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Obituary habla sobre su búsqueda de tres décadas por encontrar el sonido perfecto

Los padrinos del death metal discuten cómo se convirtieron de metaleros adolescentes en unos orgullosamente primitivos clásicos

POR HANK SHTEAMER | 17 Mar de 2017

<p>Los hermanos y miembros de Obituary Donald (izq) y John Tardy (centro) discuten su aproximación mínima a la maestría del death metal, aún potente luego de más de 30 años.<b> Ester Segarra</b></p>

Los hermanos y miembros de Obituary Donald (izq) y John Tardy (centro) discuten su aproximación mínima a la maestría del death metal, aún potente luego de más de 30 años. Ester Segarra


“Somos los cavernícolas del metal”, dice orgullosamente el baterista de Obituary Donald Tardy a ROLLING STONE. “No hay que darle vueltas”.

El hermano mayor de Tardy, el vocalista John, está de acuerdo. Aunque Obituary no son reconocidos mundialmente como los pioneros del death metal, es receloso de la gente que los cataloga bajo sub géneros pedantes y cursis.

“Es una de esas cosas que me molesta un poco, como todo se separa tanto”, dice John con su prominente gangueo de Florida. “Durante un tiempo, casi todas las bandas que salieron podían sonar un poquito diferente: ‘Oh, este es otro tipo de metal’. Obituary definitivamente va en la categoría de heavy metal, pero para mí, como que se detenía ahí, y ya fuera que quisieras llamarlo nueve cosas distintas, va a las raíces, los Black Sabbath del mundo que vuelven al blues clásico”.

Durante más de 30 años, Obituary ha operado como una de las bandas más consistentes en su escena, mientras que al mismo tiempo han optado por salirse de la competencia que ha consumido a tantos colegas suyos. Mientras algunos actos de death metal han avanzado progresivamente el género en un estilo higienizado y virtuoso, una especie de rock progresivo de la nueva escuela, Obituary se ha mantenido testarudamente comprometido con su sonido reducido.

Desde sus días a mitad y final de los ochenta como bachilleres que sin quererlo ayudaron a difundir un movimiento internacional a su fase actual como los sabios insignes de una comunidad amplia y floreciente, la banda se ha mantenido en la misma fórmula simple. Una canción típica de Obituary combina unos cuantos riffs siniestros y minimalistas, usualmente interpretados en tempos lentos, con los aullidos agonizantes de Tardy, que expresan mucho más tormento y terror que los gruñidos de la mayoría de los vocalistas de death metal. En los primeros días de la banda, John a veces ni siquiera se molestaba escribiendo letras.

“Somos tipos simples”, dice Donald, cuyos beats profundos son esenciales para el sentido de ritmo telúrico de la banda. “No tratamos de escribir la música más técnica, porque somos buenos haciendo una cosa, y esa cosa tiene ritmo, un tempo medio y es pesada… de alguna manera eso funciona. La química y la historia que tenemos juntos nos ha permitido encontrar en qué somos buenos, y estamos orgullosos de haber seguido con eso, te lo aseguro”.

Apropiadamente, el nuevo álbum auto titulado de la banda encarna el sonido clásico de Obituary, establecido en esfuerzos tempranos como Slowly We Rot de 1989 y Cause of Death de 1990. Desde la dura Lesson in Vengeance a la manera de Sabbath hasta la hiriente y pesada Straight to Hell, el disco demuestra la manera en que la banda empata la agresión el underground con el abandono del rock & roll clásico. (El viernes 17, cuando salió el disco, la banda se fue de gira con los veteranos alemanes del thrash metal Kreator). Como con los nueve álbumes que lo precedieron, Obituary refleja el profundo vínculo musical y personal que comparten los dos hermanos Tardy y el guitarrista Trevor Peres, su amigo y compañero de banda desde hace más de 30 años.

La primera inspiración musical de los Tardy tiene poco que ver con el metal. Tanto John, 49, como Donald, 47 –que comparten el mismo comportamiento afable y relajado– recuerdan haber revisado la colección de vinilos de su hermano mayor de niños y haber aprendido del rock sureño y otros sonidos de la época. “A mí me gustaba mucho Stevie Ray Vaughn y Lynyrd Skynyrd y The Outlaws”, dice Donald. “Y cosas que mi hermano mayor tenía en vinilo que escuchaba cuando me escabullía en su cuarto, como Pat Travers y Ted Nugent, Elton John, Charlie Daniels y Blackfoot. Así es como empezó todo para mí”.

Como aspirante a baterista, también gravitaba naturalmente hacia Led Zeppelin. “Vi la luz con John Bonham”, dice Donald.

A principio de los ochenta, después de que su familia se mudara de Miami al suburbio de Brandon en Tampa, los hermanos descubrieron una vívida escena local, liderada por el sucio grupo de thrash Nasty Savage y los proveedores épicos del heavy metal Savatage. “No fue sino hasta que vimos a esas bandas, que empezaban a hacer sus primeras grabaciones, y que los veíamos en sus garajes y así, que realmente nos metimos en el juego”, dice John.

Obituary por la época de Slowly We Rot: Donald Tardy, John Tardy, Allen West, Trevor Peres y el bajista Daniel Tucker (desde la izq.) Tim Hubbard
Obituary por la época de Slowly We Rot: Donald Tardy, John Tardy, Allen West, Trevor Peres y el bajista Daniel Tucker (desde la izq.) Tim Hubbard


En 1984, Donald y su compañero de bachillerato Peres empezaron a tocar versiones de otras bandas en el garaje de los Tardy. John asumió el rol de vocalista, pensando que la posición sería temporal. Para el año siguiente, la banda se había convertido en un quinteto bajo el nombre de Executioner y empezó a escribir canciones originales. Su sencillo debut (Metal Up Your As o Syco-Pathic Mind) demuestra una influencia clara de los principios de Metallica, pero cuando los miembros de la banda escucharon el fuerte e imponente sonido de las bandas suizas Hellhammer y Celtic Frost, viraron hacia un enfoque más crudo. Como explicó Peres en Choosing Death, la historia de Albert Mudrina del death metal y el grindcore, “Cuando escuché el Morbid Tales de Celtic Frost, literalmente descartamos una serie de canciones y empezamos desde cero”.

“Creo que realmente entendimos muy pronto que, para nosotros, más fuerte no es más rápido”, dice John. “Abre muchas posibilidades, porque con este tipo de música, tienes que acelerar y bajarle la velocidad a las cosas, también. Pero ese es el ritmo y ambiente que logra crear Obituary, es lo que nos define”.

Slowly We Rot, su álbum debut lanzado por primera vez usando el nombre de Obituary, mostraba una banda completamente formada. El material aún tiene rasgos de thrash furioso, que se hace también evidente en los elegantes solos de whammy-bar de la guitarra líder de Allen West, pero canciones como su oscura composición titular auguraban los ritmos bajos y lentos que se convertirían en el sello de Obituary.

Gracias a su terrorífica intensidad, la forma de cantar de John Tardy generó atención inmediata. Las letras, sin embargo, no eran una prioridad para el líder. “Algunas de esas primeras canciones eran, en vez de canto, una serie de gruñidos y gritos que se llevaban bien con la música”, dice.

“Hey, justo como las viejas canciones de blues, viejo”, añade riendo.

En álbumes posteriores, dice Tardy, se tomaba la labor de escribir las letras más seriamente –en un lyric video reciente de Obituary, Turned to Stone, es la primera vez que aparecen sus palabras– pero aún está tan preocupado con los efectos vocales como lo está del conocimiento verbal. “Se ha convertido en una especie de reto personal para mí en estos días inventar letras que tienen algo de significado”, dice el líder. “O algo que suena realmente cool”.

El vocalista de Lamb of God, Randy Blythe, gran fan de Obituary, recuerda la primera vez que escuchó a la banda a principio de sus veinte, cuando estaba en el hospital recuperándose de una cirugía de apéndice. Su hermano le llevó un casete de Slowly We Rot para ayudar a pasar el tiempo. “Literalmente me estaba pudriendo por dentro, y eso realmente me habló”, le dijo a RS. “Suena medio torturado”, dice Blythe. “Hay una cosa medio visceral que suena como si no estuviese actuando, suena como si estuviera arrancándose las entrañas”.

A principio de los noventa, junto con algunas bandas también de Florida como Death, Deicide y Morbid Angel, Obituary ayudó a llevar el death metal al foco de la atención mundial. Mientras la velocidad y el tecnicismo se tomaban el subgénero, Obituary se quedó conectado en su cómodo nicho. (Pruebo mi punto: ninguna canción de Obituary a la fecha contiene el ritmo rápido y explosivo que se ha convertido en el sinónimo del death metal). Construyeron una impresionante fanaticada, vendiendo más de 100.000 copias de The End Complete de 1992. En discos posteriores, la banda se sumergió en nuevos sonidos –World Demise de 1994 los encuentra experimentando con samples y con estructuras rítmicas extrañas, mientras que Back From the Dead de 1997 incluso incluía una colaboración con un par de raperos locales– pero durante la mayor parte del tiempo, continuaron tocando su fortaleza probada por el tiempo.

Obituary en 2016: Terry Butler, Kenny Andrews, Donald Tardy, Trevor Peres, John Tardy (desde la izquierda). Eus Straver
Obituary en 2016: Terry Butler, Kenny Andrews, Donald Tardy, Trevor Peres, John Tardy (desde la izquierda). Eus Straver


Habiendo grabado en estudios locales durante la mayor parte de su carrera –más notablemente en Morrisound, que se convirtió en la meca del death metal luego de que Obituary y sus contemporáneos empezaron a grabar allí a finales de los ochenta– la banda construyó el suyo propio adelantándose a su séptimo álbum, Xecutioner’s Return. Ese álbum y cada larga duración de Obituary desde entonces ha sido grabado en Redneck Studio, construido en un espacio a prueba de sonido en la propiedad de John Tardy.

“Es más como un retiro masculino”, dice Donald del lugar. “Ya sabes: una mesa de billar, dos televisiones, ver deportes y ensayar. Pero hemos estado trabajando nuestras habilidades con el Pro Tool, y creo que estamos logrando muy buenos sonidos de instrumentos por fuera del cuarto… es una bendición, viejo. Realmente somos auto eficientes, y es verdaderamente el futuro de lo que queremos hacer”.

A pesar de la comodidad, los hermanos aún suenan inspirados por el enfoque primitivo y efectivo con el que primera vez se toparon hace más de tres décadas.

“En estos días el mundo se ha vuelto tan pequeño que hay un montón de miembros de banda que pueden vivir en California, mientras que otros viven en Alemania, o lo que sea. Se pueden enviar de ida y vuelta archivos y escribir canciones así”, dice John. “Pero para nosotros no funciona así. Donald, Trevor y yo nos metemos allí, nos tomamos un par de cervezas y creamos algunas canciones, simplemente tocando y divirtiéndonos”.

“Cuando encontramos esos ritmos nos miramos mutuamente de manera instintiva apenas los oímos, simplemente nos imaginamos en el escenario: al frente de 80.000 personas”, dice el cantante emocionado. “Decimos ‘Viejo, acabamos de encontrar el ritmo, el público va a enloquecer’”.

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