Nacho Vegas, políticamente correcto

En medio del pacato correctismo político, el cantautor de Gijón le recordó la importancia de tener un criterio sobre las cosas que nos afectan a todos

POR IGNACIO MAYORGA ALZATE | 23 Aug de 2016

<p><b>Cortesía de Tyrona Eventos</b></p>

Cortesía de Tyrona Eventos


Hace frío y los hijos de una ciudad vampira se reúnen en frente a las verjas del Teatro Eldorado Ecci para la tercera presentación de Nacho Vegas en Bogotá. A medida que se va congregando una audiencia variopinta de intelectuales y rockeros de negro, se escuchan entre las filas hipótesis sobre la presentación, desde el grupo que acompañará al cantante de Gijón hasta el repertorio que escogerá de su prolífico catálogo musical. La primera vez que Vegas visitó la ciudad 2.600 metros más cerca del cielo, en el marco del Festival Centro de 2012, estuvo únicamente acompañado de Abraham Boba en el piano. Para su regreso contó también con su participación y la de una banda de rock para una eléctrica presentación en Rock al Parque del año pasado, encontrando una Media Torta plena de fanáticos que aullaron cada una de las 10 canciones de su set. Nadie sabía qué composiciones sonarían esa noche, qué parte de sus clásicos intimistas recorrería el músico con su voz barítona y cuáles temas de su catálogo más político, parte de sus últimas producciones Resituación (2014) y Canciones Populistas (2015), estarían presentes en su repertorio.

El público ya está ubicado en la silletería y la atmósfera se carga de complicidad eléctrica. Todos ansían escuchar a este nuevo Nacho, que si bien siempre tuvo claras sus motivaciones políticas y su afán por detener el avance de la injusticia, es hoy más explícito que nunca: en el escenario, proyectada sobre el telón de fondo, una guitarra de luz lleva escritas las palabras “This Machine Kills Fascists”. La banda por fin aparece en el escenario, liderada por un Vegas sonriente vestido de negro. Percusión, guitarra eléctrica y acústica son los tres elementos del cóctel musical de la noche, una voz femenina adereza la mezcla con su cálida presencia entre canciones.

Después de la interpretación de un clásico del cancionero asturiano, Carmín que Vegas y su contraparte femenina cantan en astur, el músico se lanza sobre el segundo sencillo de Resituación. Runrún, que hace alusión al murmullo de voces que se alza por encima del atropello policial y el miedo, sienta el tono de un concierto cargado de cálidas canciones populares, una suerte de trova que enaltece la lucha contra un enemigo común a todos los pueblos y naciones: la injusticia desde el poder. De ese mismo álbum la banda interpreta después La vida manca, una suerte de crítica a la mentira progresista de la España de los ochenta, el hedonismo y consumismo que no hizo nada por los sectores menos favorecidos, engañándolos con ilusiones y música pop mientras la maquinaria seguía girando. Seguidamente Vegas rasga su guitarra con los primeros acordes de un favorito de la audiencia: Días extraños, una canción que hace parte de su doble disco colaborativo con Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas, y que le mereció al artista el rápido reconocimiento y la consolidación de una sólida base de fans en el territorio sudamericano hace exactamente diez años.

El concierto logró encontrar el equilibrio entre nuevas y viejas canciones. Aunque no era el público más numeroso, quizás sí era uno de los más fieles, entonando todas y cada una de las nuevas melodías, invitando al artista a que se quedara en el país por cuanto tiempo quisiera y vistiéndolo, por una canción, con un poncho típico con la bandera nacional, hermanando su lucha con la nuestra durante ese breve instante en que el artista compartió con nosotros. Vegas fue escueto pero contundente con sus declaraciones. “Está canción es sobre Bogotá, solo que me equivoqué de lugares”, dijo antes de la interpretación de Ciudad Vampira y, antes de entonar el clásico de Chicho Sánchez Ferlosio Gallo rojo, gallo negro (una canción que retrata metafóricamente el enfrentamiento entre dos sectores de la población: el que quiere la guerra y el que quiere la paz), el cantautor dedicó la canción “con todo respeto al pueblo de Colombia y al proceso que estáis atravesando”.

La presentación de Nacho Vegas no precisó de grandes parafernalias para hacerse, una vez más, con el corazón de su audiencia colombiana. En formato de trío, la música del cantante se transformó en un abrazo íntimo con su público. Vegas no es un músico de sencillos y cada canción le habla cerca del corazón a distintos escuchas de manera casi personal. Sin embargo, la elección de los temas pareció dejar satisfechos a los músicos y a la concurrencia por igual. En rigor, la gira de Canciones populistas debería promocionar el último EP, pero también fue una excusa para encontrarse de nuevo con sus fans, de hablarles desde la cruel ironía sobre la necesidad de hacer un cambio, de caminar todos juntos hacia un mundo mejor, de construir con las manos propias la senda a recorrer, de destripar los vampiros que entristecen nuestras calles y de beber en celebración de la tarea cumplida.

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