La vida según Bruno Mars

Buena onda por fuera, ansiedad por dentro: en el estudio con Bruno Mars mientras busca un groove más profundo

POR JOSH EELLS | 23 Dec de 2016

<p><b>FOTO: MARK SELIGER.</b></p>

FOTO: MARK SELIGER.


‘¡He vivido en esta maldita caja durante meses!”. Estamos a finales de julio en Glenwood Place, un estudio de grabación en Burbank, California. Bruno Mars está en el patio —vestido con una camiseta blanca, una gorra Versace y mocasines deportivos blancos sin medias—, fumando su enésimo cigarrillo del día y tratando de terminar su tercer álbum.

“Ya casi está listo”, dice Mars de 31 años. “Tengo que terminar una canción, ajustar el puente de otra y prácticamente acabo. Quiero terminar a mediados del mes siguiente. Tengo un plazo. ¡Y esta mierda no es barata!”.

La canción que debe terminar la está trabajando con Skrillex. “Él es un genio sonoro, su versión es increíble”, dice Mars. “Simplemente hay algo con lo que estoy teniendo problemas. El groove no es correcto, o hay algo que no estamos haciendo en el coro –no sé exactamente qué sucede. Simplemente estoy tratando de averiguar por qué me estoy desconectando en algunas partes”.

La última vez que Mars lanzó un álbum fue en diciembre de 2012 —hace cuatro años; toda una eternidad para una estrella de pop—. Pero ha sabido sortear todo este tiempo como un profesional, con dos shows de medio tiempo en el Super Bowl (como artista principal en 2014 y haciendo apariciones con Coldplay y Beyoncé en febrero pasado), y con la canción más vendedora de los últimos años, Uptown Funk, su colaboración con Mark Ronson.

Pero ha pasado tanto tiempo desde la última vez que Mars hizo un álbum, que parece haber olvidado cómo funciona todo; las dudas, los ajustes; los reajustes; los cigarrillos. “En este momento hemos llegado al punto en donde estamos perdiendo la cabeza”, dice. “Mi ingeniero se está volviendo loco; me quiere matar. Este proceso es muy extraño. Sentarse en esta caja helada a tratar de inventar canciones”.

FOTO: EZRA SHAW/GETTY IMAGES

Uptown Funk cimentó el estatus de superestrella de Mars, permaneciendo 14 semanas en el Número Uno –empatando el segundo número de semanas más largo de la historia– y ganando el premio Grammy por grabación del año. Hasta la fecha, ha vendido más de 12 millones de copias, se ha reproducido casi dos mil millones de veces y ha hecho que muchos amargados quieran retirarse. Pero si pensaba que el gran éxito de la canción reforzaría la confianza de Mars, él afirma todo lo contrario: “De hecho fue un poco abrumador”.

Por otro lado… estamos hablando de Bruno Mars. Seis sencillos en el Número Uno, treinta semanas combinadas encabezando los listados (44 contando Uptown). Dos álbumes, 26 millones de ventas a nivel mundial y cuatro Grammys hasta ahora. Así que cuando se le pregunta si usualmente tiene razón acerca de este tipo de cosas –si tiene buenos instintos para saber qué necesita una canción para volverse un hit– no puede evitar exigir reconocimiento. “No lo sé, dice Mars con una sonrisa. “Búscame en Google, ¿quieres?”.

Esa noche, Mars se queda en el estudio hasta tarde. Aproximadamente a las 3:00 a.m., se sube a su Cadillac 2010 (“Creo que es hora de cambiar de modelo. Parezco un conductor de Uber”) y maneja un trayecto de 20 minutos hasta su casa en Hollywood Hills. Su novia, la modelo Jessica Caban, ya lleva dormida un buen rato, así que Mars se estaciona solo en la entrada durante otra media hora para escuchar las mezclas de hoy una y otra vez.

Algunos de sus mejores trabajos los hace estacionado en la entrada de su casa: “Hemos trabajado canciones hasta las 3 o 4 de la mañana, y hemos dicho, ‘¡Este va a ser el primer sencillo!’ –y tan pronto lo llevo al auto, es obvio que estábamos desvariando”, dice. “Algo pasa cuando uno baja la ventana y puede escuchar el tráfico y el verdadero ruido– esta es la forma en la que la gente va oír la música realmente”. En particular, los parlantes de su auto tienen algo especial. “Incluso si tengo un auto nuevo algún día, esta cosa va a estar estacionada al lado de la casa”, dice.

Su nuevo álbum , lanzado en noviembre pasado se llama, 24K Magic. Él dice que quería recrear la sensación de R&B de la que se enamoró cuando niño en Hawái, a principios de los 90: Jimmy Jam y Terry Lewis, New Edition y Bobby Brown, Jodeci, Boyz II Men, Teddy Riley, Babyface. “Para mí no hay nada más feliz que esos bailes escolares”, dice Mars. “Bailar lentamente en el banquete del día de San Valentín con la chica que te gusta, y que el DJ ponga Before I Let You Go de Blackstreet. Esa mierda es mágica, piensas en eso durante los próximos ocho meses”.

Mars dice que quería hacer una banda sonora para una película que imagina en su mente. Luego monta la escena: “Estamos en Nueva York. Es una noche de verano. Hay una fiesta increíble en la azotea. Son las 2:30 de la mañana, la banda sale vestida con putos trajes Versace. Las chicas están gritando. Y luego, el cantante más grande que el mundo jamás haya visto comienza a cantar alguna mierda”.

Al día siguiente, está de vuelta en el estudio para arreglar algunos errores que escuchó la noche anterior. Lo primero en la agenda es una canción llamada Finesse. “Hay algunas cosas que están jodiendo el groove. Cada vez que esté de gira o en televisión, quiero estarme moviendo… En este álbum estaba muy consciente de la energía”, dice.

Luego abre su portátil y saca la última versión. Desechó una donde cantaba acerca de cadenas de oro y coñac sobre un beat suave (demasiado cursi), y otra que sonaba “como un show de policías de los 70 –es como si fuera en patines”, dice. Finalmente está feliz con esta versión –solo tiene que corregir el puente. Hay algo en las armonías que le molesta, o tal vez en la progresión de acordes. “No sé qué es lo que no está funcionando. Hay algo extraño que me está jodiendo todo”. Golpea su teclado Korg con frustración. “Solo tengo que abrirla”.

Si Mars es obsesivo con la composición, probablemente es porque así comenzó cuando irrumpió en el negocio. Se mudó a Los Ángeles desde Hawái a los 18 años soñando convertirse en una estrella. (“Yo era ese chico. Pensaba que llegaría a Hollywood, cantaría para alguien y ya, luego estaría tocando en el Madison Square Garden”). Firmó brevemente con Motown Records, pero luego el contrató terminó. “Ahí fue cuando comenzó el ajetreo”, dice. Empezó a trabajar en el circuito de vendedores de canciones, escribiendo en conjunto y produciendo pistas para Brandy, las Sugababes y la nueva versión de Menudo.

James Fauntleroy, quien trabajó en 24K Magic, es un compositor y productor ganador de un Grammy y conoce a Mars desde hace tiempo. “El día que lo conocí yo estaba haciendo una canción, y llegó un chico con afro y me dijo: ‘¡Esto suena muy bien, déjame cantar encima!’”, recuerda Fauntleroy. “Me dije: ‘¿Quién putas es este chico?’ ¡No había hecho nada! Fue una estrella desde el primer día”. Y continúa: “Algunos artistas solo se dedican a entretener, pero [Bruno] es un verdadero músico. Él se preocupa mucho por el sonido. Podría hacerlo todo solo, como Prince”.

Esto no significa que la composición le parezca fácil. “Es lo más difícil”, dice Mars. “Ya se han hecho todos los beats, todas las rimas, todas las progresiones armónicas. Estoy compitiendo con millones de canciones… Es como ganar la lotería, simplemente tienes que tener suerte”.

Para ilustrar este proceso Mars me muestra una canción lenta y, seductora llamada Versace on the Floor. “Podría tocarte seis versiones diferentes de esta canción”, dice. Pone a sonar el demo original, al que llama “la versión de piscina”. En la letra, Mars le dice a su chica que ambos pueden “volar en una tormenta montados en un unicornio… Hacer el amor en una montaña, bañarse en una fuente”. Él se ríe y la oye de nuevo: “¡Realmente estoy prometiendo!”.

“Sonrío con estas frases, se las canto a la gente y todos sonríen. Pero el beat no está haciendo nada. No quiero hacer música de piscina”.

Finalmente, empezaron desde cero y escribieron una melodía entera. Pero eso significaba que también tenían que componer una nueva letra. Mars me pone la versión más reciente, una canción al estilo Boyz II Men que llega a su clímax con una frase cautivadora: “Let’s just kiss till we’re naked / Versace on the floor [Besémonos hasta que estemos desnudos / Versace en el piso]”.

El modus opreandi de Mars es desbaratar las canciones de esta manera. Grenade, que fue Número Uno durante cuatro semanas, originalmente tenía un sonido pop que recordaba la invasión británica de los 60, hasta que en el último momento Mars se dio cuenta de que sonaba horrible y la modernizó antes de lanzarla (me muestra la original y tiene toda la razón. “¡Y este iba a ser mi segundo sencillo!”, dice incrédulo. “Gracias a Dios, ¿cierto?”). Por otra parte, su hit Locked Out of Heaven comenzó como un dueto al estilo cha cha similar a Smooth de Santana.

Mars guarda esa versión en su portátil para recordar que es un proceso y que no hay que perder la cabeza. Uptown Funk prácticamente fue desechada varias veces. “Esa mierda estuvo en la caneca”, dice Mars. Toma su portátil y pone a sonar una primera versión desordenada que muestra un inexplicable corte de hard-rock y un coro en donde Mars grita “Burn this motherfucker down [Quemen a este hijo de puta]”. “Pasamos meses en ese coro”, dice. “Y un día dijimos: ‘Tal vez no tengamos coro’”.

Y algunas veces es solo una palabra lo que hace o daña a una canción. El año pasado Mars colaboró con Adele en una canción llamada All I ask para su nuevo álbum, 25. La terminaron en tan solo dos sesiones. Pero tuvieron problemas con una frase del segundo verso en donde Adele canta: “Take me by the hand while we do what lovers do [Tómame de la mano mientras hacemos lo que hacen los amantes]”.

“Queríamos hacer una balada típica de diva. dice Mars. “Pero, ‘¿amantes?’, no sé si alguien diga ‘amantes’. Yo sugerí cambiar esa palabra”.

“Pero Adele no dio su brazo a torcer”, dice. “Dijo, ‘No, así es que tiene que ser’. Y tenía razón. Esta estupenda palabra es la que hace que la canción sea grandiosa porque nadie la dice. Resalta porque nadie habla de esa manera. No es ‘lo que hacen los novios’ – se trata de ‘amantes’ que están un nivel superior. Algunas veces la toco en piano y no veo el momento de cantar esa parte. Es putamente perfecta”. La lección: “No trates de ser cool. Deja que sea lo que tiene que ser”. Al final, Mars se siente triste por la letra del unicornio. “Es una de las mierdas más maravillosas que he escrito”, dice. “ Pero la utilizaré algún día”, promete. “La oirás en el cuarto álbum”.

Seis semanas más tarde, Mars llega a almorzar a un restaurante italiano cerca de su casa. El álbum finalmente ha entrado en la etapa de mezcla, y él claramente se ve más relajado. También ayuda el hecho de que acaba de llegar del lago de Como, en Italia, donde se presentó en el matrimonio del fundador de Spotify, Daniel Ek. “Pero se supone que tú no deberías saber eso”, dice Mars sonriendo. (La noticia se filtró cuando un invitado publicó una foto en Instagram). Le pregunto si tendrá un posicionamiento privilegiado en la página de Spotify a cambio. “Me van a ayudar a promocionarlo”, dice con timidez. “Y me dieron un pequeño cheque”, sonríe Mars. “El lago de Como es hermoso”.

Aunque no recuerda el último matrimonio en el que tocó (cree que fue en China), lo hace con más frecuencia de lo que uno se imagina. “He tocado en matrimonios desde que tenía ocho años, es volver a lo básico. De hecho, dice que él y su banda, los Hooligans, tocaron la noche anterior en una fiesta de cumpleaños. “En una casa impresionante en Malibú”, dice. “No había nadie menor de 50 años. Miré a mi banda y te juro que me puse sentimental. ¡Todos sudaban como si estuviéramos en el Madison Square Garden!

El talento de Mars como showman es natural. Su padre, Peter Gene Hernandez Sr., es un percusionista de Brooklyn que se mudó a Hawái en la década de los 70. Allí consiguió trabajo tocando tambores en el Hilton de Waikiki, donde conoció a la madre de Mars, Bernadette, una cantante y bailarina de hula que se había mudado con su familia desde Filipinas cuando niña. Al nacer Bruno, convirtieron todo en un espectáculo familiar: su padre dirigía la banda, su madre cantaba con algunos de sus tíos; y su hermana mayor y su hermano también hacían apariciones. Mars, como es bien sabido ahora, imitaba a Elvis.

Crecer cantando canciones del Rey en el teatro musical del hotel seis noches a la semana es un gran entrenamiento para un artista. “Yo vengo de la escuela de entretenimiento de zapatos de charol y pelo procesado”, dice Mars. Como resultado, hoy en día él es uno de los pocos hombres de vieja escuela que cantan y bailan, se siente cómodo cantando para amas de casa en el show de Ellen DeGeneres o intercambiando versos con Mystikal o Big Sean. “Crecí actuando para turistas, tenía que entretener a todo el mundo. No solo a negros, blancos, asiáticos o latinos. Tenía que actuar para cualquiera que llegara a Hawái”.

Cuando tenía 11 o 12 años sus padres se divorciaron y el espectáculo llegó a su fin. Sus hermanitas se fueron a vivir con su mamá y Bruno se quedó con su padre. Las cosas se pusieron un poco difíciles. “Era un espectáculo familiar”, dice. “Así que cuando terminó, la dinámica cambió. Se divorciaron, vendieron la casa y mi padre perdió todos sus negocios. Básicamente pasamos de vivir en un buen barrio a estar jodidos sin hogar. Fue una época extraña. Dormíamos en una limusina, pero mi papá, con su pasión, salía y trataba de hacer espectáculos en hoteles. Él solucionó todo”.

Mars solo quería cantar. “No había ningún plan b”, dice. “De pronto hubiera tocado guitarra en algún restaurante, pero sin importar dónde hubiera terminado, esto es lo que iba a hacer”. Su fe inquebrantable en su propio talento le ha funcionado, especialmente cuando se trata de lidiar con gente como la de la NFL. “Dios bendiga el Super Bowl”, dice. “Me contrataron, me dieron la oportunidad. Pero tenía que recordarles por qué me habían dado la oportunidad. Pónganme esa cámara a mí y a mi banda y yo me encargo”.

En este punto recuerda una discusión sobre la transmisión de su primer espectáculo del Super Bowl. “Querían mostrar una toma de la audiencia con unas pulseras luminosas”, dice. “Les dije: ‘Si me quitan la cámara de encima, se estarán perjudicando’. ¿Y qué pasó? Gastaron todo ese dinero en estas cosas y no funcionó”. Naturalmente, él estaba preparado para ese percance. “Yo me he sacado la mierda ensayando con mi banda, así que incluso si nos iluminan con luces de cafetería, todavía nos vamos a ver como si tuviéramos 5 millones de dólares en producción”, dice. Crecí con la actitud de bandas de bar, las luces y los láser son solo un elemento extra”.

Sorprendentemente, cuando Chris Martin llamó a Mars para preguntarle si quería presentarse con Coldplay en el entretiempo de 2016, este desistió. “Le dije que no”, dice Mars. “Sentía que lo acababa de hacer”. Martin insistió, le pidió a Mars que pasara por el estudio de Malibú donde se encontraba trabajando. “Manejé hasta allí y me hizo la propuesta”, dice Mars. ‘Quiero que tú y Beyoncé hagan Uptown Funk. Quiero darle este regalo al mundo’.

Mars todavía dudaba. “Tienes que tener cuidado con esas actuaciones [varios artistas]”, dice. “Lo hacen mucho en programas de premios, donde tienes muchos cameos, pero nada sólido”. Le dijo a Martin que hablara con Beyoncé para ver qué pensaba. La respuesta de Martin fue: “¡Vamos a hablar con ella ahora mismo!”. Tomó su teléfono, grabó un video rápido de los dos y se lo envió por mensaje de texto a Beyoncé. Para sorpresa de Mars, ella accedió.

Mars dice que aprendió viendo a Beyoncé prepararse. “Ella no se toma esto como una puta broma”, dice. “Se sube al escenario todas las veces y le demuestra a todo el mundo por qué es la mejor. Tiene un monstruo adentro”. Pero la siguiente anécdota es la más notable. “Beyoncé y yo estábamos cuidando nuestras dietas, estábamos estresados”, dice. “Entonces el día anterior, estábamos viendo la reproducción tras bastidores y ella se estaba comiendo una bolsa de Cheetos. Y le dije, ‘¿Qué estás haciendo?’.

Luego hace la mínima de Beyoncé comiéndose un Cheeto. “Y ella me dijo, ‘No hay nada más que podamos hacer durante estos últimos dos días. Va a ser lo que va a ser, así que voy a disfrutar esta bolsa se Cheetos’.

Una de las primeras canciones que Mars grabó se llama I Love You, Mom; lo hizo a los cuatro años y su padre le ayudó a escribirla. Vale la pena buscarla en Youtube, si a usted le gustan las cosas tiernas de la vida. Esta es la primera estrofa:

“Mi nombre es Bruno, solo tengo cuatro años

Y a esa edad tengo que hacer lo que me digan…

Toco guitarra, pero mis dedos son muy pequeños

Intento tocar piano, pero mis pies no llegan al piso

Mi mami me ayuda con mi voz

Porque ser una superestrella del canto es mi primera opción ”.

“Creo que la hice para su cumpleaños o para el Día de la Madre”, dice Mars, acordándose con una sonrisa. “Se la di en un casete. No recuerdo su reacción, pero probablemente me comió a mordiscos”, sonríe de nuevo. “Ella ponía esa canción todo el tiempo”. Mars cree que mucha de su presencia escénica viene de su madre. “Veía que la gente se enamoraba de ella”, dice. “Tenía ese don. Era muy linda, casi una comediante”. Algo que probablemente él heredó. “¿Bromeas? ¡Yo soy hermoso!”.

En mayo de 2013 Mars se estaba presentando en un show de televisión en Alemania. Le había comprado a su madre un iPad, y ella lo usaba para seguir sus cuentas de fans para poder ver sus videos y fotos alrededor del mundo.

“Yo estaba tocando en Alemania y me mandó un mensaje de texto diciéndome: ‘Tienes que descansar. Mírate. Tienes ojeras’”, cuenta.

Mars voló a casa, a Los Ángeles. “Cuando aterricé recibí la llamada”, dice. Su madre había sufrido un aneurisma cerebral repentino; estaba inconsciente en un hospital de Honolulu. Mars ni siquiera abandonó el aeropuerto: se montó en un avión y voló directamente a Hawái. Pero su madre nunca se despertó. Murió un día después. Tenía 55 años.

Mars hace una pausa por un momento. “Hasta el día de hoy no sé cómo manejarlo”, dice. “Una parte de tu corazón se ha ido para siempre. Ni siquiera sé cómo hablar de esto contigo. Es literalmente una pesadilla”.

Dice que nadie estaba preocupado por su salud. “Ella parecía estar rejuveneciendo”, dice Mars. “Yo le acababa de comprar una casa en Hawái y ella me llamaba casi todos los días y me contaba lo mucho que se estaba divirtiendo, jugando con sus nietos en la piscina, corriendo en el patio…”. Es incomprensible. Por un lado, “No tuve que pasar por el sufrimiento de ver a mi madre en un hospital durante años”, dice. “Pero ella me acababa de regañar por algo… Esa fue la parte más difícil. Ese fue la daga en el corazón”.

“Estaba destrozado, no sabía qué hacer. No hay nada que hacer. Uno simplemente llora todos los días”. Tenía una gira mundial tres semanas después. “Oraba y preguntaba: ‘¿Qué quieres que haga?’”, dice. Y sentí que ella quería que siguiera adelante”. Mars piensa por un momento. “Estoy seguro de que me está viendo y sonriendo”.

Actualmente, el artista vive con Caban y su Rottweiler, Gerónimo, en una mansión de 6,5 millones de dólares que compró en 2014. Llevan juntos seis años, desde antes de que saliera su primer álbum. Pregunto si alguna vez lo harán oficial. “¡Dios Santo!”, dice, riendo. “Ella es mi mejor amiga. Mi soporte. Simplemente estamos felices”. Hace una pausa. “Hasta que ella lea esto”.

Mars no sale mucho, y cuando lo hace mantiene un perfil bajo. “Nunca vas a verme subiendo fotos a Instagram en una fiesta”. Para él es importante evitar el drama en el que algunas estrellas parecen persistir.

Aun así, a veces no puede evitar verse involucrado. Como hace unos años, cuando ganó el premio a mejor video masculino en los MTV Video Music Awards por su canción Locked Out of Heaven. Kanye West se despachó contra él durante un espectáculo en Brooklyn. “Vi la actuación de Drake, vi la de Bruno Mars”, recuerda West. Luego entregaron los putos premios. ¡Y Bruno Mars se los ganó todos! ¿Será que los malditos medios pueden dejar de persuadir a todo el mundo para vender un producto con el imbécil más lindo que hay?”.

Fiel a sí mismo, Mars prefiere no hablar de eso al comienzo (“West tiene mucha prensa a su alrededor. “¡Yo necesito mi maldita prensa!”). Pero eventualmente lo hace. “Gané un premio”, dice riéndose. (De hecho, ganó dos esa noche). “Pero tiene razón en lo de lindo. Es Kanye. El hecho es que, a fin de cuentas, necesitamos a Kanye. Pero no me importó lo que dijo. Pueden atacarme todo lo que quieran, ya me he preparado para eso. Yo soy mi mayor crítico. Nadie tiene ni puta idea de cualquier cosa que me diga”.

“Pero todo se solucionó”, dice Mars. “El me llamó a disculparse” (un representante de West no comentó nada). “Kanye me ama. Tú lo sabes. ¿Quién no? ¡Soy Bruno Mars!”.

La primera semana de octubre Mars vuelve al estudio de nuevo, esperando que sea la última vez. Finalmente, el álbum está oficialmente terminado, y ahora solo se preocupa por la tipografía. Mañana vuela a Nueva York, donde tocará en Saturday Night Live. Además, también está lanzando su primer single, 24K Magic; quería lanzarlo un día después, en su cumpleaños 31, pero dice que Apple necesitaba hacerlo un viernes.

“A veces siento que estoy en el negocio de la música 10 años tarde”, dice Mars. “¿Cuántas plataformas tenemos? ¿A quién le estamos dando la plata de quién? Uno ya si ni siquiera compra canciones, es solo una suscripción, es Netflix. Y mientras tanto, aquí estoy tratando de hacer álbumes”.

Al hablar de las exclusivas de los artistas en streaming tiene una opinión bastante clara. “Todos los que quieran venir a la fiesta deben tener derecho a venir”, dice. “¿No quieres que tu música sea para todo el mundo? Pero así funciona. Al parecer así fue cuando los discos se convirtieron en casetes, y los casetes en CD, y los CD en MP3. Y uno no quiere ser ese anciano que dice: ‘¡Vinilo!’. Pero el otro día estaba empacando, poniendo el papel en la funda, sacando el CD, y me puse un poco triste. Porque probablemente es la última vez que lo haga. Está muriendo. Esto no existirá en tres años.

Y cuando venga lo siguiente, probablemente será el tipo cuyo holograma de realidad virtual sea proyectado en Singularity o lo que sea. Porque esa es la clase de profesional que es.

Es en momentos como estos que a Mars le gusta recordar uno de los mejores consejos que ha recibido. Se lo dio Lionel Richie, entre bastidores, después de un concierto en Alemania. Richie tocaba en el mismo lugar al día siguiente e invitó a Mars a su show.

“Entró, muy tranquilo, con el pelo alborotado”, recuerda Mars. “Y me dijo: ‘Oye, Bruno, te gusta estar de primero en la fila, ¿cierto? Te gusta no tener que esperar en los restaurantes, ¿no es así? A mí también me encanta esa mierda. No te detengas. No te detengas’”.

Mars entendió lo que Richie le estaba diciendo: he estado en tu posición, en lo más alto del mundo. Y también he visto lo que viene después. “Estoy seguro de que eso lo que estaba tratando de decir”, dice Mars. “Él conoce los altibajos de este negocio. Estaba diciendo: ‘En el momento en que pares, lo verás. Por eso no te detengas’”. Mars sonríe. “Sigue adelante. Sigue adelante”.

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