Los caminos de Santiago Cruz

Las rutas recorridas por el ibaguereño para llevar sus canciones a un presente lleno de triunfos. Una historia de camerino.

POR DIEGO ORTIZ | 03 Mar de 2017

<p><b>Fotografía por Andrés Oyuela</b></p>

Fotografía por Andrés Oyuela


‘Abracémonos y demos gracias, demos gracias a Dios, a aquel en que cada uno crea. Busquemos la sabiduría y el respeto por la diferencia, busquemos ser nosotros mismos”. Una hora antes habíamos entrado por la puerta trasera del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo; era la noche del 16 de noviembre, el segundo de un par de conciertos montados para “cerrar el año” con el público bogotano.

Nos vemos en el camerino”, dijo Mariana “la Negra”, manager de Santiago y figura clave en la carrera del cantautor ibaguereño. “Quiero que estés presente en ese ritual”, dijo con su habitual generosidad. No entendía mucho en ese momento a que se refería; me imagine un espacio aromático y floral, como si George Harrison fuese a estar allí. Aunque realmente todos los artistas tienen diferentes ritos antes de sus espectáculos, un conjunto de actividades individuales y grupales que inspiran al equipo para ponerse en contexto creativo, son momentos de concentración absoluta. Santiago venia de un ano maravilloso, de una gira iberoamericana sin descanso, y quería, una vez más, conectarse con el público que lo vio crecer.

Cuando entramos al camerino, inmediatamente se respiró un ambiente familiar. Parecía la casa de Santiago: camaradería y amabilidad, café y vino. El artista estaba acompañado por toda su familia, hasta su pequeña hija Violeta caminaba de aquí para allá robándose unas sonrisas de paso.

Faltaban un par de horas para el show, y allí de la nada surgieron dos conversaciones maravillosas sobre música, sobre que más? La primera con Nico, el vocalista de los Petit Fellas. Hablamos un poco de la movida hip hop nacional, de las pocas o muchas oportunidades y de la forma como las han aprovechado. Me conto, curiosamente, que sus roadies aún tienen un sueldo superior al suyo, pero que sigue intentándolo. Estaba ahí, porque esa noche tendría una colaboración con Santiago en Tus regalos, con un par de estrofas improvisadas sobrepuestas en la canción, que resulto en una joya poética y romántica, una verdadera “serenata rap”.

Fotografía por Andrés Oyuela
Fotografía por Andrés Oyuela


La otra charla fue con el gran Eduardo Cabra, el productor y músico latinoamericano que esta detrás de joyas maestras como Multiviral de Calle 13, además de Caja de música, el ultimo de Monsieur Periné, lo nuevo de Vicente García y muchos otros. Hablamos de su experiencia trabajando con todos ellos, y además de su historia junto a Tom Morello y Silvio Rodríguez. Como anécdota conto que en el estudio Silvio iba de lado a lado tomando fotos con una cámara antigua, y que en medio de su seriedad resultaba curioso ver al viejo poeta revolucionario, maravillándose y retratando las cosas más sencillas. Eduardo estaba allí acompañando a Diana Fuentes, su esposa, la solista cubana de tremenda voz que también estaba allí para colaborar en el show con Santiago en la canción Lo que Dios quiera.

Justo en ese momento Santiago llamo al orden, nos invitó a abrazarnos en círculo, y unas 25 personas —la familia de Santiago, sus músicos, personas de producción, colaboradores e invitados— nos abrazamos.

La palabra fue de Santiago, y abrazado de su familia dio un discurso loable y honesto, como el de cualquier colombiano en búsqueda de la paz. Hablo de respeto y sobre el reconocer las diferencias en el otro: “En esta historia no hay lugar para cobardes”. Tuve una conexión inmediata con sus palabras, porque, aunque somos más los que buscamos reconciliación, es importante que aquellos que tienen millones de seguidores apasionados transmitan esta clase de mensajes de humanidad. Y es que eso representa a Santiago Cruz: su humanidad y honestidad, su exaltación del amor y la búsqueda de un mundo mejor. Al terminar, todos al escenario, y cinco minutos después empezaría un show más de la gira Estar vivos, un repertorio que durante más de dos horas recorrió todos sus álbumes. Un espectáculo en el que un público frenético coreo todas las canciones de principio a fin.

“Me encantan las canciones de amor, y aquellas que piden un mundo mejor”, exclamaban Los Prisioneros. Necesitamos más artistas que como Santiago Cruz anden en búsqueda de paz, una paz consigo mismo y con su entorno. No como estrategia mediática o comercial, no para llenar plazas vestidas de blanco. Necesitamos a aquellos que realmente buscan aportar para que hagamos una paz sin resentimientos.

Santiago Cruz es un artista libre y con carácter, el mismo que tuvo para decirle “no” a las disqueras cuando querían que su gran primera canción tuviera varias versiones para ajustarse a las emisoras “dispuestas” a radiarla. Siempre se mantuvo fiel a su propuesta, a ese blues romántico, quizás sencillo, pero nunca interesado en ser “el más grande”. Sin interés por las etiquetas ni por deseos de promoción desmedida y absurda: “Esas ganas de aferrarse a lo que dicen importante, distrayendo la atención de lo esencial”, porque “somos testigos del milagro tan sencillo que comprende el estar vivos”.

Hace unos años Santiago Cruz viajo a España con 500 dólares para hacer un disco. En el aeropuerto, antes de pasar por los tramites de migración, Mariana le entrego seis barras de granola. No era un regalo. Era una contingencia, una especie de medida desesperada. Por si las moscas. “Por si la vaina se complica”. Un eventual kit de supervivencia.

Fotografía por Andrés Oyuela
Fotografía por Andrés Oyuela


Así de difícil pintaba la cosa, y no era para menos. Cruz llego a considerar la posibilidad de dedicarse a la construcción —no precisamente como arquitecto o diseñador de interiores— para poder sobrevivir mientras ocurría algún milagro.

Eso paso hace unos siete u ocho años, y sirve como referencia en medio de una historia que, al menos hasta hoy, va teniendo un final muy feliz. Esa historia empezó muy lejos de España. Inicio en Ibagué, donde Santiago nació y voy germinar sus intereses artísticos: “Mi abuela materna era una vieja muy particular para su época; poeta, pintora, leía el Tarot y tenía una opinión política que chocaba con la de mi abuelo, que era un cardiólogo muy tradicional”, dice Cruz. “Yo creo que mi inclinación artística viene por el lado de ella”.

En su ciudad de origen llego a tener alguna banda, pero fue su llegada —como estudiante— a Bogotá la que puso en marcha la carrera que desde hace años tiene a todos los medios colombianos hablando de él y sus canciones. “Yo soy músico de la calle, de bares; ahí estuvo mi academia”, confiesa Cruz. Aunque paso un ano dedicado al conservatorio, no llego a presentar el examen final. La guitarra y la voz los estudio con un par de talleres y profesores particulares. Nada más. “El resto viene de las tablas; de muchos anos enfrentándome al publico”, asegura.

Desde sus épocas en Ibagué escuchaba hablar de legendarios bares de la bohemia bogotana como El bulin, Los versos del capitán o Famas y cronopios, que muchos recuerdan por la emblemática de Iván y Lucia. Al llegar al capital busco justamente la oportunidad de presentarse en esos espacios. A pesar de tratarse de una escena en la que primaban los covers de gente como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Sui Generis, Fito Páez o Santiago Feliu (a Santiago le iba mucho la onda de Seru Giran), ahí empezó la cosa más o menos en firme.

Fotografía por Andrés Oyuela
Fotografía por Andrés Oyuela


“Se trataba de ir encontrando la voz propia a través de voces ajenas; a partir de la imitación vas encontrando tu propio estilo, en la pintura funciona así”, asegura, al referirse a una etapa en la que solo los más experimentados se atrevían a presentar sus propias composiciones.

El Bulin le dio la oportunidad de ver por primera vez su nombre en los muros de la gran ciudad, y luego conoció al músico Moris Rodríguez, quien lo invito a presentarse en El Sitio. Allí Cruz empezó haciéndose cargo de tocar “amenizando la cena”, según sus propias palabras. Moris y su banda tocaban más tarde, cuando la comida daba paso a los tragos. Con el tiempo Santiago se convirtió en socio del establecimiento y paso a ser parte fundamental de su propuesta musical.

En esa época Santiago ya tenía algunos temas propios y el interés de grabar un álbum. Entonces le pidió a su amigo Julián Ávila que le ayudara a producirlo y, tras haber conseguido algo de dinero, entraron a los legendarios estudios de Audiovisión para trabajar en ese primer ejercicio. Cruz define ese trabajo como “un disco irresponsable”. Era la primera vez para él y para Julián, y fue el típico caso de ese momento en el que “uno quiere demostrar muchas cosas; quiere demostrar que canta, que toca y que produce…”. El paso del tiempo ha hecho entender a su creador que ese álbum, titulado Solo hasta hoy, carecía de un concepto claro.

A pesar de todo, Warner —que entonces llevaba muchos años sin firmar a un artista nacional— se unió al proyecto y lanzo una canción que no alcanzo mayor trascendencia en términos comerciales. Cuando el segundo sencillo empezaba a funcionar en la radio nacional, la disquera fue vendida y el nuevo propietario decidió cerrar la operación en Colombia. Una y otra vez, compuesta a última hora, fue justamente la canción más popular de ese disco.

Esa no fue la primera experiencia de Santiago con las disqueras. Tras dos años de vivir en Bogotá fue escogido por Peligran para hacer parte de un proyecto que afortunadamente fue abortado por parte del mismo artista. La multinacional tenía en mente lanzarlo como la nueva figura de la canción ranchera… En fin.

Luego vino el oscurantismo desencadenado por el trópico y los recuerdos de los programadores radiales que no se dignaban a escuchar una canción si duraba más de tres minutos y 30 segundos. Genios que habrían mandado a David Bowie para la casa. “Si bien uno quiere sonar en la radio, ese no es el interés primario del proceso creativo”, asegura Cruz. “Yo percibía que no había lugar para lo mío, pero también sentía que tenía algo para decir”.

La necesidad de encontrar refugio y sanación a través de la música llevo a que Santiago y Julián trabajaran en un segundo disco, que refleja las turbulencias que atravesaba el cantante en años oscuros que nunca ha tratado de ocultar. Cruz confiesa que en esa etapa estuvo “cayendo en la trampa de pensar que el arte es interesante si se alimenta de la miseria del artista”. Con ese disco —hoy es uno de los favoritos de Santiago— no paso casi nada, al punto que un ejecutivo discográfico (un genio mas) tiro el CD a la basura sin siquiera oírlo.

Después vino la salida del bar y una muy necesaria búsqueda de paz interior. “Cuando uno está en el fango siempre apunta hacia afuera: ‘La culpa es suya’, ‘la culpa es de este que no me pone, de esta que no me quiere y de este que no me firma’. Esta no lo quiere por algo, ese no lo pone o no lo firma por algo… No es que el resto del mundo esté equivocado. Hay algo que uno mismo tiene que revisar”, confiesa Santiago mientras abre con firmeza su corazón.

Fotografía por Andrés Oyuela
Fotografía por Andrés Oyuela


Cruz no teme hablar sobre los momentos en que tomo decisiones equivocadas que lo llevaron a ese fango. Asegura que el miedo a volver a esos lugares representa un motor en su vida; el miedo está ahí, pero no lo paraliza. Le sirve para recordar y agradecer a ese dolor que le ha ayudado a convertirse en la persona que es hoy. Además, entiende que su historia puede convertirse en algo enriquecedor para otras personas.

El proceso de recuperación que lo llevo a dejar a un lado sus excesos empezó con un temor abrumador (el miedo otra vez): “¿Cuando yo me ponga bien, sobre qué voy a escribir?”. Su terapeuta le respondió: “Va a escribir más que nunca”. Y siendo un compositor muy poco prolífico en esa época (afirma que componía una canción cada seis meses), acabo componiendo unos 30 temas en un par de años.

Recordando que Cerati se reconocía a sí mismo como una especie de antena/ transmisor, Santiago encontró una frecuencia con la que hasta el momento no había logrado sintonizarse: el amor propio. Ese amor propio —disfrazado casi siempre en la figura de alguien mas— se convirtió en la columna vertebral de su trabajo.

El amor que está presente en sus composiciones va mucho más allá del que tiene que ver con relaciones de pareja; se aproxima también a los sentimientos hacia la familia y el país que lo vio nacer. Sin embargo, los medios y un público que ha educado su oído a partir de la programación radial tienden a encasillarlo como un cantautor exclusivamente romántico. En ese sentido, asegura que esas canciones que hablan sobre relaciones de pareja también terminan siendo la puerta para que una audiencia más abierta se disponga a explorar el resto de su obra.

Pasada la tempestad personal, y con un montón de canciones compuestas, Cruz viajo a España (si, con 500 dólares y seis barras de granola) para hacer un disco que terminaría llamándose Cruce de caminos junto al productor Nacho Mano (Presuntos Implicados, Alejandro Sanz, Armando Manzanero, Nina Pastora). Santiago se fue con la esperanza de un dinero que nunca llego, y Nacho mostro una tremenda paciencia y generosidad. A mediados de diciembre (corría el año 2008 y el tiquete de regreso estaba para el 25) por decisión del artista y su manager, el proceso de producción entro en pausa. La otra decisión era no volver a Colombia con las manos vacías: “Ni por el putas”, recuerda Cruz con una sonrisa.

Dispuesto a trabajar en lo que fuera (incluyendo el manejo de escombros en construcciones y remodelaciones) para sobrevivir mientras ocurría algún milagro, la suerte sonrió con la aparición de un amigo interesado en invertir. El dinero le permitió volver a Bogotá con el disco muy adelantado para conseguir la plata necesaria y acabarlo. Tras haber regresado a España, recibió una llamada de Mariana con buenas noticias: ahora era artista de Sony.

A partir de ese momento, y con la ayuda de Baja la guardia (una canción por la que Cruz siente una gratitud inmensa), el camino se despejaba; atrás quedaban los días de dormir en estaciones de tren y sofás de amigos haciendo rendir la pizza precocida y la botella de gaseosa.

Cruce de caminos fue el resultado de esa travesía y sentó las bases de una estética orgánica según la cual “la fuerza de una canción no está en el volumen ni en la distorsión o en la estridencia; esta en la esencia misma de esa canción”. Así, Santiago busca “la madera de la guitarra y el piano, la energía de un ser humano que está detrás”.

El disco lo llevo a ser nominado al Grammy Latino en la categoría de Mejor Álbum Cantautor junto a nombres tan grandes como Rubén Baldes y Jorge Drexler. El panameño, uno de los ídolos de Cruz, se llevó el galardón que no fue a recibir aquella noche. Pero el “daño” ya estaba hecho, y Santiago había alcanzado un nivel que ha mantenido y defendido a capa y espada, a punta de talento y honestidad.

Por fin Santiago vivía de la música: “El sueño era vivir dignamente del tipo de música que yo quería hacer. No quería vivir ‘de lo que se hacia’, sino de lo que quería hacer; ahí hay toda la diferencia del mundo… yo prefería no hacer nada”.

Los resultados fueron sorprendentes; los sencillos se pasearon con firmeza en los listados y las ventas respondieron. La disquera le dio a Cruz todo el respeto y la confianza que había sabido ganarse, al punto que para el siguiente álbum le dijeron “vaya y nos trae el disco masterizado”. lo llevo a una gira nacional y a presentarse por fuera del país entre 2012 y 2014.

En medio de una nueva situación personal, con una familia a bordo, vendría Equilibrio, y el titulo no podría haber sido mejor. Se trata de un disco en el que se buscó refrescar el sonido, se grabó una vez más en España con dos invitados de lujo: Chris Cameron en el piano, un personaje que durante tres décadas estuvo al lado de George Michael como director musical, y el baterista Frankie Tontoh, que en su historia acumula trabajos junto a Cat Stevens y Amy Winehouse. La banda grabo en vivo en el estudio en lo que Santiago define como “un proceso creativo efervescente, excitante; la prueba reina de la magia fue ver las canciones armarse casi de la nada. Cuando trabajas con músicos que han estado en todas las guerras, encuentras que ellos no quieren demostrar nada, simplemente tocan al servicio de la canción”.

Equilibrio es un disco mucho más reflexivo, personal e íntimo; su esposa y su hija estuvieron presentes durante la grabación. “Era sentir que llegaba a un puerto seguro, y entender lo que eso significaba, saber que ese puerto seguro existía y no era una invención mía”, dice Cruz. “Se puede llegar ahí, y se puede estar ahí bien, se puede buscar eso con decisión”.

Santiago escoge muy bien el título de cada uno de sus discos, y hace rato dejo de contemplar los nombres de alguna canción para bautizarlos. Esos títulos encierran el concepto de cada obra para un artista que sigue creyendo ciegamente en la idea del álbum; es un amante de los vinilos y del ritual perdido que implica escuchar obras completas, con el compromiso y la dedicación que exige el verdadero amor por la música: “Yo sigo creyendo en el concepto del álbum, y los artistas que me gustan siguen presentándome álbumes porque muestran un universo completo”.

Al final de una charla larguísima en el camerino del Julio Mario, pocos días después de sus conciertos, con el fondo musical de Donavon Frankenreiter, Jack Johnson y Seu Jorge, Cruz nos cuenta que está trabajando en el disco que viene. Nos dice que ha empezado a escribir desde cero: “Ahora que estoy construyendo uno nuevo, ni miro lo que he hecho antes. Lo estoy haciendo desde el punto de vista de Santiago Cruz a sus 39 anos”.

Ese próximo disco será el recorrido de un nuevo camino, el nuevo capítulo de una historia que lo ha llevado además a convertirse en embajador de buena voluntad para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Han sido kilómetros y kilómetros, horas y horas de canciones un viaje muy largo. El fango ha quedado atrás, pero se le mira con respeto. El éxito ha llegado, pero no deslumbra. La serenidad, la sinceridad y la humildad se han convertido en la brújula que Santiago consultara cada vez que se encuentre ante un cruce de caminos.

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