Las consecuencias de la fama

Mientras The Joshua Tree llegaba a la cima de las listas, los miembros de U2 enfrentaban la realidad de las superestrellas de rock

POR ANTHONY DeCURTIS | 20 Apr de 2017

<p><b>Foto: Lex van Rossen/Getty</b></p>

Foto: Lex van Rossen/Getty


Debo decir que no me siento muy calificado para ser una verdadera estrella pop”, dice Bono, cantante de U2, en una tarde nublada de febrero mientras maneja por Dublín. “No creo que sea una buena estrella pop, y a veces me siento muy incómodo desempeñando ese papel. Pienso que hay personas mucho más preparadas que yo”. Hace una pausa y se ríe. “A veces me imagino que todo esto fue un error, ¡escogieron al tipo equivocado! Mira, crecí más para ser un carpintero o un mecánico, algo así. Mira estas manos, son las de un albañil”.

Bono ha escogido un momento complicado para cuestionar sus capacidades para el estrellato. Con el lanzamiento de The Joshua Tree —el quinto, más ambicioso, y el mejor disco de U2 hasta ahora— la banda indudablemente alcanzará el superestrellato que siempre les ha parecido una especie de tierra prometida, anhelada pero lejana, que ahora se muestra como una realidad inminente. Cuando Bono dice que “U2 es la banda que siempre está cerca pero no alcanza a llegar”, la realidad parece a punto de demostrar que el cantante está muy equivocado.

Los recientes éxitos de U2 han generado preguntas incómodas sobre la posición de autoridad moral que la banda ha alcanzado. En los últimos años el rock parece haberse enfrentado al establecimiento para dedicarse a pensar en beneficio de la humanidad, y U2 ha estado al frente del movimiento. War, el disco de 1983, ayudó a devolver la conciencia social al rock, y sus presentaciones en el Live Aid y los shows para Amnistía Internacional mostraron el propósito moral y celebratorio de esos grandes eventos. El éxito parece ir de la mano con la trascendencia para U2, y cuando la gira Conspiracy of Hope termine con un espectacular concierto en junio, el mundo de la música quedará pendiente de lo que U2 decida hacer a continuación.

Mientras tanto, viendo crecer la relevancia de su banda, Bono se cuestiona acerca de los mitos de frivolidad y autodestrucción que han crecido en torno al rock a lo largo de la historia. Se ha preguntado por lo que él y U2 pueden representar en el marco de toda esa mitología.

“No acepto la historia rockera de ‘vivir al extremo’”, dice Bono a sus 26 años mientras sigue manejando por Dublín, gesticulando de manera intensa e incómoda al evidenciar que es más importante aclarar ese punto que tener los ojos sobre la vía. “Ya vivimos un poco alejados de la realidad, pero el rock & roll es aún más alejado de la realidad. ¿Qué tanto tienen para ofrecer esos rockeros que viven al extremo? Sus canciones han sido compuestas desde un punto de vista muy distante”.

La casa de Mullen, en el pueblo costero de Howth, es el destino de Bono. La residencia del rubio baterista está amoblada de forma muy modesta pero es bastante cómoda, y se ubica sobre una colina pequeña que mira al mar irlandés, hay ropa colgada en el patio y un perro que ladra. Bono se quita el abrigo y se desparrama sobre una silla en el comedor. Con su habitual chaleco de cuero, sus jeans negros y el pelo largo agarrado en una cola de caballo, Bono necesita una afeitada con urgencia. También necesita dormir.

Mullen, con su pelo muy corto, por el contrario, se ve fresco, saludable y animado. A sus 25 años es el integrante más tranquilo de U2 y es evidente que adora a Bono. Así mismo, Bono muestra un gran afecto por Mullen. Pasan mucho tiempo juntos y Mullen se entusiasma con la enérgica intensidad de Bono, mientras el cantante encuentra alivio en la honestidad y buenas intenciones del baterista.

El baterista acerca una silla a Bono y empiezan a hablar sobre aquellos árboles retorcidos, propios del desierto al suroeste de los Estados Unidos, los árboles de Josué. The Joshua Tree. Fueron bautizados así por los mormones que se asentaron en Utah; su forma les recordó el pasaje bíblico en el que Josué señaló hacia la Tierra Prometida.

La imagen parece obvia, especialmente para quien confiesa que mientras escribió las letras del disco se sintió “como en un desierto” a causa de sus dudas sobre la viabilidad del rock como forma de vida, su agitado matrimonio y la muerte de Greg Carroll, el asistente de 26 años al que dedicaron The Joshua Tree. De todos modos, Bono parece negarse a reconocer el símbolo.

“Nos pareció divertido”, dice sobre las reacciones al título del disco, y recuerda que alguien le preguntó: “¿Vas a cambiar de religión otra vez?”, después de escuchar la historia de los mormones. Al explicar por qué escogieron ese título, a Bono —por primera vez— le faltan palabras: “No voy a hablar de las otras razones. El símbolo es muy poderoso, y no… no puedes… no”. “Se supone que es el organismo vivo más viejo del desierto”, dice Mullen. “No pueden calcular su edad porque no tiene anillos que indiquen qué tan viejo es si lo cortas. “¡Tal vez es una buena señal para el disco!”.

Las fotos que acompañan el disco se tomaron en el Joshua Tree National Monument, en California, cerca del lugar en el que fueron esparcidas las cenizas de pionero del country-rock, Gram Parsons, en 1973. “Lo chistoso es que todo el mundo está diciendo: “U2 es el próximo esto, o el próximo aquello’”, dice Bono. “Hay gente de la industria que dice: ‘Tan grandes como los Beatles… ¿cómo se llama el disco? Ah, ok, listo’”. Se ríe. “No se llama Born in the Joshua Tree, ni Dark Side of the Joshua Tree. Parece que va a vender alrededor de tres copias”.

Por supuesto, 3 millones de copias se vería como una cifra más acertada, aunque conservadora, para el que puede convertirse en uno de los discos más exitosos e importantes de la década. En medio de las presiones que trae su enorme popularidad, la banda tendrá que luchar para mantener su sentido de independencia. En unas proporciones mucho más pequeñas, pero igualmente dramáticas, U2 enfrentó la popularidad y sus implicaciones después de Boy (1980), cuando sus integrantes eran apenas unos adolescentes.

“Creo que tenemos que asumir el hecho de que después de Boy no estábamos tan interesados en pertenecer a una banda”, dice Bono sobre la etapa de cuestionamientos que él, Mullen y The Edge enfrentaron en esa época. “Durante la etapa de October, realmente estuvimos interesados en otras cosas. Pensamos en dejar la banda. Y ante nuestra actitud, Adam (Clayton, bajista) reaccionó diciendo que él también quería dejarla. October fue hecho pensando que era preferible que a la gente no le gustara. A veces queríamos hacer un disco y a veces no, estábamos en un punto en el que nos parecía que el rock & roll era solo un montón de mentiras, y nos preguntábamos si queríamos dedicar nuestras vidas a eso. Estábamos dedicados a leer, a conocer gente que estuviera interesada en temas espirituales, creo que algunos llegaron demasiado lejos y se distanciaron de la realidad. Pero andábamos en eso”.

“Durante dos años no supimos si realmente queríamos estar en una banda. Estábamos en gira y cada noche pensábamos que debíamos tocar ese concierto como si fuera el último. Salíamos con esa actitud, a veces porque realmente podía haber sido nuestro último concierto. Steve Lillywhite (quien produjo los tres primeros discos de U2 y mezcló tres canciones de The Joshua Tree) decía: “Haz tu trabajo”, y estábamos dejando de hacerlo. Queríamos hacer cualquier cosa, y en ese punto pensábamos en la gente de la calle que no tenía qué comer. En esas cosas estábamos pensando”.

Examinando la historia del rock desde la perspectiva de sus propias preocupaciones, Bono empezó a sentir la tensión entre la fama y su fervor religioso, no solo como parte de U2, sino en el contexto de toda una tradición. “Marvin Gaye, Patti Smith, Van Morrison, Bob Dylan, Stevie Wonder, creo que en el rock & roll todos pueden estar tan jodidos como yo en ese sentido”, dice. “Empecé a darme cuenta de que el rock que no tiene esa confusión espiritual es el rock que no me interesa. Empecé a entender que nosotros no éramos los raros. Esto que ponen en la radio es lo que está mal. Esta es la posición más natural”.

Mientras se muestra cansado por momentos (Bono dice: “En una época pensé que le caía mal a los demás miembros de la banda. Puedo ser muy odioso a ratos”), la seriedad que expone frente a sus responsabilidades como estrella de rock es una parte esencial para U2. Ha sido fundamental para construir esa enorme y devota fanaticada. Su entusiasmo fue más evidente que nunca en septiembre de 1985, poco después del Live Aid, cuando se sintió motivado a visitar Etiopía para ayudar a combatir la hambruna durante un mes con su esposa Alison. “No merezco premios, yo podía permitirme estar allá”, dice Bono en un restaurante dublinés. “Mucha gente daría su brazo derecho para ir a ayudar a Etiopía. Yo lo puedo hacer”.

Su estadía en el continente africano junto a su esposa dejó a Bono con la cabeza volando. “Recibí más de lo que entregué en Etiopía”, dice. “Realmente andaba por las nubes, mis pies no tocaban el piso”. Pero el líder de U2 se dio contra el suelo cuando volvió a casa. “Al pasar tiempo en África y ver a la gente sumergida en la pobreza pude sentir un espíritu muy fuerte, una riqueza espiritual que no veo acá. El choque cultural no estuvo allá, estuvo al regresar. Vi a los niños malcriados del mundo occidental. Empecé a pensar que allá tienen un desierto físico, pero acá tenemos otro tipo de desiertos. Eso me llamó la atención del desierto como símbolo”.


El trabajar juntos en Etiopía representó un periodo de mucha cercanía para Bono y Alison. Él admite que tuvieron momentos difíciles tras el sorprendente éxito de The Unforgettable Fire, de 1984. Al describir sus problemas personales, Bono simplemente afirma: “Vivo con una persona muy fuerte, ella me sacude de vez en cuando”. Evita hablar sobre los detalles del actual estado de su relación con ella, su esposa desde que se casaron en agosto de 1982, que estudia ciencia política en la universidad de Dublín. Es difícil encontrar equilibrio entre las grabaciones y las giras con las exigencias emocionales de un matrimonio, y parece que será más difícil cuando U2 empiece un nuevo tour mundial que puede llegar a durar un año. “No he logrado manejar eso muy bien”, dice, “tendré que tratar de hacerlo mejor la próxima vez. Tengo que hacerlo… vamos a ver”. Bono confía en que podrá superar el reto. “Estoy decidido a hacer que funcione, porque creo en U2. Quiero estar en esa banda”.

The Edge, el guitarrista de 25, años también está casado, lleva tres años de matrimonio y tiene dos hijos pequeños. Sobre su esposa, Aislinn, dice que “lo mejor de ella es que no se impresiona mucho con el tema del rock & roll. Aunque le encanta lo que hacemos, no es una gran fanática de la música. Es como una fuerza estabilizadora. La magnitud de lo que pasa a su alrededor no le preocupa”, dice riéndose, “¡es una cosa definitivamente aleccionadora!”.

La muerte de Greg Carroll en un accidente de motocicleta el pasado julio en Dublín tendió una sombra de profundo dolor para Bono y U2. La banda conoció a Carroll durante la gira de The Unforgettable Fire en Nueva Zelanda. Se entendieron tan bien que finalmente lo invitaron a hacer parte de su equipo. Cuando la gira terminó, Carroll se instaló en Dublín y siguió trabajando con ellos. Bono lo describe “como un hermano”, y fue atropellado por un automóvil mientras manejaba la moto de un amigo. A los miembros de U2 los atormenta la muerte repentina de Carroll y el pensar que, de no haber estado con ellos, podría seguir con vida.

Bono y Mullen volaron a Nueva Zelanda para el funeral, y Bono compuso One Tree Hill, un homenaje a partir de esa experiencia traumática. “Auckland está compuesta por cinco pequeñas colinas volcánicas, y una de ellas se llama One Tree Hill”, dice el cantante. “Es como un punto de quiebre. Personalmente, no puedo oír esa canción. Es como si me la hubiera tenido que arrancar”.

Mientras la popularidad internacional de U2 sigue creciendo a pasos agigantados, los miembros se han apoyado en sus raíces en Dublín para mantener algo de normalidad en sus vidas. “Todavía estamos muy conectados con nuestra vida antes de ser famosos”, dice The Edge. “Las cosas han cambiado, pero no hemos abandonado los valores ni las ideas que teníamos cuando empezamos nuestra carrera. En Dublín y en Irlanda la gente disfruta con las celebridades, pero nadie tiende a enloquecerse cuando conocen a alguien famoso”.

El bajista Adam Clayton se enorgullece de la identidad de U2 como banda irlandesa. A sus 27 años, Clayton es el más formal de todos. También es el más dispuesto a reconocer con neutralidad el carácter de U2, su popularidad y aceptar que todo eso puede parecer arrogante. “Somos un montón de irlandeses ruidosos, tan arrogantes como para andar pavoneándonos por todo el mundo”, dice Clayton sonriendo, “creo que debemos sentirnos orgullosos de eso. Hemos logrado cosas. Creo que Irlanda puede levantarse y decirle al mundo con su música que este es un lugar importante”.

La relación de Bono con su tierra natal muestra una ambivalencia sinceramente áspera y emotiva. “Siento que hago parte de Dublín, parte de Irlanda. Me escapo a veces porque este lugar puede volverte loco, pero amo a su gente y sus lugares. Esta ciudad es… es muy interesante”.

A pesar de su apego hacia Irlanda, U2 llenó The Joshua Tree con una gran cantidad de imágenes de Estados Unidos, un lugar que apareció en los paisajes de The Unforgettable Fire. La belleza salvaje, la riqueza cultural y espiritual, así como toda su violencia, son terrenos explorados en casi todos los aspectos de The Joshua Tree. Bono recuerda la letra de In God´s Country: “Esta noche necesitamos nuevos sueños”.

“Estados Unidos representa la Tierra Prometida para muchos irlandeses”, dice Bono. “Soy uno de muchos irlandeses que hizo su viaje a EE.UU. y me siento parte de eso. Por eso me aferré a ese lugar desde muy temprano, cuando muchas bandas miraban a otro lado. Estados Unidos también se aferró a nosotros. Por supuesto, mis opiniones han cambiado con el tiempo”.

La nueva actitud de U2 hacia Estados Unidos se manifiesta de forma contundente en momentos como el solo al estilo Hendrix que escuchamos al final de Bullet the Blue Sky, ese fue el resultado de un consejo que Bono le dio tras haber viajado a Centroamérica: “Métele El Salvador a tu amplificador”.

The Edge es más directo al hablar de la forma en que la visión de la banda se ha vuelto cada vez más compleja desde la época en la que el público norteamericano era lo único con lo que podían soñar. “Estados Unidos parece ser todo lo que es maravilloso en el mundo, así como todo lo que está mal en el mundo, todo en un solo paquete… Para nosotros esas contradicciones, esas paradojas, están plasmadas en Bullet the Blue Sky. Hay una tradición en la que la gente del rock ponía un espejo frente a las personas para que vieran lo que estaba pasando en su entorno; haciendo preguntas incómodas y señalando los problemas. Supongo que The Joshua Tree hace parte de esa tradición”.

Bono a veces parece abrumado ante la responsabilidad de mostrar a la gente los problemas que hay en el mundo. “Yo lucho con todo”, dice mientras sacude la cabeza. “Es probable que yo sea una de esas personas. Políticamente estoy en una búsqueda; estoy cansado de los partidos políticos, de la derecha, de la izquierda. Incluso los liberales se han convertido en un problema. Necesitamos encontrar nuevas soluciones para nuevos problemas”.

El deseo de involucrar algunos asuntos más amplios en sus vidas y en su arte, además de mantener la cordura y el sentido del humor, es finalmente lo que hace de los miembros de U2 material del estrellato. Por eso no aceptan la mitología vacía del rockero que vive al límite.

“Estoy descubriendo que el mundo real es muchísimo más peligroso”, dice Bono. “Sacarle el cuerpo sería un acto de cobardía”.

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