aunque Joey era visto por muchos como el líder de los Ramones — simpático, dominando en el escenario, cada vez más abierto en las entrevistas— era Johnny quien lideraba la banda con puño de hierro. Él fue quien institucionalizó multas si los miembros llegaban tarde o muy jodidos para tocar. Gritaba y cacheteaba a la gente. “Frecuentemente oímos a John empujando y golpeando a Roxy [su novia] en la habitación del hotel”, escribió Marky en su autobiografía, Punk Rock Blitzkrieg. “La oíamos tropezando, rebotando contra una pared, y luego cayendo en la cama llorando”. Danny Fields le dijo a Mojo: “Dee Dee le tenía miedo a Johnny porque Johnny era capaz de darle un puño… Siempre era al final del show, por cosas como: ‘Tocaste un Si mayor cuando debiste haber tocado un Do’. Yo me quedaba afuera de los camerinos. Adentro oías vidrios quebrarse y cuerpos golpeándose contra las paredes’”.

Johnny pronto encontró a su par en el productor Phil Spector. En 1978 invitaron a los Ramones a participar en Rock & Roll High School, un musical sobre la rebelión rockera, producida por la leyenda Roger Corman. La canción titular fue un éxito para sus fans, pero no fue suficiente para Sire Records, que por esas mismas fechas decidió que si los Ramones esperaban lograr verdadero éxito necesitaban cambiar su sonido. El sello los llevó con el legendario Spector para que supervisara el siguiente disco de la banda, End of the Century. Spector había estado tras los Ramones durante mucho tiempo. “¿Quieren hacer un buen álbum por su cuenta o un álbum genial conmigo?”, les preguntó en 1977. Pero en 1979 el productor había dejado atrás su era dorada y era terrorí-ficamente excéntrico. Spector invitó a la banda a su mansión. “Había muchas señales de peligro”, escribió Marky. “No entre. No toque la reja. Cuidado con los perros bravos. Las señales parecían bastante hechizas, y eso las hacía más imponentes”. Spector cargaba pistolas, una bajo cada brazo, y tenía escoltas. Hizo que la banda se quedara toda la noche viendo el filme de horror psicológico Magic, con Anthony Hopkins. Dee Dee aseguró que una noche el productor le apuntó con una pistola cuando trató de irse. “Sabía todas las técnicas de sacar el arma rápidamente para matar”, recordaba Dee Dee.

Un día Spector presionó mucho a Johnny. El productor le exigió al guitarrista que tocara el acorde en Sol mayor que abre Rock & Roll High School una y otra vez. El ingeniero reproducía el acorde de nuevo y Spector pateaba por todo el estudio gritando: “¡Puta, mierda, carajo! ¡Puta, mierda, carajo!”. Luego exigía que Johnny tocara el acorde de nuevo. Esto duró una hora o más, hasta que Johnny tuvo suficiente. Finalmente dejó su guitarra y dijo que se iba. Spector le dijo que no se iba a ningún lado. Johnny le contestó: “¿Qué vas a hacer, Phil, dispararme?”. La banda tuvo una reunión con Spector y le dijeron que no podían seguir trabajando con él si seguía mostrando el mismo temperamento. “Nadie lo estaba disfrutando”, dijo Joey. “Todos estábamos molestos con sus payasadas, con todo el drama y la locura”. Spector le había presumido a la banda que End of the Century, que costó 200.000 dólares, sería su mejor álbum. En cambio, fue el disco que acabó con el ímpetu de los Ramones y les costó su estética. Los arreglos insípidos prevalecieron en donde antes habían reinado las tormentas. Century llegó más alto que cualquiera de los otros álbumes de la banda, alcanzando el Número 44 en el Billboard 200, pero Johnny se arrepintió de haberlo hecho. Hacia el final de su vida le dijo a Ed Stasium que quería volver a mezclar el disco y “des-spectoralizarlo”. “Ese fue su deseo final”, dijo Stasium, “sacar las cosas de Phil y hacer un disco de los Ramones”.

Ramones en 'Rock & Roll High School,' 1979
Ramones en ‘Rock & Roll High School,’ 1979


Décadas después, Spector fue condenado por homicidio en segundo grado por la muerte en 2003 de Lara Clarkson y está cumpliendo una condena en California. En Commando, Johnny escribió: “Después de que le disparó a esa chica pensé: ‘Me sorprende que no le disparara a una persona cada año’”.

Cuando los Ramones visitaron Los Ángeles para grabar End of the Century, Joey estaba acompañado por su novia, Linda Danielle. Según su hermano Mickey Leigh, Joey probablemente conoció a Linda en el CBGB o en Max’s Kansas City durante la cúspide de los Ramones en 1977, y los dos se volvieron una pareja durante la filmación de Rock & Roll High School en Los Ángeles. A Joey le gustaba más que cualquier mujer que hubiera conocido. Después de que la filmación terminó, Linda se subió a la van de los Ramones para acompañar a Joey en el tour. Johnny dejó clara la jerarquía: él decidía en dónde se sentaba la gente. Dado que estaba con Joey, le dijo: “Te sientas atrás”. Linda le respondió: “No por mucho”. En Commando, Johnny recordaba: “¿Qué es esto? ¿Una chica respondiéndome? Joey le dijo que no me dijera nada, pero igual lo hizo. Me pareció medio chistoso”. Johnny tenía una novia en ese momento. Los otros empezaron a notar que él y Linda se coqueteaban o desaparecían furtivamente en ocasiones para verse. Cuando Marky y Mickey Leigh trataron de decirle a Joey que Linda y Johnny tenían un romance, él se negó a creerles. Según Commando, Linda dejó a Joey en el verano de 1982, y luego Johnny terminó con Roxy. Johnny y Linda empezaron a vivir juntos en un apartamento en Manhattan, pero a Johnny le preocupaba que Joey abandonara la banda si se enteraba. “Nunca me había llevado bien con Joey”, escribió luego Johnny, “pero tampoco quería herirlo… Intentamos hacer lo mejor, pero no puedes vivir una mentira”.

Luego de unos años Johnny y Linda se habían casado. Linda se convirtió en Linda Cummings, pero se presentaba como Linda Ramone. Joey nunca lo superó. El sentimiento de dependencia y aislamiento romántico de sus canciones creció, y escribió unas de sus mejores letras acerca de la relación perdida, incluyendo The KKK Took My Baby Away (algunos creen que estaba dirigida a Johnny). Al final de su vida, Joey le dijo a Mojo: “Johnny cruzó la línea… destruyó la relación de la banda ahí mismo”. Joey empezó a beber mucho y también creó una dependencia con la cocaína.

¿Por qué no dejó Joey los Ramones en ese punto? “Éramos la única banda de rock & roll que existía”, le dijo a un amigo. “Todas las demás habían renunciado, pero nosotros no íbamos a renunciar. Siempre íbamos a ser los Ramones”.

Los ramones guardaban bien sus secretos; se subieron al escenario noche tras noche durante una década y media después del cisma entre Joey y Johnny. Después de End of the Century, Sire seguía tratando a la banda como un problema que tenía que resolverse. La disquera trajo nuevos productores para cinco de sus seis álbumes posteriores: Pleasant Dreams (1981), Subterranean Jungle (1983), Animal Boy (1986), Halfway to Sanity (1987) y Brain Drain (1989). En algunos de ellos, sonaba como si los Ramones estuviesen compitiendo con sus propias sombras; tocaban más rápido, más fuerte, como si trataran de alcanzar a muchas de las bandas de hardcore —Black Flag, Fear, Cicle Jerks, Discharge, Crass y Suicidal Tendencies, entre otras— que funcionaban con el formato original de los Ramones de canciones cortas y ritmos rápidos. En muchos sentidos, habían crecido como artistas. Las canciones eran más profundas y la voz de Joey tenía más carácter —un canto lánguido en algunas canciones, y aullido espectral en otras—.

El álbum que rompió el meleficio fue Too Tough to Die, de 1985, un triunfo que vio el regreso de los productores Tommy Ramone y Ed Stasium.

Dee Dee siempre estaba escribiendo desde su propia perspectiva destruida, pero en canciones como Howling at the Moon convirtió su propia ruina en una inquietante preocupación (“Tomé la ley y la tiré lejos / Porque nada está mal / Es solo un juego”). Pero los problemas de Dee Dee eran incontrolables. Había usado drogas duras desde que era un niño, había sido diagnosticado como bipolar y usualmente mezclaba sus medicamentos con cocaína. Johnny toleraba eso siempre y cuando no interfiriera con los shows en vivo de la banda, y nunca lo hizo (“Dee Dee podía estar de gira con hepatitis y podía tocar igual de bien”, decía Johnny). Pero Dee Dee ese cansó de los Ramones y sus peleas. Mandó señales de que quería un cambio. Un día apareció con el pelo puntudo y cadenas de oro, proclamando una nueva devoción hacia el hip hop. Quería hacer un álbum de rap. Según Marky, Dee Dee una vez se sentó en la parte de atrás de la van anunciando: “¡Soy un negro! ¡Soy un negro!”. Eso ponía loco a Johnny. “No, no lo eres”, le dijo Johnny. “Eres un puto blanco que no sabe rapear”. Dee Dee de hecho lanzó un álbum de rap (o algo así) en 1988, Standing in the Spotlight, bajo el nombre de Dee Dee King. El disco fue un fracaso en todo sentido: un crítico reseñó que era “una de las peores grabaciones de todos los tiempos”. En 1989 Dee Dee mantuvo su promesa: abandonó a los Ramones. Ninguno, especialmente Johnny, se lo esperaba. “Por qué no permanecimos juntos, no lo sé”, escribió luego Dee Dee. “Es difícil llegar a cualquier lugar enla vida, cuando lo hicimos, lo desperdiciamos”.

Christopher Joseph Ward reemplazó a Dee Dee en el bajo como CJ Ramone en 1989, y permaneció con la banda hasta que se separaron en 1996. Dee Dee continuó escribiendo para la banda, contribuyendo con varias canciones notables de Mondo Bizarro (1992) y ¡Adios Amigos! (1995). Él era el espíritu esencial, confundido y complejo en el centro de la brillante y vapuleada historia de los Ramones. Sin él, la banda no hubiese podido lograr música tan genial en ningún momento de su lapso de vida.

Lo que mantuvo juntos a los Ramones fue también lo que los dividió: la sociedad entre Joey y Johnny. Era una colisión necesaria, y era una muy fuerte. Joey continuó sufriendo de TOC a lo largo de su vida; necesitaba tocar las cosas de manera repetida de cierta forma. Una vez, después de que la banda regresaba de Inglaterra, insistió en devolverse al aeropuerto para dar un paso hacia atrás. Era propenso a las infecciones y las enfermedades que usualmente lo mandaban al hospital. A Johnny le impacientaba todo eso. “No sabía cómo se llamaba”, admitió. “Obviamente era una especie de desorden mental que lo obligaba a hacer ese tipo de cosas pero, al mismo tiempo, sentía que era una actitud de prima donna. La mitad del tiempo es psicosomático. Siempre era antes del tour, cuando íbamos a grabar un disco” (la falta de empatía era mutua: en 1983 Johnny se metió en una pelea por la noche con un músico que encontró con Roxy, su ex, y terminó muy malherido, necesitó una cirugía cerebral de emergencia. Según Marky, Joey estaba eufórico con la noticia).

Al final, fue Johnny quien decidió cuánto duraron los Ramones. Agendó el último show para agosto 6 de 1996 en el Hollywood Palace. Antes del evento, a la banda le habían ofrecido tocar una fecha muy bien paga en Argentina. Si esperaban un par de meses, él quizás lo hubiera hecho. Los otros lo tomaron como una negativa —especialmente Johnny— y se resintieron con él. “Joey siempre estaba enfermo”, dijo Johnny. “Todo lo que le podía dar, le daba”. Hubo momentos en ese último show en Hollywood —la tórrida Blitzkrieg Bop, por ejemplo— en que los Ramones fueron tan buenos como nunca. Después de la última canción —Anyway you Want It de Dave Clark Five’s, con Eddie Vedder de Pearl Jam— los Ramones se retiraron a su camerino. Empacaron sus ropas e instrumentos y se fueron cada uno por su lado. “No le dije nada a los demás, simplemente me fui. Así viví mi vida”, recuerda Johnny. “Por supuesto sentía una pérdida. Solo que no quería admitirlo”.

Joey tenía una buena razón para negarse al viaje a Suramérica; en 1994 se había enterado de que tenía linfoma en su médula. Su doctor le aseguró que había sido diagnosticada antes de que pudiera amenazar su vida, que no requería tratamientos. Sin embargo, dice Melnick, “era más difícil para él tener energía. No era fácil hacer un set de los Ramones, especialmente cuando tienes puesta una pesada chaqueta de cuero. Y no creo que Joey se sintiera cómodo contándole sus problemas a la banda, especialmente a Johnny”.

Un día, en invierno de 1997, el quiropráctico de Joey pasó por su apartamento para una sesión de tratamiento, pero nadie abrió la puerta. El hombre abrió la puerta. “Vi a Joey inconsciente en el suelo con sangre manando de su boca”, dijo. El equipo de emergencias calculó que Joey había estado allí durante un día, tal vez dos. Una hora más, incluso menos, y hubiese muerto. Durante el otoño de 1988, su linfoma empeoró; los doctores lo pusieron en quimioterapia. Joey utilizó sus días buenos para trabajar en un álbum solista (Don’t Worry About Me, lanzado en 2002). Para la Navidad de 2000, le había estado yendo tan bien que los doctores creían que su cáncer estaría controlado un par de meses. Luego, antes del amanecer de diciembre 31, Joey empezó a oír voces mientras estaba en su apartamento del centro: ¿Había cerrado la puerta bien el día anterior en la oficina de su quiropráctico?

“Se dirigió a la oficina para repetir un movimiento”, escribió Mickey Leigh, “a oprimir un botón o girar el pomo de una puerta —haciéndolo bien esta vez— para que las voces se callaran y para poder llegar al año siguiente sin que lo molestara”. Hizo el viaje una vez, pero las angustias persistieron. Volvió a la oficina para revisar la puerta de nuevo. Había caído nieve, el asfalto estaba resbaloso y Joey se cayó. No se pudo levantar. Se quedó allí durante un rato hasta que una policía lo encontró y llamó una ambulancia. Joey se había fracturado la cadera y requería de cirugía, lo que significaba que habría un alto temporal en su tratamiento contra el cáncer. A lo largo de las semanas siguientes su condición no mejoró. El doctor de Joey le dijo a su familia que las cosas no se veían bien. El único miembro de la antigua banda de Joey que lo visitó fue el baterista Marky Ramone. Marky llamó a Johnny —que ahora vivía en Los Ángeles— al día siguiente. “Tienes que visitarlo”, dijo Marky. “La ventana se está cerrando”.

“Deja que se cierre”, contestó John. “No es mi amigo”. El 15 de abril de 2001, la familia de Joey y unos cuantos amigos se reunieron junto a su cama. Los doctores apagaron el respirador. Mickey puso una canción en el equipo que le gustaba a Joey, In a Little While de U2 (“En un breve instante / Este dolor dejará de doler / Estaré en casa, amor”). Para cuando la canción terminó, Joey Ramone había cerrado sus ojos. Tenía 49 años.

Tres años después, Charles M. Young de Rolling Stone le preguntó a Johnny si había asistido al funeral de Joey. “No”, dijo Johnny. “Estaba en California. No iba a hacer ese viaje a Nueva York, pero igual no habría ido. No hubiera querido que fuera a mi funeral y no me hubiera gustado saber de él si yo estuviera muriendo. Solo hubiera querido ver a mis amigos. Déjame morir y déjame solo”.

Durante esos años, el retrasado reconocimiento por fin les llegó a los Ramones. En 2002, la banda ingresó al Rock & Roll Hall of Fame en su primer año de elegibilidad. Tommy le dijo a ROLLING STONE: “Nos importó mucho porque sabíamos que éramos buenos durante los últimos 25 años. Pero era difícil decirlo porque nunca recibimos mucha promoción y los discos no llegaban a las tiendas… pero el hecho de que ingresáramos con la primera balota parecía decir como: ‘Wow, era real… No nos estábamos engañando’”. Cuando Johnny, Tommy, Marky y Dee Dee subieron al escenario a recibir su premio, Johnny fue el primero en hablar. Agradeció al primer mánager de la banda y a la cabeza de la disquera, y añadió: “Que Dios bendiga al presidente Bush y que Dios bendiga a América”. Tommy fue el siguiente en hablar: “Aunque no lo crean, realmente nos queríamos mutuamente a pesar de que no nos tratáramos bien. Éramos verdaderos hermanos”. Dee Dee dijo: “Quiero felicitarme a mí mismo y darme las gracias, y darme una gran palmada en la espalda. Gracias, Dee Dee. Eres maraviloso. Te amo”. Ninguno reclamó el premio de Joey. Se quedó solo en el podio.

Poco más de 10 semanas después, Dee Dee Ramone fue encontrado muerto por una sobredosis de heroína en su apartamento. “Intentaba permanecer sobrio pero recaía algunas veces”, escribió Melnick. “Desde lo que tengo entendido”, añadió su primera esposa, Vera, “no logró dar sino uno o dos pasos del sofá. Estaba doblado en donde se desmayó y murió. Cuando Barbara [la esposa de Dee Dee en aquel momento] regresó del trabajo, estaba en esa posición. Tal vez estaba escribiendo una canción en su cabeza sobre la experiencia mientras el torrente oscuro avanzaba y detenía su corazón. El funeral de Dee Dee Colvins fue pequeño. Una inscripción en su lápida dice: “O.K… I GOTTA GO NOW”.

En 1997 Johnny empezó a tener problemas, dificultades al orinar. Pensó que quizás tenía la próstata inflamada. Empeoró. Fue a ver a un nutricionista, pero nada ayudó. Luego analizaron su sangre y se hizo una biopsia. Johnny se enteró entonces de que tenía cáncer de próstata. Optó por el tratamiento de radiación y los síntomas mejoraron un poco. “Sin embargo, el cáncer me afectó física y mentalmente”, escribió en Commando. El cáncer se extendió y, en junio de 2004, los doctores le dijeron a Linda Cummings que su marido iba a morir.

Commando de Johnny fue sorprendentemente cándido en muchos respectos. “Con todo el éxito”, escribió, “llevaba conmigo furia e intensidad durante mi carrera. Tenía una imagen y ella era la furia. Yo era quien tenía el ceño fruncido y me aseguraba de que me viera así cuando me estaban tomando fotos. Los Ramones eran lo que yo era, así es que yo era esa persona que muchas personas veían en el escenario… Aunque pareciera que el retiro me suavizó, el cáncer de próstata que me diagnosticaron en 1997 lo hizo aún más. Me cambió, y no sé qué es lo que me gusta ahora. Me ha suavizado y me gusta más el antiguo yo. Y ya ni siquiera tengo la energía para estar molesto”. Al final del libro, escribió: “Es interesante que nunca haya sentido que iba a morir hasta ahora. Sé que mi tiempo es limitado, pero no tengo nada definitivo. Si esto vuelve a pasar, quiero que solo me dejen morir. No voy a someterme a eso de nuevo. Por supuesto, ahora lo sé. Todos tenemos límites temporales, y el mío llegó un poco más temprano. El 15 de septiembre de 2003, Johnny Ramone murió en su casa de Los Ángeles asistido por su esposa y algunos amigos, a la edad de 55 años. Fue cremado en enero siguiente. Ese mismo mes, una estatua de cuatro pies de alto del guitarrista, hecha en bronce, fue presentada en el Hollywood Forever Cementery de Los Ángeles. John Cummings había pagado por ella.

El 11 de julio de 2014, Tommy Erdely, quien había pasado la última década de su vida silenciosamente, tocando en una banda de bluegrass, Uncle Monk, con su novia de mucho tiempo, Claudia Tiernan, murió en su hogar de Queens, de un cáncer en el conducto biliar. Tenía 65.

Los cuatro Ramones originales se habían convertido en polvo. Las líneas de sangre hacen los vínculos irrefutables. Puede que odies a tu hermano por lo que ha hecho, pero no puedes deshacer la sangre; él es tu hermano, tu eres el suyo. Una familia provisional, como las que construyen las bandas, parecería ser más fácil de dejar. Es una sociedad musical, una fraternidad cuando mucho. Pero los lazos pueden ser igual de indelebles, igual de sublimes, igual de dolorosos.

Una cosa unió a Joey y a Johnny Ramone en los años posteriores a la ruptura de la banda: una creencia en el valor y la persistencia en lo que los Ramones habían creado. Ello necesitaba de alguna confianza del uno hacia al otro. Tarde, en 1999, como anotaba David Fricke, Joey aún hablaba de los Ramones como una fuerza persistente: “Los Ramones fueron, y son, una gran puta banda… Cuando salíamos a tocar, el poder era intenso, como ir a ver a The Who en los 60. Cuando pongo a los Ramones en el equipo aún sonamos geniales. Y eso siempre estará. Cuando necesites elevarte. Cuando necesites una dosis”.

Decía Johnny: “Rara vez tuve contacto con Joey después de separarnos; dos o tres veces quizás… Cuando hicimos Anthology en Broadway en Nueva York en 1998 le pregunté cómo se sentía. Esto fue después de que me enterara de que tenía linfoma, lo que eventualmente lo mató. ‘Estoy genial’, me dijo. ‘¿Por qué? Porque me rendí’. Aun así, ambos siempre ansiaron algo más. Durante la visita de Marky a Joey cerca del final de la vida del cantante, Joey le preguntó al baterista si pensaba que alguna vez habría una reunión de los Ramones. Poco antes de que muriera, Johnny admitió que tenía la misma esperanza. “En mi mente”, escribió, “no se había acabado oficialmente hasta que Joey murió. No había Ramones sin Joey. Él era irremplazable, no importaba cuán insoportable fuera. Era la persona más difícil con la que he tenido que lidiar en mi vida. No quería que muriera, sin embargo. No hubiera querido tocar sin él; estábamos juntos en eso… Así es que cuando sucedió, me entristeció el final de los Ramones. Pensé que no me importaría y sí lo hizo, eso fue raro. Supongo que, de repente, sí lo extrañaba”. ¿Johnny nunca consideró trabajar con los Ramones sin Joey? “Ni hablar… nunca habría tocado sin Joey. Él era nuestro cantante”.

RELACIONADOS

La maldición de los Ramones
Vér
Leave Home de los Ramones será reeditado para su aniversario número 40
Vér

Deja tu opinión sobre el articulo: